CAPÍTULO
II ANTECEDENTES ECONÓMICOS DEL DESCUBRIMIENTO Y LA COLONIZACIÓN
2.1 La expansión económico militar
2.1.1. Colonización y
movimientos colonialistas en la historia europea. 2.1.2. La colonización de
la Europa continental desde el siglo XI. 2.1.3. La expansión
ultramarina después de las Cruzadas: el Asia Menor; el Levante; las Islas del
Mediterráneo. Importancia que presentan estas colonizaciones, desde el punto de
vista de la dominación económica. 2.1.4. La salida del Atlántico: las Islas
Madera, Cabo Verde y Canarias; las costas de África.
2.2 El impulso mercantil.
2.2.1. Tránsito de los
centros comerciales del Mediterráneo a los del Mar del Norte. 2.2.2. Desarrollo
industrial y comercial. Aparición de los grandes mercados: el caso del azúcar y
de la lana. Primer planteamiento de la necesidad de fuentes de materias primas. 2.2.3. La influencia de la caída de
Constantinopla.
Al
inicio
2.1 La expansión económico militar
2.1.1. El fenómeno consistente en la fundación de colonias no era nuevo en
la historia europea cuando se inicia la conquista y la colonización de América.
En sus orígenes más lejanos la colonización se confunde con la emigración de
los pueblos: masas de gentes que se mueven pasando a ocupar nuevos espacios de
donde expulsan a ocupantes por razones muy diversas (agotamiento de recursos
naturales; presiones demográficas; conquista de riquezas creadas por otros
pueblos, etc.). Empero la colonización no es tal si no se encuentra vinculada a
la explotación del suelo, de la agricultura; en general, de las riquezas
naturales. Por eso el fenómeno de la colonización adquiere un especial sentido
durante la edad media. Y se transforma en dominación explotadora de recursos
naturales y humanos durante la edad moderna. No se trata de que el hecho de la
dominación fuera nuevo: fenicios, griegos, cartagineses y romanos, en sus
sistemas de colonización muestran que existen vínculos estrechos entre el
fenómeno migratorio y los intereses económico políticos (1).
Desde luego, debe advertirse que tal vinculación se manifiesta con mayor
claridad en la etapa final del imperio romano en que la metrópoli es, más que
una patria, un centro de succión de las riquezas que se encuentran en las
tierras conquistadas y colonizadas.
En verdad, la edad media se inicia como un gigantesco proceso de
colonización que los historiadores denominan invasión de los bárbaros,
siguiendo la tradición historiográfica romana, o sea, la de los intereses
imperiales romanos. Tras de los bárbaros vienen otros pueblos- normandos,
vikingos y árabes- formando en total una verdadera ola que dura desde el año
100 al año 1000 de nuestra era. La emigración masiva de pueblos se transforma
en auténtica colonización a partir del siglo V, o sea, después de la caída del
último imperio romano.
2.1.2. Europa entra en un proceso de colonización que se continúa por otro
de autocolonización. Primero se mezclan los invasores y los pueblos radicados
en diferentes partes del imperio romano. Se forman los grandes dominios
feudales en los que se conserva una población antigua que dará origen a la
clase de los siervos; esta población antigua se compone únicamente de vencidos
(población romana o romanizada), o de una mezcla de vencidos y vencedores. El
primer gran resultado que refleja esta colonización de la cual va surgiendo una
nueva organización económica, política y social es el imperio carolingio o de
Carlomagno.
Disuelto este efímero imperio, mientras por un lado, empiezan las invasiones
de los normandos, por otros, las órdenes religiosas establecen monasterios que
contribuyen a abrir nuevas tierras para el cultivo y por consiguiente, ayudan a
colonizar. El propio Carlomagno organizó el sistema de colonización de las
fronteras en las marcas o zonas de contacto con pueblos que tratan de penetrar
en las fértiles tierras de la Europa central. Por el sur, los árabes colonizan
en Sicilia y en España.
