CAPÍTULO
VI. EUROPA Y AMÉRICA EN LOS SIGLOS XVI Y XVII
6.1 La transformación de la economía europea
6.1.1.
El desarrollo
económico europeo y la expansión colonial. El caso de l capitalismo inglés. 6.1.2. El mercantilismo;
unidad económica nacional. 6.1.3. La difusión de las
compañías de comercio. 6.1.4. Aparición de las
guerras coloniales.
6.2 Crisis de la economía española
6.2.1.
Discusión del
problema en general: las tesis psicológicas y raciales. 6.2.2. Influencia de
América en esa crisis; la inflación y la emigración. 6.2.3. La política de
dominación en Europa. La diversidad regional y el empobrecimiento del pueblo
español. Ulterior desarrollo.
6.3 La América
6.3.1. El siglo de la estabilización.
6.3.2. Minería y ganadería
vs. agricultura. Las dos Américas: haciendas feudales y plantaciones. Economía
importadora. 6.3.3. La esclavitud y sus formas e
intensidad variadas. 6.3.4. Aparición de los ingleses, franceses
y holandeses; somera apreciación de sus colonias. 6.3.5. El comercio
extranjero.
Al
inicio
6.1 La transformación de la economía
europea
6.1.1.
En los capítulos I y II analizamos en sus grandes rasgos, la economía
europea afines del siglo XV. El proceso básico consistente en la disolución del
sistema feudal y la aparición y crecimiento del capitalismo comercial que
continúa en los siglos XVI y XVII. Sin embargo, a mediados del XVII ya se han
producido hechos que, por un lado, van singularizando el proceso en algunos
países y, por ende supone una mayor madurez del capitalismo en ciertos países,
mientras otros quedan como rezagados.
Uno de los hechos que contribuye más intensamente a que el capitalismo
triunfe rápidamente es la explotación de los territorios coloniales. América,
Asia y Africa entran en ese cuadro del colonialismo. Los beneficios que
obtienen los comerciantes individuales y las compañías comerciales holandesas,
inglesas y francesas, la posibilidad de obtener materias primas, como el
algodón, la producción sobre bases esclavistas de productos
"tropicales" como el tabaco, el azúcar, el añil, la vainilla, el
cacao, que consumen los europeos, la utilización de los artículos coloniales
para desarrollar el intercambio de esclavos en África, constituyen todos,
aspectos de esa influencia decisiva del colonialismo en el rápido crecimiento
del capitalismo (1).
El capitalismo europeo aparece y se desarrolla por un proceso de acumulación
que se caracteriza por la desposesión de los pueblos: los agricultores y
campesinos pierden sus tierras u los artesanos de las ciudades pierden la
oportunidad de establecerse por su cuenta con sus propios instrumentos de
trabajo. La gran masa de los pueblos europeos progresivamente desposeída de sus
medios de vida independiente (tierras o instrumentos) tiene que vivir de su
trabajo como obrero asalariado. También la colonización supone un proceso de
desposesión: los indios pierden sus tierras, las oligarquías coloniales
monopolizan las riquezas, el esclavo africano es objeto de la máxima
explotación. La acumulación comercial se acelera.
España y Portugal que se lanzan al dominio colonial en el XVI son víctimas
de la inmadurez de sus elementos capitalista. Por un lado, una parte de su
población urbana (burguesa) y de la nobleza sin tierras, empobrecida por la
ruina de los señores feudales que la protegían, emigra a las colonias,
transformándose allí en propietarios de tierras o en elementos improductivos
(aventureros, soldados, eclesiásticos); por otro, las riquezas coloniales
(metales preciosos) producen fenómenos económicos que la estructura industrial
no está en condiciones de aprovechar, quedando, por lo contrario, arruinada la
industria. Los demás países europeos (concretamente, los Países Bajos,
Inglaterra y Francia) durante el XVI avanzan en el proceso propio de
acumulación, inician su organización industrial y aprovechan los metales
preciosos procedentes de América para favorecer la formación de una clase
comercial que emplea sus beneficios en actividades industriales. Además el alza
de la renta de la tierra favorece la transformación d los antiguos señores
feudales en terratenientes capitalistas y, en general, la sustitución de aquellos
por estos.
