Antón de Alaminos.

 

Por JULIO IZQUIERDO LABRADO  

Palos de la Frontera, 1991

 

 Entre los numerosos marinos de Palos que destacaron en la colonización de América, existen algunos de especial relevancia como Antón de Alaminos, el hombre que verdaderamente podemos considerar descubridor de México, de las culturas maya y azteca, después del primer contacto que con ellas tuviera su paisano Vicente Yáñez Pinzón.

Antón de Alaminos nació en Palos prácticamente en vísperas del primer viaje colombino, por lo que su infancia debió transcurrir entre relatos de aventuras y viajes. Probablemente, este singular ambiente le llevó a enrolarse, cuando apenas era un niño en el cuarto viaje de Colón (15021504).

Ya en este viaje, arrastrados por Colón que desesperadamente busca el ansiado paso a la Isla de las Especias, navegaron sin rumbo ni orientación por el archipiélago del Jardín de la Reina, intentaron fundar una colonia en la rica Veragua y bajaron hasta el Golfo de Darién, ya bien conocido, desde donde dejan el continente con rumbo a Cuba.

Posteriormente, fue piloto con Juan Ponce de León, gobernador de Puerto Rico, y le acompaña a la expedición que descubre Florida en 1513. Avecindado en Cuba, va como Piloto Mayor de Hernández de Córdoba con tres navíos hacia una de las islas Bahamas (8 de Febrero de 1517), pero, después de tres semanas de navegación, el viento les empuja hacia una costa desconocida. Cuando desembarcan y preguntan a los indígenas por el nombre de la zona, éstos les respondieron "Tectecán", que significa "no entendemos", aunque los españoles creyeron que era el nombre del país, transformando el término en "Yucatán".

Habían desembarcado en la costa noreste de la península, en el Cabo Catoche, y después de contornearla hasta Campeche, habiendo perdido la mitad de los hombres, decidieron regresar a Cuba, donde Diego Velázquez, entusiasmado por los adornos de oro que trajeron, dispuso enviar otra expedición rápidamente.

El primero de Mayo de 1518, una pequeña pero bien equipada flota, compuesta de cuatro naves, partía de Santiago de Cuba al mando de Juan de Grijalba y con Antón de Alaminos nuevamente como Piloto Mayor. Siguieron el mismo rumbo que Córdoba, más la deriva les hizo desviarse al sur y llegar a la isla de Cozumel, desde donde recorrieron los mismos puntos que la expedición anterior. Grijalba dio a la península el nombre de "Nueva España", que luego se extendería a un territorio mucho más extenso. En el río de Banderas, llamado así por los estandartes que los indígenas desplegaron en sus orillas, tuvo lugar el primer contacto en el que se limitaron a los intercambios, ya que Grijalba, tal vez impresionado por el poderío y grado de civilización de esta cultura decidió regresar sin fundar colonia alguna, lo que recriminó Velázquez, que enseguida comenzó a buscar al hombre con el temple necesario para hacerlo.

Laszlo Passuth, en su obra El dios de la lluvia llora sobre México , narra un encuentro, imaginario pero muy probable, en el que Alaminos, el marino palermo descubridor de la corriente del Golfo, el hombre que mejor conocía esas costas del imperio azteca, interviene decisivamente en el destino de un hombre y de la historia:

"Paróse (Cortés) ante un piloto a quien conocía y le saludó amigablemente. Se trataba de Alaminos, que había tomado parte en todas las expediciones hacia Occidente desde el tiempo de Colón. Presentó a Cortés su timonel, un joven de barba negra llamado Bernal Díaz que por sus habilidades era alabado por todos los que le rodeaban. Pocos minutos después, los tres habían desaparecido dentro de una tasca; y allí, frente a un vaso de vino aguado comenzaron a charlar.

Señor: aborrezco ya el aguardiente de pulque; no puedo ya con él, paréceme sentir en la boca el sucio sabor de la palma. ¡Mi primer vaso de este vino, a vuestra salud !

Escucha Alaminos: nadie habla francamente en el Consejo; nadie deja allí conocer exactamente su pensamiento. Y cuando uno empieza a hablar, otro interrumpe con alguna pregunta. Creo que tú más que nadie es quien puede juzgar rectamente si allí en aquella costa comienza o no un gran continente.

Estuve allí con el Almirante Colón en su último viaje. Llegamos alrededor del mediodía a esa tierra inmensa que se extiende hacia el Oeste. El Almirante continuó navegando hacia el Sur. La tierra es firme; evidentemente es un continente.

Los indígenas son también muy diferentes a los de las Antillas, no son ciertamente salvajes desnudos y simples. No, ellos, los de allí, tienen sus dioses, llevan vestidos y usan excelentes flechas y lanzas. En la espesura, pudimos ver casas de piedra; eran templos donde ofrecen sacrificios a sus dioses. Marcan sus fronteras por medio de montones de piedras y con montones de piedras miden también el tiempo. Lo más maravilloso, sin embargo, son sus horribles ídolos.

