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ENS-HALLAR Otros-Nómadas

(en la escena de la casa del habla)

Alejandro Vera Ramírez, 2007

 

Nuestra caza a la diferencia de otros, y nuestra casa, a diferencia de otras, no esta constituida por planificaciones previamente diseñadas para evitar las sorpresas, pues transitar por lo mismo, no es lo que nos interesa prioritariamente. En cambio, aquello sostenido en lo mutable, en el peligro del cada vez distinto, se hace sitio constante en nuestros hallazgos: la permanente impermanencia de la impermanente permanencia.

 

Dejarnos a merced de lo igualitario, de la pretensión de asemejarnos por lo homogéneo, es para nosotros caer en la repetición que nos vacía en lo conocido y excluye nuestra propia diferencia. Camino seguro es ese, para el totalitarismo y la castración de lo creativo. Totalitarismo que quiere imponerse en la visión miserable de aceptar en  el sometimiento… someter-miento: el signo de nuestros tiempos, mentir para someter. Hipocresía que llega al extremo de convertirse en guía de acción para someternos a nosotros mismos, mintiéndonos en el deber ser. Esclavitud mortal de lo espontaneo, en la regla y la norma. Moralismo que nos ata al desastre de la cultura dominante, dispuesta a venderse al mejor postor.

 

Por ello, mantenemos que el trabajo al que nos dirigimos esta en otra parte, aunque este aquí. Sorteamos los criterios de éxito o fracaso, porque no es la medición de su impacto lo que nos corresponde. Nos presentamos sin esa finalidad, carentes de evidencias pero acordes con lo que presentamos y hacemos evidente en nuestra propia resistencia. No sometimentirnos más. Sí en la su-misión a lo que la vida vive y da. Observar aquí y ahora, eligiendo distinguirnos orgánicamente de quienes ya carecen de cuerpo y atiende “realidades” que se imponen como deber ser objetivo y mercantil.   Que los guardianes empeñados en el juicio, impidan la acción de sus propios agremiados, en nosotros en cambio, el camino esta abierto y no es indiferente, es distinguido. Distinguimos el camino haciéndose en el caminar, erramos y lo sabemos. Errante es nuestra evidente ignorancia que nos acompaña en el transito por las tierras de la sorpresa.

 

Vigilar el comportamiento ajeno, y el propio como si fuese ajeno, es desde nuestra perspectiva, VAMPIRISMO MORAL. Alimentar esas criaturas, permitirles morder la yugular por creer en el orgasmo de su inmortalidad, es regalar nuestra existencia para perdurar como muertos vivientes. Que ese festín de los encierros no  puede verse en el espejo, es motivo para que algunos errantes jueguen a mostrarse como si fuesen vampiros, pues lo que más asusta a los Vampiros morales, es la posibilidad de verse en el espejo. No confundamos el teatro viviente de apreciar la noche y todos sus seres incluyendo los murciélagos, con el afán impositivo de vigilar a los otros para censurarlos. Evidente es que cada uno es lo que es. Ser metamorfosis de la noche, la luna, el lobo,  la lechuza y otros hermanos vivientes exiliados por la razón y el orden, es una forma de elegir también el pacto sagrado del respeto mutuo. Sentir lo que hacemos como un desafío constante y no caer en las rutinas y quedar fijados en identidades estables, es lo que se juega en esta caza, en el movimiento de la pluralidad existencial a que nos avocamos (existencia… irrevocable estar fuera de sí,  casa de la transitoriedad del cambio que somos).

 

Elegir nuestra caza  (y nuestra casa), es un privilegio que nos exige disciplina y rigor para localizar nuestras cadenas y poder prescindir de ellas.  Reconocer que somos ambivalentes, paradójicos, múltiples en el camino que va a casa y caza… al refugio reconfortante del hogar y a la vida aventurera del peligro y la angustia. Nómadas recolectores y guerreros / sedentarios agricultores y artesanos. Ciudadanos estables –migrantes transubjetivos de lo efímero.  Apertura y refugio y tantas otras posibilidades que actualizamos con la constancia de responder a nuestra libertad, con vocación de paso.  Artesanemos lo próximo con lo distante, lo arcaico con lo posible, la casa con la caza, la identidad con la diferencia, la mutación con lo perdurable, lo propio con lo ajeno…. Elegir nuestra caza y nuestra casa, relacionemos lo que fue fragmentado sin quedarnos en el Uno.

