| ¿Qué
pasa con la salud bonaerense?
Enfermedades de la pobreza en
una provincia rica en recursos
La
epidemia desatada en Rojas a raíz del agua contaminada y el aumento
de casos de personas con Hepatitis A deben significar, por lo menos, una
voz de alerta – La economía en salud y el rol del Estado
analizado desde diversos ángulos – Polémicas
LA
PLATA, 2 ABR (Especial de AIBA por Verónica Aguilera). Se supone
que beber unos dos litros de agua por día es un hábito excelente
para el organismo. Eso sí, como consecuencia de los problemas suscitados
en el norte bonaerense, los habitantes de la Provincia deberían
pensar en comprarla envasada o adquirir una planta potabilizadora propia
para estar relativamente seguros de la calidad del líquido que
se consume.
Pero
claro, en medio de la crisis económica en la que está sumergido
el país –donde la mitad de la población vive por debajo
de la línea de pobreza— pocos son los que se dan el 'lujo'
de tomar agua mineral, por lo tanto queda una única alternativa:
hervirla o clorarla. Al menos hasta que exista un control riguroso de
cañerías, tanques y napas que garanticen la potabilidad.
¿Será posible que esto suceda?
Mientras
tanto, tenemos que el agua –fuente de salud y belleza, como se aclararía
en un spot publicitario- puede resultar muy peligrosa en la Provincia,
no sólo porque es capaz de transportar una bacteria como la shigella
y generar una epidemia de gastroenterocolitis en Rojas, sino porque, por
ejemplo, en otros distritos contiene elementos no recomendables como arsénico.
También
es un personaje central en el aumento de los casos de Hepatitis A registrados
en la Provincia, claro que en este caso también inciden los problemas
de la red cloacal, muy deficiente por cierto en el Conurbano.
'Vergonzoso'
'Estos casos tienen un común denominador: las deficiencias en el
agua y eso es realmente vergonzoso', observó el doctor Eduardo
Lorenzo 'Borocotó', quien detalló que 'en el Gran Buenos
Aires, por ejemplo, las napas de agua están al mismo nivel que
el de las cloacas, por lo tanto se mezclan. Habría que hacer perforaciones
encamisadas hasta la tercera napa, pero eso es caro y no se hace, y eso
es una barbaridad porque el riesgo es muy grande'.
Por
su parte, la directora provincial de Epidemiología del Ministerio
de Salud provincial, doctora Nora Verzeri, reconoció ante AIBA
Noticias que 'algunas enfermedades tienen que ver indudablemente con la
infraestructura, ya sea en lo que respecta al suministro de agua como
a las cloacas. Por lo tanto deben funcionar a la perfección para
que no haya problemas, y si no están lo bien que se supone que
deben estar, es indispensable que la gente tome recaudos como poner una
gotitas de lavandina'.
También
el titular de la Cicop, Jorge Yabkowski identificó al problema
con las malas condiciones de infraestructura que padece buena parte de
los bonaerenses. 'La deficiencia fundamental no está en el servicio
de salud sino en el hábitat. El hacinamiento, las aguas contaminadas,
los problemas con las redes cloacales y la alimentación deficitaria
determinan que haya un clima propicio para cierto tipo de enfermedades
y que los ciudadanos sean muy vulnerables', explicó.
'Más
allá de que muchas veces el servicio de salud es insuficiente,
en este tipo de casos –como lo sucedido en Rojas o el aumento de
personas afectadas con Hepatitis— la responsabilidad del Estado
está vinculada a la realización de las obras necesarias
para que las condiciones de vida sean las correctas y muchas veces eso
no se cumple', agregó.
Pobreza
vs. Salud
Al ser consultado por esta agencia, el dirigente sindical sostuvo que
'todo lo que aparece como enfermedad infecciosa –cólera,
hepatitis, dengue— está relacionado con condiciones de marginalidad
y pobreza, excepto este caso de Rojas, que habrá que investigar'.
En
ese marco, advirtió que 'si no hay un cambio radical en las condiciones
de vida, este tipo de problemas va a continuar existiendo, al menos mientras
tengamos el 50 por ciento de la población bajo la línea
de pobreza y en las condiciones ambientales en los que se mueven. Estas
sin lugar a dudas son las enfermedades de la pobreza'.
'Si
bien en los países desarrollados puede haber casos de sarampión,
como para citar un ejemplo, la extensión de la epidemia es menor
y la capacidad de respuesta es superior. Con esto quiero decir que si
bien no se pueden evitar algunos de los brotes epidémicos, sin
lugar a dudas se puede morigerar su extensión y consecuencias',
remarcó Yabkowski.
