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CUBANACÁN.

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HISTORIA ECONÓMICA DE CUBA 

PARTE IV DESARROLLO Y DECADENCIA DE LA ECONOMÍA ESCLAVISTA (1659-1886)

CAPÍTULO XVIII. EVOLUCIÓN INDUSTRIAL

18.1. La industria azucarera

18.1.1. La industria azucarera durante la primera mitad del siglo XVIII. 18.1.2. La expansión a fines del XVIII y sus causas. Proceso de crecimiento en occidente. La penetración en el centro y el oriente. 18.1.3. La transformación técnico mecánica (1840-60). Los efectos de la crisis y de la Guerra de los Diez Años. 18.1.4. Aparición del central la "división del trabajo"

18.2. La industria tabacalera

18.2.1. Terminación del monopolio. Las fábricas de tabacos y de cigarros. 18.2.2. Las marcas"". Procesos de concentración.

18.3. La minería

18.3.1. Esfuerzo del siglo XVIII. 18.3.2. Reinicio de la minería del cobre en el XIX. Expansión de la minería: diversidad de explotaciones.

18.4. Los ferrocarriles.

18.4.1. Difusión y organización financiera. 18.4.2. La concentración de las compañías.

18.5. Ideas de otras industrias.

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18.1. La industria azucarera

18.1.1. La industria azucarera fundada a fines del XVI, tiene un escaso o reducido crecimiento hasta 1659. A partir de esta fecha es posible que hubiera alguna creación de nuevos ingenios, especialmente en la zona habanera, en torno a la bahía de Matanzas, en Remedios y en Trinidad, o sea, cerca de las costas y los puertos, porque como sabemos, la industria buscaba facilidades de transporte para su producto pesado y voluminoso. En general, las condiciones del comercio del azúcar no favorecían la expansión de la producción de Cuba. España producía azúcar para sí y, además, importaba del Brasil, que por la reunión de las coronas de Portugal y España, desde 1590 a 1640, había logrado hacerse de un mercado en la metrópoli. A fines del XVII, cuando los habaneros por mediación del gobernador Viana Hinojosa, piden más oportunidades comerciales para el azúcar en España, el rey ordena contestar que no era materia para opinión sino interés del Estado continuar la importación de azúcar brasileño.

La situación comienza a cambiar después de 1700. La corona de España pasa a un príncipe francés, Felipe V, y en toda Europa se libra una guerra hasta 1713, contra las potencias que apoyan, al archiduque de Austria, también aspirante a reinar en España. El capitalismo mercantilista inglés y francés ha entrado en la etapa de fomento industrial. Las propias potencias más avanzadas desechan los procedimientos de la piratería para luchar contra el imperio español y la paz de Ryswick (1697) consagra esta nueva política. Ahora, cada estado tendría como política imponer su superioridad económica, obteniendo tratados y concesiones del país más débil y retrasado, como ocurrió por el tratado de Methuen (1703) entre Inglaterra y Portugal.

La guerra provoca un alza económica que venía desarrollándose desde fines del XVII. En Inglaterra y en Francia coinciden las condiciones de un proceso inflacionario que se extiende por todas las zonas y países con los cuales establecen relaciones. Cuba a la razón se vincula estrechamente al comercio francés y mejora su comercio con España. En consecuencia, presenta una súbita etapa de crecimiento productivo. Ello ocurre en el tabaco, pues de 1710 a 1720 más que se duplican los molinos de producir rapé o polvo, y, también se observa en el azúcar.

En los primeros años del XVIII, esto es, de 1701 a 1720, se fundan alrededor de La Habana, cien ingenios nuevos; también aparecen los primeros ingenios en torno a la ciudad de Santa Clara. Hay, pues, al amparo del comercio con franceses y, después con los ingleses, un aumento en la producción de azúcar.

