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Se pronuncia:

Omtibsshutatpitalotilhbehotshemuhr

 

 

 

 

 


 

En primer lugar decir que, de forma insospechada e inexplicable, los papeles de Ian Azel, junto con los manuscritos Hinnhios y la caja, no fueron a parar a manos de aquellos que acabaron con la vida de Stephen Ovlat. No sé, exactamente como pudo mantenerlos en su poder el campesino que dio cobijo a Ian Azel. Y, tampoco, estoy al tanto de cómo y por qué se los entregó, el hijo del campesino a John P. Brown. No soy más que un eslabón de esa cadena que, como ya dije antes, no ha sido la casualidad precisamente, la que me ha llevado a formar parte de ésta sucesión. Así, tras ésta aclaración, voy a comenzar a hablar del pueblo Hinnhio, es decir, según escribirían y pronunciarían ellos, siempre a un ritmo rapidísimo y muy agudo, mo§HTŠcTkKm (Omtibsshutatpioutaluashpe). Ésta va a ser la norma a partir de este punto, es decir, la definición antes o después y el término escrito en Hinnhio con la pronunciación aproximada entre paréntesis. Sé, soy consciente de ello, que a simple vista tanto el término como la pronunciación pueden asemejar una tontería y un sin sentido. No obstante, recuerdo de nuevo que la velocidad y el tono agudo de su pronunciación es elevadísimo, así el tiempo que les lleva a ellos pronunciar por ejemplo mo§HTŠcTkKm (Omtibsshutatpioutaluashpe), es veintisiete veces menor que lo que nos cuesta a nosotros pronunciar, en nuestro propio idioma lo mismo, es decir, Pueblo Hinnhio. Hago énfasis en todo esto, porque sé que, a priori, asimilar tanto dato desconocido y, en algunos casos, hasta quimérico nos puede llevar a abandonar la lectura. Por ello ruego paciencia y permisibilidad, puesto que los datos a los que están a punto de acceder encierran una complejidad rayana a la ficción, pero nada más lejos de la realidad.

La raza a la que pertenecen los mo§HTCm (Omtibsshutattich), Hinnios, es, según me ha parecido entender, finita en el Centésimo vigésimo sexto mzVtm (Piztibbainap), medida de tiempo ésta que, aún, no se ha podido determinar, por lo que se desconoce realmente su longevidad. No he podido o no he sabido descifrar cuántos años son ciento veintiséis mzVtm (Piztibbainap), no puedo asegurar que sean años, meses, días, semanas o siglos, o, quizá, sean minutos u horas. No he encontrado dato alguno que lo especifique, no obstante, no pueden ser años porque las distancias espaciales son enormes, según nuestras medidas. Pero, no hay que olvidar que no es de una civilización y raza conocida de quien estamos hablando.

Según parece, la visión de éstos seres provoca un estado de estrés e inseguridad en aquel que los observa, debido a su imparable movilidad. Ésta es debida a la ingravidez de sus cuerpos recubiertos por una suave, pero recia, piel de color Azul Celeste [TçwçyçJÕ (Taemuessyueshotam)]. Antes de continuar he de puntualizar que, esa piel Azul Celeste, casi blanca, no es seguro que sea, exactamente, su piel, puede ser un recubrimiento textil, vestiduras. Pues no he encontrado, hasta el momento dato alguno sobre sus ropajes. Así, continuando con lo que decía, su piel es de color Azul Celeste, casi blanco, que, dependiendo de cada individuo, posición social e, incluso, el estado de ánimo, se vuelve más suave o más intenso. Motivo más que explícito para fomentar el nerviosismo a aquel que los observe, primero por la imposibilidad de mantenerse quietos y, segundo, por el cambio de tono que se produce, dependiendo del tono de sus palabras por ejemplo.