Los otros, mis compañeros, al verlos hicieron el signo de la cruz y se alejaron. Pero yo ya he ido mucho por el mundo y me gusta verlo y curiosearlo todo, así que me arrimé y miré los ídolos y los toqué a mi placer. Son extrañas figuras con cabeza de animal. Están tallados en piedras brillantes de apretado grano y van adornados con lanzas y serpientes. Cuando niño husmeaba yo a menudo en el taller de mi tío, que era labrador de piedras, así que conozco algunas cosas de tal oficio. Aquellos indios no trabajaban con herramientas de hierro, sino que sus cinceles son de una piedra negra, una especie de pedernal, y de esa manera hacen trabajos magníficos.

Encontré allí también mazas con cabezas de cobre que supuse empleaban seguramente como martillos. Llegué a entrar en uno de sus templos, están llenos de esculturas y tallas. Encontramos allí oro y trabajos diversos hechos de plumas. Estaba el templo en una pequeña isla que llamábamos Isla de los Sacrificios porque ante el altar manchado de sangre veíanse restos de miembros humanos; en la parte de fuera había un enorme montón de calaveras blanqueadas por el sol y algunas de ellas estaban cubiertas de pinturas y colorines semejantes a los que cubren las paredes del templo. Os cuento eso, noble señor, para convenceros de que aquel continente no está poblado por cuatro pobres diablos como son los indios de aquí.

Aquellos son muy diferentes, profesan evidentemente otras creencias, lo cual ciertamente no tiene por qué admirar a un viejo hombre de mar. Solamente el señor Velázquez y sus secuaces creen que un indio es forzosamente igual a otro, que todo indio ha de huir atemorizado cuando nos ve y ha de sufrir de espanto al oír las detonaciones de nuestros mosquetes.

Debo entender, pues, Alaminos, que en tu opinión es aquello un país con su rey, su kan o algo semejante.

Aquella gente sólo con signos podían darse a comprender por nosotros; pero ¿cómo entender su modo de hablar?. Los caballeros se dedicaron tan sólo a buscar ansiosamente oro; ninguno se aventuró por el interior y menos aún se preocupó por indagar sus costumbres o modo de vivir.

Detrás de la costa ¿ existe un continente?

Observé aquellos hombres; cuando dos de ellos se encontraban, se inclinaban a modo de saludo repetidas veces. Había entre ellos evidentemente nobles y siervos y vimos algunos que eran llevados en literas o sillas adornadas con hermosas plumas; al pasar, bajaban los demás la vista y hasta alguno, de aspecto más miserable, llegaban a postrarse a su paso. Según el modo de reunirse, de separarse y de aparecer al siguiente día en otro sector de la costa en correcta formación y ordenadamente, deduje que aquello debía ser un reino. Los caballeros no repararon en eso, pero un marino como yo ha visto mucho, se ha fijado en las cosas, sabe pescar una ramita que llevan las olas y observar el vuelo de un ave...

¿ Es cierto que Grijalba no se atrevió a internarse en el país?

Dijo que éramos pocos para ello. El capitán Pedro Alvarado, que mandaba nuestro segundo buque, disputó con Grijalba. Quería quedarse allí y recuerdo que dijo " Dejadme algunos hombres y tres culebrinas; me fortificaré y esperaré que volváis. No huyamos indignamente". Pero Grijalba sacudió la cabeza y dijo secamente "Es preciso regresar Pedro".

La mirada de Cortés estaba como perdida en la lejanía. Sentía como si el mundo le ahogase, como si le resultase pequeño. Como un viejo profeta del Antiguo Testamento hubiese querido luchar con ángeles y diablos. Cuando salieron, Alaminos le miró al marcharse y luego sonrió.

¿ Has observado Bernal cómo ha mordido el cebo?. Un hombre bravo, de buen temple, sólo que tiene muy poco, muy poco dinero...

¿ Irías tú con él?."

Antón de Alaminos, el marino de Palos, no sólo fue con Cortés. Se convirtió en su brazo derecho y tuvo la máxima responsabilidad de la expedición de asuntos náuticos.

ALAMINOS, Antón de.

Apuntes biográficos de los más destacados marinos de Palos de la Frontera que llevaron el apellido Alaminos:

Natural de Palos. Viaja como grumete en el cuarto viaje de Colón (1502 1504). Piloto con Juan Ponce de León (gobernador de Puerto Rico) en 1512. Y le acompaña en la expedición que descubre Florida (1513). Avecindado en Cuba, fue Piloto Mayor en las expediciones de Francisco Fernández de Córdoba (1517), Juan de Grijalba (1518) y de Hernán Cortés (1519) a Yucatán y a México. Descubre corriente del Golfo. Más tarde, enemigo de Cortés.(Dicc. Hist. Esp.).

Un Alaminos, nacido en Cuba, aunque español fue con DeSoto, de Cuba a Florida en 1538. (Oviedo I, 562). ¿ Era un hijo? (Bowman, Ind. p.65).

ALAMINOS, Antón de. (hijo)

Asentado en Cuba en 1518. Piloto de Cortés en 1519. (BOWMAN. Indice. p.65. cit. HH; Dor. 361. Bernal Díaz.I,43).

 

 

 

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