Desde 1720, por el cese de la guerra, por la depresión que sufren Francia e Inglaterra (bancarrota de Law, en París, y quiebra de la South Sea Company, en Londres), recesan las causas de ese crecimiento. Hacia 1740 han desaparecido unos 60 ingenios del centenar fundado, y han subsistido solamente muy contados molinos de tabaco.

Sin embargo, en lo que hace a la industria azucarera, ella no pierde totalmente su desarrollo. La Real Compañía de La Habana, creada en 1740, no produce resultados favorables, pero no deprime la industria azucarera. Hacia 1750 la propia metrópoli está iniciando una política que representa los intereses capitalistas en ascenso y favorece las importaciones de azúcar de Cuba.

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18.1.2. La toma de La Habana por los ingleses (1762) puso a las colonias norteamericanas en contacto con Cuba; esas colonias necesitaban miel y azúcar, pues los hacendados de las Antillas inglesas imponían en el imperio condiciones especulativas monopolísticas muy rígidas. La guerra de independencia de los Estados Unidos (1770-81), apoyada por Francia y por España, desde sus bases situadas en Cuba, favoreció una ampliación de esas relaciones. Los comerciantes norteamericanos compraban azúcar y vendían harina de trigo, maderas para envasar azúcar y obtenían metales preciosos aprovechando la diferencia de precios que éstos tenían en uno y otro país.

España, por su parte, habíase orientado a liberalizar el antiguo monopolio comercial. A partir del 1765 y, sobre todo, en 1778 (reglamento del comercio libre) como se verá en el capítulo XIX, aumentó su comercio con Cuba. La propia realización de grandes gastos militares en Cuba desde 1776 hasta 1785, reforzó el proceso de acumulación ya iniciado antes de 1740, y facilitó el crecimiento azucarero.

Con todos estos hechos, entroncan los efectos de las guerras de la revolución y del imperio francés (1791-1815), pues los Estados Unidos por su posición de neutrales se transformaban en los mercaderes transportadores de las zafras cubanas. Y finalmente, la sublevación del pueblo haitiano produce la ruina de la industria azucarera de ese país, que era a la sazón el principal productor y suministrador.

Hay un encadenamiento rápido de acontecimientos cuyo resultado es el aumento de la producción de azúcar en Cuba; bajo una fuerte incitación comercial, se crean entonces numerosos ingenios, especialmente en la zona occidental del país. La bonanza o "vacas gordas" se prolonga hasta 1804 más o menos. Pero, al igual que había ocurrido en 1720-40, la depresión no reduce totalmente las posiciones logradas por la industria azucarera. La marcha de Cuba hacia el colonialismo capitalista estaría sembrada de estas crisis azucareras, tras de las cuales la industria sale más pujante, pero siempre a costa del resto de la economía cubana, que era más débil y más vulnerable.

Todo el occidente de Cuba fue poblándose de ingenios, por la costa norte, desde Matanzas hasta Mariel. Se concentraron, en torno a La Habana, penetrando cada vez más al interior. Esta penetración territorial es la que plantea el problema del transporte y de las comunicaciones, que, primero, pretende resolverse con un canal desde Güines, y después por medio del ferrocarril, que se inaugura en 1837. Cuando los hacendados azucareros descubren la fertilidad del valle de Güines ocupan rápidamente la zona, constituyendo allí el primer gran centro productor. Allí se instalan los mayores y más completos ingenios, con centenares de esclavos.

Poco a poco se van extendiendo hacia el este, ocupando las tierras de la llanura habanera y penetrando en la llanura matancera por la zona de Bolondrón y Unión de Reyes, hasta alcanzar la gran llanura de Colón hacia 1830-40, donde se forma entonces el otro gran centro azucarero, cuya primacía duraría hasta después de la Guerra de los Diez Años. Esta zona entronca con la que se había formado a la bahía de Matanzas, formándose una sola. En esta nueva etapa, los ingenios se montan con aparatos más modernos y son, por lo general, más poderosos que los establecidos en las restantes zonas. Son los ingenios en que se utiliza principalmente la máquina de vapor, los molinos de tres mazas y los tachos al vacío.

