AMERICA LATINA Y LA INDUSTRIALIZACIÓN.

Para nosotros, el Estado representa la relación fundamental de dominación de la sociedad capitalista. Tal posición le permite reflejar el sentido de las correlaciones de fuerzas sociales principales y hegemónicas e imponer al conjunto de la sociedad la primacía de los intereses que representa. El Estado es, entonces, la expresión, por una parte, de un patrón de acumulación, que alude a las características de un modo de producción determinado por la forma de participación del Estado en la economía; y, por la otra, de un patrón de hegemonía, que apunta a la relación entre sociedad civil y Estado, la cual caracteriza las formas de dominación política y de legitimidad.

Considerar al Estado como el centro de las decisiones políticas y administrativas permite suponer una gran capacidad de mediación, de autonomía relativa decisional y de instrumentación, características que se modifican en sus niveles y magnitud, de acuerdo con las condiciones históricas 

A partir de la década de los cuarenta, en los países latinoamericanos comienza un proceso de cambio en las relaciones entre política y economía, que modifica contenidos de la ortodoxia liberal en lo referente al papel del Estado en la economía. Cambios que se van adoptando, en forma y temporalidad, de acuerdo con las características sociales, económicas e históricas particulares de cada espacio nacional latinoamericano.  

En concordancia con ese proceso, se adopta la industrialización como estrategia del modelo de desarrollo basado en la Sustitución de Importaciones -en algunos países como México, Brasil y del Cono Sur, esta modalidad de desarrollo se había implementado para la década de los treinta-, donde el Estado se convierte en el actor fundamental de la promoción del desarrollo y regulador de la distribución. Todo esto como consecuencia de la debilidad estructural de la burguesía endógena para comandar el proceso de acumulación. El Estado se ve obligado a asumir el papel que le corresponde al sector privado en el capitalismo avanzado. Por efecto de las características del proceso de industrialización, el Estado es conducido a una corporativización de su participación empresarial y productiva, lo que le otorga nuevas funciones -y al mismo tiempo- lo conduce a un proceso creciente de hipertrofia político-administrativa. De esta manera, la política económica se va haciendo cada vez más parte de la estructura de decisión estatal, dándole al Estado una mayor autonomía en relación con su entorno social interno y con magnitudes variables -de acuerdo con su capacidad de recursos humanos y de capital- respecto al contexto externo. Esta situación permite que las decisiones públicas se conviertan en objeto de la competencia de los grupos económicos, o dicho en palabras de García Pelayo (1985: 112): «...la competencia económica se manifiesta inevitablemente en la competencia por la influencia política». 

La implantación progresiva del proceso de industrialización sustitutiva fue imponiendo la necesidad de proyectos nacionales que propusiesen modelos de desarrollo económico de largo alcance, en los cuales el Estado fuera el eje central de inversión y decisión, ya que aquellos dependerían de recursos públicos y de medidas proteccionistas. Por esta vía se facilitaba la transferencia de recursos públicos a manos privadas, convirtiéndose esta característica en el factor principal de la acumulación privada. Tal situación queda definida en lo que Portantiero (1981) denomina Estado Prebendalista y Capitalismo Asistido. Siendo así, el desarrollo económico se concreta en un proyecto político, en el cual el Estado ocupa la dirección central y el punto de concentración de los conflictos de las fuerzas sociales y de las aspiraciones de los sectores hegemónicos. Al respecto Graciarena, sostiene:

«Cualquiera fuese la estrategia y sentido del desarrollo asumido, de cualquier modo el epicentro estaba siempre ocupado por el Estado, porque la posibilidad de este desarrollo dependía de una adecuada combinación de políticas promotoras del crecimiento productivo con políticas de vanguardia de los intereses sociales más fuertes.» (1990: 51). 

