| Reducen
el salario de unos 3000 profesores
Blanqueo. Casa nueva.
Blanqueo. Casi 3000 docentes universitarios con dedicación simple
de todo el país dejaron de cobrar este mes el incentivo para investigación,
que en muchos casos equivalía al 50% de sus salarios.
Se
trata del peldaño más bajo de la escala docente, que implica
dictar entre 9 y 12 horas semanales de clase, sin obligación de
investigar. Aunque desde 1997, el Programa de Incentivos a los Docentes
Investigadores sólo alcanza a los que tienen dedicación
semiexclusiva y exclusiva, distintas reglamentaciones incluyeron a los
simples que acreditaban participación en proyectos de investigación.
En
los hechos, era una forma de mejorar sus magros salarios, que van $ 150
a $ 200 mensuales. El incentivo representa unos $ 100 más.
Ahora,
el Ministerio de Educación puso en marcha un rediseño del
programa, que busca terminar con las excepciones y cuyos efectos concretos
en los recibos de sueldo motivaron el rechazo de los gremios docentes.
La
Secretaría de Políticas Universitarias pidió a las
universidades que comunicaran cuántos profesores con dedicación
simple forman parte de proyectos de investigación, para que sean
ascendidos a dedicación semiexclusiva, lo que implicaría
una mejora en sus sueldos.
"No
vamos a admitir más excepciones en la reglamentación; por
eso damos facilidades. La responsabilidad ahora es de las universidades",
dijo el titular del área, Juan Carlos Pugliese, en diálogo
con LA NACION.
Los
gremios docentes, en tanto, aspiran a que este ascenso alcance a todos
los afectados. "Es una cuestión de justicia; sería
blanquear lo que sucede en la realidad. Mientras se resuelve la cuestión,
pedimos que se prolongue el cobro de lo que venían percibiendo",
dijo Daniel Ricci, secretario general de la Conadu.
El
programa de incentivos alcanza a 26.000 docentes.
A pesar de que cada vez llegan más alumnos
del exterior
Pocas universidades se abren a los estudiantes extranjeros
El país no difunde la oferta educativa en el exterior y hay trabas
burocráticas
Las instituciones privadas desarrollan sus propias estrategias y diseñan
planes especiales
Los visitantes valorizan la calidad educativa, los bajos costos y la atracción
cultural
En la comitiva que acompañó al presidente Néstor Kirchner
en su reciente viaje a China, había más de 250 empresarios
argentinos, pero sólo un rector. El dato refleja el grado de relevancia
que el país adjudica a la educación universitaria como recurso
exportable, que, sin embargo, es cada vez más valorado desde el exterior.
Según
datos de las universidades, cada vez más jóvenes extranjeros
eligen hacer una experiencia de estudio en la Argentina, atraídos
por el prestigio que conserva el sistema educativo local, la diferencia
de costos desde la devaluación y una vida cultural activa y variada.
Sin
embargo, la iniciativa de recibirlos no asoma como una política
general del país, sino que depende de la decisión de cada
universidad.
Los
trámites para obtener una visa pueden ser engorrosos y desalentadores
para muchas nacionalidades, y escasean los esfuerzos para promocionar
en conjunto la oferta educativa en el extranjero.
Como
lo demuestran las experiencias de Canadá, Nueva Zelanda o Inglaterra,
recibir estudiantes extranjeros no sólo aporta recursos a un país,
sino que genera lazos en el largo plazo -que pueden traducirse en negocios-,
difunde la cultura y atrae más visitantes.
Son
en general las universidades privadas las que montan su propia infraestructura
y desarrollan estrategias para recibir estudiantes del exterior -trámites,
gestión del alojamiento, actividades culturales y de aprendizaje
del idioma-, a la vez que se muestran dispuestas a generar espacios académicos
para ellos.Las
modalidades de inserción de extranjeros en las universidades argentinas
se han diversificado: desde los que llegan para realizar toda su carrera,
hasta quienes cursan un semestre -que luego se les reconoce en su país-
y los que eligen programas diseñados por las universidades sobre
historia, economía y cultura.