Holanda, o sea, la parte de los Países Bajos que se independiza de España a
fines del XVI y principios del XVII, logra desarrollar un poderío comercial que
predomina durante casi todo el XVII; pero tiene que ceder frente al desarrollo
industrial inglés y francés. Amsterdam ya era un centro importante del comercio
del norte de Europa en el XVI; ahora, en el XVII se transformaría en el gran
mercado internacional de productos asiáticos y americanos y en una plaza
bancaria de primer orden. Basta señalar que una gran parte de su riqueza se
debe a la refinación de azúcar y que Holanda, apenas iniciada su carrera capitalista,
asalta y conquista el norte azucarero del Brasil. Pero frente al comercio
holandés se alzan los intereses británicos y franceses: los ingleses con la ley
de navegación (1651-1660) y los franceses con el proteccionismo de Colbert, a
fines del XVII.
Inglaterra avanza más que todos los restantes países por la vía del
capitalismo. El proceso de cercamiento de las tierras (enclosures) para
convertir las fincas agrícolas en fincas para el ganado lanar, que produce la
materia prima para la industria textilera, ha terminado hacia 1620. Casi la
mitad de las tierras anteriormente sometidas a regulaciones feudales pasan a
mano de terratenientes capitalistas; los campesinos y agricultores quedan
desposeídos y son forzados por leyes a trabajar como asalariados o perseguidos
como "vagabundos". En las ciudades los viejos gremios o guildas
artesanales caen en manos de un reducido grupo de maestros enriquecidos; la
masa de aprendices y oficiales que no puede llegar a la maestría o que no puede
establecerse por su cuenta se organiza en fraternidades. Los grandes
comerciantes aparecen diferenciándose, en cada rama, de los artesanos. Estos
grandes comerciantes se especializan en la manipulación de los productos
industriales y logran someter progresivamente al artesano. Surge así el
comerciante - empresario que distribuye la materia prima entre numerosos
artesanos quienes le entregan el producto elaborado. En ciertos casos este
comerciante suministra al artesano pobre los instrumentos de trabajo (telares,
etc.). De modo que los artesanos se transforman en mayor o menor medida en
verdaderos asalariados del comerciante- empresario. Esto destruye el poder
gremial. Por otra parte, estas actividades industriales se desarrollan fuera de
las grandes ciudades tradicionales, desplazándose hacia otras, mejor situadas
para el tráfico comercial internacional (como Liverpool) o hacia zonas rurales.
Antes del XVII ya se había ensayado el sistema de concentrar en un solo
edificio cientos de artesanos tejedores; de esta forma va apareciendo la gran
industria capitalista que se desarrollará en el XVIII sobre todo después de
1760 por razón de los inventos mecánico que caracterizan a la llamada
revolución industrial (2).
Al
inicio
6.1.2.
Este desarrollo interno de carácter industrial sirve de base firme a
la expansión del comercio. No debe extrañar que surja en Inglaterra la teoría
económica mercantilista desde principios del XVII. Ya no se dirá
simplemente, como en la teoría metalista, que el país que posea
más reservas metálicas- plata y oro- será el más rico y poderoso. Ahora, la
teoría expresará que el país más rico y más poderoso será el que venda
(exporte) más que lo que compra (importa). De ahí el proteccionismo frente a la
competencia extranjera, tanto en la metrópoli como en las colonias, política
que tiende a garantizar a los grupos comerciales dominantes los más grandes y
crecientes beneficios. El mercantilismo, como teoría del capitalismo en su
etapa manufacturera, se extiende por toda Europa. En algunos países, como
Francia, es además, una teoría y una política enderezada contra los residuos
del particularismo feudal (aduanas interiores e interprovinciales, privilegios
de grupos, peajes, etc.) que entorpecen el comercio y la industria del país.
