| SALUD:
RELEVAMIENTO EN LOS 33 HOSPITALES PUBLICOS PORTEÑOS
Cada vez más chicos pequeños van al servicio de salud mental
Los
especialistas se alarman porque de las escuelas y jardines públicos
nunca antes derivaban tantos nenes de 3 a 5 años. Advierten problemas
de relación, de conducta y aprendizaje y déficit
Ocho
años: antes era muy raro que consultaran por chicos menores de
esa edad en los servicios de salud mental. Pero ahora las edades bajaron
muchísimo y cada vez recibimos más niños y niñas
de 3, 4 y 5 años, la mayoría con graves problemas de conducta
y de comunicación", dice Alicia Piatti, psicóloga del
Servicio de Salud Mental del Hospital Pena y del Centro de Salud Nº
16, de Barracas. Piatti es miembro de la Red Infanto—juvenil de
Salud Mental de Buenos Aires, que agrupa a los profesionales del área
de 33 hospitales porteños. Y que acaba de hacer un relevamiento
sobre los temas frecuentes de consulta surgidos en su ámbito desde
la crisis social de fines de 2001.
El
estudio se realizó eligiendo un hospital representativo por cada
una de las regiones sanitarias de la ciudad, con el fin de poder captar
diferentes realidades geográficas y sociales. Los elegidos fueron
el Tobar García, Elizalde, Ricardo Gutiérrez, Tornú,
Zubizarreta, Piñero, Alvarez, Alvear y Rocca. Y, sobre una población
de hasta 19 años de edad, los investigadores extrajeron algunas
importantes conclusiones:
Se
consulta por chicos con trastornos psicológicos y psiquiátricos
severos en edades cada vez más tempranas.
Los
casos más frecuentes (ver gráfico) son los trastornos de
relación entre niños y adultos (18.05%), de aprendizaje
(16.7%) y déficit de atención con comportamiento perturbador
(13.8 %).
Los
casos se volvieron cada vez más complejos. La mayoría requiere
más tiempo de tratamiento que años atrás y la intervención
interdisciplinaria de psicopedagogos, psiquiatras, maestros y fonoaudiólogos.
Aumentaron
los casos de bajo desarrollo psicomotriz y de lenguaje por falta de estímulo
(tienen capacidad intelectual adecuada, pero sin desarrollar) o por desnutrición.
Aumentaron
las denuncias por abuso sexual y maltrato.
Aumentaron
las enfermedades psicosomáticas (desarreglos físicos originados
en problemas afectivos), como trastornos del aparato respiratorio, dermatológicos
y hepáticos.
Aumentaron
las situaciones de violencia física y verbal.
"Creemos
que este cuadro responde directamente a cómo la crisis impactó
sobre los padres de estos chicos. Expulsados por la desocupación
del circuito productivo, estos padres tienen serias dificultades para
ejercer correctamente la paternidad", completa Stella Montes, jefa
de Admisión de Consulta del instituto Tobar García, el único
centro de atención psiquiátrica para chicos y jóvenes
de la Capital.
Cuidado,
puesta de límites, protección, transmisión de valores.
Parece que aquellos adultos que enseñaban a remontar barriletes,
a no decir palabrotas, a pedir por favor o a escuchar a los demás
están, según el informe, demasiado perdidos en sus propias
angustias y problemas. O han olvidado su tarea de acompañar y guiar
a los más chiquitos. Una ausencia que aparece de mil maneras diferentes.
"Por ejemplo, parecería haber una batalla entre las escuelas
y los padres. Porque los docentes reciben chicos que no saben permanecer
sentados, prestar atención, seguir una consigna o desarrollar una
tarea. Esa es una falencia que traen directamente de hogares donde muchas
veces falta el papá, la mamá está sola frente al
mundo y casi no les habla a sus hijos", ejemplifica Piatti.
"Por
otro lado, muchos colegios segregan a los chicos problemáticos.
Los estigmatizan, porque no saben cómo manejarlos. Y hasta hacen
algo que es ilegal: los suspenden como forma de presionar a los padres
para que consulten al psicólogo o al psiquiatra", agrega Montes.
A
los problemas de angustia, desasosiego o comunicación, los profesionales
coinciden en que se suman, cada vez más frecuentemente, los signos
del hambre, la desnutrición o el abandono. "Podría
decirse que enfrentamos las mismas dolencias que se estudian en toda facultad
desde hace años, pero a los que la crisis social les ha agregado
este tinte grave", describe Joselina Elgassi, coordinadora de la
Red.
