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Una
ciudad cubana fundada por canarios:
San
Antonio de los Baños |
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Comentarios en
escritos y entrevistas |
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Silvio
Rodríguez Domínguez.
El Trovador
Josáh, la que pinta
(5 de diciembre de 1969)
Sucedió que una vez, hace tiempo,
hubo un militar
y el ejército fue una cadena
de descubrimientos.
No podía perderse un amanecer,
pues la diana era antes que la claridad
y se hizo costumbre del día
salir con el sol.
Supo cosas que sólo se aprenden así,
madrugando y mirando la hierba mojada,
y se hizo costumbre una forma
distinta de ver.
Sucedió que una noche
llegó al universo Josáh,
como una aparición de figuras
en el sentimiento.
Vino de la ciudad donde viven los magos
y llegó con el alma colgada del cinto,
sin saber que soldado en el pecho
no tiene fusil.
Encantó, revolvió, disgregó los aplomos,
puso tiendas gitanas en todos los templos
y era sólo una niña jugando
a persona mayor.
"Josáh, la que pinta, déjate ver"
decía el soldado, decía el viento
y la naturaleza, con lenguaje
que aún se puede oír...
Sucedió que se hizo tristeza
el semblante del tiempo:
cada día era un Nudo Gordiano
sin pies ni cabeza.
Las mañanas dejaron de significar,
en más de una ocasión no se cumplió el deber:
cada pase era un Día de Reyes
en el curso de un mes.
Todo era Josáh, que bailaba a la noche
una orgía pagana estallando en la piel,
todo era Josáh, la que pinta,
bailando el amor.
Pero el mundo da vueltas
y todo regresa a su cauce:
ya no se era soldado, y Josáh
se escondió en su país.
El que fuera soldado volvió a carpintero,
a ingeniero de minas o quizás boxeador,
aunque nunca regresa completo
el soldado a su casa.
Entre días y ruidos se hallan recuerdos,
se revuelven gavetas, se sonríe al ver objetos
como un tiempo que se ha repartido
en papeles y fotos.
"Josáh, la que pinta, déjate ver"
decía el soldado, decía el viento
y la naturaleza, con lenguaje
que aún se puede oír... |