Los
gobiernos y la prensa
No
parecen ser buenos tiempos para la libertad de prensa en el mundo y,
particularmente, en América latina.
La
semana última, la Fiscalía General de Venezuela inició
una investigación contra el diario El Universal para saber si
-de acuerdo con la reforma hecha por el gobierno de Hugo Chávez
en el Código Penal- "hubo o no hecho punible en el editorial
del 25 de julio [de este año], en el cual se ofende, se expone
al desprecio público y presuntamente se vilipendia al Ministerio
Público y al Poder Judicial", en torno de varios casos que
sigue la Justicia de ese país. Por supuesto, no se hizo esperar
la respuesta de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), que consideró
la actitud de la Fiscalía una "intromisión"
y un "agravio" a la libertad de prensa.
Aunque
no es la primera vez que medios de prensa venezolanos sufren los embates
del gobierno de Chávez, la reforma del Código Penal, por
la cual se han aumentado las penas por las críticas a la gestión
de los funcionarios públicos, lleva el tema a un terreno francamente
inquietante.
También
en nuestro país varias instituciones nacionales e internacionales
vienen advirtiendo sobre situaciones reiteradas que afectan la plena
vigencia de la libertad de prensa. Por esto es que la Academia Nacional
de Ciencias Morales y Políticas, que integran destacadas personalidades
de la vida nacional, hizo conocer la semana última una declaración
donde reclama por este derecho, al que calificó con gran lucidez
y precisión como "la herramienta indispensable que permite
el desarrollo del disenso civilizado y la tolerancia".
La
institución advirtió también que las autoridades
tienen la misión de respetar "el espacio inviolable para
la más amplia discusión sobre los temas de interés
público e institucional, incluyendo las críticas o elogios
que se puedan emitir sobre la cuestión gubernamental".
Numerosas
veces, desde estas columnas, nos hemos referido con preocupación
a los peligros que entraña para una democracia avanzar sobre
el derecho a la libertad de prensa. Porque esta libertad de que goza
la prensa no es un privilegio de los medios, sino una necesidad de toda
la sociedad, que se agudiza justamente en un país que, como el
nuestro, ha disfrutado poco de la práctica de las conductas republicanas
a lo largo de su historia.
Se
advierte que la crítica contra el periodismo independiente por
parte de altas autoridades nacionales se está convirtiendo en
hábito diario. No es con expresiones nacidas al calor de las
campañas políticas como los argentinos aprenderemos el
arduo camino de la convivencia en concordia, que tanta falta nos hace
para reconstruir la Argentina.
Quizá
convendría recordarles a los dirigentes que cuando la prensa
hace críticas u observaciones sobre su desempeño que les
molestan, no lo hace por gusto o por intereses políticos o particulares,
sino en el cumplimiento de un deber ineludible hacia los ciudadanos.
Como bien lo recuerda la Academia Nacional de Ciencias Morales en uno
de los puntos más interesantes de su declaración, "quienes
desempeñan la función pública deben comprender
y aceptar que, además de ejercer con eficiencia los cargos a
los que accedieron voluntariamente para satisfacer el bien común,
tienen que asumir la carga democrática que ellos conllevan respetando,
sin descalificar el desacuerdo, la disparidad de opiniones, el derecho
a la información del pueblo y la ética republicana impuesta
por la convivencia democrática".
Finalmente,
es necesario que cada sector actúe con prudencia y responsabilidad.
Los funcionarios no deben sentirse molestos y reaccionar de manera intolerante
por las observaciones que su obrar y su exposición pública
puedan despertar, y los medios debemos seguir ejerciendo nuestra libertad
para la crítica con el respeto que la sociedad argentina exige
cada vez más de los que, de distintas maneras, la están
representando.
Editorial La Nacion, Jueves 4 de agosto de 2005