 

Cuido de mí en tí, cuido de tí en mí.  Flujo de relación, devenir de la nube y el misterio. La elección es un acto inédito del cuerpo. Elegimos con todo el cuerpo, con nuestra voluntad de azar, de lúdica inevitabilidad de lo espontaneo, así somos en una posesión que no es dueña de nada, que sabe de la cascara vacía de la propiedad. Y me dejo poseer sólo por una voluntad que impone la autenticidad de que soy un devenir de identificaciones, un quiasmo integral de la experiencia de ser y estar viviendo en camino. Por ello también, reconocemos que dejar marcas a nuestro paso, para ser pre-visibles e identificables, sólo facilita quedar fijados en el carácter de las equivalencias cosificantes. Mutamos nuestro propio nombre cíclicamente, con la libertad de plurisignificarnos y por ello equivocarnos, es decir, hacernos esquivos… esquivocarnos, vocación de seguir caminos que se transfiguren en el devenir.

 

 
 

Collage "Muñeca Khalo", VERA 2007

 
 

 

¿Cómo construir el escenario posible de nuestros desplazamientos en el terreno movedizo que hemos elegido?

 

Sin duda el filo por donde circulamos no es  solamente inocente. Estamos en el peligro de manera constante y tener esto presente nos conduce a comportamientos singulares, a reconocer y acechar una ubicuidad restringida, y ello por el hecho evidente y simple de que lo que nos ocupa, no lo hace un sujeto cualquiera. Es una tarea rizomáticamente colectiva. Red de redes que se dispersan como diáspora,  a las trascendencias  plurales de los multiversos. Así nuestra casa en la diferencia con otras, es orgánicamente cada vez, una nueva caza. Se recorren pasillos que atraviesan habitaciones dibujadas semejantes y plantadas en lugares distintos, de forma tal que perdemos la noción certera  de estar en un sitio ya conocido, o en otro por completo ajeno a nuestros desplazamientos.

 

La casa de sí, se mueve. La caza de sí, nos mueve. La caza siendo casa, es errante y sin embargo nos cobija en su reunión. Ens-hallar otros, en sus espacios abiertos al encuentro, es encontrarnos, y por ello encontrarnos también a nosotros mismos. Cuidado no-ordinario requerimos para dejar ser esta caza un laberinto renovado, lo que nos permite despojarnos de la sensación de que la casa nos pertenece y nos define, pues en realidad nos co-habitamos. En la co-habitación de ser nuestra casa y caza, nos mostramos presentes en la escena que ocurre aquí y ahora. Construir una escena apropiada a estas andanzas nómadas por el ex-tasis de la co-creación es una inspiración de muchos, por ello es una coinspiración que rebela y re-vela los intentos plurales de existir aun en medio de la inercia de una razón instrumentalizada que globalizada se propone someter bajo su dominio los espacios de lo cotidiano. Desde aquí somos rebeldes y coinspiramos contracorriente, aun y cuando nos mostremos claroscuros en contraste con la claridad transparente de las evidencias y cuentas supuestamente claras del sistema-mundo actual, que todo lo tiene bajo pruebas.  

 

Contarnos para nosotros, esta en la dimensión poética de la escritura y no restringidos a la cifra que la modernidad ha enarbolado. Contarnos cuentos entonces, no implica que para agruparnos requiramos una historia común que brinde derechos de antigüedad como jerarquía por cronología. La temporización de nuestro intento es existencialmente otra. Antropocentrismo y patriarcado como centros hegemónicos del valor con que pensamos lo humano nos revela ahora que revelarnos a ellos es un paso de ni más, ni menos… sólo lo que estamos siendo. Ni mejores, ni peores… paradoja del cambio que nos incumbe para no esperar nada fuera de lo que se da. Hay por esto, una exuberancia y gratuidad en reconocer nuestra falta de eternidad elegida. La recepción de lo que se otorga así, consideramos que nos exige corresponder con una actitud distinta al común desdén con que las mentalidades empresariales responden a lo gratuito (generalmente queriéndolo cobrar a su provecho). Corresponder es un reto cercano a la muerte, porque la finitud es uno de los hilos que nos sostiene. No tenemos tiempo  para dejar de hacer lo que nos corresponde en esta aventura de volcarnos integralmente nómadas en una corporalidad-emoción-pensamiento-conciencia que nos transforma de continuo.

