GRANADEROS Y FUSILEROS DE CARLOS III

La mayoría de los países con solera militar, especialmente los europeos, mantiene, conserva o ha resucitado unidades especiales con uniformes de época, los tradicionales uniformes de color. También en América, Estados Unidos utiliza, en formaciones especiales y en ciertos acontecimientos, Compañías vestidas y equipadas con los uniformes de su independencia, y conserva en su Academia Militar de West Point el uniforme que data de 1815, con las modificaciones de 1 898. Argentina, la guardia presidencial de Granaderos a Caballo del General San Martín, y los famosos Patricios de Buenos Aires. Perú, el Regimiento de caballería de escolta del presidente, el uniforme tradicional del Batallón de cadetes, y el BlM "Legión Peruana núm. 1" vestido con el uniforme de la época de su creación (18 de agosto de 1821). Méjico, los cadetes del H. Colegio Militar, visten uniforme de época en paradas, desfiles y conmemoraciones.

En España, salvo la Guardia Civil y la Armada española, no se conservaban ni se mantenían estos uniformes de color, hasta que en el año 1976 dio un primer paso el entonces Regimiento de la Guardia Real.

Como venía ocurriendo en otros países con tradición militar, también en España S. M. el Rey don Juan Carlos I aceptó en 1981 la propuesta del JEME para equipar dos Compañías con el vestuario y armamento de finales del reinado de Carlos III, que pudieran rendir honores y asistir a los actos de carácter extraordinario que se determinasen. El Centro Técnico de Intendencia se encargó de la confección de los uniformes, y de las diferentes piezas del equipo.

También, actualmente, este Regimiento está equipado con el uniforme de Infantería de 1906, aprobado por Decreto de 1908, durante el reinado de S. M. El Rey Alfonso XIII.

La época de 1780 a 1786, posterior, por tanto, a la fecha en que se publican las famosas Ordenanzas de S. M. para el Régimen, Disciplina, Subordinación y Servicios de sus Exercitos, proporcionan ya una documentación impresa con la que se podía trabajar: Fuerza, pie (plantilla), toques que han de observar los tambores y pífanos, formación de Compañía y prevenciones generales para el manejo del arma. El haber encontrado los Toques de Guerra, que deberán observar uniformemente los pífanos, clarinetes y tambores de la Infantería de S.M., concertados por don Manuel de Espinosa, músico de la Capilla Real, en 1769, sirvió para conocer todos los datos sobre uniformidad y toques de instrumentos musicales.

Entre 1780 y 1786, de acuerdo con la organización de la Infantería española, cada Regimiento tenía dos Batallones, formado cada uno de ellos por nueve Compañías, una de granaderos y ocho de fusileros. Y se pensó, dado que los uniformes de ambos tipos de Compañías, eran muy distintos, crear una Compañía de granaderos y otra de fusileros.

Se formó también una escuadra de gastadores con sus mandilones de cuero y los útiles de gastador correspondiente: gorra granadera y manga verde, color de la divisa del Regimiento España.

Asimismo se formó una pequeña banda, compuesta de cuatro pífanos comprados en Estados Unidos, pues era en el único sitio en donde había reproducciones de este instrumento musical según el modelo utilizado en 1776, o sea, en el reinado de Carlos III, pífano de una sola pieza con sus cajas o portapífanos de latón. que también vinieron de allí. Los tambores, de caja de madera con tensores de cuerda de pita y "parche" auténtico de piel de animal, se pintaron a mano, llevando en su centro el gran escudo de armas Real de España con toisón, gran corona y trofeos de banderas y cañones. En lo que respecta a los pífanos, se presentaba el problema de conseguir "educandos de banda" que, con la carrera de solfeo, pudieran tocar este instrumento en cierto modo parecido a la flauta o flautín; la banda de CJR de Araca (Vitoria) consiguió que en dos semanas cuatro chistus de su banda tocaran marchas de pífanos del XVIII.

Se eligió el Regimiento Inmemorial por ser el más antiguo, para tener a su cargo este vestuario y ser el encargado de realizar las Paradas Militares de gran relevancia.

Como ya dijimos, el Centro Técnico de Intendencia se ocupó de la confección de los uniformes, de los correajes y algún que otro pequeño detalle; en un reducido taller artesano de Toledo se hicieron las armas blancas, distintas según que fueran de Oficiales, Suboficiales, granaderos o fusileros. El fusil reglamentario en el reinado de Carlos III era el modelo de 1757 y, de acuerdo con el único ejemplar que existe hoy en día en el Museo del Ejército y que está fechado en 1778, se hicieron en los talleres artesanales de Eibar las réplicas de este fusil de chispa y pedernal que fue reglamentario en el Ejército español hasta finales del siglo XVIII, en total unos treinta y tantos años de servicio en España o en sus dominios. Estas réplicas de fusiles han pasado por el banco de pruebas de Eibar, de tal manera que se puede hacer fuego con ellos, con la gran espectacularidad que producen los disparos de estas armas de pólvora negra.

Existe una normativa para la selección del personal de granaderos, que no tienen que llevar gafas ni barba; a ser posible, lleven bigote (eran los únicos, junto con los dragones, que tenían el privilegio de llevar grandes bigotes); que los gastadores sean de altura superior a 1,90 m y los granaderos más altos que los fusileros; y que los tambores sean de talla pequeña, lo mismo que los pífanos, puesto que en aquella época éstos eran muchachos de 14 años.