En
las universidades nacionales, en tanto, el panorama es diferente: los
programas de estudio son más rígidos y abrir las aulas a
extranjeros no genera recursos, porque las carreras de grado son gratuitas
también para ellos. "Las universidades argentinas tienen voluntad
de recibir extranjeros, pero chocan con la rigidez de los programas de
estudio. Tendríamos que sistematizar el reconocimiento de materias
cursadas en el exterior. Estamos trabajando en eso", dijo a LA NACION
el secretario de Políticas Universitarias, Juan Carlos Pugliese.
"La
Argentina podría recibir muchos más estudiantes extranjeros,
lo que no sólo significa divisas, sino formar gente que luego en
el exterior conoce y difunde la cultura argentina", dijo Víctor
Beker, director del Departamento de Relaciones Internacionales de la Universidad
de Belgrano, que tiene 160 convenios con universidades del exterior. La
presencia de extranjeros en sus aulas está creciendo: este año
recibirán 335 estudiantes, casi el doble de los que vinieron el
año último.
Más
europeos
"Tenemos asesores académicos y administrativos para manejar
todo. Nos encargamos de los trámites, de que tengan alojamiento
y hacemos una semana de orientación sobre la Argentina y la universidad",
dijo Beker. Entre los visitantes -que en su mayoría pasan aquí
un semestre-, crece la presencia de europeos y latinoamericanos, y desciende
la de norteamericanos.
En
la Universidad de Palermo, en tanto, el 17% de sus estudiantes son extranjeros
(unos 1200). Según contó el director de Relaciones Institucionales,
Matías Popovsky, en la inscripción de mitad de año,
el 39% viene del exterior para hacer sus carreras, particularmente ecuatorianos
(hay casi 600), colombianos y peruanos. También llegan por convenios
de intercambio, sobre todo de universidades norteamericanas.
"La
política es internacionalizarnos. Intentamos que los extranjeros
se sientan cómodos y puedan contar una buena experiencia cuando
vuelvan a sus países. Con una actividad prolija con ellos favorecemos
la marca educación argentina en el exterior", dijo Popovsky.
La
Universidad de San Andrés creó, en 2001, un programa intensivo
de verano, de cinco semanas, en el que recibe estudiantes con algún
conocimiento de español, que aquí perfeccionan. Toman clases
de literatura, historia y economía, y tienen actividades culturales
y turísticas. Hoy hay 30 estudiantes en esta modalidad, mientras
unos 40 llegan para cursar un semestre por convenio.
"En
los Estados Unidos, es muy frecuente que se pase un semestre en el exterior,
y a muchos jóvenes les interesa venir a América latina y
aprender español. En la Argentina, hay un mercado potencial poco
desarrollado", dijo Alvaro Fernández Bravo, coordinador de
Programas de Español como segunda lengua. "El
Estado debería apoyar a las universidades para difundir su oferta,
por ejemplo, incluyéndonos en sus misiones empresarias al exterior.
Sería una manera de exportar lo que hacemos como país",
señaló.
Por Raquel San Martín, La Nacion 7 de agosto
de 2004
La
mirada desde afuera
Varios estudiantes extranjeros dieron su testimonio a LA NACION.
Wen
Wen Kang (Capital Normal University - China): “No sabía casi
nada de la Argentina. Vine para mejorar mi español y ahora quiero
conocer la sociedad argentina. Estoy estudiando tango e historia económica.
Lo más difícil fue conseguir una visa”.
Olof
Nyström (Linköping University - Suecia): “Quiero aprender
la lengua, que suena muy bien. La cultura es diferente y quiero saber
cómo es. Estudio ingeniería y sé que los estudios
son de buena calidad aquí”.
Matilla
Miranna (Universidad Turku - Finlandia): “Estudio filología
española. La mejor manera de familiarizarme con la lengua es venir
a estudiar”.
Samuel
Bullow (Berry College - EE.UU.): “Estudio economía y quiero
saber qué pasó aquí. En los 90, la Argentina fue
el ejemplo de política neoliberal y fracasó. Estudié
español en Cuba y, también, salsa. Ahora quiero aprender
economía, y tango”.
