ACTO PRIMERO
MARIQUITA...
Noche
de octubre lunar sobre un muelle industrial del sur. El agua se refleja
sobre la proa del carguero “Al -Iskandarîyah”. Amarras,
norays, bidones y otros enseres propios de un puerto, algo deprimente
pero hermoso. Música enigmática. Se divisa el resplandor
de un faro cercano y se oyen, de fondo, el chapoteo de un mar de plástico
y una emisora lejana de radio magrebí.
Unos MARINEROS árabes reposan charlando sobre
unas redes. Sobreimpresionadas en el casco del buque aparecen mientras
tanto los títulos de crédito de lo que también
podría ser el principio de una película de suspense.
Por un lateral entra la grotesca figura de MARIQUITA, mujer cuarentona,
pelo corto, vestida con prendas estrechas y descoloridas por el paso
del tiempo. Su aspecto es sobrecogedor a la vez que divertido. Está
excesivamente maquillada. En su cara hay necesidad, miedo, y desesperación.
Los marineros, que advierten su presencia, comienzan a bromear. Mariquita
limpia su cara y sube insinuante su falda. Es obvio que ella no es
una “profesional”. Más bien es otra la historia
que la impulsa a entregarse. Uno de los marineros se incorpora y se
sitúa frente a ella, provocativo, mientras el resto de sus
compañeros observan, entre bromas, el ritual de apareamiento.
Mariquita se le acerca, temblando. El marinero comienza a magrearse
el paquete, luego coge la mano de Mariquita -que, en un principio,
se muestra recelosa pero que acaba cediendo- y la arrastra hacia su
miembro, obligándola a acariciarle. Mariquita, como queriendo
acabar pronto, desabrocha la bragueta del marinero y, con la mano
dentro del pantalón, comienza a masturbarle. El chico se estremece
ante un inminente orgasmo que evita deteniendo la mano de la mujer.
Agarra con fuerza a Mariquita y la arrastra hacia el barco. La música
ha subido de volumen y recuerda algún ritmo étnico arábigo.
Se enciende un ojo de buey. Mientras, los marineros que quedan en
tierra, se incorporan y, entre bromas, suben también al barco.
Al cabo de unos segundos de inquietante silencio se oyen los gritos
de Mariquita…
MARIQUITA
¡Ay!. ¿Qué haséi, tíos?. ¡No,
no!. (Risas y golpes). ¡De uno en uno!. ¡Con
los tres no!. ¡Dejarme en pa, cabrone!. ¡Fuera de aquí!.
¡Socorro!. (Voces en árabe de recriminación).
¡Y una mierda!. ¡Que no tío, que no te la mamo!.
(Más gritos y golpes. Mariquita con la boca llena).
¡Ay, soltarme!. ¡Por la boca no, por Dio!. ¡Por
la boca no!. (Se oye un desgarrador grito árabe).
¡Socorroooooo!. (Dos de los marineros salen abrochándose
los pantalones, dando empujones a Mariquita hacia la cubierta. Uno
de ellos se duele en sus partes y aparece con las manos ensangrentadas,
al igual que la boca de Mariquita, que está histérica
y casi desvestida. Los marineros discuten entre ellos: en árabe,
naturalmente. El herido, furioso, la abofetea y, ayudado por el segundo,
la arrojan al agua. Mariquita grita. Tras la caída y el salpicón
de agua, sólo se oyen sus gritos de ahogo y sus chapoteos).
¡Socorro!. (Traga agua). ¡Por Dio, que no sé
nadá!. (Traga agua) ¡Por lo que más querái,
sacarme de aquí!… ¡Por favooooo!.. (Glubs…).
Los
marineros ríen, salvo uno de ellos, el tercero, que se muestra
nervioso y asustado e increpa a sus compañeros a que dejen
las bromas y salven a la mujer. Ante la pasividad de éstos
y los cada vez más débiles grititos de Mariquita, agarra
un salvavidas y hace intento de lanzarlo. El marinero herido lo impide
y derriba a su compañero. A su vez, agarra una gran cesta llena
de ropa sucia y la lanza al mar. Continúan las risas. El tercer
marinero lloriquea. Un silencio sepulcral invade repentinamente el
ambiente. Cesan las risas. Los marineros miran al agua, que vuelve
a sonar con monotonía. A lo lejos truena la sirena de un barco.
Se miran asustados y, llenos de miedo, retroceden al interior del
carguero. El tercer marinero, coge el bolso y la documentación
de Mariquita, pero el herido se los arrebata y los lanza hacia el
agua, sin darse cuenta de que sus enseres vuelven a quedar sobre el
borde del muelle. El tercer marinero los recoge, pero los demás
le obligan a callarse en plena bronca.
Por un instante se detiene el tiempo. Silba un extraño
viento color fucsia. Música celestial. El cielo, nocturno y
azulado, cambia de color. De las Alturas descienden unos ANGELITOS
que parecen figurillas de escayola recién pintadas. Tras ellos
aparece la VIRGEN, una figura barroquísima, cargada de abalorios
y una reluciente y gran corona. Al tomar tierra, cansada por el peso
de sus joyas, se sienta exhausta sobre uno de los norays, quitándose
la corona y secándose el sudor con un pañuelo. Los Angelitos
la observan. Ella se detiene y los recrimina.
