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Poco o nada se conoce hoy en día de este escritor. Quizás, la prensa oficialista y anquilosada de esta “Patria”, con el deseo de sepultar en el olvido a aquellos hombres que han luchado por las reivindicaciones de los trabajadores, haya pensado que su cometido diera los frutos que algún día se propuso. Pero lo cierto es que aquella semilla libertaria que un día sembrara éste y muchos otros escritores, hoy vuelve a germinar.
Francisco Pezoa, nació en 1885, en Santiago. De él se señala que era un hombre muy instruido, de temperamento dócil con quienes compartían sus inquietudes e ideales, siempre llano a ayudar al obrero o al paria desprotegido, y el más encarnizado y fiero en sus invectivas cuando se enfrentaba ante los poderosos explotadores. Colaboró con la prensa anarquista del norte y centro del país, fue un orador agudo e inteligente, manejaba al revés y al derecho la información en torno a escritores, luchas sociales y huelgas en todo el mundo. Su claridad mental y la profusión de su lenguaje son recordadas en la revista Selva Lírica, en donde se hace un compendio de aquellos escritores ácratas de comienzos del siglo veinte.
Quizás uno de quienes más se haya ocupado sobre la personalidad de Francisco Pezoa sea el escritor chileno Manuel Rojas, quien se encargó de darnos noticias de este poco conocido autor que vivió todos los conflictos sociales de la primera década del siglo XX. Sumido casi en un misterio y por el paso de los años, que intentó procurar un manto de olvido sobre su memoria, Pezoa ha trascendido por aquellos cuartetos del “Canto a la Pampa”, texto compuesto sobre la base de la melodía del tema “De tu ausencia”(dicho tema, hablaba sobre amores no correspondidos) y que el poeta Pezoa supo infundir en aquella melodía el peso de versos que vindicaban a la clase trabajadora. Dicha composición se hizo conocida en todas las salitreras del norte chileno e inclusive trascendió las fronteras para ser entonada como un himno de la clase trabajadora en todo el continente latinoamericano.
Aquel misterio que se cierne sobre la personalidad de este escritor puede desbrozarse en parte gracias a una narración de Rojas, quien en su texto “Volvamos al Folletín” intenta danos a conocer algunas características de este escritor, en este artículo, el autor de El Bonete Maulino nos dice: “Pezoa era hijo de una señora muy humilde y tenía un hermano suplementero. Cuando la madre vio que su hijo se dedicaba a lecturas y a escribir, procuró ponerse a su altura, y a veces, en tanto Pezoa, en su pieza del conventillo, con gran incomodidad, escribía o leía algo, la madre, que como otras mujeres pobres (y aun ricas), no tenía con quien conversar sobre altos problemas...”
Para nadie es un misterio que la mayor parte de estos trabajadores era de formación autodidacta. Debemos recordar que por aquel entonces la clase trabajadora llena de aquella esperanza libertaria, anhelaba la “Revolución Social” para redimir a los parias y desheredados del pueblo.
Pezoa vivió en aquel periodo en donde la efervescencia social era un bálsamo vivificador para todos aquellos trabajadores que veían en la “idea” un alero para construir la sociedad futura. Su vida de conventillo, le dejaba gran tiempo para dedicar a la lectura, fue así como se cultivó en todos los temas que tenían relación con los derechos de la clase trabajadora, Colectivismo, cooperativismo, mutualismo, etc. Pezoa era uno de aquellos vastos conocedores, que dejaba asombrados a sus interlocutores. De su formación política Manuel Rojas nos habla”No sé cómo se acercó al movimiento obrero y se hizo socialista, aunque mejor sería decir que se hizo cooperativista, por lo menos teórico. Leyó una enormidad de libros y estudió francés e italiano, llegando a dominar por lo menos el primero de esos idiomas. Daba conferencias sobre cooperativismo y discutía en público, siempre con gran ecuanimidad, sobre todas las teorías sociológicas, y escribía muy bien, teniendo además un gran sentido de lo humorístico” 2 Muchos se habrán preguntado cómo aquel hijo de mujer humilde pudo lograr asimilar y coordinar tanto conocimiento. Es por esta razón que el autor de “Canto a la Pampa” era invitado a meeting en donde debía pronunciarse para arengar a las masas obreras, fue invitado a sindicatos con el propósito de redactar pliegos de peticiones, los cuales redactó y firmó, éstas reivindicaban a los trabajadores, generando así un crisol de esperanza en aquellos que miraban desde un estrato inferior a sus patrones, dignificando a los proletarios. Pezoa supo infundir y orientar a la clase trabajadora. Es así como lo vemos en las salitreras del norte, escribiendo en periódicos de tendencias libertarias. Sabido es que su filiación anarquista lo mantuvo siempre en un estado de constante oprobio hacia los explotadores que se ocupaban de esquilmar a los obreros. El látigo de sus palabras era inmisericorde con aquellos que detentaban el poder, con los explotadores y abusadores oligarcas que no veían en los trabajadores más que a bestias de carga.