Luis
Ramírez Romero (Universidad Autónoma de Guadalajara - México):
“Creo que la Argentina tiene una gran potencialidad de gente creativa
y con aspiraciones de crecimiento. Me gusta el país y la gente
ha sido muy amable”.
Julia
Ziesemer (Universidad Católica de Eichstaëtt - Alemania):
“Una chica argentina estuvo en mi casa por un intercambio y vine
a visitarla. Quiero aprender español. Me sorprende la diferencia
en las clases sociales. En Alemania, hay gente con más y menos
plata, pero no son de otra clase social”.
Chie
Inoue (Kyoto University - Japón): “Estudié castellano
en Japón. Estoy haciendo una investigación para comparar
el mate y el té japonés. Me sorprende que aquí la
educación pública es gratuita”.
Crean
un observatorio
Medirán el impacto de las industrias culturales
El gobierno porteño procesará los datos
Un Observatorio de Industrias Culturales (OIC), cuyo objetivo será
recopilar y procesar datos cualitativos y cuantitativos del área
con el propósito de fijar políticas de largo alcance fue
presentado ayer por el gobierno porteño. La iniciativa fue aportada
por el secretario de Cultura porteño, Gustavo López, y funcionará
dentro de la Subsecretaría de Industrias Culturales, que dirige
Stella Puente.
Un
reconocido especialista en el área cultural, Octavio Getino, será
el coordinador del OIC, que, entre sus objetivos, relevará la incidencia
económica y social de las industrias culturales en Buenos Aires,
al tiempo que trazará un mapa que permitirá reflejar el
grado de concentración y la diversidad cultural, así como
la potencialidad de estas industrias.
Según
cifras aportadas ayer por López, las industrias culturales de la
ciudad producen el 6% del producto bruto geográfico de Buenos Aires.
En el nivel nacional, este sector cultural aporta cerca del 3% del PBI.
En
cuanto a la generación de empleo, Buenos Aires duplica en términos
proporcionales la participación de las industrias culturales de
todo el país. Es del 4% sobre el empleo total, contra el 2% que
en 2000 generó el sector en el nivel nacional.
Otro
dato asociado a este sector adquiere relevancia: el peso de las pequeñas
y medianas empresas (pymes) en el área de la cultura. El 95% de
las empresas del sector son microemprendimientos o pymes.
Tareas
inminentes
El OIC fijará un sistema estadístico de las industrias culturales
en la ciudad, analizará las demandas y consumos de bienes y servicios
culturales y, tras estudiar las problemáticas de cada sector, generará
propuestas para su desarrollo. Relevará los datos de cine, televisión,
publicaciones periódicas, libros, música, radio, video,
publicidad y fonogramas.
El
OIC trabajará junto con el Centro de Estudios Metropolitanos (Cedem)
y la Dirección General de Estadísticas (DGE) del gobierno
porteño. Tendrá un link especial: observatoriocultural dentro
del sitio www.buenosaires.gov.ar/cultura, y ofrecerá un boletín
electrónico de noticias, publicaciones periódicas, brindará
asesorías y convocará a foros y seminarios.
Como
explicó Getino, no será fácil echar a andar este
nuevo espacio en el gobierno porteño. Ocurre que, con excepción
de algunas cámaras, no es común que los sectores de la cultura
acepten brindar datos cuantitativos de funcionamiento del área.
Sin
embargo, Getino tiene esperanzas en que al comprenderse el espíritu
de la propuesta se pueda crecer en la recopilación de datos estadísticos,
cuya ausencia es notoria entre los que maneja el Indec.
De
las pocas cifras conocidas se sabe, por ejemplo, que en 2001 el déficit
de la balanza comercial para el conjunto de las industrias culturales
fue de US$ 800 millones. Pero en 2003 el sector gráfico y editorial
había crecido un 50%. En ese mismo año, libros, folletos,
discos, películas y publicaciones representaron, según López,
el 4,5% de las exportaciones de Buenos Aires.
Getino
explicó que en Colombia, Brasil y Chile existen intentos por desarrollar
y aplicar mecanismos de medición del sector de las industrias culturales
y vincularlas con la economía, para potenciar su visibilidad dentro
del desarrollo económico de esos países.
Susana Reinoso, La Nacion, 7 de agosto de 2004 |