VIRGEN
(Despótica). ¿Qué miráis?. ¡Pero
bueno!. ¿A qué estáis esperando?. ¡Venga!.
¡Vamos, sacadla que se va a arrugar como un garbanzo!.(Los
Angelitos, aterrorizados, se instalan sus gafas de buzo, sus aletas
y obedecen la orden, lanzándose al agua). ¡Cuánto
incompetente, madre mía!. (Con una repentina muestra de
desagrado). ¡Qué peste!. (Saca de su traje un
pulverizador y rocía el aire). Ya me estoy cansando de
todo ésto. (Para ella, ríe con malicia). Cualquier
día de éstos, me echo a la calle y…¡hala!,
adiós virgo y adiós a los milagros. Que no hay quien
aguante esta marcha todos los días…(Los angelitos
salen chorreando del agua, arrastrando con dificultad la gran cesta
de la que únicamente sobresalen los pies de Mariquita, ya difunta.
La Virgen se pone mientras la corona. Los angelitos llevan la cesta
ante la Virgen, ésta se acerca con asco y desidia). ¿Está
bien muerta?.(Un angelito asiente). Bueno, pues venga…
¡A trabajar!.
Los
angelitos comienzan a cambiar el decorado. Progresivamente va desapareciendo
todo rastro del muelle y apareciendo el interior de una casa modesta,
mezcla de los años 40 y 70. Una radio puesta, un televisor,
revistas pornográficas esparcidas por la mesa, floreros de
plástico, lámparas de colorines y, casi como flotando
en el espacio, algunas fotos antiguas y varios cuadros en serie comprados
en mercadillos o ferias. En un lateral hay un gran cuadro de la Virgen,
en actitud de éxtasis que, evidentemente, representa a la misma
actriz que la interpreta. A su pie, algunos angelitos de escayola,
un costurero, un canario disecado sobre una rama y demás objetos
de adoración familiar. Este rincón aparecerá
sutilmente iluminado con una luz especial. En algún lugar hay
un telar con labor de hilo por terminar y un par de grandes espejos
de salón. Sobre un “magnífico” sofá
de flecos dorados reposa la guía telefónica, y junto
a él, una mesita con el teléfono y una foto de Mariquita
con su marido Juan. Mientras se produce el cambio se desarrolla la
siguiente escena. De fondo, puede sonar un bolero o una copla con
una letra significativa.
VIRGEN
(Acercándose a Mariquita). ¡Hija de mi vida
cómo te han dejado!. En fin… (Mira el reloj).
No tengo tiempo para preámbulos y parafernalias, así
que… ¡¡Hete aquí el milagro!!… (Música
grandilocuente. Rayos y relámpagos. Instantes después
los pies de Mariquita comienzan a moverse. La Virgen, cansada, se
sienta sobre un noray justo en el momento en que un Angelito lo iba
a sustituir por una silla del mobiliario. El Angelito la incordia
para que se levante. La Virgen obedece de mala gana. Tocándose
la corona). ¡Estoy hasta la coronilla de angelitos!.
(Observa a Mariquita que mueve insistentemente los pies). ¡Y
bueno!. ¿A qué esperas, guapa? . (La cesta se tambalea.
La Virgen aprovecha un momento de distracción de los angelitos
para dar una virginal patada a la cesta que se desploma hacia el suelo.
Ante la propia imposibilidad de salir de Mariquita, la Virgen la ayuda
a desatascarse de la cesta que la aprisiona. Por fin, totalmente empapada
y descompuesta, Mariquita sale de la cesta, vomita un poco y mancha
sin querer a la Virgen). ¡Aaaaahgrhhh!. ¡Desgraciada!.
¿Qué has hecho?. ¿Tú sabes lo que cuesta
un modelito de éstos?. (Saca un paquete de cleeneex y se
limpia insistentemente la mancha). ¡Qué asco!. Bueno,
ya estoy harta, ¿eh?. Así que ahora… ¡Levántate
y anda!. ¡¡Venga!!. (Mariquita, totalmente zombi,
obedece). Así, como las niñas buenas…y, ahora,
siéntate. (Como no lo hace, la Virgen la empuja y cae sentada
en el sofá. Le pasa la mano por delante de los ojos, pero Mariquita
continúa absorta). ¡Nada, ésta todavía
está en babia!. (Grita). ¡Niñooooo!.
(Un angelito viene). Trae unas toallas y un poco de bicarbonato
para ésta, a ver si eructa y se despabila… ¡Ah!,
y hazme de camino una tortillita francesa, que con tanto milagro no
he podido ni tapear algo. (El Angelito marcha a cumplir la orden
raudo y veloz). ¡Hay que ver como me ha puesto esta guarra
el…(Suena el teléfono. La Virgen, desconcertada,
decide cogerlo). ¿Sin-pecado-concebida-digamé?