 

Observamos atentos los restos de codicia y vanidad que nos estancan (o sus símiles). Queremos que nuestros actos acaben en sí mismos, a pesar y a condición, de una ignorancia activa. Solo lo que mostremos, lo que se presente en nuestras presentaciones será indicio del instante. Las condiciones que posibilitan la escena siguen el rumbo de caminos recorridos al andar y lo cotidiano de los encuentros incluyen un dejar hablar al habla que nos habla en la reunión. Juego entonces, si jugamos a suspender las certezas para instalarnos en donde nosotros y los otros, estén siendo a partir de la intemperie, para poder ser llevados alegremente, de un lugar a otro.  Cruzaremos los oídos, la lengua, los ojos, el tacto y más sentidos… para estar aquí sin prejuicios. Para que no importe quién este en el escenario de estas redes visibles e invisibles de las formas del extravío. Por ello, en esta labor que hacemos desde  TRANSFIGURARTE, si se habla en esta casa (del habla nómada) , no esperen a ningún dueño, pues podríamos perdernos de mirar lo que acontece en su crudeza (originalidad). Para desaprender ocupamos desprendernos constantemente de nosotros mismos y deslizarnos en esta aventura. Una suerte de voluntad de suerte nos convoca. Tomaremos la dirección sin directores, ni dictadores. 

 

Lo que nos importa es presenciar lo que se dice y si desgarrados por la palabra instalada en la emoción del bienestar colectivo, nos conmovemos a emprender el viaje, daremos cuenta  de los espejos en que los totalitarismos construyen sus figuras, su status quo inercial y vacío de respeto mutuo. Pulsamos corporalidades encendidas en la travesía, ríos de emoción que compartimos juntos. Palabras-acción que nos presentan como somos –temporales mortales- compartiendo.  Cuando lees, escribes el sentido. Y por eso cada escena es única y no se perpetúa a costa de alienar y exiliar otras escenas. Basta que sea una vez y que la primera sea la última. Cuando queremos doblar la escena (y doblamos por ello el escenario), eligiendo un algo “real” que se quiso decir o hacer, y ese “real” es independiente del que observa, se ejecuta una vocación de crítico comentarista de espectáculos. En nuestra caza, la casa es la escena y sus trasmigraciones no llevan a una realidad, a un universo “legalmente verdadero”. La casa se mueve con quien la habita, la casa es de quien la habita… la caza cohabita con el misterio de reconocer que no vamos a ninguna parte, porque ya partimos en el mismo instante en que llegamos: estamos actuando.

 

Ejercitamos en el nomadismo de ensayar otros, un olvido activo como entrenamiento de un actuar inhabitual que nos permite la eficacia de la alerta y lo (s)urgente, como aquello que emerge y se desprende con la transmutación constante de lo que hacemos juntos.  Con este olvido nos movemos al respeto suficiente de la acción nuestra y del otro, a la elección de creernos mutuamente. Confiamos en nosotros, aunque inútilmente nos percatemos de que no hay ganancia cifrada en el mercado. Nos desinteresamos (no cobramos intereses) y nos movemos mejor en la importancia de cada acción, pues ni siquiera podemos afirmar que determinemos su destino.  Por ello no somos compañía segura, pero nos acompañamos en la aventura y nos movemos sin necesidad de saber siquiera que lo hacemos con pretensión de darnos fuerza por el aglomerado de cifras. Basta uno para que estemos todos los que navegamos por el intersticio de las redes emocionales que nos permiten sentirnos acompañados en el respeto muto. Gratuidad social de nuestro intento que no pretende hacer ni masa ni público cautivo. Sólo nos presentamos el presente que somos. Así me presento, así te presento, así nos presentamos.  Gratificados y gratuitos. Gratuidad que no es sin costo. Gratuidad que es correspondencia. Gratuidad que cuesta el compromiso mutuo de gratificarnos en el bienestar. Las formas relativas de darnos unos a otros lo que somos y tenemos en nuestra presentación. Un juego de compartirnos, colaborar y coinspirarnos rebe(ve)landonos.

Guadalajara, Jalisco. Febrero del 2007.

 

 

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