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Una
ciudad cubana fundada por canarios:
San
Antonio de los Baños |
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Comentarios en
escritos y entrevistas |
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http://es.youtube.com/watch?v=u80ocuvZxmY
[Patria Grande]: «Ojalá yo la compuse a una mujer que
fue, podríamos decir, mi primer amor. Fue un amor que
tuve cuando estuve en el ejército, haciendo mi servicio
militar. La conocí cuando tenía 18 años, fue mi primer
amor importante en el sentido de que fue el primer amor
que me enseñó cosas. Era una muchacha mucho más
evolucionada que yo, mucho más inteligente, más culta.
Me enseñó, por ejemplo, a César Vallejo. Después nos
tuvimos que separar, estaba estudiando medicina y en
fin, no le cuadró. No sé por qué estudió medicina, cosa
loca de ella, en realidad siempre fue de letras. Después
estudió letras, se fue a su pueblo Camagüey, a estudiar
eso y yo me quedé solo aquí en la La Habana, totalmente
desolado. Pasaron los años y el recuerdo de aquel amor
tan bonito, tan productivo, tan útil (ojo, no confundir
con utilitario), enriquecedor, de aporte a uno... pues,
estaba obsesionado yo con esa idea. Y porque fue un amor
frustrado, tronchado por las circunstancias, por la
vida, no fue una cosa que se agotara, pues se me quedó
un poco como un fantasma y por eso compuse esta canción
en un momento quizás de delirio, de arrebato, de
sentimiento un poco desmesurado: ojalá esto, ojalá lo
otro...»
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Silvio
Rodríguez Domínguez.
El Trovador
OJALÁ
(Domínguez)
Ojalá que las hojas no te toquen el cuerpo
cuando caigan
para que no las puedas convertir en cristal.
Ojalá que la lluvia deje de ser milagro que baja por tu cuerpo.
Ojalá que la luna pueda salir sin ti.
Ojalá que la tierra no te bese los pasos.
Ojalá se te acabe la mirada constante,
la palabra precisa, la sonrisa perfecta.
Ojalá pase algo que te borre de pronto:
una luz cegadora, un disparo de nieve.
Ojalá por lo menos que me lleve la muerte,
para no verte tanto, para no verte siempre
en todos los segundos, en todas las visiones:
ojalá que no pueda tocarte ni en canciones.
Ojalá que la aurora no dé gritos que caigan en mi espalda.
Ojalá que tu nombre se le olvide a esa voz.
Ojalá las paredes no retengan tu ruido de camino cansado.
Ojalá que el deseo se vaya tras de ti,
a tu viejo gobierno de difuntos y flores. |