¿Qué?. ¿Qué dice?. Espere un momento,
por favor, que me quite la corona que no le oigo bien… Ahora,
¡Uf, qué alivio!. Ya está…. Sí, ya
le oigo… ¿La policía?. Ah, ya… pero ella
ahora mismo no está aquí. (Mirando a Mariquita,
redicha). No lo sé. ¿Yo?. Pues, una amiga. (Descubre
a un angelito que se para, impertinente, frente a ella. La Virgen
le observa con odio). Sí,…una amiga misionera .
(Tapa el auricular). ¡Fuera de aquí!. ¿Y
mi tortilla?. (Vuelve al teléfono).¿Y para
qué quiere saber mi nombre?. Siendo así, soy…
Sor, Sor… ¡Sor Bette Davis!…¿Qué?.
No, no es de broma, oiga… (Entra el angelito con las toallas,
el bicarbonato y la tortilla. Mariquita lo mira todo sin reaccionar.
La Virgen lo agarra todo con enfado). ¡Traeme Ketchup!.
No, no era a usted, señor subinspector, perdone…¿Que
va a venir?. ¿Qué dice de un moro llorando?. (Hace
una mueca de cansancio). Sí, que sí… Mire,
es que se me va a enfriar la tortilla, así que… ¿Cómo?.
¿Qué?. Verá, es que…sí, pe…¡Paso!.
(Cuelga de golpe). ¡Por todos los santos mártires,
qué conversación tan estúpida!. (Le ha dado
mientras el bicarbonato a Mariquita, que comienza a reaccionar).
Toma, sécate. (La Virgen se sienta a comer. Ambas mujeres
se miran. La Virgen le riñe, incluso con la boca llena).
¡Anda, anda, que Dios te lo manda!.
Mariquita
abre y cierra los ojos. Observa, perpleja, todo a su alrededor y,
extasiada, a la Virgen que le saluda y come al mismo tiempo como una
fiera. La observa más detenidamente y luego la compara con
la del cuadro. No da crédito. Luego se arrodilla ante la Virgen,
que no deja de comer.
MARIQUITA
¡Ay, Virgensita!. (Eructa). ¡Virgensita de mi
arma!.
VIRGEN
¡Ya era hora!. Las he visto más rápidas, ¿eh?.
MARIQUITA
(Débil). ¡Unos moro!. ¡Unos moro que man
tirao del barco! Y… y… ¿Aónde estoy, mare
mía?. (Reconoce su casa). ¡En el infierno, míralo!.
¡Por mala!. ¡Si yo lo sabía!. (Llora).
¿Y quiéne me iba a desí a mí que el infierno
iba a sé iguá que mi casa!. (Aterrorizada).
¡Ay, Dios mío, noooo!. (Suplicante, a la Virgen).
¡Castigarme de otra forma, pero metía pa siempre en el
mismo infierno no, por favo!.
VIRGEN
¡Ay, calla, no seas pesada!. Si no estás en el infierno,
mona, estás en tu casa…
MARIQUITA
(Desconcertada). Pero… ¿Y los moro?. ¿Y
el barco?.
VIRGEN
¡Todo tramoya que quita y pon!. ¡Comodísima!.
MARIQUITA
Espera, espera… ¿Me estaré vorviendo loca, mare
mía?.
Aparece un
angelito con el ketchup, se lo da a la Virgen.
VIRGEN
¿Ahora me lo traes?. Pues ahora, como no me lo beba a morro…
¿Ya habéis terminado?. (El ángel asiente).
Bueno, pues esperadme todos abajo sentaditos que ahora voy yo.
MARIQUITA
(Por el ángel).¿Y ese?.
VIRGEN
¿Eso?. Un angelito del cielo, hija.
MARIQUITA
(Cogiendo la foto de ella con su marido, reconociendo sus cosas,
se levanta con torpeza). Oiga… ¿Esto qué
e?. De cachondeo, ¿no?. No será un programa pa la tele,
¿verda?. Vamo a ve… ¿Usté quién
e?. ¿Qué está hasiendo en mi casa?. (Asustada,
mira hacia todos lados).
VIRGEN
(Poniéndose la corona). Creo que resulta evidente,
¿no?. ¡Soy la Virgen!.
MARIQUITA
(Incrédula). Ya. (El retrato de la Virgen se ilumina
con fuerza).
VIRGEN
Cálmate, Mariquita. (Mariquita se detiene frente al retrato
de la Virgen, la compara, desquiciada). ¡Soy yo!. La misma
a la que le has pedido tantas veces que te ayude, que mira que eres
pesada, ¿eh?. He venido a salvarte, a darte una oportunidad.
MARIQUITA
(Todavía asustada). Sí, claro… Lo único
que me fartaba a mí.
VIRGEN
No seas blasfema. ¡Soy yo!. Si lo llego a saber, paso de tanta
ostentación y vengo un poco más cómoda.
