DIARIO DE UNA RECEPCIONISTA RUMANA,
O DE CÓMO HACER EL RIDÍCULO DE TANTO INTENTAR LO IMPOSIBLE, PESE A TENER LAS
TETAS GORDAS.
15,30:
Es mi primer día de trabajo en el
hotel y estoy muy contenta. Al fin podré hacer realidad mis sueños. Siempre soñé
ser recepcionista de un hotel. Me pongo el uniforme y salgo. Voy en
autobús.
15,55:
Quiero llegar pronto al trabajo el
primer día. Entro al hotel. El recepcionista me dice que éste no es el hotel en
el que trabajo. Me mira las tetas.
15,57:
Este tampoco es el hotel. También me
miran las tetas.
15,59:
Todos los hoteles se parecen
demasiado, y todos los recepcionistas me miran las tetas. Probablemente sea una
malvada conspiración entre sark y sanchez para dejarme en ridículo.
16,00:
Este sí es el hotel, pero me siguen
mirando las tetas. En un alarde de inteligencia me pongo la camisa del uniforme
y empiezan a mirármelas un poco menos.
16,11:
Llega un alemán. Quiere algo y me lo
explica en alemán. Malditos alemanes, ¿por qué no hablan en español, o al menos
en inglés? Como no sé qué es lo que hay que hacer, sonrío mucho y le enseño las
tetas.
16,30:
Llaman por teléfono. Quieren hablar
con la habitación 134. Paso la llamada a la habitación 134. Me siento realizada
durante un par de minutos hasta que veo que un japonés me mira las tetas. Vuelvo
a ponerme la camisa del uniforme.
16,45:
Aquí no hay nadie. Me voy al bar a ver
si veo a alguien a quien contarle las varias razones por las cuales me tiro a un
tío que no es mi novio. Creo que eso me ayudará a superarme a mí misma como
persona.
16,47:
Encuentro a un inglés y le empiezo a
contar mi historia. Tiene los ojos colorados y el aliento le huele a cerveza.
Dice que estará encantado de escucharme si le enseño las tetas. Le enseño las
tetas y llama a varios compañeros para que me escuchen. Debo hablar muy bien
inglés, porque al rato tengo a cien jóvenes y mayores dispuestos a escucharme
atentamente. Me encanta hacer amigos, siempre supe que sería feliz en un
hotel.
17,00:
Aparece una señora mayor a la que no
le gusto. Probablemente sea el papa disfrazado, o quizás el tal eduardo. Parece
que no quiere que le enseñe las tetas a sus nietos, o algo así. Mi jefe aparece
por la puerta y yo salgo corriendo por el otro lado, camino de la recepción.
Espero que no me haya visto. Ahora soy una rebelde con causa.
17,35:
Mi jefe me ha visto, efectivamente.
Dice que me pase luego por su despacho para contarle exactamente mi historia. Al
parecer ha quedado muy sorprendido por mis muestras de talento con los
ingleses.
18,02:
Como sigue sin haber nadie, me pongo a
leer. Lucía Exteberría es lo más. Pero lo más de lo más. Y tiene las tetas muy
grandes. Como no viene nadie más en toda la tarde, puedo leer un montón y llego
a la página 10.
FIN