đHwww.oocities.org/es/triada_revista/comentarios/comentarios02.htmwww.oocities.org/es/triada_revista/comentarios/comentarios02.htm.delayedx°~ŐJ˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙˙Č@§†ŽTOKtext/html`:Â)°ŽT˙˙˙˙b‰.HTue, 10 Dec 2002 01:48:16 GMTÜMozilla/4.5 (compatible; HTTrack 3.0x; Windows 98)en, *Ż~ŐJŽT Revista Triada - Comentarios

Pablo de Rokha

Cuando la consecuencia se esculpe en la lápida

Por Luis Manuel Aguirre Espańa

Licenciado en Comunicación Social

Periodista.

Introducirse en cualquier obra de “Pablo de Rokha” es una empresa que para muchos puede resultar un fastidio boscoso, ello principalmente  por la naturaleza oscura y siniestrada de una prosa labrada por un existencialismo cristiano agonizante de escenas pintorescamente pintorescas.

Sus letras son el claro reflejo de una vida machacada por un vendaval de talentos y por una sociedad que no logró compenetrarse en ese universo absolutista y totalizante de sus ráfagas de ideas, donde se entremezclaban su amor por los patrimonios culinarios, su crítica ácida, su ambientación de cuadros sociales, su ideología y su rencor ante la sociedad del aquel entonces, o sea un cóctel demasiado amargo para cualquier persona, incluso para sus propios personajes.

En este contexto nos adentramos en esta prosa bizarra y ponzońosa, pero también en sus relatos de lo cotidiano, de la simpleza, de recoger la belleza de las cosas comunes y diarias. En Gemidos vemos como sus propias líneas surgen sobre su propia creatividad para de forma mayéutica, dar a luz profecías de un destino fatal.

Estrofas como la presente lo figuran:

“Ayer me creía muerto ; hoy no afirmo nada, nada, absolutamente nada, y, con el plumero cosmopolita de la angustia, sacudo las telarańas a mi esqueleto sonriéndome en gris de las calaveras, las paradojas, las apariencias y los pensamientos ; cual una culebra de fuego la verdad, la verdad le muerde las costillas al lúgubre Pablo”.

Con una fonética sacra sus palabras se urden al son de una cabalgata imperiosa y desesperada donde la vida y la muerte han perdido los límites para fraguarse en una conciencia desarraigada de esperanzas.

Su don autoprofético lo lleva a figurar su existencia en un canto providencial en que la oscuridad de sus palabras lo asientan en un discurso a la vida, la naturaleza y la honestidad del hombre. Así emerge el Epitafio: en la tumba de Juan, el Carpintero. Poema que habla de una vida de consecuencias medulares  e irrevocables firmadas por la sangre de un revolucionario hasta la muerte.

En “La ciudad” cual pescador recoge con su red las figuras cotidianas de la urbe y las inmortaliza, entre ellas recogemos El paco, La Iglesia, El Pije, Los mitin, etc.

En sus treinta y cuatro poemas encontramos la variedad de un feria dominical, podemos recoger desde causéos múltiples al pensamiento de Kant.

Dentro de este marco su “Salmo al Estiércol” devela la figura del poeta oscura, gris, desagradable, pero que sin embargo en el anonimato de la sociedad lleva los frutos de la belleza profunda, tal como el escritor que da luz y vida las palabras moldándolas en un cántico que va por sobre los sentidos primarios para albergar la espiritualidad o la esencia del ser.

Crítico de su naturaleza, a través de sus duras afrentas desmalizó una prosa descarnada y dura que no perdonó a su propio creador. En esta gran obra lo vemos a ratos perdido en su conciencia tratando de salir, dando respuestas a las no  preguntas.  Lo mejor de la obra, sin embargo queda del legado de un corazón demasiado sensible para albergar el dolor que trae la razón y la verdad.

Por ello nos quedamos con una de sus prosas bastardas de su sensibilidad oculta : “Yo tengo la palabra agusanada y el corazón lleno de cipreses metafísicos, ciudades polillas, lamentos y ruidos enormes ; la personalidad colmada de eclipses aúlla. (Mujer : sacúdeme las hojas marchitas)”