MARIQUITA
(Confundida). Esto no pue está pasando…
VIRGEN
¡Que sí, Mariquita!. (Adopta la misma actitud del
cuadro). Me conservo bien, ¿eh?. ¿Cuántas
veces has pedido un milagro?. Y hoy, mira tú por donde, se
ha cumplido tu deseo.
MARIQUITA
(Santigüándose). ¡Por Dio, qué cosa
más grande!.
VIRGEN
(Se incorpora, todavía masticando y sacudiéndose
las migas). A ver si me entiendes ahora. Vamos a ver… ¿quién
eres?.
MARIQUITA
¿Yo?. (Acomplejada). Pues… no sé…
VIRGEN
¡Hija!. ¿No sabes tu nombre?.
MARIQUITA
Bueno, sí… María del Carmen Vargas Hortelano.
VIRGEN
Para abreviar, Mariquita Vargas. (Mariquita asiente). Tienes
42 años, estás en el paro y hace un mes que Juan, tu
marido, te abandonó después de 20 años de mentiras
y de un matrimonio que hacía tanta agua que, ya ves, has terminado
ahogándote… (Mariquita va encogiéndose cada
vez más). Tienes una hija que no te llama nunca y una
situación económica lamentable. Todo eso junto, qué
significa, ¿eh?. (Mariquita no puede ni hablar). ¡Insatisfacción!.
¡Vacío!. (Mari asiente). No tienes ni ilusión
ni ganas de vivir. (Hiriente). ¿Alguna vez disfrutaste
en la cama?. (Mariquita trata de recordar, inútilmente).
¿Lo ves?. Claro, y tú, desesperada, resulta que te echas
a la calle y…¡hala!… a mendigar cariño por
los muelles.. (Riñéndola). Eso se hace, ¿eh?.
Y ahora viene el final, que es donde yo entro en acción…
He venido para resucitarte, para darte una última oportunidad.
No para que te vengues, sino para que perdones. Para que entres en
la eternidad con el corazón henchido de amor. ¡En pié!.
(Mariquita, como una colegiala, obedece). ¡De rodillas!.
(Maternal). Querida amiga. Acabó aquí tu camino
hacia el Calvario. Esta cesta ha sido tu cruz, tu lecho de muerte
en el cieno del muelle. Mariquita, escúchame… ¡Estás
muerta!. ¡Apareciste ahogada en una cesta!. (Mariquita parece
que va a desmayarse). ¡Te prohibo que te desmayes ahora!.
(Mariquita se queda absorta). ¿Te has enterado?. ¿Has
comprendido lo que te he dicho?.
MARIQUITA
Yo… no… no sé…
VIRGEN
Pues yo no te lo repito otra vez. Ya te irás despabilando tú
solita.
MARIQUITA
¿Entonse?... ¿Estoy muerta?. (Tiembla).
VIRGEN
Pues sí, chica, ¿qué quieres que te diga?. Pero
lo que yo pretendo que tengas claro es que tienes tres días
para ultimar todo aquello que dejaste pendiente, para comprender a
aquéllos que odias y para dejar este mundo, lleno de batallas,
en paz. Dentro de tres días, exactamente, resucitarás
definitivamente y te vendrás conmigo. Eso sí, ahora
cuando me haya ido, no recordarás absolutamente nada de lo
que he dicho y estarás como si nada hubiera pasado. ¡Así
que ya está!. (Se levanta con pesadez). Bueno, y ahora
¿dónde se habrán ido los eunucos estos?. Lo dicho,
dame dos besos y dime adiós, por que me voy. (Hace intento
de salir). ¡Huy , qué cabeza la mía!. La
policía te va a dar la lata, porque han llamado, ¿sabes?.
Resulta que uno de los moros, se conoce que arrepentido, lo ha largado
todo y... ¿y yo por qué te cuento todo esto si cuando
me vaya no te vas a acordar de nada?. (Amenazadora). A ver
como te portas, ¿eh?. ¡Huy!. ¡Hay que ver lo que
charlo!. ¡Hala!. (Ríe. Da unas palmaditas, volviéndose).
¡Niñooooos!. ¿Dónde estáis repugnantes
querubines?.
MARIQUITA
(En babia ). Pero…
VIRGEN
(Saliendo). Mañana me lo preguntas, ¿vale?.
Es que ya no llego… ¡Adiós!.
Mariquita
contempla como se marchan la Virgen y los angelitos. Instantes después
se desploma sin sentido sobre el sofá. Música celestial.
Se enciende el televisor, la radio y un par de lámparas. Suena
el teléfono varias veces. Mariquita empieza a reaccionar, dolorida,
como si le hubieran dado una paliza. Se incorpora, mareada, pero cuando
va a coger el teléfono, deja de sonar. Destrozada, se sienta
en el sofá, justo encima de la guía telefónica.
Recoge la fotografía de ella con su marido. Primero la abraza
con pasión, pero luego la tira con desaire. Se reconforta.
No recuerda nada. Llaman a la puerta insistentemente.
MARIQUITA
¿Aónde coño ha dejao yo la guía?. (Empujones
a la puerta). ¡Ay, joé, ya va!. (Al levantarse
le da un mareo y tira la radio). ¡Oi, por Dió!.