Esta invasión azucarera de occidente hacia oriente se detiene casi totalmente en la llanura de Colón. Solamente avanza más allá de Colón por el norte, hacia la zona de Sagua la Grande, y por el sur, hacia Cienfuegos, deteniéndose en ambas cuando se desatan la crisis de 1857-66 y la Guerra de los Diez Años (1868).

El centro y el oriente quedaron en buena medida al margen de esa difusión. Sin embargo, aparecieron nuevos ingenios, sobre todo en Sancti Spíritus, Nuevitas y Puerto Príncipe, donde se había franqueado la posibilidad de exportar directamente los azúcares. El hecho de que entonces comenzaran a disolverse las grandes haciendas ganaderas de esa zona, refleja esta penetración azucarera; pero el impulso en este caso no era decisivo, ni los ingenios establecidos allí eran de ese tipo más moderno; por lo contrario, predominaban los ingenios pequeños con equipos tradicionales.

En Oriente, la industria azucarera casi no se altera entre 1820 y 1868. Es la industria más retrasada del país, constituida en gran medida por cachimbos, de muy escasos cañaverales y pocos esclavos, que se agrupan en las mismas zonas donde se inicia la industria en el XVI, o sea, Bayamo y Santiago de Cuba.

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18.1.3. Esta difusión, que representa en lo sustancial un aumento de los ingenios, se realizó a partir de 1830-40 bajo el signo de grandes transformaciones técnicas.

Independientemente de que los hacendados azucareros buscaban el aumento de sus beneficios, la aplicación de ciertos principios químicos y de aparatos más eficientes es un reflejo lejano de lo que está ocurriendo en Europa y Estados Unidos, y por consiguiente de las modificaciones del comercio capitalista del azúcar.

En efecto, la industria del azúcar de remolacha se había difundido por toda Europa y, como industria nueva, se había iniciado sobre bases científico técnicas y mecánicas, muy firmes. Era una industria que nacía con todos los factores positivos de la revolución industrial. Se benefició con los grandes progresos de la química y con los aparatos y dispositivos que la técnica podía producir desde fines del XVIII. Aún cuando no representaba un peligro inmediato para la industria cubana, su crecimiento desde 1810, especialmente en Francia y Alemania fue muy rápido. Cubanos hubo que en 1820-30 vislumbraban ya los efectos de su desarrollo sobre la situación cubana.

Además, el ejemplo de esa industria capitalista incita a los hacendados cubanos a aplicar mejores técnicas y equipos. En verdad, algunas de las técnicas aplicadas desde 1820-30 como el uso del carbón animal para decolorar el guarapo y los filtros para clarificar el guarapo, eran tomados de la industria remolachera.

Estos impulsos son favorecidos por el inicio de la crisis del sistema esclavista. Por un lado, el esclavo aumenta de precio, sea, ya su aplicación masiva no es posible porque hay un límite para intensificar y acrecentar la producción por la adición simple de brazos. Además, constituye el esclavo un elemento muy alto del costo, mientras los precios internacionales del azúcar van progresivamente bajando en una tendencia secular que haría crisis en 1882.84. Desde 1830 algunos criollos empiezan a tener duda sobre la conveniencia económica de la esclavitud. Y desde fines del XVIII los hacendados cubanos hablan de mejoras técnicas para producir tanto y tan barato como en las Antillas francesas e inglesas. No desconocen el efecto de estos progresos, y por eso, desde 1835-40, proyectan la sustitución del equipo tradicional, llamado "tren jamaiquino" por aparatos más eficientes.

Desde esa fecha se difunden rápidamente las máquinas de vapor para mover los molinos, y se aplican los de masas horizontales que extraen más guarapo y aprovechan mejor las ventajas de la máquina de vapor. Con estas innovaciones se obtiene un aumento notable en el rendimiento del guarapo, beneficio que contribuye a fortalecer a los hacendados. Además, reducen costos, pues eliminan los bueyes que movían el trapiche vertical tradicional.