En aquella época, la Compañía de Granaderos estaba considerada como una unidad de distinción o preferencia, debiendo elegirse de entre las Compañías de fusileros a los soldados más bizarros y bien formados; esto es, los de mejor talla. Esta tropa escogida no sólo por su talla elevada, sino también por su valor y bizarría formaba a la cabeza del Regimiento, daba la escolta de Banderas y eran los primeros para el fuego y la trinchera. Por ser una fuerza de vanguardia y descubierta, llevaban todos sable corto. La gorra granadera aumentaba más su estatura y el "mechero" de latón en la correa de la cartuchera, así como las sardinetas que llevaban en las bocamangas distinguían a estas Compañías de preferencia de la Infantería.

Las Compañías de Granaderos estaban formadas entonces por: un Capitán, un Teniente y subteniente (Oficial) y Sargento 1º, un Sargento 2º, un Tambor (se venía utilizando como tambor de órdenes, ya que entonces todavía no había cornetas o cornetines en los ejércitos), tres cabos primeros, tres cabos segundos y 54 soldados granaderos. Las Compañías de Fusileros tenían más hombres: un Capitán, un Teniente, un Subteniente (Oficial), un Sargento 1º y dos Sargentos 2º, dos Tambores, cuatro cabos primeros, cuatro cabos segundos y 64 soldados fusileros.

Tenía la Infantería española del siglo XVIII uniforme blanco, esto es: casaca blanca, chupa (chaleco) blanca y (pantalón) blanco, siendo la divisa verde, esto es: collarín (cuello) verde, así como las vueltas verdes, bocamangas y el botón de metal dorado. El del Rey, por gracia especial, lucía los colores de las tropas de la Casa Real. Las vueltas de los faldones de la casaca eran del mismo color de las casacas en todos los regimientos, pero el del rey, las tenía encarnadas y también, como gracia especial, llevaba botoneras en chupa y casaca.

Las formaciones de las Compañías corresponden a las de entonces, lo mismo que los movimientos del arma, marchando al paso corto (60 pasos por minuto, más o menos los latidos del corazón) o al paso redoblado (120 pasos por minuto, el actual). Las marchas de entonces han llegado hasta nosotros, convirtiendo la Marcha Granadera en nuestro Himno Nacional y la Llamada en la Marcha de Infantes, así como la del Abanico, de gran solemnidad, se usa actualmente para ser revistada la Unidad.

Las Compañías de granaderos y fusileros, ahora formadas, empiezan a ser conocidas en su primer año de existencia, puesto que fue la ciudad de Jaca, concretamente la ciudadela o castillo de San Pedro la que presenció el estreno de la primera Compañía de granaderos del Regimiento de Infantería del Rey, el día 25 de mayo de 1982. Dicha Compañía se trasladó luego a Zaragoza dentro de la Semana de las Fuerzas Armadas, para participar en algunos de los actos que tuvieron lugar en la Región Militar con este motivo. En septiembre de 1982, 150 soldados, con sus mandos correspondientes, se trasladaron a la ciudad de Tortosa con motivo de las fiestas de la Virgen de la Cinta, participando la Compañía de Granaderos en la procesión y toda la fuerza en la Primera Retreta Militar; asimismo desfilaron ante el Jefe del Estado Mayor del Ejército.

El mes de mayo de 1983 ha sido sin lugar a dudas el mes de la confirmación de estas compañías, que participaron en la Retreta de Madrid del 175 aniversario del Dos de Mayo de 1808, por la zona antigua de la capital, marchando desde la plaza de Oriente y plaza de la Armería del Palacio Real de Madrid, hasta la plaza Mayor, con paradas y retretas intermedias. En esta ocasión, la Compañía de Granaderos que marchaba al final de la Retreta como Compañía de honor, desfiló ya con los fusiles, que no habían podido sacar en sus anteriores apariciones.

Con motivo de la Semana de las Fuerzas Armadas en la 6ª R. M., los soldados, con sus Oficiales y Suboficiales al frente, tuvieron una participación destacada en Burgos y Pamplona. El día 20 de mayo rindió honores la Compañía de Fusileros con la escuadra de gastadores y la banda de pífanos y tambores en la inauguración de las exposiciones del monasterio de las Bernardas, y por primera vez, gracias a los chistus del CIR de Araca (Vitoria), al son de la Marcha Fusilera, interpretándose después la Llamada o Marcha Granadera o Himno Nacional cuando cuatro fusileros introdujeron en el recinto del antiguo monasterio una Bandera nacional.

El día 21 de mayo, las dos Compañías participaron en el VI Festival de Música Militar de Pamplona; el día 28, en la Ciudadela, la Compañía de Granaderos del Regimiento del Rey, a paso solemne, entró en la plaza de la Caballería en el momento del toque de oración a los caídos, dentro del Homenaje a la Bandera, que presidía S.M. el Rey. Una descarga cerrada de los fusiles de chispa de la Compañía, impresionó a los asistentes, no sólo por el estruendo, sino también por la gran humareda que produce la pólvora negra. Finalmente, el día 29 de mayo se cerró la Semana de las Fuerzas Armadas de la 6a R.M. con una gran retreta final, en la que participaron la escuadra de gastadores y la banda de pífanos y tambores, así como la Compañía de fusileros con farolas, dando escolta a las bandas y músicas participantes, y cerrando la Compañía de fusileros la retreta, con su armamento correspondiente. El gran éxito de público que atrajo esta retreta militar queda demostrado en la imposibilidad que hubo de que entrara la retreta durante casi media hora en la plaza Mayor de Burgos, por estar totalmente llena de espectadores . Por fin se pidió por los micrófonos un poco de espacio y las fuerzas entraron en la plaza.


(*) Artículo escrito por el Cte. De Carlos, para la revista Ejército