Estado
y Sociedad
Más allá de considerar 'vergonzoso' que el agua sea un problema
para la gente, el doctor 'Borocotó' exhibió una postura
singular frente a estos casos ya que consideró que parte de las
responsabilidades de que estas cosas sucedan las tiene la sociedad.
'Este
es un facto importante a tener en cuenta: la falta de capacidad de análisis
de la gente. Perdimos la capacidad de sorprendernos y las cosas siguen
como están, entonces aparentemente no es terrible que no se limpie
un tanque de agua en cuatro años, simplemente «nadie se dio
cuenta de ello»', ejemplificó el médico, legislador
porteño y periodista.
Así,
destacó a AIBA que 'parte de la culpa de las cosas que pasan en
materia sanitaria la tienen los funcionarios y los legisladores, pero
estoy convencido de que los ciudadanos tenemos la mismo responsabilidad,
porque la gente ya no protesta, no ordena que las cosas cambien, no aporta,
sólo sufre las consecuencias'.
En
la vereda contraria, Yabkowski apuntó contra el Estado. 'Creo que
no está dando todas las repuestas y eso se nota en la medida en
que hay políticas de distribución de riquezas que congelan
la situación actual a la de la década neoliberal y no hay
un plan nacional de salud, algo que se viene prometiendo desde que asumió
Ginés (González García) –hace más de
2 años— y sólo existen discursos'.
En
su crítica, destacó que 'nosotros (por el sector público
de salud) estamos con los presupuestos congelados, sin insumos, con problemas
serios de personal, con despidos y sin lugar a dudas ese programa sanitario
no aparece, como tampoco el proyecto de mejorar las condiciones de vida
de los ciudadanos, grandes obras de infraestructura que se anuncian pero
que no se concretan'.
Caso
Rojas
Lo sucedido en Rojas –donde más de 900 personas presentaron
un cuadro de gastroenterocolitis— no sólo dio lugar a sospechas
de que un hecho similar pueda repetirse en otros municipios, sino que
también generó una serie de cuestionamientos sobre los controles
comunales y provinciales que evidentemente fallaron.
Como
aclaración, la doctora Verzeri aseguró que 'esto fue una
cuestión meramente local; la contaminación del agua de la
zona con una bacteria muy común como la shigella'.
De
todos modos, la especialista del Ministerio de Salud reconoció
que 'si esto hubiese sucedido en el Conurbano, hubiese sido realmente
mucho más grave'; a la vez que remarcó que 'es fundamental
que el agua sea potable y que la gente pueda confiar, eso justamente hace
al bienestar sanitario de la sociedad'.
Por
su parte, Yabcowski recordó que 'hace 150 años se comprobó
que virus como el cólera atacaba a los sectores más vulnerables
de la sociedad y eso se sigue reproduciendo. Sucedió en las epidemias
de sarampión del 84 y del 95, en las que la mayor parte de los
afectados provenías de sectores populares y barrios populares'.
'Lo
de Rojas –añadió— no tiene que ver con eso,
porque su porcentaje de población carenciada es baja, no hay hacinamiento
y la comunidad es relativamente próspera, por lo que habrá
que investigar en forma profunda qué originó todo. Sabemos
que la bacteria se propagó por el agua aparentemente, pero debemos
conocer el origen real de la cuestión'.
Mientras
tanto, el intendente local Norberto Aloe (PJ) asumió su absoluta
responsabilidad por la 'negligencia' de no haber limpiado adecuadamente
el tanque de agua y dispuso el pase a disponibilidad del encargado de
la planta potabilizadora.
'Esto
no puede volver a ocurrir', indicó el jefe comunal, quien pidió
que lo que sucedió en su distrito 'sirva para que no le pase a
otros. En este caso, la responsabilidad fue de todos y contarle la verdad
a la gente es lo menos que podemos hacer'.
Hepatitis
A
'Casos de Hepatitis A hay en todo el país, pero como estamos en
el ojo de la tormenta, nos sacan a nosotros (por la Provincia) solamente',
aclaró Verzeri, al ser consultada particularmente por la situación
de la enfermedad en territorio bonaerense.
La
polémica aquí no está centrada tanto en cuestiones
de infraestructura sino de 'organización', más precisamente
en la necesidad de que la vacunación contra esa patología
esté contemplada en el Calendario Anual Vacunación que programa
el Ministerio de Salud de la Nación que conduce Ginés González
García, que por el momento sólo contempla la tipo 'B'.
