CAPÍTULO
III COLÓN, LA ECONOMÍA DE SU TIEMPO Y EL DESCUBRIMIENTO DE AMÉRICA
3.1
La vida de Colón
3.1.1.
Breve referencia a los problemas que ha suscitado. El signo de Colón: de
falsario a santo; de ignorante a sabio. Escasa importancia de tales cuestiones.
3.2
Simbolismo de Colón
3.2.1.
La patria genovesa de Colón o su expansión comercial: experiencia del
Descubridor como navegante en el Mediterráneo. 3.2.2.
Cómo se explica el paso de Colón hacia el Atlántico. 3.2.3.
La experiencia del descubridor como navegante; su conocimiento de
actividades económicas básicas para la historia de América.
3.3
Las negociaciones: capitulaciones de Santa Fe
3.3.1.
El apoyo financiero a la expedición de Colón. 3.3.2.
El sentido mercantil tradicional de las capitulaciones de Santa Fe. Los
beneficios de la empresa.
3.4
Colón ante la América
3.4.1.
Cómo se reflejan los objetivos de Colón en su Diario. La riqueza "fácil".
Los aborígenes como mercado y como gente propia para dominarla. 3.4.2.
El por qué de la falsedad del descubrimiento del Asia. 3.4.3.
La lucha entre el poder real y Colón.
Al
inicio
3.1 La vida de Colón
3.1.1.
Se ha tejido en torno a Cristóbal Colón una auténtica maraña de
hipótesis y de suposiciones, con algunos datos históricos que tratan de
explicar los "misterios" de su vida. Desde el propio siglo XVI hay
historiadores y personajes colombinófilos y anticolombistas que, organizados
como partidos, han hecho sudar las prensas con toda clase de opiniones,
criterios, conclusiones y juicios sobre la personalidad del descubridor. Esto
quiere decir, desde luego, que se trata de una personalidad de suma importancia
independientemente de los criterios más o menos subjetivos que se hallan
expuestos sobre ella. Unos lo hacen santo y católico, mientras otros lo dan por
judío converso y poco sincero. Una vieja polémica sobre su sabiduría lo sitúa,
al par, entre los más grandes genios de la humanidad, rodeado entonces de unos
contemporáneos poco menos que carentes de la más elemental cultura, o lo
considera un simple navegante práctico como hubo muchos en su tiempo. No
digamos que la polémica se extiende a otros aspectos como la mayor o menor
categoría social de su familia, su edad y su temperamento. Gracias a la crítica
histórica tradicional Colón ha sido un ser humano de gran privilegio: nació
por lo menos en diez lugares distintos y sus restos reposaron al mismo tiempo en
tres tumbas.
Evidentemente, hay una historiografía que se complace en transformar en
grandes asuntos una serie de cuestiones de interés secundario; se crea el
problema historiográfico porque a los intereses del historiador le conviene
ocuparse de ellos mientras se descuidan los temas esenciales.
Esa historiografía crea el Colón que cada historiador, de conformidad con
las preferencias que sus intereses le fijan, estima más representativo.
Animosidades y diferencias de interés internacionales propician obras que, so
pretexto de Colón, ensalzan la España de los Reyes Católicos o la rebajan;
prejuicios e interpretaciones racistas animan las hipótesis sobre el orígen de
Colón razones de propaganda confesional nos entregan un Colón santo, digno de
ser beatificado. Hay historiadores que pasan por liberales cuando, situados en
el plano de las verdades morales "intemporales", nos hablan de un Colón
ambicioso o vanidoso.
Aún cuando fuera preferible que la biografía de Colón, como la de otros
personales, estuviera diáfanamente aclarada, una buena parte de todos los temas
que han animado estas polémicas carecen de sustancial interés para la
interpretación del personaje en los hechos fundamentales de su vida.
Colón, hombre de su tiempo, o sea, hombre de una clase o grupo social,
resultado de una determinada evolución económico social, hombre que actúa en
el mundo de las grandes transformaciones modernas que abren el camino al
capitalismo industrial; Colón, ser histórico concreto y simbólico, al mismo
tiempo, sin vestiduras forzadas, sin adornos "suavizantes", no aparece
fácilmente entre la selva historiográfica en que ha tenido la suerte de pasar
desde el siglo XVI.
Al
inicio
3.2 Simbolismo de Colón
3.2.1.
