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HISTORIA ECONÓMICA DE CUBA 

PARTE III FUNDAMENTOS DE LA ECONOMÍA COLONIAL (1510-1659)

CAPÍTULO VI. EUROPA Y AMÉRICA EN LOS SIGLOS XVI Y XVII

6.1 La transformación de la economía europea

6.1.1. El desarrollo económico europeo y la expansión colonial. El caso de l capitalismo inglés. 6.1.2. El mercantilismo; unidad económica nacional. 6.1.3. La difusión de las compañías de comercio. 6.1.4. Aparición de las guerras coloniales.

6.2 Crisis de la economía española

6.2.1. Discusión del problema en general: las tesis psicológicas y raciales. 6.2.2. Influencia de América en esa crisis; la inflación y la emigración. 6.2.3. La política de dominación en Europa. La diversidad regional y el empobrecimiento del pueblo español. Ulterior desarrollo.

6.3 La América

6.3.1. El siglo de la estabilización. 6.3.2. Minería y ganadería vs. agricultura. Las dos Américas: haciendas feudales y plantaciones. Economía importadora. 6.3.3. La esclavitud y sus formas e intensidad variadas. 6.3.4. Aparición de los ingleses, franceses y holandeses; somera apreciación de sus colonias. 6.3.5. El comercio extranjero.

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6.1 La transformación de la economía europea

6.1.1. En los capítulos I y II analizamos en sus grandes rasgos, la economía europea afines del siglo XV. El proceso básico consistente en la disolución del sistema feudal y la aparición y crecimiento del capitalismo comercial que continúa en los siglos XVI y XVII. Sin embargo, a mediados del XVII ya se han producido hechos que, por un lado, van singularizando el proceso en algunos países y, por ende supone una mayor madurez del capitalismo en ciertos países, mientras otros quedan como rezagados.

Uno de los hechos que contribuye más intensamente a que el capitalismo triunfe rápidamente es la explotación de los territorios coloniales. América, Asia y Africa entran en ese cuadro del colonialismo. Los beneficios que obtienen los comerciantes individuales y las compañías comerciales holandesas, inglesas y francesas, la posibilidad de obtener materias primas, como el algodón, la producción sobre bases esclavistas de productos "tropicales" como el tabaco, el azúcar, el añil, la vainilla, el cacao, que consumen los europeos, la utilización de los artículos coloniales para desarrollar el intercambio de esclavos en África, constituyen todos, aspectos de esa influencia decisiva del colonialismo en el rápido crecimiento del capitalismo (1).

El capitalismo europeo aparece y se desarrolla por un proceso de acumulación que se caracteriza por la desposesión de los pueblos: los agricultores y campesinos pierden sus tierras u los artesanos de las ciudades pierden la oportunidad de establecerse por su cuenta con sus propios instrumentos de trabajo. La gran masa de los pueblos europeos progresivamente desposeída de sus medios de vida independiente (tierras o instrumentos) tiene que vivir de su trabajo como obrero asalariado. También la colonización supone un proceso de desposesión: los indios pierden sus tierras, las oligarquías coloniales monopolizan las riquezas, el esclavo africano es objeto de la máxima explotación. La acumulación comercial se acelera.

España y Portugal que se lanzan al dominio colonial en el XVI son víctimas de la inmadurez de sus elementos capitalista. Por un lado, una parte de su población urbana (burguesa) y de la nobleza sin tierras, empobrecida por la ruina de los señores feudales que la protegían, emigra a las colonias, transformándose allí en propietarios de tierras o en elementos improductivos (aventureros, soldados, eclesiásticos); por otro, las riquezas coloniales (metales preciosos) producen fenómenos económicos que la estructura industrial no está en condiciones de aprovechar, quedando, por lo contrario, arruinada la industria. Los demás países europeos (concretamente, los Países Bajos, Inglaterra y Francia) durante el XVI avanzan en el proceso propio de acumulación, inician su organización industrial y aprovechan los metales preciosos procedentes de América para favorecer la formación de una clase comercial que emplea sus beneficios en actividades industriales. Además el alza de la renta de la tierra favorece la transformación d los antiguos señores feudales en terratenientes capitalistas y, en general, la sustitución de aquellos por estos.