Sin embargo, Pezoa era un compañero fiel con su camarada trabajador, siempre al lado de aquel obrero que sufrió los avatares infames de quienes fustigaban con su látigo a los parias del pueblo.
Un artículo aparecido en el diario El Mercurio de Antofagasta con fecha 2 de junio de 1984, escrito por Jorge Peralta H, y que lleva por título “Francisco Pezoa, Poeta Popular”, describe al escritor como un hombre regordete, de baja estatura, inseparable de su cigarro, además de simpático y que siempre respondió con una sonrisa ante lo bueno o lo malo que el destino solía presentarle.
Francisco Pezoa, al igual que otros poetas populares, lleno de entusiasmo aventurero, (tal vez infundido al igual que en González Vera por la lectura de los rusos, en especial Gorki, el amargo) viajó al norte empujado por el deseo de reivindicar a la clase obrera, y al ver las injusticias que se cometían se hizo anarquista, pero no un anarquista cualquiera, porque sabía de lo que estaba hablando con precisión de fechas, lugares y hechos.
“Pancho”, como era llamado por sus iguales, entre los cuales se encontraban Manuel Rojas, González Vera, Lombardosi y ese magnífico poeta que fue José Domingo Gómez Rojas autor de Miserere, acostumbraba reunirse con ellos y con otros contertulios para platicar, con gran dominio de conocimiento, especialmente sobre la pampa trágica y sangrienta ( recordemos la matanza de los obreros en la Escuela Santa María de Iquique,1907).
Este evento de gran magnitud marcará profundamente la vida de Pezoa. La escuela Santa María de Iquique vivió por aquel entonces uno de los episodios más crudos en la historia del las grandes masacres, más de tres mil personas asesinadas sólo por exigir sus derechos y mejoras en cuanto a sus condiciones miserables de vida. Antes de la masacre, en 1905, Pezoa publicó “Canción del Desterrado” en el periódico La Agitación, periódico anarquista, órgano de un grupo libertario. “La Agitación” que a la postre no resultó ser otra cosa que el mismo antiguo grupo “Luz y Libertad”, creador de “El Obrero Libre. Es de suponer que Pezoa colaboraba asiduamente con los obreros del norte y que mantenía un estrecho vínculo con los dirigentes y responsables de dichas publicaciones.
Muy pocos datos precisos se tienen sobre la vida de este escritor, con respecto a su fecha de nacimiento, la revista Selva Lírica, Estudio sobre los poetas chilenos nos entrega una breve semblanza, en la sección Poetas Acráticos, sobre este poeta popular nos señala: “N. en el año 1885. Es el más representativo de nuestros poetas acráticos contemporáneos. Desde hace quince años ha tomado parte activa en el movimiento social de este país.