Durante los siglos XII, XIII y XIV la población en crecimiento se desbordaba
de los espacios aprovechados hasta entonces y se precipita en todas las tierras
libres. Tierras boscosas, pantanosas o pobres son ocupadas por los señores o
por los monasterios o por grupos de agricultores libres, como ocurre en
Francia, en los Países Bajos y en Alemania (2).
En España el fenómeno de la colonización en estos siglos se produce como
aparente consecuencia de la reconquista.
Ciertas instituciones jurídicas reflejan ese ingente proceso de
colonialización, como es el caso de la presura o aprisio, o sea el derecho a
ocupar una tierra inexplotada para cultivarla. No contribuye poco a acelerar
este proceso el desarrollo de la economía comercial, porque entonces todos los
señores feudales e incluso las comunidades de agricultores libres tienen
interés en valorizar las tierras no explotadas, para colocar cantidades
crecientes de productos agrícolas e industriales de origen agrícola en los
mercados. Además, las facilidades en el transporte y la posibilidad de disponer
de caminos dan un nuevo giro a la utilización de la tierra.
En verdad, hay en Europa un proceso de colonialización que no cesa y que,
propiamente se prolonga en América bajo la impronta del capitalismo comercial e
industrial nacientes.
Al
inicio
2.1.3. Las propias cruzadas envuelven un fenómeno de
colonialización. Miles,
cientos de miles de hombres marchan hacia Tierra Santa: se establecen en
Jerusalén y en otras tierras donde forman los reinos latinos; ocupan islas del
Mediterráneo, saquean y colonizan; trasladan el feudalismo a esas tierras. Como
no pueden mantenerse en ellas sin la ayuda de las ciudades italianas, conceden
privilegios excepcionales a genoveses y venecianos y de ellos dependen en buena
medida desde el punto de vista financiero y comercial.
En definitiva, como expresa Gonzalo de Reparaz, las cruzadas constituyen un
gran "intento colonial vestido de misticismo". Desde luego, el fruto
de este colonialismo primitivo lo obtuvieron los grandes centros italianos del
capitalismo comercial naciente como se revela con ocasión de la cuarta cruzada
en la conquista de Constantinopla a beneficio de los venecianos, situación que
dura hasta que los genoveses obtienen a su vez, el predominio en esa gran
plaza.
El comercio europeo con el Levante, o sea, con las regiones asiáticas más
próximas se expande después de las cruzadas y no decae al desaparecer los
reinos y principados latinos allí formados al amparo de aquéllas. Venecia
organiza su comercio y navegación y logra dominar económicamente en Chipre, en
Creta y en otras islas. En esas tierras los venecianos establecen una poderosa
organización económica y política basada en la colonialización por medio de un
reducido grupo de familias de la metrópoli, que dominan el comercio y, en buena
medida, las tierras productivas. El sistema colonial veneciano aprovecha
ciertos elementos feudalescos para garantizar una aristocracia que apoye la
dominación metropolitana.
Hay que reconocer que estas colonializaciones tienen un nuevo sentido
manifestándose como una serie de hechos vinculados a determinados y precisos
intereses económicos. El caso del desarrollo azucarero de las islas sujetas a
la dominación veneciana es un ejemplo: responde totalmente a una política
comercial determinada y anuncia, por virtud de la necesidad creciente de azúcar
que hay en Europa, lo que ocurriría en la etapa atlántica del desarrollo
capitalista inicial (3).
Al
inicio
2.1.4. Cuando en el siglo XIV el comercio europeo sale al Atlántico, por
razón del desarrollo de las tierras que dan al Mar del Norte, comienza una
nueva fase en la economía comercial capitalista. La navegación oceánica
soluciona, por lo pronto, el problema del transporte de productos voluminosos
que, conducidos por tierra, resultan costosos por su flete; la mejoría de la
navegación (capítulo I, 2.4.) favoreció esta posibilidad, Venecia y Génova
comercian entonces activamente con Portugal, con Flandes y con Inglaterra. Las
rutas terrestres se diversifican, conectando por diferentes caminos el
Mediterráneo con el norte de Alemania, Flandes, el norte de Francia e
Inglaterra.
