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Sobre
periodistas “buitres” y periodistas “cuervos”
Miguel
Wiñazki.
Mwinazki@clarin.com
Existen
dos figuras degradadas del periodismo. Los “buitres” y los
“cuervos”. Son arquetipos emparentados por la codicia y la
búsqueda de fama rápida y sin contenido. También
se ha generado y reproducido a gran velocidad una “rara avis”
en el campo zoológico, pero cada vez mas común en el mediático:
la cruza entre buitre y cuervo. Todas, son de vuelo bajo. Muy bajo.
Son
las nuevas bestias del Circo contemporáneo, eficaces para consagrar
la vigencia de ciertos espectáculos hostiles, oscuros y agresivos.
Desde una zona sombría e inferior, se asoman a la luz chillando
imprecaciones , insultos e invectivas. Los buitres están enamorados
de la carroña, de los cadáveres, de los desvaríos
de la truculencia, de la intimidad de los otros, que es íntima
y privada y no pública y espectacular.
Son
corresponsales, destinados a lo siniestro. Están siempre listos,
como soldados, para devorar espantos, capturarlos cámara y micrófono
en mano, digerirlos rápido, y devolverlos con formato masivo a
la arena pública.
Samuel
Beckett, un irlandés de rostro tallado en acero y mano invulnerable,
entrenada para atravesar las almas, les dedicó un poema mucho antes,
o mas allá, de su específica y contemporánea vigencia
mediática. “Arrastrando su hambre por el cielo..., bajando
hasta los postrados... hasta que hambre, tierra y cielo sean despojos”.
El
cuervo, a la vez, es el clásico “Pájaro de mal agüero”.
Adoradores del escepticismo, los cuervos ven conjuras y conspiraciones
en todas partes y su lema es, “cuanto peor mejor”. Hace ya
mucho tiempo (mucho antes, claro, de su ingreso al zoológico pseudo-periodístico)
Edgar Allan Poe, mejor que nadie, había logrado destilar su tétrico
y paradigmático perfil , en el extraordinario poema que les dedica.
“Nunca
más”, dice una y otra vez El Cuervo según una música
fatal que en inglés es aún más sonora: “Never
more”, repica. No es un “Nunca Más”, en el sentido
moral e imperativo que ordena no recaer jamás en los abismos de
lo maléfico. Por el contrario, el “Never More” de “El
Cuervo de Poe”, erradica la esperanza. Significa exactamente la
imposibilidad de erradicar el mal, representa la condena, y la fatal condición
incorregible de lo humano.
Hoy,
a los periodistas-cuervos, como a todos los cuervos, les fascina comer
ojos. Arrancar los ojos de los otros y masticarlos, para que existan muchos
ciegos, muchos, derivando sin rumbo, sin brújula y sin fe. Los
periodistas cuervos detestan las miradas críticas y lúcidas.
La
cruza entre Buitre y Cuervo, es en realidad, la especie con mayor proyección.
Es un pájaro “amarillo”, muy completo. Conjuga su apetito
por los desechos, con su esquematismo descreído. Es un vaticinador
empedernido que sólo vaticina el mal, del cual a la vez se alimenta.
De todas las aves de rapiña mediática, es la única
bidimensional. Le agrega a su afán por la podredumbre y el grotesco,
una empecinada astucia persuasiva: con su sola presencia, puede convencer
de que todo está perdido.
En
muchos casos, la cruza de buitre con cuervo se viste de seda. Enmascara
sus rasgos más acusados, oculta su codicia, su desesperación
por figurar a cualquier costo y en todos los carteles. Simula habitar
en otra parte. Esconde las reales características del territorio
en el que vive. Camufla el sitio en el que construye su nido: precisamente
en ese espacio cerril de las tonterías.
El
“buitrecuervo” nace de la encrucijada letal entre la ignorancia
y la soberbia. Miente. Simplemente, el pseudoperiodista “buitrecuervo”
miente. Y no le importa. Y si no sabe lo que dice, lo dice como los que
saben. Afortunadamente hay otros seres alados en la heterogénea
fauna mediática: los Búhos.
Según
las representaciones plásticas que hacían de él los
griegos, el Búho se erguía siempre alerta en los hombros
de Atenea, la Diosa de la Sabiduría. Desde ese atalaya el ave veía
–ve- mas allá. Es el Búho que, con sus penetrantes
ojos, trasciende las desdichas inmediatas y prefiere el pensamiento a
la cultura del espectáculo banal. Busca el aire mas puro que vive
detrás de los buitres, detrás de los cuervos, y de las sombras.
Pero
los Búhos, suelen preferir el perfil bajo. Saben, entre otras cosas,
que la fama es puro cuento. Y por eso, probablemente, usted no los conozca.
Pero los periodistas búhos, también existen. Aunque por
lo general, no se ven.
Clarin, 19 de octubre de 2004
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