Las particularidades del desarrollo y de la industrialización le otorgan al Estado una doble función, las cuales van a depender exclusivamente de los recursos públicos, de la atención a las necesidades sociales, y de la promoción y sostén del crecimiento económico, y del desarrollo del capitalismo. Ello conduce a un comportamiento contradictorio del Estado. Tal comportamiento termina por definir unas características impuestas por las fuerzas sociales, con mayor poder de presión corporativa para insertarse en las estructuras decisionales. Lo anterior implica que la incorporación de aspiraciones sociales en la decisión pública se convierte en una competencia intra y extra clases. Afirmación que concuerda con lo planteado por Altvater, Elmar:

«El Estado no puede ser concebido, ni como un mero instrumento político ni como una institución establecida por el capital, sino más bien como una forma especial de cumplimiento de la existencia social del capital al lado y conjuntamente con la competencia, como un momento esencial en el proceso de reproducción social del capital».(1986:92).

Significa esto que la división de los sectores dominantes en unidades de capital (Altvater, 1986) determina la competencia entre ellos, de acuerdo con el origen y el ejercicio reproductivo de la acumulación de cada una de esas unidades de capital. Así, en un momento determinado, la orientación de una estrategia de desarrollo convierte en agentes de decisión a los sectores del capital -financiero, comercial, industrial, etc.- qque estén más relacionados con ella. De allí que la competencia entre capitalistas en el seno del Estado no se deba a razones productivas o de calidad, sino a los beneficios derivados de la influencia en la decisión pública. Por esto, los grupos hegemónicos políticos-administrativos se convierten en el factor decisivo de la estructuración, transformación y reproducción del Estado.

Las características de las decisiones públicas, de la estructura económica capitalista y de las particularidades de la acumulación privada en Latinoamérica, determinan que las relaciones Estado-sociedad civil sean de carácter altamente excluyente. Como consecuencia de ello, el Estado se transforma en instrumento de minorías sociales y la lucha distributiva se concentra en los mecanismos de participación política, debido a que ellos conforman el instrumento de reparto del producto social (López Jorge, 1988: 14). Los mecanismos de participación política se convierten, en el Estado latinoamericano, en un instrumento fundamental para lograr la viabilidad de las decisiones públicas.

 
EL PROCESO DE PLANIFICACIÓN EN AMÉRICA LATINA

Tres hitos fundamentales, en la bibliografía consultada, señalan la adopción de la planificación por el Estado latinoamericano: La creación de la Alianza para el Progreso, las asesorías y recomendaciones a los gobiernos de la región por parte de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), y la Conferencia de Países Latinoamericanos realizada en Punta del Este en 1961, bajo el patrocinio de la OEA, donde, entre otros resultados, se hace pública la Alianza para el Progreso. Todas recomendaban la metodología de elaboración, disposición y ejecución de planes nacionales para abordar el desarrollo económico-social y obtener cooperación financiera.  

Siguiendo a Carlos A. de Mattos (1987), podemos decir que la planificación, en esta época, en América Latina, estuvo orientada por tres elementos básicos que le dieron concreción: El «voluntarismo utópico», que significó la formulación y construcción de planes con marcada inserción de la ideología del planificador y la identificación de ésta con planificación del desarrollo, orientada por la concepción estructuralista. El planificador era visto como agente de transformación y, como consecuencia de ello, tenía cierta autonomía para actuar. Esta concepción ocultaba la ideología e intereses de los sectores dominantes en la elaboración e implementación de las estrategias de un proyecto político o Plan Nacional y, por ende, en la orientación misma del proceso de planificación

Un segundo elemento se define como «reduccionismo economicista», esto es, una visión de la planificación, que centraba su atención en el análisis y tratamiento de variables económicas a través de instrumentos de política económica. Sin embargo, se dejan fuera del análisis las particularidades del proceso político -relacionado con los conflictos de interés dentro y fuera de la estructura estatal- de los distintos actores socio-políticos, debido a las orientaciones y efectos de la toma de decisiones públicas. Por último, la planificación estará marcada por el «formalismo», el cual está referido a los procedimientos y organismos adoptados para instituir y llevar a cabo el proceso de planificación. Tal concepción dio como resultado la planificación por etapas, originada en organismos centrales de planificación. Organismos que en el tiempo expresaron un aislamiento con respecto a otras instancias y oficinas públicas, a tal extremo que llegaron a constituir «islas» en la compleja estructura decisional del Estado. 