Colón nació en Génova hacia 1451. Hijo de un tejedor de lana,
parece haber intentado durante algunos años proseguir en la artesanía paterna,
en tiempos en que los artesanos están perdiendo la independencia en que vivían,
cayendo bajo la explotación de los comerciantes empresarios o de los grandes
artesanos enriquecidos. Su patria es todavía y lo era desde el siglo XIII uno
de los centros mercantiles más poderosos del Mediterráneo y es también, junto
con Venecia, una de las zonas europeas en que primero se manifiestan los fenómenos
de estratificación social y acumulación capitalista; por consiguiente no son
el azar ni sus "geniales" disposiciones de carácter las fuerzas que
le llevan al comercio marítimo, sino las circunstancias de su época. El
comercio marítimo y la navegación es la salida propia de los hombres jóvenes
de las ciudades en aquellos tiempos cuando desean huir de las presiones
originadas por la liquidación de la organización feudal y enrolarse en el ejército
de las nuevas fuerzas sociales que hacen progresar a Europa.
El algún momento de su vida, quizás hacia 1465-70, comienza a navegar al
servicio de grandes comerciantes marítimos, los Di Negro y los Centurione.
Viaja por el Mediterráneo oriental, lo cual es muy propio de la época según
hemos visto en el capítulo II. Adquiere pues su primera experiencia en la gran
escuela de navegación y comercio que se forma por el tráfico en el Levante,
esto es, con las tierras sometidas a los árabes (Egipto y Asia Menor) y con el
imperio bizantino, Comercio de puro intercambio, o sea, sin asentamiento de
colonos, realizado por medio de pequeños establecimientos o factorías que los
comerciantes extranjeros establecen en las ciudades de tráfico importante.
Navegación relativamente compleja aunque sin duda, más simple que la navegación
oceánica. Durante algunos años, alterna viajes y arribados a Génova; entre
1470 y 1476 visita las islas del Mediterráneo oriental, especialmente la de
Chios, que era objeto de explotación por parte de grandes familias genovesas
como la de la de los Justiniani (1).
Al
inicio
3.2.2.
Un día Colón aparece navegando en el Atlántico. Los hechos que le
conducen a este cambio de escenario se mantienen en la oscuridad. No por ello
deja de ser simbólico que el navegante más afamado de fines del siglo XV se
desplace del Mediterráneo hacia el Océano como si fuera llevado por la
corriente de las transformaciones económicas que desplazan igualmente el centro
de la actividad comercial europea del Mar Mediterráneo al Océano Atlántico.
Este cambio de Colón parece estar vinculado a los hechos políticos de su época
pues los Centurione estaban al servicio de la casa de Anjou que a la sazón
disputaba a los aragoneses la dominación en Italia. Al parecer navega desde Génova
hacia el Mediterráneo occidental y, saliendo al Atlántico, llega a los Países
Bajos e Inglaterra, navegación que por entonces se intensificaba.
Se cuenta que su barco naufragó tras de un encuentro infortunado con barcos
enemigos y que Colón tuvo que ganar a nado las costas de Portugal. Episodio
propio de los tiempos en que los comerciantes y marinos luchan rudamente, bajo
cualquier bandera, por quitarse los negocios y hacerse del predominio político
confundiéndose los negociantes con los piratas y salteadores.
Al
inicio
3.2.3.
Portugal era un centro marítimo y mercantil de suma importancia y no
solamente porque constituyese una escala intermedia entre el Mediterráneo y el
Atlántico del norte sino porque su propio desarrollo había llevado el comercio
portugués hacia el sur del océano, siguiendo el perfil de las costas del
continente africano; Colón se vincula a esa nueva cara del capitalismo
comercial que nace en los momentos en que se va a producir la "revolución
del mercado mundial".
En Portugal, Colón se acredita como cartógrafo, profesión que, en un
ambiente como aquél, produce prestigio e ingresos Y conoce a Felipa Muñíz de
Perestello, casa con ella y se vincula a una familia de cierta categoría. Hecho
sumamente importante porque la dama es hija de Bartolomé Perestello, por cierto
de origen italiano, "donatario" de la isla de Porto Santo, desde 1446.
La familia Perestello poseía poder político en las islas portuguesas y
numerosos bienes entre los cuales se destacaba un ingenio azucarero en Funchal.