Esta significación política del mercantilismo se revela especialmente en el colbertismo
o mercantilismo francés que constituye la obra del gobierno del ministro
Colbert (1662-1683). Para hacer frente a la competencia extranjera y para, a su
vez, competir en el exterior, el estado "colbertista" fomenta las
industrias que la iniciativa privada no crea, ayudando de esta manera a
acelerar el proceso del triunfo del capitalismo industrial en Francia (3).
La teoría mercantilista es, además, una teoría del colonialismo. El llamado
"pacto colonial" significa que las colonias producen determinados
artículos que la metrópoli necesita recibiendo de ésta todo lo que quieren para
la subsistencia de la población colonial. Lógicamente, no se permitirá por este
"pacto" que las colonias desarrollen producciones que la metrópoli no
necesita o que ella posee.
Al
inicio
6.1.3.
Este exclusivismo colonial fue común a todos los grupos europeos
expansionistas. Y forma el aspecto teórico que pretende justificar no solamente
el subdesarrollo consciente de las colonias sino también las primeras grandes
guerras por el reparto de las colonias, las guerras "coloniales" del
XVIII.
Durante el siglo XVI las colonias españolas y portuguesas sufren reiterados
ataques provenientes de los grupos mercantiles de otros países; pero los
intereses del comercio capitalista no han logrado que los estados hagan suya,
de modo consecuente, la lucha por las colonias, razón por la cual muchas de
esas agresiones se producen por la iniciativa privada de los negociantes,
marinos y aventureros. La vinculación creciente de esos intereses y del poder
monárquico a fines del XVI y, sobre todo, a lo largo del XVII producirá un
cambio importante, con la aparición de una política nacional, de expansión
colonial en Inglaterra y en Francia. El mercantilismo como teoría económica
proteccionista es, además, una doctrina que pone la guerra como principal
instrumento de los intereses de cada grupo comercial; guerra de tarifas
aduaneras, guerra de maniobras diplomáticas sobre las costas más débiles como
las de España y Portugal; guerra sangrienta, de rapiña pura y simple. El
comercio justifica las grandes armadas navales; las armadas justifican la
expansión del comercio por la fuerza (4).
Las guerras coloniales aparecerán netamente durante el siglo XVIII y no
solamente durante los períodos de guerra sino también durante los tiempos en
que hay paz en Europa.
Al
inicio
6.1.4.
En buena medida, la expansión colonial y las guerras consiguientes
aparecen como obras de las compañías de comercio que, desde mediados del XVI,
se manifiestan como sociedades de acciones o de participación. Holandeses, ingleses
y franceses crean compañías que obtienen el privilegio de comerciar, y en
ocasiones, colonizar, en ciertas regiones de América, África y Asia. Estas
compañías son las libran las guerras, las que pactan con los gobernantes y
pueblos indígenas, las que gobiernan territorios y disponen de ellos. Las
compañías francesa e inglesa del comercio de esclavos obtuvieron antes y
después de los tratados de Utrecht (1713) respectivamente el monopolio del
comercio de africanos en la América Española. Incluso se crean compañías
españolas como la Real Compañía de La Habana (1740) de la que nos ocuparemos
más adelante.
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inicio
6.2 Crisis de la economía española
6.2.1.
El hecho político de mayor importancia desde mediados del XVI hasta
fines del XVII en el panorama europeo, agitado por las aspiraciones de las
diversas monarquías, fue sin duda la "decadencia" española. El hecho
que España fuera la beneficiaria del descubrimiento unido a su influencia
político militar en los Países Bajos e Italia, dio a sus reyes una hegemonía
extraordinaria. La fama y el poder del imperio donde "no se ponía el
sol" sigue siendo proverbial y constituye la añoranza de toda clase de
grupos regresivos.
No hay duda que España y Portugal surgieron anticipadamente como potencias
económicas y políticas, por razón de ser el cruce entre el Mediterráneo y el
norte de Europa y entre todo Europa y el Africa. Mas este período desapareció
desde fines del XVI. Los contemporáneos españoles tuvieron conciencia de este
proceso y desde entonces se conoce como período de la "decadencia" el
lapso que corre hasta la primera mitad del XVIII. El tema de la
"decadencia" ha sido uno de los más traídos y llevados en la
historiografía general europea. Ha sido también un magnífico pretexto para que
penetren en América y en la propia España las peores manifestaciones de la
historiografía reaccionaria que desvían la discusión del problema hacia las
interpretaciones psicológicas o raciales: España decae porque los españoles son
fanáticos o son holgazanes (lo cual se aplica por razón de "herencia
biológica" a los latinoamericanos). En cambio, el éxito de los otros
estados europeos se debe a las magníficas condiciones "morales" de
sus súbditos.