Aplican entonces los aparatos al vacío, para concentrar el guarapo. Los había de dos tipos: patente Rillieux y patente Derosne. Estos tachos fueron probados y se comprobó que obtenían más azúcar del guarapo, porque disminuían la inversión de las mieles, muy frecuente en las calderas a cielo abierto, que componían el "tren jamaiquino". El propio Derosne viene dos veces a Cuba entre 1840-42 para dejar instalados estos equipos.

A partir de entonces se multiplican los ingenios modernos con todos esos perfeccionamientos. Y, de acuerdo a las estadísticas contemporáneas, se observa que los ingenios con aparatos modernos: 1ero producen más azúcar y 2do, por consecuencia, requieren más cañas porque tienen mayor capacidad de elaboración. Algunos de los primeros ingenios Rillieux y Derosne necesitan elaborar las mieles de los ingenios vecinos que, por estar equipados con aparatos tradicionales, no aprovechan bien el contenido de sacarosa de la caña. Aumentan, pues, sustancialmente los beneficios de los hacendados.

Las ilusiones son grandes. Todos los hacendados que poseen recursos financieros suficientes quieren establecer ingenios modernos. Ven en esta transformación una manera: 1ero, de reducir costos y 2do, de reducir el número de esclavos empleados en la casa de máquinas. Pero, como quiera que hay que ampliar el cultivo para satisfacer la mayor capacidad de producción del ingenio, se aumentan los esclavos en las plantaciones, perdiéndose de este modo buena parte de las ventajas realizadas, o sea, que la esclavitud sigue manifestándose como un obstáculo al crecimiento de la industria.

Este movimiento queda detenido hacia 1860. Las razones de esta paralización son varias, pero nos limitaremos a citar las principales. En primer término, la imposibilidad de aplicar nuevos mejoramientos, pues el régimen esclavista impedía que el esclavo se transformara en un trabajador calificado apto para atender y operar los nuevos aparatos. Por otra parte, el aumento de los esclavos en las plantaciones y la dificultad de mejorar sustancialmente la técnica agrícola, mantenían niveles de costos muy gravosos, reduciendo la posibilidad de una acumulación que permitiera continuar la transformación industrial. No influyó poco la escasa disponibilidad de crédito que impidió a numerosos hacendados la sustitución de su viejo ingenio por uno moderno.

La crisis de 1857, con la depresión de 1866, inició el proceso acelerado de liquidación de la industria esclavista, arruinando a numerosos pequeños hacendados y obligándolos a hipotecar sus bienes. A estos efectos se unieron las consecuencias de la Guerra de los Diez Años (1868-1878) que destruye buena parte de la industria de Las Villas, de Camagüey y de Oriente.

¿Qué significa el hecho de la paralización de las grandes transformaciones técnicas de la industria azucarera? Significa, en suma, que se había llegado al más alto grado de maridaje entre técnicas y aparatos capitalistas y el régimen esclavista de trabajo. Quedaba como problema básico el de la abolición de la esclavitud.

18.1.4. El aumento de la capacidad de producción y del rendimiento de los ingenios modernos produce un efecto profundo en la estructura de la industria. Un ingenio equipado con la técnica y los aparatos más eficientes puede producir más que dos o tres ingenios antiguos, con mayor beneficio para el hacendado. Esto supone que, por ley ineluctable de la producción capitalista, las fábricas nuevas eliminan a las viejas. Muchos hacendados poseedores de ingenios anticuados no pueden disponer de los recursos necesarios para sustituirlos por una fábrica moderna; caen en crisis y son eliminados por el competidor más eficiente. Se inicia entonces el proceso de concentración de la industria azucarera que se desataría totalmente después de 1880 y conduciría, a beneficio de los capitalistas extranjeros, a la formación del latifundio.