Por esa vía Colón se pone en contacto con actividades nuevas: navegación
oceánica, tráfico de esclavos africanos, producción de azúcar, que juegan un
papel decisivo en el descubrimiento y la colonización de América. En suma, con
estas experiencias Colón se pone en el camino de su gran empresa, ya que no
solamente se enrola de nuevo en la agresiva hueste de mercaderes y marinos que
buscan afanosamente los nuevos negocios y nuevos recursos naturales y humanos
que explotar sino también hereda y aprovecha la experiencia de otros. Conoce en
suma el mundo de entonces que se expansiona progresivamente y sabe lo que sobre
el mismo piensan los cosmógrafos y la gente práctica. No hay que olvidar que
entre los navegantes y marinos portugueses están las fuentes de donde surge la
idea de Colón de atravesar el océano para llegar al Asia. No es idea nueva ni,
por consiguiente, original; ni Colón se la plantea como objetivo científico
aun cuando, como ocurre en todas las realizaciones prácticas, haya en ella un
sustratum científico. La redondez d la tierra era idea que se había difundido
aunque no aceptada oficialmente por la Iglesia que en aquel entonces conservaba
su monopolio tradicional de la cultura.
Los historiadores colombinófilos no aceptan la versión de que Colón
tuviera noticias de viajes por el Atlántico y resuelven el problema tachando de
falsedad todo lo que al respecto se diga. Atribuyen a la envidia de los
contemporáneos o a las ambiciones de Fernando V de Aragón o a intrigas
personales el haber forjado historietas que disminuyen la gloria de su héroe.
Es posible que no existiera aquel marino de Huelva llamado Alonso Sánchez, que
murió en casa de Colón, comunicándole el descubrimiento accidental de la América.
Según cuentan algunos cronistas desde el siglo XVI, es posible que Colón no
supiera nada del viaje de Johannes Scolnus (a quien algunos identifican con Colón);
sin embargo, es cierto que Colón conocía todo lo que entonces constituía el
saber respecto a la existencia de tierras del otro lado del mar (tierras más o
menos legendarias representadas en mapas de la época como el de Martín Behaim).
Y esto es suficiente para que dudemos legítimamente de que Colón fuera un ser
iluminado que "inventa" la geografía, que le extrae de sus puras
lucubraciones y que sostiene ideas desconocidas para sus contemporáneos. Las
leyendas que entonces corrían sobre las tierras oceánicas y su inhabilidad
eran no solamente un freno al conocimiento y a la navegación sino también un
impulso para ello, al par que los navegantes portugueses, año tras año, desde
1450, están demostrando que no existen tierras inhabitables (2).
El hecho de que frente a los intereses de Colón y de España surgieran los
intereses dominantes de otros grupos, como los del comercio inglés, portugués
y leyendas para arrimar el ascua a su sardina, no es cosa nueva en la historia
del capitalismo hasta nuestros días; pero que todo ello sirva para hacer de Colón
algo distinto sustancialmente del tipo de los hombres que entonces tienen a su
cargo la tarea de abrir una nueva etapa en la historia de la humanidad, es
inadmisible.
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inicio
3.3 Las negociaciones: capitulaciones de
Santa Fe
3.3.1.
No se conoce realmente como se fue formando en Colón el proyecto de
llegar al Asia atravesando el océano Atlántico en dirección al oeste. Se dice
que en la génesis de este pensamiento tuvo influencia el cosmógrafo Toscanelli
y hasta se aducen cartas cursadas entre ambos: pero esto ha sido discutido con sólidos
argumentos por algunos historiadores. Lo cierto es que hacia 1484 Colón ofrece
su proyecto de viaje trasatlántico al Rey Juan II de Portugal. Esto es
congruente con su ubicación en Portugal y su vinculación a la gran corriente
de expediciones marítimas allí organizadas durante el siglo XV. Juan II, por
alguna razón que no se conoce adecuadamente, no acepta la idea. Quizás no
debiera perderse de vista que ya existía en Portugal una poderosa conjugación
de intereses nacionales vinculada a la ruta marítima del sur, que seguía el
perfil de las costas de Africa. Por otra parte, en estos años, el Papa, por
medio de bulas, había concedido a los portugueses vislumbraran la posibilidad
de llegar al Asia por esa vía, perdiendo interés por otros proyectos.
