
Crónica de historias aún por ocurrir, o de cómo intentar lo absurdo, llegando al imposible y acarreando el mayor de los ridículos.
Un Papa en la corte del Rey Rob (ADLO! saga parte I)
1. Looking for Savage.
Allí estaba el adalid de la cristiandad, el que había combatido en mil y una batallas contra la anormalidad, saliendo siempre victorioso; evocaba estos recuerdos, de tiempos que él consideraba mejores, ante la evidencia de que se le iba la vida.
¡Que ironía! El más importante de entre los hombres fenecería en un impropio anonimato. No le dedicarían, en su sepelio, la pompa y la solemnidad que su augusta persona merecería.
Buruaga no tendría la oportunidad de demostrar, a todos los españoles, lo compungido que estaría al radiar la noticia de esta pérdida fatal.
El congreso no podría decretar un mes de luto oficial y no podrían agasajarle, a título póstumo, con todo tipo de blasones y dignidades ceremoniosas.
La única elegía que le destinaría el mundo, sería el gorjeo de una miríada de buitres mientras le picoteaban los ojos. En estos momentos lo único que decía y repetía, a modo de mantra obsesivo, era: "Me cago en tus muertos, Savage".
Y es que, Juan Pablo II, señor del universo (extraviado), había salido un buen día en busca de su fiel compañero Nick "the man" Savage, que desapareció sin dejar rastro y del que no se tenían noticias desde hacía meses.
El caso es que la mente más preclara del universo, no estaba muy clara, que digamos, aquella noche. Inmerso en una borrachera descomunal, de vodka de cien duros, decidió salir a buscar a su negligente subalterno; negligente pero suyo, pensaba en medio de la neblina etílica que lo imbuía.
Cuando al día siguiente recobró la conciencia, se incorporó rodeado de un desierto pedregoso y asfixiante. Observó que estaba recostado encima de un frondoso cactus, con lo que empezó a comprender la mala noche que había pasado y el escozor que poseía su espalda.
Durante semanas exploró aquel erial infinito, alimentándose de alacranes, serpientes y todo tipo de insectos repugnantes; bebiendo de efímeros y recónditos charcos nauseabundos. Pero no encontró salida alguna, ni oasis, ni aldea, ni nada, y ya no le quedaban fuerzas, moriría solo en aquel desierto.
Le quedaba aliento para una última carcajada despectiva, con la que mandó a tomar por culo a la fatalidad... Cuando lo único que esperaba era el advenimiento de la muerte, una visión lo sobresaltó:
-¡Guan-paaaar! ¡Guanpa levanta, pecadooorrrr! -Dijo la aparición, con una voz que a este narrador le gustaría describir como cavernosa y cadavérica, pero no era así. Era más bien estridente, pero familiar y muy castiza. Era como la voz de Chiquito. De hecho, la ilusión se asemejaba a Chiquito. Vamos, yo (el narrador) diría que era él.
-¿Quién vive?... ¿Es posible?... ¡¿Chuiquito?!
-Er mismo que viste y carza, ¡por la glo-ria de mi madre!
-¿Has venido a llevarme contigo? -Preguntó el pontífice, casi extático.
-¿Comorllll? No puidor Guanpar, no puidor... -Respondió ausente el De la Calzada, que no obstante, se apresuró en continuar- ¡¡Utiliza la fuerza Guanpar!! ¡Cómo el Luc escaigualquer! -decía mientras iba desapareciendo- ¡La fuerza!...
-¡Espera Chuiquito, no me dejes! -interpelaba infructuosamente JP2- ¿Y qué coño querría decir éste? ¡Bah, que le den! -Exclamó mientras se volvía a tumbar para esperar el fin. Acto seguido volvió a aparecer el trasunto Chiquito, que lo desperezó de una patada en las costillas.
-¡Adlo, fistro diodenarll! ¡ADLO! -Acertó a proferir, antes de volver a desaparecer.
Fue entonces cuando el Caudillo del Vaticano reparó, en un inmenso cartel publicitario que pese a sus proporciones cósmicas, no le había llamado la atención anteriormente.
El anuncio rezaba: "ADLO! a quince minutos por circunvalación". A la críptica proposición, se sumaba una flecha que miraba a poniente.
JP2 había probado todos los medios de orientación científicos que conocía: comer peyote en noche de luna llena y avanzar frenético durante el delirio; beber el veneno mezclado de escorpiones y serpientes de cascabel y esperar que las alucinaciones le señalaran alguna salida... había recorrido uno a uno, todos los medios que leyera en revistas tan prestigiosas como "Enigmas" y "Ciencia Oculta".
Si métodos tan cabales no surtían efecto, estaba dispuesto a empezar con los desesperados: Seguiría la indicación.
