...sus cabellos caían rozando su cintura, y dejaban al aire, con total naturalidad, unos senos perfectos. Enmudecí por unos segundos, pero mis anteriores aventuras con seres mitológicos me sirvieron para recomponerme y dirigirme a ella. Me habló de su linaje, condenado a trasladarse cada vez a partes más y más remotas, pues la iglesia la consideraba diabolica.
         
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