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ENTREVISTAS A...  
MOISÉS
Bibliaweb- Buenos días, Moisés, vemos el calor que hace aquí, ¿cómo lleváis esto de pasar tantos años en el desierto?
Moisés- Me alegra que me hagas esa pregunta. Sí es verdad que el calor es inaguantable y las noches muy frías pero aquí todos somos como una gran familia y nos animamos. Además el pueblo judío tiene una gran fuerza de voluntad.
B- Ya veo que os las estáis arreglando muy bien. ¿Y cómo lleváis el tema de la comida? ¿Y el agua? Supongo que ese pan ácimo debe de cansar (risas).
M- Pues sí, sí que cansa, pero debes saber, joven amigo, que no sólo de pan vive el hombre. Nuestro cuerpo se alimenta de pan sin levadura pero nuestra alma está constantemente alimentada por el Creador y eso nos basta. En cuanto al agua, Yahvé la hace brotar cada vez que golpeo una vez en una piedra.
B-Hay una pregunta que a los lectores de mi página les gustaría que respondieses, ¿Que se te pasó por la cabeza el momento en el que salisteis de Egipto y os encontrasteis frente al mar Rojo con el ejército del faraón pisándoos los talones?
M- Pues mira, no te voy a negar que tuve miedo, pues aunque estaba seguro de que Dios permanecía con nosotros el corazón del hombre es débil. (en ese momento la gente comenzaba a salir de las tiendas bostezando y desperezándose, así que tuvimos que dar por finalizada la entrevista para no entorpecer más allí)
B- Pues muchas gracias por todo. Queremos darte la enhorabuena por tu labor liberadora y un consejo: ¡No golpees una piedra más de una vez para sacar agua porque Dios está susceptible!
M- Gracias por el consejo. Como dije antes, el corazón de los hombres se corrompe con facilidad y aunque sabemos que el Altísimo está con nosotros alguna que otra vez perdemos la fe. Os pido que nos acompañéis. Estamos llegando al monte Sinaí. (pasamos unos dos días más con ellos y nos hicimos fotos con él en el momento en el que llegó con las tablas. Ahí a la izquierda está la prueba.)
  MELCHOR, GASPAR Y BALTASAR

Sus majestades no nos vieron llegar, pues seguían anonadados el vuelo de la estrella que les llevaba al Mesías. Cuando nos acercamos se sobresaltaron, pues era de noche y temían el asalto de bandidos. Una vez dadas las explicaciones, accedieron de buen grado a responder nuestra entrevista.

Bibliaweb- Una noche preciosa, ¿qué tal el viaje en camello? Rodeado de tantos sirvientes no debe de ser muy incómodo.
Melchor- Pues no, la verdad es que el viaje se está presentando muy tranquilo. Además, venimos de muy lejos pero hemos atravesado parajes muy bellos. Baltasar- Eso lo diréis vos, pues yo vengo atravesando mares interminables de dunas desde mi reino. Melchor- También es verdad, tanto Gaspar como yo hemos recorrido un trayecto mucho más corto.
B- Sabéis ya detrás de qué vais.
Gaspar- Vamos detrás de un gran rey, de eso no hay duda, al que rendiremos homenaje con regalos simbólicos. Yo he traído un poco de incienso que me ha preparado mi mujer. Quería que trajese unas mantas para el recién nacido pero no creí apropiado dicho regalo.
B- Hablando de los presentes, ¿podéis decirme que lleváis vosotros dos?
Melchor- Pues yo traigo oro refinado del lejano oriente, preparado por mis más prestigiosos alquimistas. Es completamente puro. Baltasar- Pues yo traigo mirra, un regalo más modesto.
B- ¿Y puede saberse qué es la mirra?
Baltasar- Pues es una gomorresina en forma de lágrimas, amarga, aromática, roja, semitransparente, frágil y brillante en su estructura. Proviene de un árbol de la familia de las Burseráceas, que sólo crece en Arabia y Abisinia.
B- Claro, y eso es modesto. Bueno, nosotros damos por terminada nuestra entrevista, no sin antes avisaros de que os cuidéis de confiar en el rey Herodes, pues es sanguinario y ruin. (Más adelante las Sagradas Escrituras afirmarían que fue un sueño lo que les previno, pero en realidad fuimos nosotros).