Por ese tiempo Colón tuvo que huir a Portugal; por deudas, como quieren
algunos historiadores o por otros motivos, quizás no ajenos a la conspiración
feudalesca de Fernando de Braganza (1483), y marchó a España donde halló la
protección del Duque de Medinadelli, quien le encaminó hacia la corte.
Los Reyes Católicos (Fernando de Aragón e Isabel de Castilla) no aceptaron
de inmediato el proyecto de Colón. Algunos historiadores consideran que ellos
se hallaban enfrascados en la liquidación del poderío árabe, entonces
reducido al reino de Granada, y que luchaban contra los salteadores de caminos
feudales de Galicia y Extremadura, y por eso no aceptaron de inmediato aquel
proyecto. Sin embargo, Colón no se marchó de España; siguió como un
cortesano más, detrás de los reyes, éstos le ayudan a vivir y así pasan los
años hasta que, liberada la ciudad de Granada, los reyes parecen en condiciones
de desarrollar proyectos de expansión exterior. No hay dudas que España, como
país directamente vinculado al Atlántico estaba, de acuerdo con las grandes
transformaciones del momento, en magníficas condiciones para competir con la
expansión exterior portuguesa.
Caída Granada, se discute el proyecto de Colón. Sostienen algunos
historiadores que en una junta convocada por los reyes se rechazó el proyecto y
que ello se debió a ignorancia de los personajes consultados; pero en verdad,
no se dispone de testimonios explícitos sobre las razones de tal rechazo.
Parece aceptable presumir que los personajes que constituyeron esa junta,
quienes ocupaban cargos notorios en la corte o al servicio de los reyes o tenían
posiciones de importancia en la iglesia o la cultura, no discutieron cuestiones
teológicas o científicas; si acaso bajo la apariencia de tipo ideológico se
discutieron aspectos financieros y políticos pues se sabe que Colón desde el
principio hacía unas exigencias que tuvieron que parecer descomedidas para los
contemporáneos. Ante ese nuevo rechazo Colón desistió de quedarse en España,
si bien decidió aguardar por una nueva gestión de los monjes de la Rábida en
defensa de sus aspiraciones. Fray Juan Pérez renovó sus instancias ante la
reina. El hecho de que un fraile confesor de la reina apoye a Colón,
quieredecir que las consideraciones tenidas en cuenta para rechazar el proyecto
no eran confesionales o técnicas, sino prácticas. España se encontraba frente
al creciente poderío portugués en el Atlántico y de acuerdo con las bulas
papales no le quedaba más camino, si quería alcanzar las riquezas del Asia,
que atravesar derechamente el océano. En esta nueva etapa la decisión del
asunto quedó en manos de hombres muy prácticos, posiblemente nada preocupados
en cuestiones teológicas o científicas, como Luis de Santangel, escribano de
ración de corte aragonesa y prestamista importante que garantizó la suma
necesaria para aprestar la expedición; Alonso de Quintanilla otro personaje
notorio de la corte; Juan de Coloma y otros que menciona y cuya importancia
subraya Manuel Serrano Sanz (3)
Al
inicio
3.3.2.
Colón solicitaba de los Reyes Católicos grandes concesiones como
premio al descubrimiento de un nuevo camino marítimo. Solicitaba una
participación en los beneficios del comercio que se produjera con las tierras
"descubiertas"; el nombramiento de Almirante del Mar Oceánico;
privilegios personales para comerciar en los territorios con los cuales se pondría
en contacto España. Al parecer, los reyes no obtenían ventaja alguna. No
obstante, se firman las capitulaciones de Santa Fe (12 de abril de 1492) en las
cuales Colón obtiene todo lo que había solicitado. Las capitulaciones
constituyen, en suma, un contrato entre los reyes y Colón que tenía por
finalidad dividir los beneficios de la empresa entre aquellos y éste. El texto
de estas capitulaciones revela que se trata de una empresa mercantil; no se
habla más que de trueque o de comercio, ya que se esperaba llegar al Asia. En
ellas no se habla de empresa colonizadora alguna.
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inicio
3.4 Colón ante la América
3.4.1.