'Por
el momento la vacuna se da para bloquear los casos donde hay un riesgo.
El único país que tiene la inoculación obligatoria
contra esta enfermedad es Israel y diez estados de los Estados Unidos,
pero el resto no tiene indicación masiva. En nuestro caso, la Argentina
tiene endemia intermedia, es decir que tenemos circulación desde
hace muchos años del virus, por lo tanto para vacunar fuera de
la edad infantil habría que hacer una serología previa porque
es probable que muchos de nosotros tengamos anticuerpos', comentó
la especialista.
Con
una postura radicalmente antagónica, Borocotó defiende a
ultranza la vacunación masiva y, tras aclarar que 'tanto yo como
mis cinco nietos y toda mi familia ya nos la hemos aplicado', advirtió
que 'la Argentina y toda Latinoamérica es un verdadero polvorín
de la Hepatitis A'.
Costos
y beneficios
Claro que hay una cuestión económica de fondo. Se trata
de una inoculación que para ser aplicada de forma particular tiene
un costo que supera los 100 pesos. Y por supuesto volvemos al problema
de la crisis que afecta al país y hasta nos animamos a hacer cálculos
sobre la posible cantidad de personas que pueden llegar a comprarla. Más
cara que el agua mineral, sin dudas, pero es un ejemplo similar.
'Es
costosa y hay que analizar en qué edad habría que aplicarla,
por lo que no es muy fácil colocarla en un calendario, porque también
hay que ver si uno como estado va a poder mantener el costo de aplicar
la vacuna todos los años a todos los chicos', dijo Verzeri al refutar
las palabras de su colega.
Tras
calcular que 'en la Provincia necesitaríamos 500 mil dosis por
año, solamente vacunando con dos dosis a partir del año
de vida del bebé', explicó que 'tampoco pasa por el gasto
en sí, porque tal vez había que destinar el dinero necesario,
pero hay que garantizar que se pueda comprar siempre y que llegue a todos
los chicos'.
Claro
que si uno tiene en cuenta que el Estado compra este tipo de cosas mediante
una licitación pública –que puede ser internacional—
los costos bajarían radicalmente.
Evidentemente
enojado con quienes sostienen posturas similares a la de la funcionaria
provincial, Borocotó consideró que 'acá hay que vacunar
a los pibes: no importa quién lo hace, si los vacuna Fidel Castro
bienvenido sea, si los vacuna Bush también, lo esencial es que
los vacune alguien'.
'En
la Argentina nacen 700 mil argentinitos por año y se supone que
500 mil de ellos padecen la Hepatitis A pero la mayoría no se da
cuenta. De estos esos 500 mil chicos la gran mayoría la pasa bien,
otros ya no y son los que se pasan 40 días en cama, sin moverse,
en reposo absoluto y ahora le hacen hacer el reposo totalmente acostado
y la madre se tiene que quedar al lado y si la madre trabaja no puede
ir a trabajar. En todo ese escándalo, el 1%, la hace fulminante,
pero el 1% de 500 mil son muchos pibes, máxime para estar en lista
de espera para un trasplante', agregó.
En
sus cálculos –fundamentados exhaustivamente en el proyectos
de ley que presentó en 1999 y que aún no fue reglamentado—,
el médico aseguró que 'por cada peso gastado en vacuna de
hepatitis A, se ahorran 5,80 de enfermedad, porque el trasplante es lo
más caro que hay en medicina y toda persona trasplantada recibe
tratamiento de por vida'.
Como
ejemplo, comentó que 'desde que fue trasplantada, la chiquita Daiana
Amorin le ha costado al Hospital Garraham 4 millones 800 mil dólares
hasta la fecha. Cuando se hizo esa operación, con 2 millones 100
mil dólares se hubiese vacunado a todos los chicos de la Capital
Federal y el Conurbano'.
Finalmente,
Borocotó insistió con la importancia de la inoculación
y recordó a 'la chiquita Cecilia Gramajo, que murió pocos
día después de que se hiciera muy famoso el caso de Abril.
Los medios publicaron «Murió por no recibir un hígado»,
pero no fue así; no falleció porque no llegó el órgano,
falleció porque no recibió la vacuna antes'.
Comprar
un litro de agua mineral cuesta en promedio 1,30 pesos; vacunarse contra
la Hepatitis A, más de 100. La salud puede ser realmente cara,
sobre todo si no existe una política sanitaria global desde el
Estado que incluya la protección de todos los ciudadanos. (AIBA) |