Holanda, o sea, la parte de los Países Bajos que se independiza de España a fines del XVI y principios del XVII, logra desarrollar un poderío comercial que predomina durante casi todo el XVII; pero tiene que ceder frente al desarrollo industrial inglés y francés. Amsterdam ya era un centro importante del comercio del norte de Europa en el XVI; ahora, en el XVII se transformaría en el gran mercado internacional de productos asiáticos y americanos y en una plaza bancaria de primer orden. Basta señalar que una gran parte de su riqueza se debe a la refinación de azúcar y que Holanda, apenas iniciada su carrera capitalista, asalta y conquista el norte azucarero del Brasil. Pero frente al comercio holandés se alzan los intereses británicos y franceses: los ingleses con la ley de navegación (1651-1660) y los franceses con el proteccionismo de Colbert, a fines del XVII.

Inglaterra avanza más que todos los restantes países por la vía del capitalismo. El proceso de cercamiento de las tierras (enclosures) para convertir las fincas agrícolas en fincas para el ganado lanar, que produce la materia prima para la industria textilera, ha terminado hacia 1620. Casi la mitad de las tierras anteriormente sometidas a regulaciones feudales pasan a mano de terratenientes capitalistas; los campesinos y agricultores quedan desposeídos y son forzados por leyes a trabajar como asalariados o perseguidos como "vagabundos". En las ciudades los viejos gremios o guildas artesanales caen en manos de un reducido grupo de maestros enriquecidos; la masa de aprendices y oficiales que no puede llegar a la maestría o que no puede establecerse por su cuenta se organiza en fraternidades. Los grandes comerciantes aparecen diferenciándose, en cada rama, de los artesanos. Estos grandes comerciantes se especializan en la manipulación de los productos industriales y logran someter progresivamente al artesano. Surge así el comerciante - empresario que distribuye la materia prima entre numerosos artesanos quienes le entregan el producto elaborado. En ciertos casos este comerciante suministra al artesano pobre los instrumentos de trabajo (telares, etc.). De modo que los artesanos se transforman en mayor o menor medida en verdaderos asalariados del comerciante- empresario. Esto destruye el poder gremial. Por otra parte, estas actividades industriales se desarrollan fuera de las grandes ciudades tradicionales, desplazándose hacia otras, mejor situadas para el tráfico comercial internacional (como Liverpool) o hacia zonas rurales. Antes del XVII ya se había ensayado el sistema de concentrar en un solo edificio cientos de artesanos tejedores; de esta forma va apareciendo la gran industria capitalista que se desarrollará en el XVIII sobre todo después de 1760 por razón de los inventos mecánico que caracterizan a la llamada revolución industrial (2).

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6.1.2. Este desarrollo interno de carácter industrial sirve de base firme a la expansión del comercio. No debe extrañar que surja en Inglaterra la teoría económica mercantilista desde principios del XVII. Ya no se dirá simplemente, como en la teoría metalista, que el país que posea más reservas metálicas- plata y oro- será el más rico y poderoso. Ahora, la teoría expresará que el país más rico y más poderoso será el que venda (exporte) más que lo que compra (importa). De ahí el proteccionismo frente a la competencia extranjera, tanto en la metrópoli como en las colonias, política que tiende a garantizar a los grupos comerciales dominantes los más grandes y crecientes beneficios. El mercantilismo, como teoría del capitalismo en su etapa manufacturera, se extiende por toda Europa. En algunos países, como Francia, es además, una teoría y una política enderezada contra los residuos del particularismo feudal (aduanas interiores e interprovinciales, privilegios de grupos, peajes, etc.) que entorpecen el comercio y la industria del país. Esta significación política del mercantilismo se revela especialmente en el colbertismo o mercantilismo francés que constituye la obra del gobierno del ministro Colbert (1662-1683). Para hacer frente a la competencia extranjera y para, a su vez, competir en el exterior, el estado "colbertista" fomenta las industrias que la iniciativa privada no crea, ayudando de esta manera a acelerar el proceso del triunfo del capitalismo industrial en Francia (3).