La concepción de la planificación -basada en los aspectos anteriores- se relacionaba con la del Estado, difundida, fundamentalmente, por la CEPAL. Al Estado se le atribuía el papel protagónico en el desarrollo, por cuanto era quien formulaba y llevaba a la práctica la racionalidad mediante un plan de desarrollo. A partir de esa visión, el Estado contenía los siguientes rasgos: Unidad y coherencia interna, autonomía frente a otros agentes, poder político y económico, capacidad técnico-administrativa y control de las relaciones externas. 

De igual manera la concepción de la planificación sería el reflejo de las características de la economía latinoamericana. La existencia en la región de una economía mixta, que se caracterizaba por la presencia de un sector público gerente de grandes empresas y un sector privado heterogéneo y con medianas y pequeñas empresas. Pero, en definitiva sería el Estado el actor principal que asumiría la necesidad de coordinar la desigual conformación de esa economía, y el que impulsaría su desarrollo, a través de planes que dieran orden a la dinámica del espacio económico y del proceso productivo -patrón de acumulación-. Además, el Estado tendría que regular las relaciones con la sociedad, mediante un proceso en el cual se determinaría la dominación política y la legitimidad de la acción estatal y del sistema en su conjunto -patrón de hegemonía-. En este marco, que caracteriza las relaciones Sociedad-Estado en Latinoamérica, se inserta la planificación como un instrumento político de intervención del Estado en la economía y en la sociedad. Es aquí donde se produce un proceso de influencias recíprocas entre la planificación y el contexto socio-político. 

Hasta épocas recientes y de acuerdo a la evolución y desarrollo particular de la participación en las estructuras de decisión estatal, la planificación se concentró en la elaboración de planes cortoplacistas, que daban soluciones técnicas a problemas coyunturales de balanza de pagos, y de planes de mediano y largo plazo, que resolverían desequilibrios sociales -referidos a la producción y distribución-, con la intención de lograr «desarrollo con bienestar» (Graciarena, 1990). De esta manera, la práctica de la planificación en Latinoamérica estaría orientada por el «deber ser», por la «norma» ante el cálculo predictivo para poner énfasis en la velocidad del crecimiento económico y -posteriormente- sobre problemas estructurales que lo obstaculizaban.

Esa concepción de la actividad se concreta en la Planificación Normativa, la cual fue ampliamente difundida e inducida por la CEPAL a los gobiernos de la región y desarrollada por muchos organismos de planificación hasta la década pasada. Sin embargo, los objetivos del «crecimiento normativo» -que evadía el proceso social para el cual se proponía- pronto quedarían como decorado para los discursos y programas de gobierno del populismo latinoamericano. Tales propuestas, de carácter meramente demagógico, no debilitaban el entramado de relaciones establecidas por los actores como factores de poder que orientaban y dirigían las decisiones públicas, pero influirían de manera opuesta en la viabilidad social y política del proyecto de desarrollo propuesto. Al respecto Graciarena apunta:

«... el enfoque del desarrollo contenía elementos utópicos cargados de ideología, aspiraciones voluntarias y tecnocráticas adscritas a una serie de objetivos ambiciosos cuya concreción no se alcanzaría a menos que fuese favorecida por condiciones históricas sobre las que actuase una resuelta voluntad política». (1990: 55). 