Nerviosismo que, se acrecienta, cuando observamos su físico y, al parecer, soportamos su carácter. Éstos seres de un excepcional carácter jovial y extremadamente curiosos pueden llegar a desquiciar al más paciente, pues su curiosidad es insaciable y su buen humor puede llegar a ser exasperante. Están divididos, como nosotros mismos, en dos géneros [Hk§mCm (Jalsshuptich)], femenino y masculino. Ambos géneros [Hk§mCm (Jalsshuptich)] son de complexión ancha y tienen, de cintura para arriba, una enorme similitud con el ser humano. Sin embargo, su única extremidad inferior con forma de porra [llamada YošTom§ (Liombehtaohpess), familiarmente conocida como YT (Iltah)], rompe cualquier semejanza para con nosotros. Al igual que sus medidas, las cuales varían entre 1,26 y 2,43 metros de altura y un peso entre 81 Kg. y 162 Kg. Así, sino he entendido mal los manuscritos, tenemos ante nosotros a un ser híbrido, a mi juicio, entre una lágrima, un caballito de mar y nosotros mismos, de unas medidas desproporcionadas y que, además, bien por naturaleza o por algún ingenio mecánico, practican la ingravidez. Ya lo sé, de primeras, lo único que se nos ocurre son improperios por el tiempo malgastado. Es más, a mí me pasó, lo único que queremos es apartar la vista de este montón de mentiras, típica broma de algún desalmado. Sin embargo, nada más lejos de la realidad, como demostraré más adelante, según se van descubriendo datos de estos desconocidos seres. Otro factor que puede fomentar nuestra incredulidad, es su forma de expresarse, su carácter, lo que ellos llaman Wo§gç (Romsshysshem) pero, antes de hablar sobre ésta, casi, impronunciable palabra, decir que el idioma de éstos seres es el Hinnhio [mo§HTVHF (Peotibsshutattuq)], si bien ellos no lo denominan así, como podemos observar en el término unido a su pronunciación que he encerrado entre corchetes. No, para ellos el término correcto sería, aproximadamente, Idioma Hinnhio, es decir, si ellos hablaran del español, lo denominarían como Idioma Español, no dirían sencillamente Español. Es decir, como en cualquier pueblo, el carácter de éste queda reflejado en su lenguaje, en su forma de expresión. Así, ese paso entre lo tremendamente apocopado y lo extremadamente compuesto y a veces inacabable, lo da Wo§gç (Romsshysshem), la parte física de la expresión. Y esa expresividad comienza ya en el nacimiento, en la misma concepción a través de “KHmzCmt” (Kapizepar), ritual y acto en sí de apareamiento. Éste, se lleva a cabo en el interior de un recipiente llamado mçTZmoÇ (Pehmtampeoyi), cuya mínima medida es de 2,7 metros de diámetro y profundidad. Éste Tálamo Hinnhio, en un principio imitaba la forma de çTZšÇzmg (Sshatmabezepys), nombre del único lago del planeta cuya base eneagonal es lo único que ha quedado como recuerdo de ésta inicial costumbre. Cierto es que los Hinnhios se sienten muy apegados a su planeta y a su naturaleza, no sólo por lo antedicho en cuanto a mçTZmoÇ (Pehmtampeoyi), el Tálamo Hinnhio, sino en cuanto a todo, comenzando por su alimentación, extraída de su entorno, del ÇçÖçJm (Guesshtibozsshaotpe), una especie de césped de enormes dimensiones que, al parecer, cubre por completo el planeta y sus necesidades. Tal y como me ha parecido entender, lo que ellos llaman FmçQ (Fepsshiu), es la esencia del ÇçÖçJm (Guesshtibozsshaotpe), aunque aún no he terminado de entender exactamente cómo lo extraen. Eso sí, no pueden viajar a ningún lugar fuera de su planeta sin una pequeña reserva, pues parece ser que ni existe ni se puede cultivar en otra tierra que no sea la de su planeta. Sin embargo, por otro lado, si me consta que pueden comer alimentos de aquellos lugares que visitan, por lo tanto, éste, es otro de los puntos inexplicables. Pues, si no he entendido mal, FmçQ (Fepsshiu), la esencia del exclusivo y extraño césped, no es sólido, si bien no me ha quedado claro si es líquido o gaseoso pero, evidentemente, en cualquiera de los casos si su base alimenticia no es sólida, cómo pueden ingerir alimentos sólidos de otros lugares. Aunque, quizá, habría que rehacer la cuestión, y preguntarnos la manera en que digieren esos alimentos sólidos y cómo influye en su salud a la hora de deshacerse del sobrante. Porque, no hay que ser un especialista en nutrición para dilucidar que un cuerpo acostumbrado y, al parecer, preparado para ingerir un tipo de alimento, cuando cambia esa dieta, sufre alteraciones de salud que le pueden acarrear, incluso, la muerte. Y, de nuevo, me consta, que no es así, que si bien en algunos casos han sufrido obesidades desmesuradas a causa de una alimentación sólida, nadie a fallecido por una ingesta alienígena a su nutrición.

Soy consciente de que en lugar de informar sobre éstos seres, parece que esté, yo mismo, cuestionando su existencia y sus, quizá, extravagantes y casi irreales características y costumbres. Pero, no puedo actuar de otra manera, cada nueva revelación en los manuscritos, me crea más dudas. Es más, hay momentos en los que no puedo continuar adelante, instantes en que cada detalle que encuentro es más sorprendente que el anterior, cada nueva costumbre, cada nueva característica, está tan alejada de nuestra competencia humana, tanto física como psíquica, que provocan mi deseo de destruir esos manuscritos. Pero, tanto Stephen Ovlat, como Ian Azel y John P. Brown no se merecen que abandone ahora, ellos realizaron un trabajo increíble e irreconocible que, a mí personalmente, me gustaría dar a conocer. Su voluntad inquebrantable, su fe ciega de científico, no son cualidades que yo ostente, sin embargo, cuando llego a ese punto de desazón y flaqueza, no son ellos los que me impiden desprenderme de los manuscritos, sino el olor que emana de éstos. Si, el material con que están hechos los manuscritos, ahora lo sé, están fabricado a partir de ese ÇçÖçJm (Guesshtibozsshaotpe), particular césped que recubre su planeta, atrae de nuevo mi atención y mi tiempo. Es un olor extraño, a naturaleza sí, pero, jamás he sentido un olor como ese, es un olor vegetal y, a la vez, animal, no sé cómo definirlo. El tacto es agradable, muy agradable, terso como la seda, pero seco como nuestro propio papel, no obstante, y aunque parezca extraño, hay ocasiones en que me parece estar tocando algo vivo, como cuando se toca a un caracol o a una tortuga encerrados en su caparazón, a través del cual podemos sentir la vida que encierra. Como si la sabia, si es que es sabia lo que recorre las entrañas de ese césped, aún estuviera en el papel garabateado con esos caracteres de su escritura, caracteres en azul turquesa y verde vivo que recorren el papel verde mar de arriba abajo. Ah, perdón, estos seres escriben de derecha a izquierda, de abajo arriba y de arriba abajo, es decir, su escritura es en arado, según nuestra forma de entenderla. Discúlpenme por ésta divagación pero, como ya he dicho antes, hay momentos en los que mi cordura y mi credibilidad son aferrados por los grilletes del olvido y el abandono, por suerte, inmediatamente después, toco uno de esos manuscritos y mi voluntad y mi ego se hinchan al pensar que nadie, absolutamente nadie, tiene algo similar entre sus manos.