Es un ácrata tratable. Y también un bohemio que tiene sobrado talento para señorearse en los barrios sub-urbanos. Se preocupa grandemente de su cultura, la que, dada su condición de proletario, es enorme. Traduce del francés, inglés e italiano. Ha estudiado a fondo la ciencia sociológica y los más importantes movimientos obreros habidos en Europa y América. Es autor de más de trescientos manifiestos y proclamas. En Ateneos y Centros Obreros ha dado centenares de conferencias acerca de las más variadas materias relacionadas con el mejoramiento moral y económico del Pueblo.”3
Debemos tener presente que a la fecha de ser publicada la Revista Selva Lírica, en 1917 nuestro poeta ya contaba con treinta y dos años de edad. No debemos olvidar que el año de dicha publicación fue simbólico, pues en Rusia estalló la Revolución de Octubre, es así como gran número de intelectuales ven con agrado la asunción Bolchevique al poder. Los Soviets de la clase trabajadora, el gobierno del pueblo por el pueblo. Sin embargo, serán los anarquistas quienes se mantendrán distantes y desconfiados. Posteriormente se les dará la razón, así lo confirma la masacre de los marinos de Krondstand y la traición de los Bolcheviques a Nestor Majno dejándolo solo, ya que su visión antiautoritaria no coincidía con la visión paternalista de los Bolcheviques.
Resulta un tanto difícil intentar reconstruir una historia, con todos los sucesos y acontecimientos que se llevaron a cabo en nuestro país y en donde se incubaba el fermento del descontento social. Ahí debió haberse encontrado Francisco Pezoa. En alguna novela de Manuel Rojas podemos encontrar ciertos datos que se confunden con la novelada vida de este escritor. Es así como en “La oscura vida radiante” y en “Cuando era muchacho” de José Santos González Vera se nos entregan algunos datos que vienen a contribuir en parte con este rompecabezas que resulta ser la vida de este hombre, que ha sido olvidado durante largas décadas. Tanto González Vera como Rojas presenciaron y fueron parte de la evolución intelectual que se desarrollaba en Chile. Aquella fue la denominada generación del 20, que dio a luz e hizo conocidos a múltiples hombres de letras y de ciencia, entre ellos Santiago Labarca, los hermanos Gandulfo, los ya mencionados Rojas y González Vera y ese gran poeta que fue José Domingo Gómez Rojas, muerto en su lozanía en el manicomio producto de las torturas y de la desesperación.
No olvidemos que a fines del s. XIX o comienzos del s. XX el abogado, poeta, dramaturgo y pensador anarquista Pietro Gori visitó Chile, dando conferencias que ayudaron a incrementar el entusiasmo por parte de los trabajadores que escuchaban a este iluminado, que con su verbo encendido hablaba de la Sociedad Futura. Es en este contexto en el cual se formó y educó nuestro amigo Pezoa. Por otra parte José Santos González Vera en su texto “Cuando era muchacho”, lo recuerda así: : “Pezoa no era un cualquiera. Estudió en la escuela de los burreros y tuvo de condiscípulos al zapatero Augusto Pinto, al hojalatero Farías, al marroquinero Carlos Lezana. Además, el profesor que instruyó a estos jóvenes no era un hombre de partido ni figuraba entre los que aspiran a cambiar el mundo, con lo cual llenó de interrogantes las mentes de sus discípulos, quienes al llegar a la adolescencia se hicieron anarquistas”.
El anarquismo en aquel entonces, era el ideal de la época, el asilo de todas las esperanzas.
Sin querer objetar lo anterior, nos sentimos completamente seguros de que aquel ideal sigue teniendo la vigencia del ayer.
En estos jóvenes, dominaba el deseo de saber, el anhelo de sobresalir en los oficios, el afán de ser personales. El individuo lo era todo.
Francisco Pezoa, era cigarrero, oficio mal remunerado, intermitente, que tenía sólo de bueno el dejar la mente libre. Con el tiempo Pezoa adquirió el ejercicio y gusto por la reflexión y junto con ello el hábito de la dipsomanía.
Ayudó a redactar, por ser letrado, todas las proclamas de obreros y gremios cuando estuvieron en vísperas de huelga, gran habilidad poseía para enjuiciar los asuntos sociales acto que llevó a cabo con total maestría en los diarios “La Opinión”, “La Época”, y “El Pacífico”, periódico este último que se publicaba en Tacna.
