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Urgentes
políticas de alfabetización
El artículo publicado el domingo en la tapa de LA NACION puso en
evidencia uno de los temas más críticos de la realidad argentina:
la existencia de un analfabeto puro por cada graduado universitario. Si
a esta cifra, cercana al millón de personas, se le suma la cantidad
de argentinos que nunca terminaron la educación primaria, existe
un poco menos de cinco millones de personas, en edad activa, que son analfabetas
funcionales, es decir, que no poseen la capacidad de comprender lo que
leen ni expresarse con claridad tanto en forma verbal como escrita.
Si
esta situación marca un presente que debería preocuparnos
y llevarnos a la acción inmediata, la nueva categoría enunciada
por el artículo, "el analfabetismo académico"
-el de aquellos ingresantes en la Universidad que no pueden comprender
lo que leen, expresarse, argumentar o entender una consigna-, deja entrever
que no es sólo nuestro presente, sino también nuestro mañana,
el que aparece hipotecado. Los resultados que obtienen los jóvenes
que egresan del secundario en las Evaluaciones de Calidad Educativa indican
también que esta realidad no cambiará en el futuro cercano.
El
hecho de que, desde 1989, no hayan existido en el país políticas
nacionales para enfrentar el fenómeno del analfabetismo -que quedó
sujeto a iniciativas aisladas, impulsadas por algunos gobiernos provinciales
y organizaciones sociales y comunitarias- ha influido sin duda para que
el problema haya cobrado las características antes mencionadas.
Y a esto hay que agregar el aumento de la deserción escolar, los
efectos de la reforma educativa y el contexto general de pobreza y marginalidad.
De allí que, en este momento, convivan experiencias disímiles
de alfabetización que, por otra parte, ya no consiste simplemente
en preparar a una persona para que regrese al sistema educativo, sino
también en devolverle la confianza en sus saberes, conciencia de
sus derechos, manejo de la tecnología y una serie de habilidades
más para poder tomar sus propias decisiones de una manera autónoma.
Por
todo esto, el anuncio del gobierno nacional, a través del Ministerio
de Educación, Ciencia y Tecnología, del lanzamiento del
Programa Nacional de Alfabetización y Terminalidad de la Escolaridad
Básica en septiembre próximo es muy alentador. Y es importante
remarcar que se combinarán programas televisivos (28 de letras
y 12 de matemáticas), de radio, videos, material impreso y provisión
de útiles para 100.000 personas por semestre.
También
es promisorio que, desde sus enunciados, el programa incorpore el conocimiento
desarrollado por algunas ONG en sus trabajos de campo e investigación,
y sobre la base de una red de voluntarios (estudiantes universitarios,
maestros y jefes y jefas de hogar con título secundario).
En
este sentido, y como ya lo hemos señalado en otra oportunidad en
estas columnas, la Fundación Leer es un claro ejemplo de una organización
que, desde 1997, ha logrado resultados concretos en iniciativas de alfabetización
en distintos lugares del país. Su experiencia en más de
200 comunidades se centra en el fortalecimiento del proceso alfabetizador
de los sectores más desfavorecidos. A partir del trabajo con los
niños, sus programas impactan en los adultos y las comunidades
que los rodean, insertando la lectura no sólo en la escuela, sino
también en el hogar y en la comunidad. De esta forma, al mejorar
el entorno presente de los niños, la fundación construye
su mañana. Programas destinados a madres adolescentes, talleres
para padres, fortalecimiento de líderes comunitarios como promotores
de la alfabetización local y programas de capacitación de
autoridades públicas son algunas de las estrategias que utiliza
y que se alinean con la enunciada por el Gobierno.
Desde
el Ministerio de Educación se han propiciado, desde hace más
de un año, propuestas para que se produzca una articulación
entre los sectores que están trabajando las mismas problemáticas,
con el objeto de sumar esfuerzos y aprovechar las experiencias exitosas.
Esperemos que en esta nueva iniciativa próxima a lanzarse la esperada
articulación entre los distintos sectores de la sociedad sea una
realidad y no tan sólo un enunciado más. De una firme decisión
política y de todos los recursos, económicos y humanos,
que a apoyarla se destinen dependerá que la educación en
la Argentina sea una prioridad de todos.
Editorial, diario La Nacion, 11 de agosto de 2004 |