I parte

Nací en Frontil el 19 de junio de 1941  en un cortijo llamado el  Puente Tierra.  en el seno de una familia muy humilde. Las casas de la zona donde nací se encontraban unas lejos de las otras y se les llamaban cortijos. Habíamos pasado una guerra civil y eran tiempos difíciles. , éramos doce en la familia mis padres y diez hijos . Mis hermanos eran por este orden de mayor a menor la mayor de todas Mª Dolores el segundo, Juan, después, Cristóbal, Catalina, Isabel, Ángeles, seguidamente, yo Lourdes, que ocupaba el octavo lugar después Manuel y por último Gloría .

El inicio de mi historia se remonta a la edad de seis años aproximadamente en el año 1947, de aquella época tengo recuerdos entrañables. En invierno nevaba  hacía mucho frío y mi madre se levantada la primera abría la puerta para despertarnos y avisarnos de que estaba todo nevado, salíamos a la calle y se veía un manto de nieve todo era blanco las copas de los árboles colmadas de nieve los alrededores lucían un paisaje que nunca olvidaré , nosotros nos poníamos muy contentos porque no teníamos que ir a trabajar y así jugábamos con la nieve.

 

 

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Mi madre encendía el fuego y empezaba hacer el almuerzo que no era leche con churros ni galletas, eran unas migas o tomates fritos con pimientos, desayunábamos sobre las  ocho de la mañana. Mis hermanos mayores se iban a trabajar a los pinos o a cavar olivos cuando  ya la nieve les permitía trabajar, porque allí no había otra cosa se trabajaba en el campo los más pequeños nos quedábamos  en la casa a cuidar los animales, mi hermano Antonio se cuidaba de las cabras mi hermana Ángeles se cuidaba de los cerdos, los llevábamos  por los alrededores donde había pasto y allí nos encontrábamos con otros niños que conocíamos , ellos  hacían lo que nosotros, cuidar de sus animales .  El invierno era muy triste porque pronto se hacía de noche y además de que hacía tanto frío tampoco apenas teníamos ropa para abrigarnos ¡ éramos tantos!.....En aquellos tiempos no había ni agua ni luz en las casas ni tele ni radio… pero teníamos un padre que nos explicaba unas historias que nos quedábamos embobados escuchando, nos las explicaba alrededor del fuego y siempre tenía alguno de nosotros sentado en sus rodillas, a veces hasta dos porque era el padre más bueno y cariñoso del mundo,  él siempre jugaba con nosotros y tenía una paciencia de "Santo" mi madre siempre tenía algo que hacer o remendaba los pantalones calcetines o sábanas. Cuando cenábamos era un cocido que  cocía en el fuego y eran judías o garbanzos o lentejas era lo que más se comía pues no había otra cosa, cuando estaba cocido  lo ponía  en una fuente grande de donde todos comíamos  y era cuando terminábamos cuando nos sentábamos alrededor del fuego a escuchar las historias de mi padre, que cada día eran distintas y con las cuales algunas veces nos hacía llorar, no necesitábamos ni tele ni radio lo pasábamos todos bien los pequeños y los mayores.
Mi madre cuando  se iban perdiendo las  siluetas y la noche hacía presencia ponía aceite en el candil y encendía la mecha para alumbrar el lugar donde estábamos y decía...cuando se termine el aceite y deje de alumbrar el candil se terminan las historias  ha dormir todo el mundo….cuando ese momento llegaba nos metíamos tres en una cama dos arriba y otro en los pies de la cama, ya que no teníamos mantas ni camas para todos, los chicos dormían arriba en las cámaras, que era como se les llamaba a las habitaciones de la parte de arriba, y las chicas en una habitación de abajo al lado del comedor a veces mi madre tenía que levantarse a darnos unos azotes con la alpargata porque armábamos mucho alboroto.
     

 

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