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Ademas
de la cruzada peronista, un acicate recondito habia llevado a Eva a Italia:
ser recibida por el Papa y obtener, quiza, el titulo de marquesa pontificia,
honor previamente conferido a solo dos damas argentinas, Adela Maria Harilaos
de Olmos y Maria Unzue de Alvear, ambas ex presidentas de la Sociedad de
Beneficencia. ¿Esta claro?
Con
su habitual pragmatismo, Peron estaba convencido de que el marquesado "podia
ser adquirido con una donacion de 150 mil pesos" y deslizo insinuaciones
en dicho sentido a traves del cardenal argentino Copello. Ademas, para asegurar
el buen exito, recurrio a medidas sutiles. En marzo de 1947, el gobierno sanciono
la ley de enseñanza religiosa. Semanas antes Eva pronuncio un discurso
por radio, reafirmando sus convicciones catolicas, que en su caso eran autenticas.
El tema de su alocucion era: "El voto femenino y la enseñanza
religiosa". Por ultimo, antes de partir para Europa mando oficiar en
la catedral metropolitana una misa "pro-itinerantibus" y destaco
en avanzada a su confesor, el padre Benitez, para preparar la audiencia papal.
Su
Santidad el papa Pio XII recibio a Eva Peron a las once la mañana del
27 de junio. En esta oportunidad, Eva fue puntual pues llego a las diez y
cuarenticinco, ataviada con un severo traje negro en el que lucia una sola
joya: la Gran Cruz de Isabel la Catolica impuesta por Franco.
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En
el patio de San Damaso la aguardaban cuatro guardias suizos portando alabardas
y engalanados con los tradicionales uniformes gualda y rojo; cuatro "sediari"
(portasillas) y, como introductor y acompañante, un principe de verdad,
Alejandro Ruspoli, gran maestre del Sagrado Hospicio. Anciano digno y grave,
el principe parecia escapado de una estampa de la "Sonata de Primavera"
de Valle Inclan. Vestía capa, gola, calzon corto, medias de seda negra
y zapatillas con hebillas de plata. Pendia de su cinto un espadin y, para
completar el toque romantico, cubria su ojo derecho con una banda negra. Muy
intrigada, Eva pregunto a un miembro de su comitiva: "¿Por que
lleva un ojo tapado? Sera una regla de tradicion?" Cortesmente, el principe
le ofrecio el brazo derecho, para conducirla.
Otro
principe, tambien autentico, Leon Massino, mas cinco miembros de la nobleza
papal y altos dignatarios eclesiasticos, completaban el cortejo. Escoltada
por ellos, paso revista a una compañia de guardias suizos comandados
por el baron Henry de Pfyffer d'Altishofen, patronimico que, por supuesto,
Eva no intento memorizar.
Vestido
de blanco, enjuto y de aspecto ascetico, transparente como una aparicion,
Pio XII recibio a Eva Peron en su biblioteca privada y dialogo con ella por
espacio de 27 minutos, tres menos de los fijados por el protocolo Vaticano.
Afable,
paternal y distante, el Papa hablo a Eva en español. Encomio la labor
social del presidente Peron y en particular la ayuda economica que prestaba
la Argentina a los paises devastados por la guerra. Aparento interes en las
informaciones que Eva balbuceaba sobre su accion en favor de los desamparados
y la alento en proseguir por ese buen camino. Luego, en forma casual, menciono
su visita a Buenos Aires en ocasion del congreso eucaristico mundial de 1934
y deslizo, con sutil intencion, el grato recuerdo que guardaba de la presidenta
de la sociedad de beneficencia, doña Adela Maria Harilaos de Olmos,
en cuyo palacio se hospedara. Dicho esto, con suave ademas obsequio a Eva
un rosario y la medalla de oro del pontificado. Ni una palabra sobre el marquesado
pontificio. Bendijo a Eva y se retiro a su apartamento privado, ingravido
y glacial como la niebla. No hubo fotografias de Eva con el Papa.
Intimidada
y decepcionada a la vez, Eva abandono el Vaticano, siempre del brazo del grave
principe de la banda negra.
La
represalia fue tipica de Eva Peron: siendo vieja costumbre que los visitantes
de nota dejasen algun obolo al Vaticano, habia convenido anticipadamente con
su asesor financiero, Alberto Dodero, presente en el Vaticano, que la donacion
seria generosa si se le concedia el marquesado y muy, muy modica en caso contrario.
Basto un signo para que Dodero comprendiese que ese dia las arcas papales
habrian de recaudar solo unas magras liras.
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Superada
su desilusion al no obtener el marquesado, dos años mas tarde enviaria
al Vaticano una donacion de viveres que Pio XII agradeceria mediante una
carta personal: "Nos complacemos en manifestar a V.E. nuestra gratitud,
invocando las gracias celestiales sobre su institucion "Ayuda Social"
y la labor que realiza".
Le
serian otorgadas las gracias celestiales, pero no el marquesado, distincion
reservada para las opulentas señoras de la Sociedad de Beneficencia
Se
rumoreo en esa epoca que el fracaso de la gestion fue motivado por un expediente
secreto sobre la vida privada de Eva durante sus actividades de actriz, documento
elaborado por el Episcopado argentino con el aporte de los adversarios de
Peron y remitido oportunamente al Vaticano; fino diplomatico, el cardenal
Copello logro mantener buenas relaciones con la pareja presidencial prestandose
a bendecir las numerosas escuelas y hogares infantiles que Eva diseminaria
a lo largo y ancho de la Argentina
Catolica
de conviccion, Eva supero su desencanto y fue gracias a su influencia
que, mientras ella estuvo en vida, quedo latente un conflicto entre la
Iglesia argentina y el gobierno. Debido a sus empeños el Estado
"favorecia con mano larga la construccion de templos y seminarios",
en palabras del padre Benitez.
El
23 de agosto de 1948, festividad de Santa Rosa de Lima, fue declarado
-a instancias de Eva- "Dia nacional de accion de gracias"; en
marzo de 1949 se creo la subsecretaria de Culto y Peron envio como obsequio
al Papa un caliz de oro cuajado de piedras preciosas, felicitandole por
su jubileo sacedotal.
Ademas,
sabiendo que Pio XII estaba empeñado en que se declarase dogma
de fe la asuncion de la Virgen Maria, Peron elevo una nota oficial al
Vaticano en apoyo de la iniciativa. Fue el unico jefe de Estado que adopto
tan peregrina iniciativa sobre un tema controvertido inclusive entre los
teologos catolicos.
A
traves de estos actos se transparenta la inspiracion del jesuita Hernan
Benitez, confesor personal de Eva, en cuya intimidad habia logrado infiltrarse.
Benitez ansiaba desempeñar ante ella un papel similar al de Jimenez
de Cisneros, confesor de Isabel la Catolica. Muchos de los discursos y
mensajes de Eva fueron redactados por el, empeñado en saturar al
peronismo de un endeble contenido "cristiano-humanista", y es
probable que tambien se agazapara en las fuentes del vociferante anticomunismo
de la primera dama.
No
por discreta y recatada fue menos efectiva su presencia en la trayectoria
vital de Eva Peron
Alfonso
Crespo, "Eva Peron, viva o muerta", 1978
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