Un
gobierno de salvación... de Alfonsín
Por
José Enrique Velázquez
Primero
fue el senador Leopoldo Moreau, durante las agobiantes horas en las
que se discutía el proyecto de ley de "Déficit
Cero" -y en las que se mostró como un verdadero jefe opositor,
cuando en realidad es legislador por el partido del gobierno- que
mentó la expresión "gobierno de salvación
nacional". De inmediato el ex presidente Raúl Alfonsín
se explayó con largueza sobre la necesidad de alcanzar consenso
para impulsar un gobierno de unidad nacional. Idea que, en otros contextos
y con distinta miras habían lanzado tiempo atrás Carlos
Ruckauf y el propio De la Rúa.
El mandatario bonaerense, allá por agosto del año 2000,
cuando la crisis del gobierno nacional y de la Alianza gobernante
comenzaba a alcanzar el punto de ebullición, presentó
su propuesta de que el presidente de la República convocara
a los gobernadores para consensuar un plan de gobierno. Su idea se
basaba en que los jefes provinciales son genuinos representantes de
las provincias y poseedores del verdadero poder político, lo
que les daba autoridad para plasmar un conjunto de ideas fuerza que
sacara al país de la crisis recesiva que, para entonces, ya
llevaba más de dos años.
Quienes tomaron con seriedad el proyecto de Ruckauf entendían
que se trataba de una ponencia revolucionaria en lo institucional,
porque -en algún aspecto- podía rozar los intereses
del poder legislativo. Pero que tenía la fuerza del sentido
común y que tenía en cuenta la rapidez con que podrían
tomarse decisiones, dato fundamental en épocas donde la mínima
demora le cuesta fortunas al país en lo económico y
genera un costo social cuyo crescendo parece indetenible.
Claro que la instalación de Ruckauf como fuerte candidato presidencial
se tornó en un escollo insalvable para aquellos que privilegian
-siempre- el interés político-electoral sobre el interés
del país. Y aunque el gobernador bonaerense ha repetido una
y otra vez su propuesta, en ningún momento se la asumió
desde el gobierno, ni siquiera para iniciar un debate esclarecedor.
El proyecto de De la Rúa, a su vez, nunca fue bien explicitado
y parece tener la característica indefinida y anodina que caracteriza
al propio autor.
Ahora surge la propuesta alfonsiniana. Justamente en la etapa previa
a un proceso electoral que lo vuelve a presentar -todo lo permite
presagiar- como el gran derrotado. Así se presentaban las cosas
cuando promediaba el año ´97 y las encuestas mostraban,
sin tapujo ni remilgo alguno, que el ex presidente de la Nación
saldría tercero en las elecciones de octubre, detrás
de "Chiche" Duhalde y Graciela Fernández Meijide
(a propósito: ¿qué será de la vida de
la hasta hace poco más de un año rutilante figura de
la política argentina?).
Ese dato fue el elemento fundamental para que Alfonsín, hasta
ese momento reacio a conformar una entente política, aceptara
conformar la Alianza con el Frepaso, que comandaba Carlos Alvarez.
La miopía política del fundador del Frente y el instinto
de conservación del jefe del radicalismo, le permitieron a
éste salvarse de una definitiva derrota electoral y, además,
vencer al justicialismo en el mismísimo bastión bonaerense.
Lo demás es historia conocida. Alfonsín y Alvarez -también
Carlos Menem- son responsables en común de que el presidente
argentino sea Fernando De la Rúa. Ninguno de ellos puede alegar
desconocimiento acerca de las ideas, aptitudes y personalidad de quien
es hoy el responsable principal del descalabro argentino. Menem hizo
lo posible y más, para que Eduardo Duhalde no ganara las elecciones
presidenciales de 1999. Y también posibilitó que De
la Rúa alcanzara la Presidencia.
Ahora, en medio de la hecatombe del gobierno nacional y de la extinción
de la Alianza -cuyo detonante principal fue la renuncia-fuga de Carlos
Alvarez-, entramos en un proceso eleccionario donde nuevamente se
vislumbra que Alfonsín puede ser relegado a un terminal tercero
o cuarto puesto.
Entonces, como en 1997, busca la coartada perfecta para eludir una
derrota que sería su verdadero final político. Por un
lado intenta convencer, de cualquier manera, a la hoy estrella de
la política cholula, "Lilita" Carrió, para
que haga una nueva alianza con él que lo ponga a cubierto de
la defenestración definitiva. Por otro, pergeña un gobierno
de "salvación nacional" que, en realidad, sería
de salvación para él, porque le evitaría el papelón
de la humillante derrota, y a su vez lo pondría en el rol de
protagonista principal de un acuerdo que, además despojaría
de todo poder real a su enemigo interno, Fernando De la Rúa.
El justicialismo, que se sabe ganador en las próximas elecciones,
intenta no poner palos en las ruedas gubernamentales. Pero tampoco
pondrá figuras de primera línea en un gabinete de coalición
que sólo persigue salvar a la UCR de un descalabro electoral.
Bauzá, Remes Lenicov, Ginés González García,
fueron algunos nombres de dirigentes justicialistas de predicamento
que los alfonsinistas fogoneaban para incorporarlos al gabinete. Los
mencionados negaron que se hubieran producido ofrecimientos en ese
sentido. Pero las insinuaciones de los adláteres de Alfonsín
tenían ese condimento.
Mientras el ex presidente busca, al borde de la desesperación,
alcanzar su propia salvación, mediante Carrió o a través
del justicialismo, el país continúa debatiéndose
en la atrapante ciénaga de la crisis económica más
larga de la última centuria. Entre las debilidades del gobierno,
sin poder político ni partido oficialista que lo respalde;
entre las contradicciones de Cavallo con sus medidas, ora heterodoxas,
ora ultraortodoxas; y entre las especulaciones de un sector financiero
que, escudado en la multitud de anónimos pequeños inversores,
busca maximizar sus ganancias, el país real se ve cada día
más cerca del abismo y advierte que hay pocas manos en el mundo
dispuestas a extenderse para impedir que ruede por el precipicio.
Las próximas horas, que pueden ser aún peores que las
que hoy vivimos, serán decisivas para saber si el presunto
apoyo de los presidentes de las principales potencias del mundo revierte
la negativa tendencia que hoy predomina. La visita del virtual viceministro
de Economía de los Estados Unidos puede ser fundamental en
cuanto al futuro más cercano del país.
Mientras ello ocurre, desde algún sector del partido oficial
se piensa en el gobierno de salvación nacional... ¿de
Alfonsín?
(AIBA)