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Cuestionan
libertad de prensa en EE.UU.
Durante
la cena anual del Comité para la Protección de Periodistas,
CPJ, un evento de gala para recolectar fondos para los periodistas víctimas
de la censura en América Latina, Asia y África, pasó
algo interesante: uno de los países que motivó más
preocupación en la audiencia fue Estados Unidos.
Como todos los años, unos 850 ejecutivos y periodistas estrellas
de los principales medios de Estados Unidos se dieron cita en el Hotel
Waldorf-Astoria de Nueva York la semana pasada para honrar a los reporteros
más valientes del mundo.
Las empresas periodísticas donaron dinero a la CPJ, y los asistentes
aplaudieron con admiración y tristeza a medida que los presentadores
contaban las sufridas historias de los periodistas extranjeros que ganaron
los premios. Sin embargo, el aplauso más grande de la noche se
lo llevó John Carroll, el director de The Los Angeles Times, cuando
tras recibir un premio honorario por su carrera pronunció un discurso
sobre las crecientes amenazas al periodismo en Estados Unidos.
Tras su discurso, la mitad de la sala se puso de pie para aplaudirlo,
mientras que los demás se quedaron aplaudiendo en sus asientos,
quizás temiendo mostrar demasiado entusiasmo ante los presidentes
de sus empresas sentados junto a ellos. Fue un extraño momento
de incomodidad colectiva.
“Cada otoño nos damos cita aquí en Nueva York para
un evento social, elegante, y a la vez tribal”, dijo Carroll. “Es
tribal porque escuchamos, como hombres primitivos frente a una fogata,
historias (de periodistas extranjeros) que nos inspiran. Pero cada año,
a medida que más empresas periodísticas son compradas por
corporaciones más grandes, la voz del periodista es cada vez más
pequeña dentro de estas organizaciones”, señaló.
“Y me temo que, cada año, la brecha entre nosotros y nuestros
héroes se hace un poquito más amplia”.
Carroll advirtió sobre la creciente promiscuidad empresarial, en
que las compañías periodísticas están formando
parte de conglomerados que producen desde programas de televisión
hasta refrigeradores; la proliferación de nuevos medios que sacrifican
el rigor periodístico en aras del rating; y los recientes fallos
de tribunales que podrían enviar a la cárcel a periodistas
por negarse a divulgar sus fuentes.
En los últimos meses, tanto la Relatoría de Prensa de la
Organización de Estados Americanos, OEA, como la Sociedad Interamericana
de Prensa, SIP, han manifestado su condena a recientes fallos judiciales
y acciones del gobierno que amenazan a la prensa libre.
Entre otras cosas, criticaron las medidas del gobierno del presidente
Bush para hacer más difícil a los periodistas extranjeros
renovar sus visas en Estados Unidos, y las crecientes limitaciones al
acceso del público a tribunales donde se ventilan casos de terrorismo
e inmigración.
Asimismo, muchos grupos dicen que el gobierno de Estados Unidos está
violando el espíritu del Acta de Libertad de Información,
al denegar cada vez más solicitudes de información presentadas
por periodistas.
Si Bush quiere que Estados Unidos tenga autoridad moral para predicar
la democracia y la libertad de prensa en el resto del mundo, debería
asumir el liderazgo en la lucha contra estas amenazas, en lugar de alentarlas
abierta o tácitamente.
martes,
diciembre 07, 2004
La
Prensa, Honduras
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