(Nuevos empujones a la puerta). ¡He dicho que vaaaaa!.
Al
abrir la puerta, entra como un rayo NURIA, sentada sobre una silla
de ruedas.
NURIA
¡Menos ma!. (Pícara). Qué estaría
tú hasiendo qas tardao tanto…
MARIQUITA
(Atónita, sin cerrar la puerta, contempla a Nuria).
¡A ti qué te importa!. ¿Y qué hase tú
aquí?. Ahora estoy mu ocupá, asín que si no te
importa… (Pausa. Nuria ni se inmuta. Mariquita acaba dando
un portazo). ¡No podía se otra na má que
tú!.
NURIA
(Como si no fuese con ella). ¡Ay, cómo lo tiene
to!. ¡Y qué mala cara tiene joía!. ¿Está
mala?.
MARIQUITA
No. (Cínica). Es la alegría que me da verte
to los día.
NURIA
¡Calla, calla!. Vengo muerta. Anda, empújame y dame agua.
(Enciende desesperadamente la colilla de un porro). No aguanto
má. ¡No soporto está to er día aquí
sentá!. (Mariquita va a por el agua. Sale y se la ofrece
con desgana). ¡Ay!. ¡Bruta!. ¡Qué basta
ere, hija mía…!.
MARIQUITA
¡Venga, suerta!. Tadvierto que no te presto ni una perra, ¿sabe?.
NURIA
¡Que no es eso, mierda!. (Rompe a llorar). Es que man
vuerto a robá er borso y… y que tenía aentro sai
gramito de coca pa vendé… (Berrea, macarra).
MARIQUITA
(Exagerada, con falsedad). ¡Ay, vaya por Dio!. (Le
quita el vaso con brusquedad). ¡Trae, que te lo lleva!.
¿Y tenía aentro el carné y to?. (Nuria asiente
gimiendo). Bien, a ve si hay suerte y te detienen de una puñetera
ve.
NURIA
No quiero ni pensarlo. Fíjate que pensaba venderle la coca
a mi madre pal bar y asín, pagarle lo que le debo a mi hermano
er Cheli pa que no me pegue má.
MARIQUITA
(Sentándose otra vez sobre la guía) Po yo también
he perdío er borso, asín que ya estamo empatá.
Lo he perdío to: el dinero, las direcsione… y no ma acuerdo
ni del número de mi madre. Bueno está. ¿Y quién
se habrá llevao la guía?.
NURIA
¿Tu guía?. Po me parese haberla visto al entrá.
MARIQUITA
Tú que va a ve ni que va a ve, si llevo toa la mañana
buscándola…
NURIA
¿Cómo va a encontrá ná con el desorden
que tiene, niña?. ¡Hay que ve la casa!. ¿Y estos
charco?. ¡Ay, Mariquita, qué rara está!. Anda,
dame un poco má de agua, por favo…
MARIQUITA
¿Agua?. ¡Ya no hay más agua!. Si quiere te bebe
la der suelo.
NURIA
(Inmutable). Mari… ¿Tú ta fijao bien
la cara de muerta que tiene hoy?. Chiquilla, es que da hasta fatiga
mirarte…
MARIQUITA
No cambie de conversación. Ademá, siempre habla la que
tenía que está más callá. Hoy no tengo
ganas de na, y mucho meno de aguantarte. Bastante tengo yo ya con
lo que tengo ensima.
Nuria se
pone a ver las revistas pornográficas.
NURIA
(Acomodándose). ¿Ah, sí?. ¿Y
qué te pasa a ti, vamo a ve?.
MARIQUITA
(Triste). Na, lo de siempre.
NURIA
(Sin dejar de ver la revista). Ah, pos bueno, venga, cuentamélo…
(Se acerca a ella maternal).
MARIQUITA
Po eso, na, que aye por fin, despué de dos semana, me llamó
Juan, pero no pa discurparse o pa preguntarme si estoy bien o si ha
llamo la niña, no, de eso ná. Me llama pa desirme que
le prepare toa sus cosa y que va a vení a llevársela…
(Llora). Y que se va pa siempre…
NURIA
Hija, Mari. Ensima de puta, apaleá…
MARIQUITA
(Dolida). ¿Puta?. ¡Tú si que eres puta,
niña!. ¿Tú te cree que tú pue vení
a mi casa pa beberte mi agua y pa meterte conmigo, desgrasiá?.
Po mira, por primera ve en mi vía me echao a la calle como
una buscona. (Nuria la mira asombrada). ¡Sí,
yo!. Y por poco acabo muerta ajogá en una playa. No me pregunte
cómo, porque yo ni siquiera lo sé. Sólo sé
que me tiraron al agua y que despué man tenío que sacá
y traerme aquí. Yo sí que lo estoy pasando mal, Nuria.
No tengo ni un duro pa comé y, lo más increíble,
via llamá a mi madre pa pedirle algo prestao y se me orvía
hasta el número… y ahora, ahora…¡ahora no
sé aónde carajo he puesto la guía, mardito sea
mi corasón!. ¡Lárgate, Nuri, que tú y yo
ya nos conosemo!.