De la obra de Francisco Pezoa sólo se sabe que escribió un cuadernillo con sus poesías, el cual circuló principalmente por la zona norte del país ( en éste, desfilaban, sin méritos, generales, clérigos y burgueses, composiciones todas ellas para ser entonadas con música popular). Gracias a la revista Selva Lírica, nos hemos podido enterar que el autor en un comienzo concibió el canto a la pampa con el título de La Venganza, cuya música pertenecía a la tradición folclórica nortina y que no demoró mucho tiempo en ser entonada por todos los trabajadores del árido norte salitrero.
Manuel Rojas en su obra La oscura vida radiante recuerda: “Pancho, utilizando la música de algunas canciones en boga, había escrito letras que calzaban con esa música, letras de espíritu revolucionario, que tuvieron, entre los trabajadores y gente preocupada de asuntos gremiales, sociales o ideológicos, un tremendo éxito, mucho más grande que las canciones originales, cuyas románticas letras hablaban de amores sencillos y bastante aburridos, de desengaños y olvidos que quizás valía la pena callar, y entre otras escribió una que llamó “La Pampa”.
A esta fecha es casi imposible encontrar un estudio de este escritor que contribuyó con su pensamiento a propagar el ideal libertario (por no decir imposible). Cada palabra escrita por este autor es una verdadera joya literaria. Cada recuerdo enunciado por sus contemporáneos un tonificador que logra rescatar del olvido la imagen difusa que lentamente comienza a diluirse con el correr del tiempo.
En el ensayo sociológico realizado por Julio Pinto Vallejos” El Anarquismo Tarapaqueño y la Huelga de 1907: ¿Apóstoles o Líderes?” se hace alusión a Pezoa, más aún, el autor nos congratula con un breve poema del autor, titulado “Canción del Desterrado” de igual forma, Manuel Rojas en su novela “La Oscura Vida Radiante” reproduce unos versos de la autoría de Pezoa. En ellos el autor critica con gran ingenio y bastante humorismo a Pierre Joseph Proudhon, el autor de ¿qué es la Propiedad?” Con soterrada ironía el autor nos asombra: La propiedad es un robo…
Un autor para descubrir, o más bien redescubrir, sería interesante ver en aquellas salas de referencias críticas de la Biblioteca Nacional al menos alguno de sus poemarios, (cosa que no es) o algún tipo de información más amplia de este escritor que el polvo del tiempo en vano ha intentado silenciar, puesto que las ideas, cuando están sujetas a sólidos argumentos, resultan imposibles de demoler, muy por el contrario, pues éstas se revitalizan y encuentran la atingencia necesaria en días como hoy en donde el pensamiento crítico más que una necesidad pareciera ser sólo un elemento accesorio en la moribunda sociedad que nos rodea.
Del mismo modo, podemos encontrar referencias al Canto a la Pampa de Francisco Pezoa en la novela de Volodia Teitelboim “Hijo del Salitre” en uno de sus últimos capítulos se desarrolla un análisis exhaustivo de este tema.
De esta mixtificación surgió esta bella canción, que hoy damos a conocer como prueba de aquel sentimiento libertario que es evidencia de aquella viva e inagotable vertiente de hombres comprometidos con la mejora y el destino social de la clase trabajadora, salud y anarquía a ti, Francisco:
Canto a la pampa
Canto a la pampa la tierra triste
réproba tierra de maldición
que de verdores jamás se viste
ni en lo más bello de la estación;
en donde el ave nunca gorjea
en donde nunca la flor creció
ni del arroyo que serpentea
su cristalino bullir se oyó.
Hasta que un día como un lamento
de lo más hondo del corazón
por las callejas del campamento
vibró un acento de rebelión;
eran los ayes de muchos pechos
de muchas iras era el clamor
la clarinada de los derechos
del pobre pueblo trabajador.
Benditas víctimas que bajaron
desde la pampa llenas de fe
y a su llegada lo que escucharon
voz de metralla tan sólo fue;
baldón eterno para las fieras
masacradoras sin compasión,
queden manchadas con sangre obrera
como un estigma de maldición.
