| La
Cámara alta aprueba una ley que impide cortar el suministro a los
morosos
El Senado argentino enturbia la relación de Kirchner con las empresas
españolas
Por
Francesc Relea
El Pais (25/10/04, 08.05 horas)
El
intento de recomponer el diálogo entre el Gobierno argentino y
las empresas españolas de servicios públicos ha recibido
un varapalo que tensa de nuevo una relación que lleva casi tres
años en vía muerta. Una de cal y una de arena. Mientras
en Madrid una delegación de alto nivel del ministerio argentino
de Planificación escuchaba esta semana por primera vez las críticas
de las empresas al polémico proyecto de ley de servicios públicos,
en Buenos Aires el Senado aprobaba un proyecto de ley para impedir a las
compañías cortar el suministro a usuarios morosos.
Todo
fue muy rápido y por sorpresa. El jefe del grupo parlamentario
radical, Mario Losada, presentó sin previo aviso un proyecto que
llevaba meses aletargado en la Cámara alta y, sin debate, fue aprobado
por unanimidad. Se trata de un texto escueto, tres artículos, pero
elocuente, que estipula que las concesionarias de servicios públicos
no podrán cortar el servicio por falta de pago sin antes celebrar
una audiencia de conciliación. Actualmente, las empresas pueden
dejar sin luz, gas o teléfono a quienes no pagaron los recibos
de dos periodos consecutivos.
"Nadie
nos había advertido", señala un ejecutivo del sector.
"Normalmente, esas cosas se saben y desde la Secretaría de
Energía suelen avisarnos cuando hay alguna iniciativa en el Congreso
que tenga que ver con los servicios públicos". El asombro
e indignación fueron mayúsculos en las filiales argentinas
de las empresas españolas, que tienen en conjunto más de
20 millones de clientes y una morosidad que alcanza en algunos casos el
10%.
Con
estas cifras, las audiencias de conciliación para escuchar las
razones del impago y buscar una salida satisfactoria para las partes se
contarían por miles, señalan los abogados de las empresas,
que dibujan un escenario de menos inversión y peor servicio en
el caso de aprobarse dicha ley. Para ello, tendría que recibir
la luz verde de la Cámara de Diputados, lo que es poco probable
que suceda a corto plazo, según estiman los analistas.
Servicios
públicos
De lo que no cabe duda es que la iniciativa echa más leña
al fuego, ya que se produce en medio del debate parlamentario del proyecto
de ley de servicios públicos para crear un nuevo marco regulatorio
general. Dicho texto, firmado por el presidente Néstor Kirchner;
el jefe de Gabinete, Alberto Fernández; el ministro de Planificación,
Julio de Vido, y el de Economía, Roberto Lavagna, ha sido recibido
con amplio rechazo por las empresas y con críticas de la Unión
Europea y el Banco Mundial.
En
un gesto conciliador y para escuchar en directo las quejas de los empresarios
españoles, el lunes pasado llegó a Madrid una misión
enviada por Julio De Vido, integrada por José María Caula,
principal asesor del ministro; Carlos Lisandro, de la Unidad de Renegociación
y Análisis de los contratos de servicios públicos, y Efraín
Quevedo Mendoza, principal redactor del proyecto de ley de servicios públicos.
Ante
la avalancha de críticas recibidas, los interlocutores argentinos
se mostraron dispuestos a recibir una carta con las modificaciones a la
ley propuestas por las empresas. Las distintas empresas consensuaron un
documento que fue entregado a los interlocutores argentinos por la Confederación
Española de Organizaciones Empresariales (CEOE). El texto señala
que el proyecto de ley "altera sustancialmente" la regulación
de las prestaciones, "restándole previsibilidad y garantía
de sustentabilidad", y advierte de que desincentiva la inversión,
lo que tendrá consecuencias en la "evolución del servicio
y en general sobre la economía en su conjunto".
En
el listado de quejas de las empresas destaca, según consta en el
documento, el "ostensible desequilibrio entre los derechos que se
confieren a los usuarios y los que se reconocen a las prestadoras",
el incremento de obligaciones para las "concesionarias, social y
judicial", más intervención estatal en la gestión
de las empresas, menos derechos indemnizatorios, la eliminación
de los mecanismos de arbitraje internacional, y el no reconocimiento de
"variación de costos no controlados por el prestador, a través
de ajustes tarifarios".
Una
reunión que trae cola
El
ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, comprobó
personalmente en su primera visita a Buenos Aires de septiembre pasado
el mal estado de las relaciones entre el Gobierno argentino y las empresas
españolas de servicios públicos.
El
ministro y el director de la oficina económica de la Presidencia
de Gobierno, Miguel Sebastián, mantuvieron una reunión con
los máximos dirigentes de dichas empresas con la intención
de tomar el pulso de la situación.
Los
directivos allí presentes dibujaron una Argentina al borde del
desastre, donde las mayores críticas fueron dirigidas al Gobierno
de Néstor Kirchner. Es de sobra conocido el malestar de las empresas
desde que el país suramericano dejó de pagar la deuda, devaluó
el peso y entró en una etapa de incertidumbre para la inversión
extranjera que todavía perdura. No podían sorprender las
quejas de los empresarios por la inseguridad jurídica, el cambio
de las reglas del juego o la falta de un marco regulatorio en el que se
desenvuelven hoy las compañías concesionarias de servicios
públicos.
El
asombro de Moratinos y Sebastián se produjo cuando sus interlocutores
empezaron a disparar artillería pesada contra el presidente argentino
y sus ministros, cuya capacidad intelectual y preparación fueron
puestas en duda. Los asistentes a aquella reunión se despacharon
a gusto a la hora de descalificar a los integrantes del Gobierno, sin
ahorrar ataques personales. Moratinos y Sebastián aguantaron la
furia de los ejecutivos con cara de póquer y se fueron con una
imagen muy negativa de los directivos de las empresas españolas
radicadas en Argentina. "No pudimos causar peor impresión",
reconoce un testigo.
A
su regreso a España, el ministro y el asesor económico de
La Moncloa se reunieron con las empresas españolas, a las que hicieron
patente el estupor que les había causado lo visto y oído
en Buenos Aires. Lo acontecido en aquella reunión ha empezado a
tener consecuencias. Han empezado los cambios en la cúpula de Telefónica
en Argentina y todo indica que los desplazamientos en puestos directivos
seguirán en otras empresas. |