La teoría mercantilista es, además, una teoría del colonialismo. El llamado "pacto colonial" significa que las colonias producen determinados artículos que la metrópoli necesita recibiendo de ésta todo lo que quieren para la subsistencia de la población colonial. Lógicamente, no se permitirá por este "pacto" que las colonias desarrollen producciones que la metrópoli no necesita o que ella posee.

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6.1.3. Este exclusivismo colonial fue común a todos los grupos europeos expansionistas. Y forma el aspecto teórico que pretende justificar no solamente el subdesarrollo consciente de las colonias sino también las primeras grandes guerras por el reparto de las colonias, las guerras "coloniales" del XVIII.

Durante el siglo XVI las colonias españolas y portuguesas sufren reiterados ataques provenientes de los grupos mercantiles de otros países; pero los intereses del comercio capitalista no han logrado que los estados hagan suya, de modo consecuente, la lucha por las colonias, razón por la cual muchas de esas agresiones se producen por la iniciativa privada de los negociantes, marinos y aventureros. La vinculación creciente de esos intereses y del poder monárquico a fines del XVI y, sobre todo, a lo largo del XVII producirá un cambio importante, con la aparición de una política nacional, de expansión colonial en Inglaterra y en Francia. El mercantilismo como teoría económica proteccionista es, además, una doctrina que pone la guerra como principal instrumento de los intereses de cada grupo comercial; guerra de tarifas aduaneras, guerra de maniobras diplomáticas sobre las costas más débiles como las de España y Portugal; guerra sangrienta, de rapiña pura y simple. El comercio justifica las grandes armadas navales; las armadas justifican la expansión del comercio por la fuerza (4).

Las guerras coloniales aparecerán netamente durante el siglo XVIII y no solamente durante los períodos de guerra sino también durante los tiempos en que hay paz en Europa.

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6.1.4. En buena medida, la expansión colonial y las guerras consiguientes aparecen como obras de las compañías de comercio que, desde mediados del XVI, se manifiestan como sociedades de acciones o de participación. Holandeses, ingleses y franceses crean compañías que obtienen el privilegio de comerciar, y en ocasiones, colonizar, en ciertas regiones de América, África y Asia. Estas compañías son las libran las guerras, las que pactan con los gobernantes y pueblos indígenas, las que gobiernan territorios y disponen de ellos. Las compañías francesa e inglesa del comercio de esclavos obtuvieron antes y después de los tratados de Utrecht (1713) respectivamente el monopolio del comercio de africanos en la América Española. Incluso se crean compañías españolas como la Real Compañía de La Habana (1740) de la que nos ocuparemos más adelante.

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6.2 Crisis de la economía española

6.2.1. El hecho político de mayor importancia desde mediados del XVI hasta fines del XVII en el panorama europeo, agitado por las aspiraciones de las diversas monarquías, fue sin duda la "decadencia" española. El hecho que España fuera la beneficiaria del descubrimiento unido a su influencia político militar en los Países Bajos e Italia, dio a sus reyes una hegemonía extraordinaria. La fama y el poder del imperio donde "no se ponía el sol" sigue siendo proverbial y constituye la añoranza de toda clase de grupos regresivos.