Pido venganza para el valiente
que la metralla pulverizó
pido venganza para el doliente
huérfano y triste que allí quedó;
pido venganza por la que vino
de los obreros el pecho a abrir
pido venganza por el pampino
que allá en Iquique supo morir.
La versión anterior corresponde al tema de Pezoa que adaptó el grupo Quilapayún para su LP “Por Vietnam”, el cual sólo nos muestra una parte dicha composición. La versión íntegra del tema compuesto por nuestro poeta popular es la siguiente y lleva por nombre “Canto a la Huelga”, la cual ha sido extraída del ensayo “Los sucesos de Santa María de Iquique en la poesía popular” de Jorge Núñez Pinto verdadero sentir de miles de obreros.
Canto a la Huelga
Canto a la pampa, la tierra triste
réproba tierra de maldición
que de verdores jamás se viste
ni en lo más bello de la estación.
Donde las aves nunca gorjean
donde no crece la flor jamás
a donde riendo nunca serpea
el arroyo libre y fugaz.
Antaño tras año por los salares
del desolado tamarugal
lento cruzando van por millares
los tristes parias del capital.
Sudor amargo su sien brotando
llanto sus ojos, sangre sus pies
los infelices van acopiando
montones de oro para el burgués.
Hasta que un día como un tormento
de lo más hondo del corazón
por las callejas del campamento
vibró un acento de rebelión.
Eran los ecoss de muchos pechos
de muchas iras era el clamor
la clarinada de los derechos
del pobre pueblo trabajador.
Vamos al puerto, dijeron, vamos,
con su resuelto y noble ademán
para pedirle a nuestros amos
otro pedazo no más de pan.
Y en la misérina caravana
al par que el hombre marchar se ve
la amante esposa, la madre anciana
y el inocente niño también.
Súblimes víctimas que bajaron
desde la pampa llenas de fe
y su llegada lo que encontraron
la ruin metralla tan sólo fue.
Pido venganza para el valiente
que la metralla pulverizó
pido venganza para el doliente
huérfano triste que allí quedó.
Pido venganza por el que vino
de los obreros el pecho abatir
pido venganza por el pampino
que como bueno supo morir.
Baldón eterno para la fiera
masacradora sin compasión,
quedó manchada con sangre
como un estigma de maldición.
Manuel Rojas logró memorizar para nosotros unos ingeniosos versos de nuestro autor, además nos señala parte del carácter de Pezoa en algunas de sus líneas: “Pancho, que no era ningún tonto, escribió una redondilla que fue muy celebrada en sus tiempos y en lasque pretendía burlarse de él” (Proudhon)
Redondilla
Proudhon, autor no muy bobo,
Hace tiempo ha publicado
Un libro que ha titulado
“La Propiedad es un robo”.
Lo vi en un mostrador,
entré, lo compré, lo abrí,
y en la portadilla vi:
“Es propiedad del autor”
Finalmente, reproducimos el poema “Canción del Desterrado”, aparecido en el periódico La Agitación, Estación Dolores, el 22 de julio de 1905.
Canción del Desterrado
Yo voy por un sendero
desconocido,
persiguiendo las voces
de los que han ido:
mártires santos
que dejaron las huellas
de sus quebrantos.
Niña, si mi destierro
te ha conmovido,
al país de mi canto
yo te convido:
ven, niña mía,
a la tierra dichosa
de la Anarquía.
Parece una lección de compromiso y seguridad con respecto a aquella convicción que mantiene el autor, además, el tono nostálgico de quien recuerda aquellas voces que son parte de todo un cúmulo de sufrimiento, nos golpea y nos remece la conciencia. Pezoa no olvidó jamás a aquellos que sufrían, se hizo parte de ellos, luchó junto a ellos, con su palabra, con su verbo que fue luz y aliento de aquellos que desfallecían. El poeta supo mantener encendida la llama de aquella luz, que nunca se logró extinguir. Así como hoy su voz vuelve a surgir para que el olvido no sea nuestra próxima derrota.
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