LA ESPADA

 

En el principio creó Dios la luz... y la sombra.

Dijo Dios: Haya luz

y hubo luz.

Y vio que la luz era buena.

Pero la sombra estaba allí.

Entonces creó al hombre.

Y le dio la espada del llanto para matar la sombra.

La vida es una lucha entre las sombras y mi llanto.

Vendrán hombres sin lágrimas...

pero hoy la lágrima es mi espada.

 

Vencido he caído mil veces en la tierra,

pero siempre me he erguido apoyado en el puño de mi espada.

Y el misterio está ahí,

para que yo desgarre su camisa de fuerza con mi llanto.

 

El llanto no me humilla.

Puedo justificar mi orgullo:

el mundo nunca se ha movido

ni se mueve ahora mismo sin mi llanto.

 

No hay en el mundo nada más grande que mis lágrimas,

ese aceite que sale de mi cuerpo

y se vierte en la tumba

al pasar por las piedras molineras

del sol y de la noche.

 

Dios contó con mis lágrimas desde la víspera del Génesis.

Y ahí van corriendo, corriendo,

gritando

y aullando

desde el día primero de la vida, a la zaga del sol.

 

Luz...

cuando mis lágrimas te alcancen,

la función de mis ojos ya no será llorar

sino ver.

                                                                        (LEÓN FELIPE)

 

Poeta Errante