No hay duda que España y Portugal surgieron anticipadamente como potencias económicas y políticas, por razón de ser el cruce entre el Mediterráneo y el norte de Europa y entre todo Europa y el Africa. Mas este período desapareció desde fines del XVI. Los contemporáneos españoles tuvieron conciencia de este proceso y desde entonces se conoce como período de la "decadencia" el lapso que corre hasta la primera mitad del XVIII. El tema de la "decadencia" ha sido uno de los más traídos y llevados en la historiografía general europea. Ha sido también un magnífico pretexto para que penetren en América y en la propia España las peores manifestaciones de la historiografía reaccionaria que desvían la discusión del problema hacia las interpretaciones psicológicas o raciales: España decae porque los españoles son fanáticos o son holgazanes (lo cual se aplica por razón de "herencia biológica" a los latinoamericanos). En cambio, el éxito de los otros estados europeos se debe a las magníficas condiciones "morales" de sus súbditos.

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6.2.2. La "decadencia" española asoma a fines del XVI y se manifiesta como un proceso acelerado de hundimiento durante todo el XVII. Para que esto suceda es preciso que ocurran fenómenos sociales muy profundos. Esencialmente, podemos expresar este complejo de causas y efectos de la "decadencia" como detención de l proceso de desarrollo capitalista, cuyas circunstancias vamos a resumir.

En primer término debemos recordar que en 1521, Carlos V derrota a los elementos de la burguesía española en Villalar, consagrándose por consecuencia la alianza del monarca con el alto clero y la gran nobleza. De modo que la fuerza progresista, antifeudal, que había cooperado victoriosamente con los Reyes Católicos pierde importancia política. Pero esta explicación no bastaría. Las fuerzas de la burguesía española pierden vigor como clase y esto se debe a una compleja red de causas que la historia conoce. Debemos señalar, en primer término, el debilitamiento de los grupos burgueses por causa de la expulsión de los judíos (a fines del XV), por la emigración a América donde se transforman en latifundistas, por la expulsión de los moriscos, agricultores y artesanos (a principios del XVII). Es una burguesía que se desangra durante siglo y medio. Pero debemos tener cuidado de no creer que la causa de toda esa persecución sea el "fanatismo". A los judíos se les persigue por su riqueza, como había sucedido y sucedería en otros países europeos; a los que emigran a América se les ofrece un campo fácil para el enriquecimiento; a los moriscos se les expulsa por temor a una "reconquista" árabe. Además, se constituye progresivamente el Estado español como instrumento de represión de las nuevas clases, para lo cual la inquisición sirve de brazo ejecutor. La inquisición nunca chocó con los reyes, lo que le da un carácter evidentemente político y no religioso a su actuación. La represión va contra las fuerzas burguesas, las mismas que en Inglaterra, en Francia y en Alemania están propiciando las ideas nuevas sobre el comercio, el préstamo y el trabajo de tipo capitalista. Es fácil observar que el punto más bajo de la "decadencia" económica y política coincide con el momento de mayor euforia inquisicional.

Observemos que América inunda a España de riqueza en metales preciosos. La inflación beneficia principalmente a los terratenientes y a los comerciantes porque a la industria artesanal del XVI, basada fundamentalmente en el trabajo manual, sin duda que la arruina. Esa industria no aprovecha de la inflación porque los beneficios de este fenómeno no pueden ser captados por una organización basada en el trabajo manual. Las grandes rentas de la tierra empobrecen a la población y enriquecen a la nobleza cortesana; para que el fenómeno produjera el reforzamiento de las fuerzas comerciales o industriales capitalistas hubiera sido necesario que el proceso de disolución de las formas feudales avanzara suficientemente creando una masa decisiva de asalariados, cuyo empleo permitiera transformar en beneficio capitalista (en plusvalía) el alza de precios producida por la inflación.

Es lógico que en esas condiciones, adquieran sumo prestigio las formas improductivas de existencia. El ingreso masivo en el clero secular y en las órdenes religiosas, es un hecho que se produce como solución de la crisis para grandes núcleos de la burguesía y la pequeña nobleza empobrecida y tiene muy poco que ver con la religiosidad auténtica. Este aumento de los grupos improductivos se transforma, a su vez, en causa de aceleración de la decadencia. Otro tanto sucede con la mendicidad, cuya difusión en la época es proverbial.

