LA ASISTENCIA SANITARIA

EN LOS DISTINTOS MODELOS POLÍTICOS

 

Al abordar este tema conviene advertir del mal uso que se hace de la palabra "salud", como si existiera un derecho a la salud equivalente al derecho a la asistencia sanitaria. La salud depende de Dios, ante el cual el hombre no puede alegar ningún derecho. En cambio, puede haber personas y organizaciones a las cuales se les puede reclamar un derecho a la asistencia sanitaria, no a la salud.

El Estado y la sociedad pueden organizarse según tres formas políticas puras, y solamente tres. Otras más son mixtas o mezclas de estas tres. Son la liberal, la totalitaria y la tradicional. Veamos cómo se configura en cada una de ellas la asistencia sanitaria.

El Estado liberal, fiel a su lema "laisser faire, laisser passer" y a sus invocaciones a la libertad, ignora la existencia de esta cuestión, y se inhibe de la asistencia sanitaria. Grandes masas subdesarrolladas quedan sin asistencia sanitaria porque no tienen capacidad para organizársela ellas mismas. Para disimular el problema social que esto crea, ineludible, el Estado le pasa la "patata caliente" a la Beneficencia, oficial y privada, y a la libre iniciativa, bien de grupos sociales espontáneos, lo cual sería bueno desde un punto de vista tradicionalista, bien de grupos y organizaciones capitalistas, que es lo liberal y que es lo malo, porque no atienden al tema mas que tanto en cuanto les reporta dinero.

El Estado totalitario está en el extremo opuesto. Si el liberalismo no hace nada, o poco, el totalitario hace demasiado. Es entrometido, impertinente y secante de la savia social. Viola el principio de subsidiariedad, y muere ahogado por su propia burocracia (como en otras cuestiones). Confunde "hacer" con "hacer-hacer"; gobernar con administrar. Pronto se tambalea y busca su salvación, bien en huir hacia delante, creciendo, con lo cual sólo aplaza la crisis, bien en soltar lastre hacia la iniciativa privada por medio de contratas en una fórmula mixta hacia la cual se va ahora, a más no poder, en España. Lo mismo ocurre con las pensiones, para las cuales anda buscando un complemento de pensiones privadas. Franco creó el Ministerio de la Vivienda para paliar una crisis espantosa creada por una intervención equivocada en el precio de los alquileres. Pero no le dotó de escalafones de miles de carpinteros, fontaneros etc., para una acción directa, a diferencia de cómo había estructurado el Seguro Obligatorio de Enfermedad, con escalafones de miles de médicos especialistas para las acciones directas, como los totalitarios. El Ministerio de la Vivienda no construía las casas por sí mismo sino que "hacía-hacer" a otros, como en la doctrina tradicionalista.

En una organización tradicional el Estado es subsidiario de la sociedad. La Seguridad Social y la asistencia sanitaria, como parte de ella, no corresponde al Estado, sino a la sociedad. No a una sociedad amorfa y masificada, sino viva y vertebrada en un enjambre de grupúsculos silvestres, auténticos y libres. Pero a diferencia del Estado liberal, el Estado tradicionalista no se desentiende de la vida de esos cuerpos intermedios entre él y el individuo, sino que les vigila y ayuda, incluso les subvenciona, para que no caigan en manos del capitalismo nacional o extranjero.

Si se pasara de la organización totalitaria a la tradicionalista sólo sobreviviría, y además potenciado, un cuerpo de inspectores que asegurara que cada español tuviera un mínimo de asistencia sanitaria. Estado pequeño no quiere decir débil o liberal.

 

Dr. F. Fernández Arqueo

 

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