La belleza de las palabras emerge de la desarmonía. Al escribir y leer se puede alterar el curso de las cosas. Una línea puede servir para desechar todos los misterios ocultos tras cada sueño. Cada segundo sólo sirve para hacer reducir el tiempo.
El conjunto de imágenes ya no carecen de ilusiones; todo es tan real que se logra alcanzar el éxtasis. Sellemos pues los labios y dejemos que las palabras reinen y que no sea sólo papel que sólo sirve para escribir detrás.
LIMA, PERU