Al plantearse la necesidad de ampliar el cultivo para satisfacer la mayor capacidad de producción de los ingenios nuevos, los problemas de la agricultura cañera esclavista se agudizan: requiere más esclavos, mejores medios de transporte, transformaciones técnicas; en suma, la crisis estructural de la economía esclavista arrecia.

Los hacendados pretenden resolver la cuestión con la llamada "división del trabajo". Impulsados por un grupo de hacendados emprendedores y por técnicos como el conde de Pozos Dulces y otros, se plantea que en Cuba la producción de azúcar había de realizarse como en Europa, por el industrial, quién adquirirá la materia prima- la caña- de agricultores especializados, o sea, que la producción de azúcar y la producción de caña no deberán quedar en una sola mano, como ocurría hasta entonces.

De este modo, decían ellos, se poblará el país con campesinos o "colonos" libres, como un paso más hacia la abolición de la esclavitud, a fin de que se produjera lentamente y sin temores para el hacendado. En realidad, ellos perseguían de inmediato, la creación de una clase campesina que se enfrentara a los graves problemas de la agricultura cañera.

Esta idea fue ensayada en 1863-64 en el ingenio "Tinguaro" (Colón) propiedad de Fernando Diego. Pero la situación real era la siguiente: esos colonos no eran propietarios de las tierras; tenían que emplear esclavos del hacendado; necesitaban mantener costosos sistemas de tiro de las cañas por medio de bueyes. Nada de eso constituía un incentivo para los "colonos". Por otra parte, se les pagaba dos pesos por cada cien arrobas de caña limpia puesta en el batey, lo cual ahondaba la ineficacia del sistema. En verdad, no se trataba de "colonos" o campesinos sino de verdaderos mayorales, y administradores asalariados. Fracasó el ensayo.

Los comentaristas de la época explicaron que el sistema no podía tener éxito si los aparatos industriales mantenían su bajo rendimiento, o sea, un producto de 5-6 arrobas de azúcar por cien arrobas de caña. No les faltaba razón, en tanto con ese rendimiento ni el hacendado, ni el "colono" podían hacer frente a la ineficiencia y a los costos de la agricultura cañera. Sin embargo, las condiciones impuestas al "colono" tampoco estimulaban a este. Lo cierto es, que el sistema del colonato se estableció después de la esclavitud y con la aparición de fábricas de más alto rendimiento en azúcar, posteriores a 1886. Tampoco en esta nueva etapa se pagaba buen precio por la caña, pues desde fines del siglo y durante todo el período republicano los colonos tuvieron que pelear rudamente para que los hacendados les pagaran una cantidad adecuada por la materia prima.

Al fracasar la "división del trabajo" fracasa el último esfuerzo de los hacendados esclavistas por flanquear el problema de la esclavitud. Sin embargo, Alvaro Reynoso, un genial agrónomo cubano de la época, propuso en 1862 un nuevo sistema de cultivo basado en principios científicos y que, esencialmente, requería el regadío. De este modo se alzaría sustancialmente el rendimiento de la caña en guarapo y en sacarosa. Pero, para implantar este sistema los hacendados tenían que transformar todas sus plantaciones, hacer inversiones cuantiosas de capital y prefirieron, como siempre preferían, mantener la agricultura, atrasada con trabajadores y campesinos de muy bajo nivel de vida.

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18.2. La industria tabacalera.

18.2.1. En una lección anterior vimos los caracteres de la economía tabacalera primitiva. En ésta vamos a tomar aquel proceso y continuar su análisis. El establecimiento del monopolio o estanco comercial del tabaco en 1717 produjo la eliminación de los molinos para fabricar polvo o rapé que venían instalándose desde el siglo XVII y se multiplicaron entre 1701 y 1720. Hacia 1740 solamente quedaban unos tres molinos de un total de más de treinta que había en 1720. La política de restricción del desarrollo colonial a beneficio de la industria tabacalera española (radicada en Sevilla) había dado sus resultados. Por otra parte, el cultivo se fue deprimiendo hasta el punto que en la primera década del XIX España compraba tabaco de Virginia (Estados Unidos) para completar su abastecimiento.

