El terrorismo, cuestión democrática

 

 

Cesáreo Jarabo

 

 

Siempre he defendido, basándome en las realidades históricas que desde hace más de treinta años viene padeciendo España, que democracia y terrorismo es un binomio inseparable.

 

El terrorismo coadyuvó al advenimiento de la democracia; con el terrorismo, los políticos democráticos siempre han dado la sensación, no sé si equivocada, de tener alguna relación, sangrantemente manifiesta en los años más duros de crímenes, cuando muchos españoles morían, mientras los políticos eran seres intocables que se dedicaban a condenar el terrorismo «viniera de donde viniera».

 

La democracia dio amnistía a los terroristas; la democracia acogió a los terroristas, les ha dado cancha en sus foros mientras a las víctimas las margina, y finalmente, la democracia ha acabado dando cancha en los foros internacionales a esos mismos terroristas.

 

No me cabe duda que navegan en la misma dirección. Métodos distintos (o complementarios) y objetivo idéntico.

 

Para los españoles, para las personas, tal realidad debiera ser determinante… Pero parece que hoy no quedan personas en España, sino semovientes dispuestos a seguir el camino marcado por quienes le conducen literalmente al matadero: matadero terrorista de pistola y bomba, sí, pero también matadero de las clínicas abortistas y eutanásicas.

 

Evidentemente, el terrorismo es una cuestión democrática… Y a las pruebas me remito; la última, de momento, en el parlamento euro-peo.

 

 

 

 

 

 

© 2006 Agencia FARO

Servicio de Prensa y Documentación de la Comunión Tradicionalista

Se permite la reproducción, citando la procedencia.

 


Agencia FARO