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inicio
6.2.2.
La "decadencia" española asoma a fines del XVI y se
manifiesta como un proceso acelerado de hundimiento durante todo el XVII. Para
que esto suceda es preciso que ocurran fenómenos sociales muy profundos.
Esencialmente, podemos expresar este complejo de causas y efectos de la
"decadencia" como detención de l proceso de desarrollo capitalista,
cuyas circunstancias vamos a resumir.
En primer término debemos recordar que en 1521, Carlos V derrota a los
elementos de la burguesía española en Villalar, consagrándose por consecuencia
la alianza del monarca con el alto clero y la gran nobleza. De modo que la
fuerza progresista, antifeudal, que había cooperado victoriosamente con los
Reyes Católicos pierde importancia política. Pero esta explicación no bastaría.
Las fuerzas de la burguesía española pierden vigor como clase y esto se debe a
una compleja red de causas que la historia conoce. Debemos señalar, en primer
término, el debilitamiento de los grupos burgueses por causa de la expulsión de
los judíos (a fines del XV), por la emigración a América donde se transforman
en latifundistas, por la expulsión de los moriscos, agricultores y artesanos (a
principios del XVII). Es una burguesía que se desangra durante siglo y medio.
Pero debemos tener cuidado de no creer que la causa de toda esa persecución sea
el "fanatismo". A los judíos se les persigue por su riqueza, como
había sucedido y sucedería en otros países europeos; a los que emigran a
América se les ofrece un campo fácil para el enriquecimiento; a los moriscos se
les expulsa por temor a una "reconquista" árabe. Además, se
constituye progresivamente el Estado español como instrumento de represión de
las nuevas clases, para lo cual la inquisición sirve de brazo ejecutor. La
inquisición nunca chocó con los reyes, lo que le da un carácter evidentemente
político y no religioso a su actuación. La represión va contra las fuerzas
burguesas, las mismas que en Inglaterra, en Francia y en Alemania están
propiciando las ideas nuevas sobre el comercio, el préstamo y el trabajo de
tipo capitalista. Es fácil observar que el punto más bajo de la
"decadencia" económica y política coincide con el momento de mayor
euforia inquisicional.
Observemos que América inunda a España de riqueza en metales preciosos. La
inflación beneficia principalmente a los terratenientes y a los comerciantes
porque a la industria artesanal del XVI, basada fundamentalmente en el trabajo
manual, sin duda que la arruina. Esa industria no aprovecha de la inflación
porque los beneficios de este fenómeno no pueden ser captados por una
organización basada en el trabajo manual. Las grandes rentas de la tierra empobrecen
a la población y enriquecen a la nobleza cortesana; para que el fenómeno
produjera el reforzamiento de las fuerzas comerciales o industriales
capitalistas hubiera sido necesario que el proceso de disolución de las formas
feudales avanzara suficientemente creando una masa decisiva de asalariados,
cuyo empleo permitiera transformar en beneficio capitalista (en plusvalía) el
alza de precios producida por la inflación.
Es lógico que en esas condiciones, adquieran sumo prestigio las formas
improductivas de existencia. El ingreso masivo en el clero secular y en las
órdenes religiosas, es un hecho que se produce como solución de la crisis para
grandes núcleos de la burguesía y la pequeña nobleza empobrecida y tiene muy
poco que ver con la religiosidad auténtica. Este aumento de los grupos
improductivos se transforma, a su vez, en causa de aceleración de la
decadencia. Otro tanto sucede con la mendicidad, cuya difusión en la época es
proverbial.
Más importante aun fue el fenómeno de formación de una burguesía rentista
que invierte los capitales comerciales en préstamos al rey a cambio de rentas o
juros perpetuos o tierras rentables.