Como resultado de esa situación, el Estado desarrollista y sus órganos de planificación se convertirían en mecanismos facilitadores de privilegios y proteccionismo a una producción industrial que se transnacionalizaba por medio de los vínculos establecidos entre los sectores económicos nacionales con los externos. Estos últimos fueron quienes mayormente se aprovecharon de las ventajas otorgadas a la industria nacional, ya que estaban respaldados debido al supuesto de que satisfacían la demanda nacional y sustituían importaciones. Estas características de la industria «nacional» imposibilitarían la viabilidad política de cualquier propuesta autónoma que intentara derrumbar el muro establecido por las relaciones de capital, reducir desequilibrios sociales originados por éstas, y legitimados por la orientación de las políticas públicas, lo que en palabras de Graciarena, sería:

«... un cepalismo "asociado" que vinculaba cada vez más estrechamente a importantes sectores del capital nacional con las corporaciones multinacionales esfumaba la posibilidad de una respuesta política efectiva» (1990: 60).

El rol asumido por el Estado en Latinoamérica define un contexto socio-político que hace posible la formulación y adopción de proyectos políticos de los sectores hegemónicos. En consecuencia, el Estilo de Desarrollo Nacional sólo recoge los intereses de un sector de la sociedad y la relación entre planificación y contexto socio-político se convierte en uniactoral y, como consecuencia, la planificación y el Plan de Desarrollo se traducen en instrumento de los intereses predominantes, portadores de suficientes recursos de poder para imponerlos en una dinámica histórica concreta. Por esta vía el Estado legítima el consenso en torno a las concepciones y proyectos asociados a determinados intereses de clase. Igualmente otorga una relativa viabilidad política y física, que entrará en contradicción con las aspiraciones y necesidades de las mayorías excluidas -la viabilidad social-.

http://www.monografias.com/trabajos/planificacion/planificacion.shtml

 

¿QUÉ ESCENARIOS  PRESENTAN AMÉRICA LATINA CON RESPECTO A LA PLANIFICACIÓN?

Creo que el gran desafío que se le presenta a la sociedad latinoamericana está referido, prioritariamente, a la necesidad de conocer cuáles son y cómo puede funcionar una América Latina global en los nuevos escenarios internacionales; actitud ésta que nos obliga a realizar un severo análisis hacia delante, no simplemente hacia atrás, tomando en cuenta que en el mundo actual los mercados segmentados y las políticas aisladas, sólo sirven para intensificar los riesgos de vulnerabilidad , favoreciendo la fragmentación que, en poco tiempo, será ultimada por el "darwinismo económico y tecnológico".

En directa relación a los diversos e intentos de integración latinoamericana, considero que el discurso político que discurre en los foros regionales, desde tiempo atrás viene trasmitiendo serias contradicciones; extremados personalismos, dando la sensación de una falta de libreto donde se determinen no sólo objetivos comunitarios, sino la disposición de los gobernantes en compartir instrumentos viables.

Exceptuando algunos períodos de amnesia en política económica o de abulia "panamericanista" del gobierno de Washington hacia nuestra región, ésta fue empleando tímidamente y en forma intercambiable, indistinta y generalmente confusa, mecanismos que el tiempo ha determinado, categóricamente, su ineficiencia: integración, complementación, cooperación; de la creación de una zona de libre comercio hasta el establecimiento de un mercado común. Por ninguno de esos caminos, se ha logrado alcanzar un favorable índice de solidaridad regional -permanente y ascendente- dado a que no existe una conciencia de unidad que se afirme y se proyecte más allá de los escasos límites del discurso de circunstancia.

Existen sólidos argumentos para aceptar que la relación de dependencia -de centro/periferia, como teorizara el Dr. Raúl Presbich desde CEPAL- haya llevado a destacados intelectuales como el brasileño Darcy Ribeiro y el argentino Jorge Luis Borges, entre tantos otros, a preguntar: "¿ existe América Latina?" considerando que, si bien no cabe duda de su realidad histórico-geográfica, siempre es bueno profundizar el significado de su existencia.

Justificar y proyectar tal existencia, considero que es la razón de esta instancia académica.