NURIA
Tranquilísate, Mari. Ensima que me preocupo por ti...
MARIQUITA
¡No me meta más rollo!. Que tú está aquí
porque ahora mismo la polisía tiene que está registrándole
el bá a tu madre, y torturándola pa que hable y diga
aónde está tú.
NURIA
A mí me dá iguá. Mientras torturen a mi madre.
Lo que me duele es que piense que te estoy utilisando pa ocultarme
de la polisía. Si cree eso, me marcho ahora mismo…
MARIQUITA
Sí, y tal y como lo pienso te lo digo. Asín que…¡vete!.
NURIA
(Se retuerce, duda). Bueno, me via quedá un ratito…
no quiero abandonarte en un momento tan difisi como éste…
Consuélate conmigo. Al meno tu puede corré y saltá
como una mona, pero mírame a mí, asquí sentá
hasta que me muera…
MARIQUITA
Por mí, sis quiere, ahora mismito te tiro por la escalera y
te ajorro sufrimiento. ¡Menudo chollo tiene tú con el
carrito!.
Suena
el teléfono. Nuria lo coge rápidamente. Mariquita se
lo arrebata, tapando el auricular
MARIQUITA
¡Pero qué hase!. ¡Trae pacá peaso puta,
que eso no es tuyo!. (Habla al teléfono, con brusquedad).
¡Diga!. .. Sí… ¿Pa qué?. No mamá…no
pasa ná, que sí mamá… (Se le enfurruña
el gesto). ¡Eso!. ¡Mira que bonito!…. y yo
que me pudra asquí metía, ¿no?. Vale, vale…
Por mí, os podei matá mañana mismo en un acsidente
de carretera… ¿Que no me ponga asín?. Mira mamá,…¡muérete!.
(Cuelga. Nuria la contempla asombrada). Yo no quiero na de
nadie. (Se levanta y se marcha a la cocina).
NURIA
(Gritando). ¿Era tu madre?.
MARIQUITA
(Ruido de cacharros. Murmura). Sí.
NURIA
(Registrando por los cajones. Coge todo lo que tenga valor).
Po hija, nadie lo diría.
MARIQUITA
(Desde la cocina). A ve cómo te sentaría a
ti que te dijeran que se van de viaje pero que tú no puede
i porque no cabe en el coche.
NURIA
Bueno, me lo han dicho ya varias vese. Por sierto, le podía
habé pedío el dinero, ¿no?.
MARIQUITA
(Volviendo, secándose las manos). También es
verdá. ¿Por qué coño no me habré
metío la lengua en el culo?.(Se derrumba cansada en el
sofá). ¡Estoy jarta ya de tanta historia!. (Se
desespera). Está ve la he hecho buena… ¡A
vé cómo termino yo ahora el mé!. (Se da cuenta
de que está sentada sobre la guía). ¿Esto
que é, joé?. (La coge y comienza a reírse,
luego a llorar. Nuria totalmente ausente, comienza a liarse un canuto).¿Por
qué me abandonaste, Juanillo de mi arma?. (Arranca las
páginas de la guía y las tira). ¡Cuánta
gente hay en er mundo, Dios mío, y yo qué sola me encuentro!.
Asín no se pue viví. ¿Qué daño
habré hecho yo a nadie pa que la vía me trate a patá?
(Mariquita se arrodilla, llorosa, ante el cuadro de la Virgen).
¡El matrimonio es una mentira, virgensita!. ¡Mira mi Juan!.
Primero empesó a vení tarde y, aluego, de vez en cuando,
ya dejaba de vení. Hasía más de un año
que ya ni me hablaba y, por fin, hase un mé, se dignó
a dirigirme la palabra… pa desirme que su vía había
sio un erró, y que se iba pa siempre. ¿Y cuále
había sio mi erro, sino el de enamorarme?. ¡Y si por
lo meno me hubiera dejao por una tía y no por el camarero de
una discoteca!.(Pausa. Nuria está fumando. La iluminación
es sugerente y el humo forma un ambiente pesado, casi poético).
¡Juanillo!. (Susurrando a la Virgen). A lo mejón
él se creía que yo no me daba cuenta. ¿Y qué
me importaba a mí que se fuera con otros, si por lo meno, aluego
vorvía aunque fuera pa que le lavara la ropa y le jisiera de
comé?. Juan… Juan… cada ve que abro la boca tu
nombre me se sale sólo, como un suspiro. Juanito, corazón
de mis entraña, que sin ti no pueo da ni un pasó má,
que me farta el aire, tu aire, Juan, y ya, ni viví tie pa mí
sentío. ¿Pa qué?. La niña ya es una mujen,
mi familia se lo monta siempre sin contá conmigo. Nadie me
necesita. ¡Hasta yo misma me estorbo!. A vese me pregunto que
si no sirvo pa ná, ¿pa qué coño he tenío
que nasé?, ¿pa sufrí na má?. Virgensita,
yo ya sé que tú está mu jarta de que yo te haga
la misma pregunta to los día, pero, contéstame ar menos
tú…¿Toavía me quea mucho pa morirme?. ¡Ay!.