A fines del XVIII comienzan a producirse cambios importantes en el consumo. El tabaco, que se usaba sobre todo en forma de rapé o en pipa, se difunde en forma de tabaco torcido o cigarro, tipo de elaboración que proviene de la cultura indígena y que se mantuvo en Cuba como uso popular desde el siglo XVI. No es un azar que el tabaco torcido se difundiera por Europa cuando el comercio y las relaciones económicas de Cuba se expansionaran grandemente, a fines del XVIII. También se difunde entonces el uso del cigarrillo, posiblemente a medida que es posible fabricar papel más fino para ese uso. Hasta la aparición del papel, se elaboraba un cigarrillo rudimentario envuelto en hoja de maíz. Desde luego, todos estos usos nuevos representan la "democratización" del consumo y suponen una caída progresiva del rapé o polvo de tabaco.

Aparece la industria cubana por esas fechas. Para garantizarse el trabajo, se usaron presos y niños asilados en la beneficencia, pero surgieron los obreros torcedores y los elaboradores domésticos de cigarrillos. La producción de esos obreros y artesanos domésticos era recogida por comerciantes y distribuidores, verdaderos empresarios, que se ocupaban de la venta del artículo.

La abolición del monopolio del tabaco por real orden del 23 de junio de 1817 favoreció la expansión de la producción de los torcedores que ahora podían vender y exportar libremente su producto.

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18.2.2. La exportación del tabaco torcido, comienza a dejar huella a principios del XIX. La fama del tabaco cubano atrae a los comerciantes extranjeros, que distribuyen el producto. La industria entonces da un salto porque los torcedores se concentran en talleres y producen para un solo comerciante, cuya "marca" se ha acreditado. De este modo surge la gran industria capitalista del tabaco, de la cual hay ejemplos a partir de 1830. Y progresivamente se van formando talleres más grandes, con sesenta o cien torcedores. El poseedor de la "marca" se transforma en empresario industrial, en "marquista", como se llamaba entonces.

El proceso de concentración es rápido. Hacia 1850 hay un pequeño grupo de "marquistas" y numerosos talleres sin marca que producen para esos marquistas, cuyos talleres no dan abasto para la demanda exterior, particularmente de Estados Unidos. A diferencia de lo que ocurre en la industria azucarera, la concentración no se realiza por medio de la aplicación de maquinaria y aparatos más eficientes sino por el empleo creciente de trabajadores. Solamente en La Habana hay unos 15 000 torcedores que constituyen un núcleo muy importante de trabajadores asalariados, aunque sujetos a contratos de aprendizaje y a otros vínculos que los sumen en una situación que refleja la esclavitud de la época.

A lo largo del XIX la industria se va concentrando más y más. Por otra parte, se inician reformas que habían de perdurar hasta hoy como por ejemplo, los envases de 25, 50 y 100 tabacos en cajas de cedro, fileteadas y con litografías que constituyeron el signo distintivo del producto cubano, limitado por la industria tabacalera del mundo entero.

Sin embargo, la aparición de la política proteccionista en los Estados Unidos hacia 1857-60, determinó una crisis muy profunda, a los que unieron los efectos de la situación política imperante en Cuba, iniciándose la emigración de obreros y empresarios hacia el sur de los Estados Unidos, donde crearon una pujante industria tabacalera. A partir de ese momento hubo a veces, miles de torcedores desocupados en La Habana y empeoró la situación de los talleres sin marca. Por esta razón el primer movimiento obrero organizado surge desde 1860-70 en el sector tabacalero.

La industria cigarrera tuvo una evolución más rápida. Los elaboradores domésticos continuaron predominando; pero hacia 1830 aparecen los talleres. En verdad, a diferencia del tabaco torcido, donde las operaciones son muy complejas y durante largo tiempo la mecánica no pudo suplir la habilidad del obrero, la producción de cigarrillos no podía expansionarse en forma manual. Cuando en 1853 aparece la primera fábrica mecanizada, "La Honradez", la industria se concentra rápidamente en unas pocas grandes unidades, con un bajo nivel de empleo.