Los países de América Latina se encuentran entrelazados en una variada red de pactos económicos bilaterales y multilaterales; algunos con cierta actividad, en tanto otros han quedado en el cofre que acumula recuerdos históricos. Tan sólo con nostálgica referencia se evoca -de tanto en tanto- el sueño de Bolívar o a los alcances que tuvo la Liga Federal de Artigas. En aquel cofre están la "Carta de Jamaica" del venezolano, y las "Instrucciones del año XIII" del estadista oriental.

Ante la discusión de nuevas utopías a las cuales se les ha fijado fecha para que se conviertan en realidad, recientemente los expertos de ALADI procuran definir estrategias a aplicar en las negociaciones de América Latina con otros bloques, con el fin de preservar las preferencias vigentes en más de 100 acuerdos, algunos de ellos patrimonio heredado de la ALALC, otro proyecto que no pudo alcanzar la mayoría de edad, pues a los 20 años se mereció importantes cirugías.

El largo camino por la integración regional
"Ha de tratarse de celebrar una convención aduanera entre la República (Argentina), el Imperio (Brasil), la República Oriental del Uruguay y la de Paraguay, con el propósito de impedir y castigar los contrabandos que se hacen. A ese fin el Sr. Ministro pondrá todo su empeño, demostrando las conveniencias recíprocas de esa medida y la importancia que ella tendrá para estrechar los vínculos de amistad".

Presidentes:

RoqueSáenzPeña (Argentina)

Venceslau Brás Pereira (Brasil)

Ramón Barros Luco (Chile)

Cancilleres:

José L. Muratore (Argentina)

Lauro Muller (Brasil)

Alejandro Lira (Chile)

El acuerdo firmado por los Presidentes y Cancilleres constaba de 7 artículos pero el pacto ABC no contó con la aprobación parlamentaria en ninguno de los tres países, permaneciendo como un compromiso de honor que los cancilleres prolongaron hasta 1917.

Presidentes:
Juan D. Perón (Argentina)

Getulio Vargas (Brasil)

Carlos Ibáñez del Campo (Chile)

Analizando racionalmente la dimensión de los nuevos escenarios que se están construyendo en el mundo; apreciando la fuerza que poseen los actores que en ellos actúan; para enfrentar estos dos factores, tan solo, considero que América Latina -y en particular este Cono Sur- está imposibilitada pues vive una angustiante crisis de realismo.

Crisis, agravada por un exceso de vaguedad en los propósitos, , a la que se suma una extremada cautela en las instancias del diálogo, del debate y más aún en el tiempo de la toma de decisiones; grave situación por cuanto la indefinición de adecuadas estrategias -políticas, sociales, económicas, culturales, militares, ambientales, etc.- hacen que América Latina no sea un interlocutor cohesivo y audaz en las propuestas y, al ir acentuándose su pasividad a la vez que mantiene su fragmentación, tales factores la colocan en una posición frágil y errática en el escenario mundial.

Ahora bien: si los Estados latinoamericanos y sus elites están dispuestos, como pregonan, a asumir los desafíos que presentan cualquiera de los escenarios de alternativa, comparto plenamente una interrogante expuesta en variados foros: ¿qué participación tiene en el debate actual, previo a la toma de decisiones política, la sociedad civil?

¿Qué información seria y actualizada se le ha trasmitido a ella, respecto a las bases y alcances de las negociaciones en el MERCOSUR? ¿en función al ALCA? ¿en relación a la Comunidad Europea? ¿a otros nichos de mercado?

¿Por qué en el MERCOSUR se hace tan difícil "el camino que va de lo comercial a lo societal", título éste de un reciente libro publicado en Buenos Aires.

Porque no se trata tan sólo de enfatizar que los países deben abrirse al mundo, basándose en un simple porque sí. Una amplia y descontrolada apertura puede ser peligrosa, si los países eufemísticamente denominados "en vías de desarrollo" no cohesionan fuerzas en un proceso integrador regional, que se presenta como la única respuesta válida al proceso globalizador; por cuanto aquél tiene el principal propósito de impedir que los "en vías de desarrollo" sean "globalizados" por el darwinismo económico y tecnológico.