La economía española se transforma, pues, en una organización parasitaria
Los grupos mercantiles que monopolizan el tráfico con América (Capítulo XI) no
tienen una producción propia, y por ende, adquieren en Europa, la mayor parte
de los artículos industriales que la América requiere. Acaban por constituir un
grupo de meros intermediarios, cuyo objetivo es provocar beneficios puramente
especulativos con el comercio colonial. Toda esta sumisión progresiva de la
economía española a la economía europea es posible porque, al par que decae
España, en Inglaterra y Francia se desarrollan durante el XVII y la primera
mitad del XVIII las fuerzas productivas capitalistas en forma de aplicación de
maquinarias a la producción y de organización masiva de los trabajadores en
manufacturas.
Sin embargo, España no permanece totalmente ajena a esa evolución general
que se produce en su derredor. La misma copioso literatura sobre la decadencia
y, en especial, las ideas de hombres como Cellorigo y Moncada, prueba que había
en ella fuerzas históricas que propiciaban la continuación del proceso
capitalista detenido en el XVI (5).
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inicio
6.2.3.
Se ha señalado como una causa que contribuyó a la decadencia,
esa política guerrerísta de dominación en las zonas europeas que ya había
comenzado a manifestarse antes del descubrimiento, cuando los reyes de Aragón
discutían con los príncipes franceses de la casa de Anjou la supremacía en el
sur de Italia. Tal política se expandió cuando Carlos V reunió en su cabeza las
coronas de España y Alemania. Por otro lado, España fue lanzada a luchar contra
la expansión de los turcos en el Mediterráneo. De todo ello, salió una suma
interminable de guerras y perturbaciones, como la reforma religiosa, que
obligaron al pueblo español a realizar vigorosos esfuerzos y gastos de
recursos. A fines del XVI los Países Bajos se alzan contra la dominación
española y logran, tras de una guerra de exterminio que reconozca la
independencia de Holanda. La lucha por el predominio en Europa y por las
colonias de América enfrenta España a Inglaterra, la cual logra sus primeros
grandes éxitos navales. Hombres y recursos aportados por América y España se
gastaron en esas empresas que el deterioro progresivo de la economía
metropolitana impedía mantener.
Por otro lado, España, precisamente porque desde mediados del XVI conserva
caracteres feudales muy pronunciados, está dividida en "reinos" o
provincias, cuya legislación, aduanas, administración y economía se mantienen
favoreciendo el aislamiento o la separación entre los componentes territoriales
de la metrópoli. El impulso centralizador y unificador, característico de la
monarquía absoluta capitalista se pierde y por ello, se mantienen las causas
del debilitamiento general del desarrollo de España. Recordemos que el
monopolio del comercio con América se le concede a Sevilla con perjuicio de las
demás zonas del país; este ejemplo muestra hasta qué punto el particularismo
regional y la falta de unificación repercuten en el mantenimiento de una estructura
económica precapitalista. Resultado del estancamiento y de la pérdida de
recursos fue el empobrecimiento general del país.
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6.3 La América
6.3.1.
La América durante el siglo XVII, entra en su etapa de
estabilización; se definen entonces las bases de su organización económica y
social. Esta definición produce una neta separación entre grupos de colonias. Por otra
parte, comienzan en ese mismo siglo a formarse las colonias inglesas y francesas
que acentúan esa diferenciación colonial.
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6.3.2.
Se distinguen especialmente en las colonias españolas dos grupos:
colonias basadas en la minería y las haciendas; colonias fundadas en la
plantación de cultivos tropicales. A grandes rasgos, las primeras están
constituidas por regiones altas, de montaña o de meseta (México, Colombia y
Perú), donde el clima favorece la permanencia del europeo y donde, además,
abunda la población indígena; las otras, son zonas insulares o costeras, de
clima duro para el europeo, sobre todo en una época en que los progresos de la
higiene no son grandes, y de población indígena escasa o muy retrasada: su
ejemplo son las Antillas y la zona circuncaribe. Las primeras constituyen los
grandes virreynatos; las restantes son gobernaciones de poco desarrollo
institucional.