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18.3. La minería.

18.3.1. La minería del cobre no cesó totalmente. La minería del cobre no cesó totalmente. Sin embargo, la exportación prácticamente dejó de realizarse, desde 1610. Posteriormente algo se fundía para fabricar aparatos (pailas, calderas y tachos), destinados a la industria azucarera. El abandono de esta actividad continuó durante todo el XVII. A principios del XVIII se pretende reanudarla, concediendo la administración de las minas del Cobre o Santiago del Prado a empresarios particulares. Estos planes fracasan por varias causas, no siendo de poca importancia señalar que los antiguos esclavos del rey situados en las minas del Cobre se habían multiplicado y libertado de hecho, razón por la cual se negaban a volver a la esclavitud, manteniendo su actitud de tan tenaz manera que en el último cuarto de siglo el rey les reconoció su condición de hombres libres.

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18.3.2. El desarrollo industrial europeo había de abrir camino para que se exportaran nuevamente las minas. La industria capitalista, basada en la maquinaria construida co metales, consumía mucho cobre y necesitaba mantener una provisión creciente de mineral. Esto explica que hacia 1830 una compañía inglesa, llamada La Consolidada, obtuviera concesión para explotar las minas de Cobre. También hubo otra compañía inglesa y una compañía hispano- cubana dedicada a la extracción de ese mineral. No se procedía a concentrarlo sino que se enviaba en bruto al extranjero. Durante treinta años Cuba fue el principal proveedor de cobre de la industria británica, hasta que por razón de la explotación de otros yacimientos (ahora más accesibles por el mejoramiento de los medios de transporte marítimo) como los de Chile, México y otros países subdesarrollados, fue abandonada, su explotación. Durante esos años comenzó a manifestarse el interés capitalista de los Estados Unidos que enviaron varios expertos para conocer la riqueza minera del país. También se formaron compañías hispano- cubanas que explotaron otras minas menos ricas y aprovechaban un sinnúmero de productos minerales (chapapote, arenas, mármoles, etc).

Después de la Guerra de los Diez Años aparecen las compañías monopolistas norteamericanas que comienzan la explotación de los yacimientos ferrosos de la provincia de Oriente.

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18.4. Los ferrocarriles.

18.4.1. La historia de los ferrocarriles es muy ilustrativa del proceso que sufre la economía cubana entre 1830 y 1860. Los ferrocarriles se establecen por requerimiento de la industria zucarera, la cual, conforme penetra más al interior del país, necesita medios de transporte más eficientes y baratos. Es sabido que el azúcar, entonces envasado en cajas de 16 arrobas constituía un producto voluminoso y pesado, difícil y costoso de transportar en carretas y por los caminos de tierra entonces predominantes. Para resolver la situación se había ideado construir un canal desde Güines, hasta la costa norte por donde se enviarían los azúcares de aquella zona. El proyecto no prosperó, pero cuando se difunde la noticia de los primeros éxitos del ferrocarril, establecido en Inglaterra en 1826, los hacendados cubanos se interesan vivamente en ello. Rápidamente la Junta de Fomento, antiguo Real Consulado de Agricultura y Comercio, y la Sociedad Económica, impulsaron las negociaciones. En agosto de 1833 se solicitaba autorización para concertar un empréstito de 3.000.000 de pesos con la casa inglesa de Robertson y Cia., que fue aprobado por real cédula de 12 de octubre de 1834.