Ahora, casi me alegro de que me haya llamao Juan, aunque haya sío
pa desirme que le prepare sus cosa. ¡Hasía tanto tiempo
que no oía su vo!. (Nuria ha comenzado también a
llorar. Mariquita se incorpora con la foto matrimonial). Juan….
Juan Demonio… ¡Vuerve aunque sea pa matarme de un dijusto!.
¡Vuerve, mardita sea, que te echo a fartá!. Que desde
que te fuiste duermo con la ventana abierta, pa que entre hasta la
úrtima gota de lu…vuerve… pa que las noche no se
me hagan tan larga…. Juan…. Juan…
Se
sienta con la foto sobre su vientre y, cabizbaja, deja de soñar.
Llaman a la puerta. Mariquita salta a abrir ilusionada, pero enseguida
vuelve a desesperarse. Es VALERIA, que entra fantástica y eufórica.
VALERIA
¡Jelooooooou!. (Adopta una postura de vedette). No
digáis ni una palabra más. Queridas amigas. ¡Hoy
se ha cumplido un sueño!.
NURIA
¿Por fin has follao en público con una negra?.
VALERIA
¡Qué antigua eres!. Eso ya lo hice en mi época
“afro”. Lo que ha pasado es que mi libro “Antes
que nada, mi chocho”, ¡ha ganado el Premio Internacional
de Variedades Vanguardistas!
Mariquita
y Nuria se quedan exactamente igual, se miran. Por si acaso, para
no parecer unas ignorantes, muestran alegría ante la elegantísima
Valeria.
NURIA
¡Oi, qué alegría más grande!. ¿De
verdá?.
MARIQUITA
(Sin enterarse). ¿Pero con tu chocho?...
VALERIA
Nooo... Con mi libro “Antes que nada, mi chocho”
NURIA
(Hipócrita). ¡Uh!. ¡Fantástico,
fantástico!. ¡Viva la Valeria!. Invitano a una rayita
pa selebrarlo, ¿no?.
VALERIA
(Renuente). De rayitas nada, y mucho menos en público.
Y, a partir de ahora, nada de Valeria. ¡Llamadme simplemente
“Valerie”!.
Las tres mujeres van distribuyéndose libremente por la
escena.
MARIQUITA
Bueno, po cuenta hija… ¿Cómo ha sío eso,
que nos tiene a las do intrigá?.
VALERIA
Pues eso, un Premio Internacional de las Artes, pero vosotras no podéis
entenderlo…¡Ay!. ¡Estoy tan nerviosa!. Me acabo
de enterar y vengo de pasarme por todos los periódicos y la
radio para que lo difundan. (Delira). Ya estoy viendo mi
nombre en los luminosos y, a mí, rechazando entrevistas, haciendo
cine y ganando dinero como una loca…
MARIQUITA
Y NURIA
¡¿Dinero?!.
VALERIA
(Arrepentida, se agarra el bolso). Eee.. sí.. claro.
Pero sólo los doce millones del premio, sin contar, por supuesto,
los derechos de autor, las galas…
MARIQUITA
(Repentinamente amabilísima). Pero, ¿no te
sientas Valerie?.
VALERIA
Bueno, sí, pero sólo un ratito. (Se sienta).
¡Ay, Mariquita, querida!. ¿Puedes darme un poco de agua,
por favor?. Estoy sedienta…¡Hasta palpitaciones tengo!.
MARIQUITA
(Excesivamente servicial). ¡¿Agua?!. Mujé,
claro, pa una famosa tengo yo to el agua que me pía…
NURIA
¡Tráeme a mí también!.
MARIQUITA
¡Pa ti no hay na!. (Se va por el agua).
NURIA
¡Es una cascarúa!. Po, fíjate, que me alegro mucho
de lo tuyo. Si ya sabía yo que tú llegaría lejo.
(Falsa). ¡Vamo!. ¡Si se ma puesto la carne de
gallina cuando me lo has dicho!… Incluso me parese que a mí
también man entrao parpitasione de esa…
MARIQUITA
(Entra con el agua. Desagradable con Nuria). ¡A ti
lo que te parpita es er coño, interesá!. (Toda amabilidad).
Toma, guapa, si quiere má no tiene na má que pedí
por esa boquita…
NURIA
(Intentando superar a Mariquita en halagos). Ayé mismo
le estaba disiendo yo a mi madre lo maravillosa que tú era
y la suerte que tenía de tené una amiga como tú.
VALERIA
(Divina). ¡Ay, gracias, Nuri!.¡ Dale a tu madre
miles de besos porque es fantástica y no la veo hace años!.
Aunque, la verdad, es que no sé si la conozco… (Risas).
MARIQUITA
(Mira con asco a Nuria. A Valeria, con dulzura). ¿No
quiere má agua, ni otra cosita?.
VALERIA
No, gracias Mariqui. ¡Eres tan buena tú también!.