La expedición partió haciendo escala en Canarias, para reparar
algunos de los barcos y avituallarlos. Son muy conocidos los incidentes del
descubrimiento que se produjo el 12 de octubre de 1492, cuando Colón llegó con
sus naves a una pequeña isla de Las Bahamas, entrando por primera vez en
contacto con un mundo desconocido que se interponía entre Europa y Asia. Días
más tarde, el 27 de octubre tocaba por vez primera la isla de Cuba. Conocemos,
por una versión, en parte textual de fray Bartolomé de las Casas, el diario de
viaje del descubridor. Este documento bastaría para fijar claramente las
preocupaciones nada científicas ni ultraterrenas de Cristóbal Colón (4).
Colón en su Diario muestra una gran preocupación por hallar oro que, como
es sabido, Europa entera necesitaba para sus transacciones mercantiles. Llega
hasta a insinuar la posibilidad de explotar el trabajo de los indígenas como
gente mansa, propia para ser dominada. Está tan interesado en los productos asiáticos
que le parece verlos en las tierras que acaba de descubrir (5).
Como un buen mercader capitalista obtiene productos de los indígenas y
siempre les da algo en cambio; aunque siempre subraya el escaso valor que tienen
en España los objetos que él entrega.
Es la mentalidad del lucro la que domina en su personalidad por encima del
supuesto santo y del posiblemente supuesto hombre de ciencia.
Al
inicio
3.4.2.
Colón volvió a América en 1494, con una expedición muy importante.
El se había encargado de darle una gran significación a su descubrimiento,
aunque insistía en que había llegado al Asia. En el segundo viaje tocó en
Cuba nuevamente, esta vez por la costa sur que recorrió casi totalmente
llegando hasta Isla de Pinos. Súbitamente Colón consideró necesario afirmar
que Cuba no era una isla y a ese efecto hizo levantar acta ante el escribano de
la expedición el 12 de junio de 1494. Todos los testigos declararon que aquel
territorio no era una isla, a pesar de que uno de ellos, Miguel de Cuneo,
italiano que se había unido a la expedición como simple curioso, al parecer,
confesó después que todos creían lo contrario. Es verdad, las penas con que
amenazó Colón a los que le contradijesen, o sea, 10 000 maravedíes de multa y
mutilación de la lengua, eran suficientes para que se hiciera un silencio
absoluto. El acta ha sido impugnada como falsa y es posible; pero no debe
olvidarse que a los intereses de Colón convenía haber llegado al Asia porque
ello mantenía incólumes las capitulaciones de Santa Fe, que él consideraba
fuente de sus derechos a disfrutar económicamente del éxito de sus viajes.
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3.4.3. Colón hizo dos viajes más a América en los cuales no tocó a
Cuba. A partir del segundo viaje comenzaron los problemas por el choque de sus
intereses con los de los reyes y de otros personajes y grupos de aquel tiempo.
En torno a estas diferencias que, en definitiva, eran diferencias de intereses,
se ha tejido toda una polémica en la que los historiadores colombinófilos y
los anticolombistas reparten entre los personajes de la época toda suerte de
premios y vituperios según a cada cual convenga.
Lo cierto es que Colón descubrió un continente imprevisto y que los
beneficios y el monopolio de la explotación de ese continente que le concedían
las capitulaciones de Santa Fe no podían sino preocupar a los reyes. La
primitiva empresa comercial se había transformado en una descomunal empresa de
explotación de recursos naturales y humanos que no podía quedar en manos de un
solo hombre y que, por el contrario, tiene que dar en manos de grupos y de
intereses políticos dominantes de España entre los cuales debe mencionarse, en
primer término, el poder real.
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BIBLIOGRAFÍA
1.
ÁLVAREZ PEDROSO, ARMANDO.- Cristóbal
Colón, biografía del descubridor, La Habana, 1944
2. VIGNAUD,
HENRI.- Estudes critiques sur la vie de Colomb avanta ses découvertes,
Parías, 1905.
3. CRONAU, RODOLFO.- América.
Historia de su descubrimiento; T. I, Barcelona.
4. SERRANO SANZ, MANUEL.- Orígenes
de la dominación Española en América, Madrid, 1918
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Primer Viaje, La Habana, Comisión Nacional de la UNESCO, 1962.
6. IGLESIAS, RAMÓN.- El Hombre Colón y
otros ensayos, México, 1944.
7. MORRISON,
SAMUEL ELIOT.- Admiral
of the ocean sea. A life of Crhistopher Colombus, 2 ts. Boston, 1942.
8. SPOTORNO,
GIANBATTISTA.- Códice diplomático de Cristóbal Colón, Habana, 1887.
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