Con estos recursos y el concurso del ingeniero norteamericano A. Kruger, contratado al efecto, se realizaron las obras del primer ferrocarril, cuya inauguración se verificó el 19 de abril de 1837, el cual corría de La Habana a Bejucal por una distancia de 27 km. En diciembre de 1838, se inauguraba la sección que corría de Bejucal a Güines. Aún antes de que éstas obras terminaran ya habían proliferado los nuevos proyectos y se estudiaban ramales que prolongaban dicha vía en dirección a Matanzas. Inmediatamente, los hacendados comprendieron que el ferrocarril no solamente resolvía el problema del transporte azucarero sino que era una gran fuente de beneficios. Por eso se agitó la cuestión de vender el ferrocarril de La Habana a Güines a una compañía privada formada por hacendados azucareros, a la cual se adjudicó un precio de más de tres millones de pesos, firmándose la escritura de venta el 11 de enero de 1842.

Como quiera que además de Güines, la gran zona azucarera era la llanura de Matanzas, el movimiento de creación de ferrocarriles se desarrolla particularmente en esas dos direcciones. Compiten los grupos capitalistas en la obtención de concesiones y compiten después las líneas construidas en tan reducida porción del país. Se construyó la prolongación de Güines a Unión de Reyes y de ahí a la bahía de Matanzas (1845). Más tarde se construyó una línea de Güines a Matanzas (1861). Pero para aumentar el desorden se construyó también el de La Habana a Matanzas (1861). Lo más grave es que en su último tramo era una vía paralela al ferrocarril de Güines - Matanzas.

El auge especulativo de los negocios que termina con la crisis de 1857 se caracteriza por las grandes inversiones ferroviarias. Se construyeron los primeros ferrocarriles en Oriente (El Cobre, Santiago- El Cristo) y en Las Villas (Cienfuegos- Villa Clara, en 1860 y Sagua la Grande- Encrucijada, en 1863; Casilda- Paso Real, en 1869). La mayor parte de estas líneas quedaron aisladas unas de otras, sirviendo a zonas muy limitadas y, por lo general, conectaban el interior con los puertos principales. Desde 1854 se plantea la conveniencia de unirlas formando el ferrocarril central proyecto que no se realizaría cabalmente de occidente a oriente, hasta el presente siglo.

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18.4.2. Puede afirmarse que, a partir de 1865 cesa el movimiento de creación de ferrocarriles que se reiniciaría con la penetración económica y política norteamericana en 1899.

Antes de 1880 algunas de las compañías son adquiridas o refundidas con otras; pero este proceso de concentración es más bien lento. Fue en otro aspecto que se manifestó la concentración financiera, o sea, por la vinculación estrecha entre negocios azucareros, comerciales, bancarios y ferroviarios.

Es altamente significativo del grado de maduración de las condiciones capitalistas, surgidas en el seno del esclavismo, que la propiedad de grandes ingenios, de bancos y de líneas de ferrocarril, se reuniera, a veces, en compañías donde predominaba un accionista muy poderoso o un pequeño grupo de accionistas. Tales condiciones, que anunciaban la posibilidad de un desarrollo capitalista más completo fueron eliminadas por los hechos económico sociales que ocurren entre 1857 y 1878 y, más tarde, particularmente, por las inversiones imperialistas.

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18.5. Idea de otras industrias.

18.5.1. Vale señalar que hubo un inicio de otras industrias en el siglo XIX. Por primera vez, se organiza de modo capitalista la industria de la pesca, aunque por razón de circunstancias, es más bien una pantalla que oculta grandes negocios de contrabando comercial y de tráfico esclavista, especialmente de indios de Yucatán.

De mayor interés son las fundiciones. A mediados del siglo se establece una gran fundición en Bemba (Jovellanos) que tenía 80 esclavos y suministraba reparaciones y piezas nuevas a los ingenios. Como Matanzas era el gran centro azucarero, a fines del siglo se instalan otras fundiciones en la región.

Otras industrias se iniciaron después de 1860. Sin embargo, no tuvieron la significación de las que reseñamos en los párrafos anteriores. Huelga decir que no faltaban las industrias menores, como, por ejemplo, tejares, caleras y otras vinculadas a la construcción, de las cuales prácticamente no carecía ninguna ciudad o pueblo de importancia.

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