Mientras se desenvolvía el comercio de Levante, o sea, en la región oriental
del Mar Mediterráneo, surgía desde el siglo XIII, un activo comercio en el
Mediterráneo occidental. Barcelona y Marsella, Pisa y Génova, se habían puesto
en contacto entre sí, y con la Berbería y otros puntos situados al norte de África
y en el sur de España.
La navegación por el Atlántico estaba llamada a favorecer el desarrollo de
nuevas potencias colonia comerciales. Portugueses y españoles, entre los cuales
surge, pudiera decirse que prematuramente, el capitalismo comercial expansivo,
se lanzan al océano y redescubren y conquistan, colonizándolas, las islas
Madera, Canarias y Cabo Verde; los portugueses, por otro lado, se lanzan sobre África
y bordean sus costas desde mediados del siglo XV.
A partir de ese momento y a lo largo del siglo XV la colonización responde
claramente a objetivos económicos. Hay apoderamiento de la tierra productiva,
explotación del nativo y creación de una organización económica destinada a
resolver problemas que se plantean al desarrollo capitalista de la metrópoli.
Anotemos de pasada que en estas islas del Atlántico, donde se ensaya la
colonialización que continuará en América, encontramos desde el inicio la
industria y el tráfico de africanos esclavizados.
Al
inicio
2.2 El impulso mercantil
2.2.1. Los cambios reseñados representan un desplazamiento de los centro
mercantiles europeos del Mediterráneo al Atlántico. La formación de grandes
centros comerciales e industriales en Inglaterra, Flandes, Alemania y la región
del Báltico, tiende a crear allí una cierta unidad que reproduce el fenómeno
del desarrollo ocurrido en el Mediterráneo durante los siglos precedentes.
En el norte de Europa ciudades como Brujas y Londres, Bremen y Lubeck van
constituyendo nuevos emporios comerciales, que rivalizan con las grandes
ciudades.
En la propia Italia, las ciudades marítimas ven alzarse al poderío bancario
de Florencia que llega tardíamente a desarrollar su comercio marítimo. A
despecho de todos estos cambios, no son afectados sustancialmente los intereses
de Venecia porque Egipto sigue siendo un magnífico intermediario en el
suministro de los artículos del lejano oriente que Europa consume. Hasta
mediados del siglo XVI subsistirá el comercio del Mediterráneo oriental y,
desde luego, el tráfico en la parte occidental (Italia, sur de Francia, España
y norte de África) no solamente continuará sino que aumentará favorecido por el
desarrollo general de tipo capitalista.
Al
inicio
2.2.2. El desarrollo de grandes ciudades comercial industriales al norte de
Europa y la perduración de la actividad comercial en el Mediterráneo, se
combinan para crear un mercado europeo de importancia. La vinculación de unas
zonas con otras es estrecha, como por ejemplo ocurre entre Flandes, Inglaterra
y España, en relación con el comercio de lanas y la producción de tejidos.
Los artículos se mueven en todas direcciones. Los comerciantes recorren los
puertos y las ferias del interior europeo desde Novgorod hasta Medina del
Campo, desde Ravensburgo hasta Málaga, desde Marsella hasta Iprés (4).
En el seno de este comercio multinacional surgen la letra de cambio, la banca,
el derecho comercial, la institución de los cónsules, elementos económicos que
el capitalismo industrial y el financiero heredaron y emplearían hasta hoy con
diversas variantes.