"Hoy
recibimos muchos casos de víctimas de la negligencia, donde los
chicos se accidentan o comen cualquier cosa porque los adultos salieron
a trabajar y no hay nadie en casa. La alimentación insuficiente
o inadecuada sumado a la falta de estimulación, redunda en que
niños con un buen nivel intelectual tengan un escaso rendimiento",
grafica Inés Valeiro, del Servicio de Psicopatología de
Adolescentes del Hospital Zubizarreta.
El
cuadro es complejo. Pero, para las profesionales de la Red, si bien el
tamaño de la crisis es considerable, las consignas de trabajo deben
ser claras, apoyadas en una buena formación académica que
esté en permanente actualización, que incluye trabajar en
grupos interdisciplinarios y teniendo presentes las distintas realidades
que rodean a los más jóvenes: familia, escuela, barrio,
amigos.
"La
mayoría de estos chicos están perdidos en medio del desorden
familiar —concluye Montes—. Así que nuestro trabajo
fundamental tiene que ver con devolverles su lugar de niño: de
ser sujetos cuyos derechos se respetan, de recibir cuidados y ser escuchados,
de jugar y aprender".
Clarin, 23 de septiembre de 2004
Las consultas
Dónde pedir ayuda
El Servicio de Salud Mental de la Ciudad tiene dos líneas de ayuda
que funcionan todos los días de 8 a 20 horas.
Salud
Mental Responde:
4863-8888
SADA
(Servicio de Ayuda en Drogas y Alcohol):
4861-5586
También
puede recurrirse al hospital o centro de salud barrial más cercano.
Pautas para enfrentar un problema
En
la Red de Salud Mental infanto-juvenil del Gobierno de la Ciudad de Buenos
Aires se manejan una serie de pautas básicas para afrontar la problemática
de los chicos.
Recurrir a los docentes y planificar estrategias de trabajo. Impedir que
se los segrege o se les impongan rótulos. Un aspecto crucial es
ayudarlos a reinsertarse.
Tener en cuenta la posible reubicación de los chicos en otros establecimientos
educativos. A veces sucede que no es sólo el chico el problemático,
sino también que la escuela involucrada no logra encontrar la manera
de ayudarlo. O representa exigencias demasiado altas o demasiado bajas
para las realidades y capacidades de determinados chicos y chicas.
Escuchar a los chicos, ayudarlos a jugar, hacerles compañía,
ayudarlos a encontrar palabras y formas de expresión para lo que
les está sucediendo. También, ayudarlos a reflexionar sobre
lo que les pasa.
Trabajar los conflictos que se presentan en talleres, en grupos, junto
a instituciones afines y con la participación de equipos de orientación.
Impedir por todos los medios que los chicos con problemas queden sin escolaridad.
Es ilegal y resulta extremadamente dañino para ellos, ya que contribuye
a un mayor aislamiento.
Muchos padres traen a los chicos para que sea el equipo de Salud Mental
el que ponga los límites. Pero esa es tarea de los padres que,
en todo caso, deben recibir ayuda para poder ejercerla.
Derivar a los padres a los grupos de reflexión para padres de chicos
o de adolescentes, existentes en algunos hospitales y centros. Esto ayuda
a que los chicos se "despeguen" de la conflictividad familiar
y abandonen el lugar de síntoma de la misma. Esto suele producir
cambios importantes en la conducta de los hijos.
Cambalache
Oscar Spinelli
ospinelli@clarin.com
En las escuelas, los docentes advierten: "Esto recién empieza".
Una frase lapidaria que expresa el clima de tensión que viven todos
los días y que suma cada vez más víctimas. Chicos que
llegan a pegar a su maestra y que luego, ante el llamado de la dirección,
el padre esgrime el título de no se sabe qué cargo en tal
o cual parte. "Los adultos no dan el ejemplo", dicen también
los docentes. El origen no es sólo la crisis y el desempleo. Hubo
gente de poder que fue tejiendo una cultura: la de divertirse siendo cruel,
como enseñan varios programas de tevé; la de no esforzarse
porque como todo está mal, el que hace diferencia es el oportunista
o el ladrón; la de funcionarios corruptos que encima se mofaron de
la gente. La sociedad se desacostumbró a los límites. Y chicos
y grandes aprendieron del cambalache. |