En consecuencia, insisto al decir que es fundamental que los gobiernos expliquen a sus pueblos: ¿de qué forma, para qué, cuándo y cómo será implementada y utilizada la estrategia nacional, la regional y la internacional?, escenarios éstos donde el factor económico determina , en algunos casos, la negociación "building blocks" (entre bloques) y en otros casos, los grandes actores prefieren practicar el "hub and spock" (ejes y rayos), como sería el sistema ALCA.

Por tanto, ante los diversos escenarios que se le presentan a América Latina (NAFTA, ALCA, ALCSA, UE, Lomé, Japón, Rusia, Sudáfrica, China, además de los regionales internos), resulta preocupante la posición que vienen adoptando algunos gobiernos latinoamericanos en relación directa a los procesos de integración.

México ya optó desde el 1º de enero de 1994 integrarse como nación "americana" (del norte), permitiendo avanzar la frontera económica de los Estados Unidos n más de 20 kilómetros de su territorio, donde sus empresas instalan las "maquilas" desde donde luego exportan los productos allí terminados hacia su propio país u otros mercados.

Chile, aunque no lo expresa en voz alta, aspira ser una "nación cosmopolita", procurando acuerdos "en solitario" con el NAFTA y con la Comunidad Europea, aunque a raíz del recientes fracasos en tales negociaciones, viene demostrando un renovado interés por el MERCOSUR.
Brasil, se autodefine como una "nación sudamericana" , y al considerarse el actor regional más importante, negocia bilateralmente con Argentina en el MERCOSUR, rigiéndose por las normas del acuerdo bilateral de 1987, e ignorando ambos países lo pactado con sus socios del MERCOSUR en Ouro Preto, particularmente en cuanto a la coordinación de las políticas macroeconómicas.

Bolivia y Paraguay viven en pleno desconcierto. Venezuela insiste en el sueño bolivariano. Uruguay ¿qué piensa de si mismo?

Estas y otras conductas económicas llevan a preguntarnos si el bilateralismo no procura echar nuevas raíces en América Latina, actitud ésta alentada por los grandes intereses extra-continentales. Se debe sumar a esa situación que favorece el ideario "balcanizador", el alcance que pueden tener algunas declaraciones unilaterales que practica la diplomacia presidencial de algunos países, actitud que no ha enviado señales de estímulo a la ciudadanía, sea ésta inversionista o trabajadora, provocando, por el contrario, una mayor desorientación.

Si en las América resurge el bilateralismo, ¿será que el multilateralismo ha quedado tan sólo como testimonio de las reuniones cumbre? Además, el uso del NO-RIESGO y el "statu quo" se han convertido en prácticas usuales en la culminación de los acuerdos ministeriales regionales, hecho que lleva a trasladar la toma de decisiones para nuevas oportunidades. En ese entorno inestable, si no dramático, a la región se le presentan tres importantes operaciones estratégicas:

  1. Esforzarse para alcanzar un MERCOSUR confiable y sólidamente ampliado en un acuerdo continental con la Comunidad Andina, Surinam y Guyana, iniciativa propuesta en la reciente cumbre de Asunción y aprobada de inmediato en la 13ª reunión del Consejo Presidencial de la Comunidad Andina por el Acta de Carabobo.
  2. Paralelamente, a ritmo más lento, sin precipitaciones, mantener negociaciones para la constitución del ALCA y, paralelamente,
  3. Negociaciones con la Comunidad Europea,
  4. Sin dejar de explorar otros nichos de mercado, como puede ser el caso de Rusia a raíz de la próxima visita del Presidente V. Putin a países de nuestra región, o el gran mercado asiático.

http://www.monografias.com/trabajos10/amlat/amlat.shtml