Surgen los mercados internacionales, especialmente en productos básicos como
la lana, el azúcar y las especies. El capitalismo comercial naciente
intercambia productos en la mayor medida posible, y los mueve por toda Europa,
atendiendo a las ventajas que obtiene el comerciante y el productor, por lo
cual surge ya en la propia Europa el fenómeno de la detención del desarrollo
económico de algunas zonas en beneficio de otras. La lucha por el predominio o
el control de estos productos aparece claramente delineada, como lo muestra la
primera clase capitalista inglesa que desde el siglo XIV pretende reservarse el
comercio nacional de la lana, distinguiéndose precisamente en este aspecto la
administración de los monasterios que eran grandes productores de esa fibra
textil. También se observa esa lucha inicial por el control del comercio de las
Islas Canarias que se disputan los intereses comerciales flamencos y los
intereses británicos; en cuanto a los primeros, está presente el interés
comercial de Amberes en el tráfico de azúcares. Estas contradicciones aparecen
a fines del siglo XV y a principios del XVI relacionados con las primeras
manifestaciones de la necesidad de controlar materias primas y productos
básicos de consumo que es un fenómeno típico del desarrollo capitalista. Los
países más avanzados se apoderan de las tierras productoras de esos artículos.
Y conforme surgen más países en desarrollo, el sucesivo predominio comercial de
ciertas ciudades refleja los grandes cambios en esa lucha internacional por la
hegemonía económica.
La importancia de Lisboa a principios del XVI representa el poderío colonial
portugués, así como la de Amberes y Ámsterdam, a fines del XVI y durante la
primera mitad del XVII simbolizan el desarrollo comercial capitalista de los
Países Bajos (Holanda concretamente) y más tarde la primacía de Londres, en el
XVIII, significa que Inglaterra es el país capitalista predominante.
Al inicio
2.2.3. Mientras ocurren estos cambios al norte, otros están sucediendo en el
Mediterráneo. Los turcos se van apoderando progresivamente del antiguo imperio
árabe; en primer lugar, dominan en Egipto y en Asia Menor. Sin embargo, no
cierran sus puertas al comercio con venecianos y genoveses; por otra parte, el
comercio veneciano no carece de rutas alternativas (por el sur de Rusia) que
les permitan obtener los productos asiáticos.
En 1453, los turcos asaltan y toman Constantinopla. Este hecho se ha considerado
tradicionalmente como causa inmediata del desplazamiento del comercio europeo
hacia el océano Atlántico; pero debe tenerse en cuenta que los turcos no
cerraron el comercio con los europeos. Lejos de ello, ratificaron los
privilegios y convenios que éstos tenían con los gobernantes precedentes en
toda la zona del Levante. Como ha observado un historiador inglés, los precios
de los productos orientales en Europa no sufrieron alteración apreciable a
partir de 1543, lo que parece probar que esos productos no escaseaban (5).
En 1502, los comerciantes venecianos que llegaron a los puertos del Levante
en busca de especies y otros artículos del lejano oriente no hallaron que
comprar. En esa fecha se había producido un hecho que daría al traste con la
riqueza de Génova y de Venecia: los portugueses, navegando hacia el sur por el
Atlántico, bordeando las costas del África, habían dado la vuela a este
continente y llegado al lejano oriente con sus naves. Allí habían adquirido,
sin intermediarios, los productos que interesaban al consumo europeo y que
tradicionalmente los venecianos y genoveses adquirían en el Levante. Este
hecho- el comercio directo de los europeos en Asia- Más que la presencia de los
turcos en el Levante fue la causa determinante de la decadencia de las ciudades
italianas del Mediterráneo donde se había logrado el más alto desarrollo del comercio
capitalista primitivo.
Al inicio
1. REPARAZ, GONZALO DE.-
Op. cit.
2.
PIRENNE, HENRI.- Op. cit.
3. LE REIVEREND, JULIO.- Historia del Azúcar
antes del Descubrimiento de América". Revista Bimestre Cubano,
Enero-Junio, 1947.
4. DAY, CLIVE.- Historia del Comercio, 2 ts.,
México, s.f.
5.
LYBIER,
A. H.- "The Ottoman, Turks and the routes of oriental trade". The
English historical review, Oct. 1915