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NOTICIA
La canción con que quisimos comenzar el mensaje de este
disco, fue compuesta a fines de 1981 cuando el gobierno
de los Estados Unidos comenzó a realizar amenazadoras
maniobras navales alrededor de Cuba. El pretexto de
entonces era impedir un supuesto apoyo material de
nuestro pueblo a la lucha de liberación de El Salvador,
y en general a la secularmente sufrida Centroamérica. En
el hipotético caso de que nuestra solidaridad hubiese
sido cierta ¿cabría explicar el sentimiento qué la
alentaba? De cualquier forma POR QUIEN MERECE AMOR
intenta eso.
El tema que concluye este trabajo me ha proporcionado,
en este último año, un buen montón de placeres y
sorpresas. Doquiera lo mostré desencadenó un furibundo
afán de hacerme saber dónde se hallaba mi unicornio
perdido. Comenzaron a llegar cartas, cables y mensajes;
aparecieron fotografías, libros, pegatinas, postales y
dibujos de toda variedad de unicornios. Incluso recibí
noticias hasta de dónde sé que jamás iría a pastar no
sólo el mío sino cualquier otro. Es extraño, pero alguna
gente ve cosas donde no las hay, o lo que es peor: no
pueden ver las cosas que ciertamente existen.
A propósito quiero acusar públicamente el recibo de una
noticia sumamente legítima. Todo empezó por un amigo muy
querido que tuve, un salvadoreño llamado Roque Dalton,
quien además de haber sido un magnífico poeta fue un
gran revolucionario, compromiso que le hizo perder la
vida cuando era combatiente clandestino. El caso es que
Roque tuvo varios hijos; entre ellos Roquito —el que
hace tiempo se encuentra prisionero, y del que no se
sabe suerte—, y Juan José, que jovencito y delgado como
es fue guerrillero, herido, capturado y torturado. A
este último fue a quien encontré hace poco y me contó
que allá, en las montañas de El Salvador, andando con la
aguerrida tropa de los humildes, trotaba un caballito
azul con un cuerno.
Quiero agradecer la ternura, el sostén y la esperanza de
todos los que, en los últimos tiempos, han procurado
ayudarme en la búsqueda de lo extraviado. Pero ahora les
anuncio que casi casi estoy tranquilo, y que, si lo
desean, ya pueden parar de enviar noticias. Porque al
fin sé en qué parajes pasta mi unicornio, y porque en
prados semejantes ningún amor está perdido.
La Habana, abril de 1982 |