Por cierto, qué estropeada tienes la cara. Chica, tienes que
hacerte algo, pareces hepatítica…
MARIQUITA
Sí, mu buena no estoy. ¿Pa qué te via contá?.
Tengo una congoja, y unos dolore en la boca del estómago que
no pueo ni respirá casi …(Valeria la atiende con
desgana, falsamente, sin oirla)…. Y ya ve cómo está
to, como que no tengo ni fuerza ni pa...
VALERIA
(Cortando definitivamente la conversación de la que no
ha oído nada). ¡Pues yo estoy contentísima
con esto del premio!.
Mariquita
se queda desangelada, imbécil. Nuria, interesadisima, le ofrece
a Valeria un cigarro. Mariquita la mira con odio.
VALERIA
Y os quiero hacer partícipes de mi alegría. (Confidencial).
Oídme. ¿Os acordáis de aquella casa antigua que
da a la playa de Fuentebravía?. (Las dos asienten).
¡Pues me la voy a comprar!. ¿No es de lo más increíble?.
Y claro, yo, que soy así de magnánima, pues he pensado
en vosotras para que me ayudéis en eso de arreglarla y demás.
Tú no, claro, Nuria. En tu situación… (Nuria
se pone tránsida). Pero tú, Mari, y tu hija…
Os contrataré como doncellas, ¿qué te parece?.
MARIQUITA
Yo es que no ma enterao mu bien. (Mariquita mira a Nuria que está
a punto de reventar de envidia). ¿Tú ha querío
desí argo asín como trabajá de criada pa ti?.
VALERIA
Bueno, no es eso exactamente, aunque claro, si lo miras así,
pues sí, es eso… pero yo..
MARIQUITA
(Peleona). Te lo agradesco en el arma, pero lo que tú
quiere es una esclava a la que martratá, que ya nos conocemo.
¡Asín que búscate a otra pordiosera pa que te
haga de fregona!. Pero conmigo y con mi niña no cuente…
Valeria
se queda estupefacta. No sabe qué decir.
NURIA
(Que ha estado pensándoselo. Grita). ¡Bueno,
po a mi me da igua!. (Suplicante, a Valeria). ¡Yo quiero
se tu esclava!.
MARIQUITA
¡Eso!. ¡Qué vergüensa!. ¡Más
bajo es imposible caé!.
NURIA
(A Mariquita) No me importa lo que pienses, idiota.(A
Valeria). Yo, querida Valerie, necesito dinero. Haría
cualquier cosa pa conseguirlo…
VALERIA
No, si eso ya lo sé, pero… (Sonríe).
Nuria, en tu situación, sería imposible que… quiero
decir que no estaría bien visto que una minusválida
drogadicta, en fin, no te molestes, pero pienso que daría que
hablar.
NURIA
(Desesperada). ¡No!… (Casi gime). Yo…
yo dejaré las drogas (Mari y Valeria se miran y sonríen,
incrédulas) y… y…además… (Se
levanta de la silla de ruedas)….Nunca he estado paralítica,
así que eso ya no será un problema…
Mariquita
y Valeria se levantan asustadas.
VALERIA
¡Uau!. Pe… pero…pero ¡Nuri!…¡¿Cómo
has podido?!…
MARIQUITA
¡Cómo he podío está tan siega, madre mía
de mi corasón!.. (Se dirige a ella para golpearla).
¡Hija puta!. ¡Farsa!.
NURIA
(Muy nerviosa). Yo… es que.. yo era pa cobrá
la paga… por eso…
MARIQUITA
To era mentira, ¿no?. To era un cuento pa que te tuvieramo
lastima y que nos diera pena no prestarte el dinero, ¿no?.
Claro… (A Valeria). Y la madre seguro que estaba compinchá
con ella…
VALERIA
¡Seguro!. ¡Con razón decía yo que la madre
no era de fiar!. ¿A quién iba a salir sino este engendro?.
¡Mamporrera!.
MARIQUITA
(Cada vez más enfurecida). ¿Cómo he
podío se tan carajota, Dios mío?. Nooo, si to me lo
meresco, por buena. Pero esto no va a quedá asín. ¡Guarra!,
¡puta!, ¡mala!… ¡Te va a comé la silla!.
(La persigue).
VALERIA
¿Qué haces, Mari?. ¡Déjalo!. No tiene importancia…
(No mueve ni un músculo. Se le ponen ojos de sádica).
¡Mátala, sí!. ¡Déjala inválida
de verdad!. (Ríe). ¡Vamos, mátala!.
En
ese instante se hace el oscuro.
VOZ
OPTATIVA, ANGELICAL Y MARAVILLOSA.
Señoras y señores. Rogamos disculpen
esta interrupción. Para evitar herir su sensibilidad y en contra
de los depravados deseos del autor, hemos suprimido la exhibición
en salas públicas de esta escena. Pero no se desesperen, enseguida
les devolvemos la conexión. Gracias.
Puede
sonar una musiquilla, puede haber interrupción, pueden pasar
unos minutos o no, pero lo que no puede evitarse es que acabe aquí
el PRIMER ACTO.
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