En los virreynatos las clases dominantes son los mineros y los latifundistas
que explotan el trabajo del peón indio o mestizo en formas que
recuerdan la servidumbre medireview. En las otras colonias los grandes cultivos
se basan en el empleo casi exclusivo y en masa de esclavos africanos; hay en
ellas también una oligarquía territorial, pero es esencialmente ausentista y,
además, comparte el poder con los comerciantes importadores. Desde luego, la
esclavitud del africano existió en todos los territorios, pero con intensidad
variable. En general, la vida del esclavo dependía esencialmente del carácter
más o menos intensivo de la producción.
La estabilización, o sea, la fijación de los grupos dominantes, el
desarrollo institucional y la explotación sistemática de los recursos se
anticipa en las colonias continentales mientras las demás, como dependientes de
grandes productos de exportación, no empezarán a lograr un desarrollo
importante hasta el siglo XVIII. Esto provoca que el poder colonial español se
base durante la segunda mitad del XVI, todo el XVII y la primera mitad del
XVIII, en las riquezas de los Virreinatos. Así, México tiene una cierta función
de superioridad en el Caribe y Centro América y el Perú domina hasta Río de la
Plata.
Estas colonias más desarrolladas exportan metales preciosos y algunos
productos básicos; pero tienen un cierto nivel de producción industrial y
pueden producir numerosos artículos similares a los importados de Europa
(aceite, vino, por ejemplo). Su comercio, por consiguiente, es más diverso. Las
restantes colonias exportan uno o dos productos (azúcar, cacao, algodón)
importan la totalidad de sus necesidades de consumo (6).
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inicio
6.3.3.
Las colonias extranjeras presentan caracteres, salvo quizás la
llamada Nueva Inglaterra, norte de los Estados Unidos actuales, donde se
reproduce con bastante fidelidad la sociedad inglesa contemporánea y, por
consiguiente, presenta un desarrollo comercial, marítimo y fabril más avanzado.
Pero las colonias, desde el sur del actual estado de Virginia hasta las
Guayanas son propiamente colonias de plantación esclavista en un grado aún más
agudo que las colonias españolas similares. Otro tanto, se puede afirmar de los
territorios sujetos a Francia, salvo Canadá, donde la fuerza constitutiva es el
comercio de pieles y la explotación agrícola de las zonas más templadas sobre
el curso del río San Lorenzo (7).
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inicio
6.3.4. Desde fines del XVI están los extranjeros irrumpiendo en
América pero hasta la segunda mitad del XVII no consolidan sus colonias. Esto
forma parte de la lucha por las colonias que tiene diversas fases hasta el
XVIII: piratería, asalto de territorios (Jamaica en 1654 por los ingleses,
Brasil por los holandeses) y dominación comercial por medio de guerras y
tratados (la Paz de Ryxwick, 1697; de Utrech, 1713, de París, 1763).
Al
inicio
6.3.5.
La obtención de colonias en toda América facilita a ingleses y
franceses su penetración económica, que, por otra parte, viene favorecida por
la escasa capacidad productiva de España. Sin embargo, el monopolio español no
queda quebrantado hasta la segunda mitad del XVIII y, en general, el sistema
mercantil colonial se liberaliza solamente para los territorios menos
desarrollados, no para los virreinatos, que eran guardados celosamente por su
gran riqueza.
Al
inicio
BIBLIOGRAFÍA
1.
WILLIAMS, ERIC.- Capitalism and slavery, Chapel
Hill, 1944.
2. MARX, CARLOS.- El
Capital, t. cit.
3. HECKSHER, ELI F.- La
época mercantilista, México, 1943.
4. SILBERNER, EDMUNDO.- La
guerra en el pensamiento económico, Madrid, 1954.
5. CABRERA PUJOLS, JAIME.-
Historia de la economía española, 5 ts. Barcelona, especialmente ts. I y II.
6. BAGÚ, SERGIO.- Economía
de la sociedad colonial, Buenos Aires, 1949.
7. REPARAZ, GONZALO DE.- Op. cit.