Más importante aun fue el fenómeno de formación de una burguesía rentista que invierte los capitales comerciales en préstamos al rey a cambio de rentas o juros perpetuos o tierras rentables.

La economía española se transforma, pues, en una organización parasitaria Los grupos mercantiles que monopolizan el tráfico con América (Capítulo XI) no tienen una producción propia, y por ende, adquieren en Europa, la mayor parte de los artículos industriales que la América requiere. Acaban por constituir un grupo de meros intermediarios, cuyo objetivo es provocar beneficios puramente especulativos con el comercio colonial. Toda esta sumisión progresiva de la economía española a la economía europea es posible porque, al par que decae España, en Inglaterra y Francia se desarrollan durante el XVII y la primera mitad del XVIII las fuerzas productivas capitalistas en forma de aplicación de maquinarias a la producción y de organización masiva de los trabajadores en manufacturas.

Sin embargo, España no permanece totalmente ajena a esa evolución general que se produce en su derredor. La misma copioso literatura sobre la decadencia y, en especial, las ideas de hombres como Cellorigo y Moncada, prueba que había en ella fuerzas históricas que propiciaban la continuación del proceso capitalista detenido en el XVI (5).

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6.2.3. Se ha señalado como una causa que contribuyó a la decadencia, esa política guerrerísta de dominación en las zonas europeas que ya había comenzado a manifestarse antes del descubrimiento, cuando los reyes de Aragón discutían con los príncipes franceses de la casa de Anjou la supremacía en el sur de Italia. Tal política se expandió cuando Carlos V reunió en su cabeza las coronas de España y Alemania. Por otro lado, España fue lanzada a luchar contra la expansión de los turcos en el Mediterráneo. De todo ello, salió una suma interminable de guerras y perturbaciones, como la reforma religiosa, que obligaron al pueblo español a realizar vigorosos esfuerzos y gastos de recursos. A fines del XVI los Países Bajos se alzan contra la dominación española y logran, tras de una guerra de exterminio que reconozca la independencia de Holanda. La lucha por el predominio en Europa y por las colonias de América enfrenta España a Inglaterra, la cual logra sus primeros grandes éxitos navales. Hombres y recursos aportados por América y España se gastaron en esas empresas que el deterioro progresivo de la economía metropolitana impedía mantener.

Por otro lado, España, precisamente porque desde mediados del XVI conserva caracteres feudales muy pronunciados, está dividida en "reinos" o provincias, cuya legislación, aduanas, administración y economía se mantienen favoreciendo el aislamiento o la separación entre los componentes territoriales de la metrópoli. El impulso centralizador y unificador, característico de la monarquía absoluta capitalista se pierde y por ello, se mantienen las causas del debilitamiento general del desarrollo de España. Recordemos que el monopolio del comercio con América se le concede a Sevilla con perjuicio de las demás zonas del país; este ejemplo muestra hasta qué punto el particularismo regional y la falta de unificación repercuten en el mantenimiento de una estructura económica precapitalista. Resultado del estancamiento y de la pérdida de recursos fue el empobrecimiento general del país.

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6.3 La América

6.3.1. La América durante el siglo XVII, entra en su etapa de estabilización; se definen entonces las bases de su organización económica y social. Esta definición produce una neta separación entre grupos de colonias. Por otra parte, comienzan en ese mismo siglo a formarse las colonias inglesas y francesas que acentúan esa diferenciación colonial.

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6.3.2. Se distinguen especialmente en las colonias españolas dos grupos: colonias basadas en la minería y las haciendas; colonias fundadas en la plantación de cultivos tropicales. A grandes rasgos, las primeras están constituidas por regiones altas, de montaña o de meseta (México, Colombia y Perú), donde el clima favorece la permanencia del europeo y donde, además, abunda la población indígena; las otras, son zonas insulares o costeras, de clima duro para el europeo, sobre todo en una época en que los progresos de la higiene no son grandes, y de población indígena escasa o muy retrasada: su ejemplo son las Antillas y la zona circuncaribe. Las primeras constituyen los grandes virreynatos; las restantes son gobernaciones de poco desarrollo institucional.