  JESÚS  ¡¡EXCLUSIVA!!

Con los pelos de punta a causa de los nervios indicamos la fecha a nuestra máquina del tiempo y nos encaminamos en busca de Jesús. Le encontramos predicando como tantas otras tardes en el monte de los olivos rodeado de sus apóstoles. Nos acercamos con paso vacilante, dudando si había sido una buena idea ir a entrevistar al Mesías. Tenía una expresión calmada y gesticulaba suavemente a la vez que hablaba en voz alta. Parecía alegre pero imponía respeto. Los Doce estaban sentados a su alrededor escuchando maravillados mientras el sol teñía la ardua tierra de colores dorados y añiles. Se respiraba paz, silencio y armonía y cuando nos encontramos a unos veinte pasos de donde ellos estaban, Jesús nos miró y con una señal nos indicó que nos aproximásemos. Con un andar torpe llegamos hasta él y nos dijo que nos sentásemos. Después de hechizarnos con sus sabias y dulces palabras durante un rato, los apóstoles se levantaron y Jesús dirigió su vista a nosotros. Sabía para qué habíamos ido a verle y nos pidió que comenzásemos con la entrevista, a la vez que se dibujaba una cariñosa sonrisa en su rostro. No sin algún que otro titubeo comenzamos con el interrogatorio.  Bien oiréis lo que respondió:

Bibliaweb- Buenas tardes, maestro, ¿no está hoy ya agotado de tanto predicar?
Jesús- No, he viajado a la tierra porque la humanidad me necesita, desde el pobre que malvive y ve destruirse su cuerpo como el rico que consume lentamente su alma, aún gozando de los sentidos. Será con los pobres de corazón con los que levante el cáliz de paz de mi reino y derribe los muros de oro de la envidia y la guerra. Anunciar la Buena Nueva es la columna vertebral de mi misión.
B- Sabemos que ha curado a muchos enfermos de los alrededores, pero aún así seguirá habiendo muchos hombres en el mundo que mueran con dolor día tras día. ¿No piensa hacer nada por ellos?
J
- Entiendo que pienses eso. Mi padre en el cielo desea más que nadie la salud y paz de los hombres, pero si interfiriese en el libre albedrío que ha creado dejaríamos de ser libres. Dios no puede intervenir, pues estaría privando a otros si ayudase a unos. Deben ser los hombres los que decidan fraternizar, cosa que se conseguirá con el paso del tiempo. En cuanto a lo de curar enfermos que ahora mismo están sufriendo, no puedo hacerlo, pues me reencarné en un hombre y como tal, tengo sus limitaciones. Sufro hambre, dolor y sed como ellos los sufren. Aún así he traído algo que a nadie le pueden quitar, que desde ahora todos los hombres tendrán la opción de vivir: la vida eterna. El enfermo, el pobre, el caído... todos los que sean pobres y justos de corazón entrarán en mi reino.
B- Ahora lo comprendo todo. Me disculpo por la dureza con la que iba dirigida de la pregunta. Una última cuestión, pues no deseo molestaros más. ¿Qué le diría a toda esa gente que a lo largo de la historia dedicará su vida, no a palabrear tu mensaje por el mundo, sino a seguir sus pasos amando a las personas, ayudándolas y poniendo su granito de arena por la paz?
J- Mi mensaje está bien claro: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Sé que la debilidad de los hombres violará muchas veces el sentido de mi mensaje y que el evangelio y el nombre de Dios serán utilizados para hacer guerras e injusticias. Pero también sé que habrá incontables religiosos que darán su vida, que se sacrificarán como hago yo ayudando a pobres, a los jóvenes, a los enfermos... y un día los seres humanos conseguirán vivir en paz. Esa es la esencia de la Buena Nueva: la fraternidad, no la quema de herejes a los ojos de los hombres. Sólo mi padre habrá de juzgar al hombre y a la mujer.
Acto seguido nos levantamos, nos da un abrazo a cada uno y nos dice que vallamos en paz. Se despide tal y como nos recibió, con una sonrisa, y se encamina hacia el pueblo a seguir con su misión.
Sabíamos que poco después Él sería traicionado, culpado, arrestado, humillado, torturado y crucificado por entregar su vida a ayudar a los justos y pobres... pero eso Él ya lo sabe... y no se rendirá.