2. De cómo el Santo Padre llegó a ADLO! y de lo que allí aconteció.
No tardó mucho en llegar a ADLO! nuestro inefable protagonista. Era una especie de club social, que estaba empapelado con miles de panfletos en los que asomaban dentaduras de dientes incontables. La visión le desconcertó, era a la par sugerente y terrorífica.
En la puerta había dos figuras vigilando el acceso. Uno se parecía a Willen Dafoe, tenía cara de cabrón simpático, se llamaba Riva, Javier Riva; aunque se hacía llamar P.AM. Juanpa pensó en seguida, "otro jodido friki transexual, al igual que Kita Prenda...". A lo que luego añadió: "¿Jodido? Hum, me parece que esa frase no es mía".
(La otra "cosa", porque no tenía otro nombre, era una especie de rata monstruosa, balbuciente y vestida de smoking. En la solapa de la chaqueta llevaba una chapa que esbozaba la sonrisa de un "Acid", en la chapa, además, aparecía una palabra signada: Blitzkrieg.)
Pero Riva, de forma jocosa y cómplice, le explicó que era el diminutivo de Puto Amo.
JP2 se mostró sorprendido ante tan brillante nomenclatura, y se perdió en un divagar sobre como a él, le hubiera gustado instaurar en la ciudad santa algo similar, en lugar de los vetustos cardenales, obispos, Papa...
Totalmente ajeno a la cháchara del pontífice, e intentando frenarle, Riva le preguntó:
-¿Quieres entrar en ADLO!?
El Papa había estado cavilando sobre la clase de triquiñuela que usaría, para colarse en su guarida; había previsto, incluso, algunos de los peros que esgrimirían y como podría sortearlos, pero ante tan inusitada (y suicida) inadvertencia, quedó estupefacto.
-¿Cómo es posible? ¿No me pedís el certificado de penales? ¿El historial delictivo? ¿No os importa que esos engreídos del tribunal de la Haya, me hayan inscrito en su lista de genocidas megalómanos?...
-No, no. De buen rollo. Además, se ve que eres un tipo sano. Qué ¿te animas?
JP2 se miró de arriba abajo, vio los harapos polvorientos en los que se habían convertido, después de meses de intemperie, los otrora lustrosos y santos ropajes papales. Miró a Riva y le dijo: "Si tú lo dices". Y así fue como el Papa entró en ADLO!
Nada más entrar, le llamó la atención una mesa. Sentados en unos sillones de piel bruñidísima, en los que espejeaba el rostro de quien los enfrentaba con cualidades casi de vidrio, había sentadas tres personas.
La primera, con un monóculo en el ojo y un mohín de petulancia en el rostro, parecía leer ávidamente un periódico, era "Le Monde Diplomatique". Otro, un anciano de gesto sereno y bonachón pero de movimientos subrepticios y sibilinos, jugueteaba con una guía turística de algún país Bávaro. El tercero era alguien al que nadie, ciertamente, confundiría con Paul Newman. Parecía escribir atropelladamente en un largo pliego de papel, a la vez que incurría en un impertérrito monólogo.
-...Quod erat demonstrandum. Cuando dijo efebo, no tuvo en cuenta su evidente connotación, señor Sánchez. -Dijo concluyendo su exposición.
-Amigo Sark, todavía no me ha dicho, de que connotación hablamos; por ahora sólo ha sido "la connotación". No es que sea ingenuo de forma ignara, pero no quiero sobrentender nada, para que luego no se me acuse de tendencioso. En el caso que nos atañe, y para esa "connotación", ¿no cree usted que mejor sería mancebo?... -Respondía uno de los parroquianos cuando JP2 los interrumpió.
-Perdonen si les interrumpo amigos, pero me muero por un copazo de Vodka. -dijo el Papa, que pronto pretirió su pasado arrabalero, embebido en la rancia atmósfera de aquel local.
-¿Vodka? -inquirió con un deje de desdén el hombre del monóculo- ¿Debajo de esos harapos hay acaso una endeble muchachita? Por lo demás, forastero, me parece que este club excede sus posibilidades. Le recomendaría que fuera un poco más abajo, a un antro llamado #Dreamers, seguro que ese tugurio lupanario será de su agrado y no desentonará entre los habituales...
Hablaba con despreció the man with the golden monocle, cuando el anciano le interrumpió:
-¿Quién es usted joven? Su cara me suena...
-Juan Pablo II señor del universo (antes extraviado, ahora encontrado). -Respondió con voz solemne, henchido de orgullo, el mejor de los hombres con los que haya contado el cristianismo.
-¡Canastos! ¡El Papa del MaG! -Dijo el viejo.
-¡Diantres! -Correspondió el portador del monóculo.
-Hum... -Meditaba el tercer hombre.