Epitafio desmesurado a un poeta
Nata del polvo y su gente
y nata del cementerio,
verdaderamente serio
yace, verdaderamente.
No se si en su hirviente frente
manicomio y calabozo,
aún resplandece algún trozo
de relámpago bermejo
que enloqueció su entrecejo.
Quiso ser trueno y se quedó en sollozo.
Fue una rueda solitaria
hecha con radios de amor
y a la luna y al dolor
daba una vuelta diaria.
Un águila sanguinaria
le picó cada sentido,
que aventado y esparcido
de un avaricioso modo
llevaba del cuerpo a todo.
Quiso ser trueno y se quedó en gemido.
Trueno de sepultura
sea, y del polvo y del cieno,
este que tuvo de trueno
sangre, pasión y locura.
La espuma de su figura,
hasta perder el aliento
hizo disparos de viento
con sangre de cuando en cuando.
¿Sigue su polvo sonando?
Quiso ser trueno y se quedó en lamento.
(MIGUEL HERNANDEZ)