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Hace 100 años el telégrafo sin
cables de Guglielmo Marconi realizaba la primera comunicación
transoceánica, originando un giro decisivo en la historia de las
telecomunicaciones y de la Humanidad. Profundos estudios, horas clavando los codos ante los libros, hasta el límite de la escoliosis, quizás de la ceguera: los hay que necesitan una dedicación continua, total, una dedicación profunda para alcanzar el objetivo... pero a veces una idea germina en silencio en un lugar no definido entre el consciente y el inconsciente, para después surgir espontáneamente, en una intuición sobrecogedora, capaz de cambiar el mundo. Como la posibilidad de comunicar sin barreras, de transmitir un mensaje capaz de viajar por la inmensa red invisible que Guglielmo Marconi, de carácter esquivo, no muy brillante en los estudios (nunca consiguió un diploma), pero autodidacta con grandes capacidades desde la infancia, fue capaz de "encontrar". Es cierto que tuvo que estudiar y observar, pero sobre todo empleó la intuición. La génesis de la idea que vendría a cambiar el concepto de telecomunicaciones cotidianas se produjo durante las vacaciones de verano de 1894 en los Alpes de Biella (Piamonte, noroeste de Italia), algo que relatan todos los libros de historia del país transalpino. Fue entonces cuando Marconi comprendió que los estudios de Heinrich Hertz sobre las ondas electromagnéticas sólo eran el comienzo de una gran aventura. Ese experimento merecía estudiarse mejor, "la radiación se podía aumentar" -usando más o menos sus mismas palabras- "y podía ser controlada", pudiendo así atravesar distancias inmensas. Fue como una iluminación, que él mismo definió como banal, llegando incluso a preguntarse, sorprendido, cómo ninguna otra mente ilustre hubiese llegado antes a una conclusión similar. Para el científico, ese pensamiento se convirtió en una obsesión: estaba convencido, incluso en contra del parecer de tantos colegas, que las transmisiones podrían superar cualquier tipo de barrera natural. Como todas las grandes ideas, se sostiene por una fe inderrumbable. Y sólo siete años después, Marconi escribiría una de las más significativas páginas de la Historia. Por tanto, hoy se celebra el centenario del hito más significativo de la historia de las telecomunicaciones: hace un siglo Marconi hizo posible un sueño, al efectuar la primera transmisión transatlántica mediante un radiotelégrafo. Tres puntos de la letra "s", en alfabeto Morse, fueron transmitidos al éter desde Polhu, en Cornualles (sur de Inglaterra), hasta que alcanzaron St. John, en Terranova. Fue la consagración definitiva de la caída de cualquier barrera física en la comunicación, dos años después (20 marzo 1899) de otro experimento, en el que Marconi realizó la primera comunicación telegráfica sin hilos a través del Canal de la Mancha. La transmisión sin cables intercontinental supuso una novedad mayúscula que hizo fruncir el ceño -como sucede frecuentemente- a muchos académicos, apoyándose en sus tesis y convencidos de estar ante una cosa mitad herejía y mitad robo de inventos desarrollados por otros. Marconi tuvo que superar el ostracismo de muchos escépticos, entre ellos la inicial de un colega ilustre como era Edison. La "redención" se produciría un año después, con nuevos experimentos y mejores de los aparatos, otorgándosele el Premio Nobel en 1909 y haciendo justicia al genio que ha dejado huella en la historia de las telecomunicaciones y, por tanto, de la humanidad. Emilio Faivre
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