En los virreynatos las clases dominantes son los mineros y los latifundistas que explotan el trabajo del peón indio o mestizo en formas que recuerdan la servidumbre medireview. En las otras colonias los grandes cultivos se basan en el empleo casi exclusivo y en masa de esclavos africanos; hay en ellas también una oligarquía territorial, pero es esencialmente ausentista y, además, comparte el poder con los comerciantes importadores. Desde luego, la esclavitud del africano existió en todos los territorios, pero con intensidad variable. En general, la vida del esclavo dependía esencialmente del carácter más o menos intensivo de la producción.

La estabilización, o sea, la fijación de los grupos dominantes, el desarrollo institucional y la explotación sistemática de los recursos se anticipa en las colonias continentales mientras las demás, como dependientes de grandes productos de exportación, no empezarán a lograr un desarrollo importante hasta el siglo XVIII. Esto provoca que el poder colonial español se base durante la segunda mitad del XVI, todo el XVII y la primera mitad del XVIII, en las riquezas de los Virreinatos. Así, México tiene una cierta función de superioridad en el Caribe y Centro América y el Perú domina hasta Río de la Plata.

Estas colonias más desarrolladas exportan metales preciosos y algunos productos básicos; pero tienen un cierto nivel de producción industrial y pueden producir numerosos artículos similares a los importados de Europa (aceite, vino, por ejemplo). Su comercio, por consiguiente, es más diverso. Las restantes colonias exportan uno o dos productos (azúcar, cacao, algodón) importan la totalidad de sus necesidades de consumo (6).

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6.3.3. Las colonias extranjeras presentan caracteres, salvo quizás la llamada Nueva Inglaterra, norte de los Estados Unidos actuales, donde se reproduce con bastante fidelidad la sociedad inglesa contemporánea y, por consiguiente, presenta un desarrollo comercial, marítimo y fabril más avanzado. Pero las colonias, desde el sur del actual estado de Virginia hasta las Guayanas son propiamente colonias de plantación esclavista en un grado aún más agudo que las colonias españolas similares. Otro tanto, se puede afirmar de los territorios sujetos a Francia, salvo Canadá, donde la fuerza constitutiva es el comercio de pieles y la explotación agrícola de las zonas más templadas sobre el curso del río San Lorenzo (7).

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6.3.4. Desde fines del XVI están los extranjeros irrumpiendo en América pero hasta la segunda mitad del XVII no consolidan sus colonias. Esto forma parte de la lucha por las colonias que tiene diversas fases hasta el XVIII: piratería, asalto de territorios (Jamaica en 1654 por los ingleses, Brasil por los holandeses) y dominación comercial por medio de guerras y tratados (la Paz de Ryxwick, 1697; de Utrech, 1713, de París, 1763).

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6.3.5. La obtención de colonias en toda América facilita a ingleses y franceses su penetración económica, que, por otra parte, viene favorecida por la escasa capacidad productiva de España. Sin embargo, el monopolio español no queda quebrantado hasta la segunda mitad del XVIII y, en general, el sistema mercantil colonial se liberaliza solamente para los territorios menos desarrollados, no para los virreinatos, que eran guardados celosamente por su gran riqueza.

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BIBLIOGRAFÍA

1. WILLIAMS, ERIC.- Capitalism and slavery, Chapel Hill, 1944.
2. MARX, CARLOS.- El Capital, t. cit.
3. HECKSHER, ELI F.- La época mercantilista, México, 1943.
4. SILBERNER, EDMUNDO.- La guerra en el pensamiento económico, Madrid, 1954.
5. CABRERA PUJOLS, JAIME.- Historia de la economía española, 5 ts. Barcelona, especialmente ts. I y II.
6. BAGÚ, SERGIO.- Economía de la sociedad colonial, Buenos Aires, 1949.
7. REPARAZ, GONZALO DE.- Op. cit.

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