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Los burros se aburren
Por: Alvaro Daniel Hamamé Villablanca
Licenciado en Comunicación Social
Periodista
No se preocupen en esta columna no vamos a hablar ni a tratar ningún tema relacionado con corrupción política, coimas, avisos de paros nacionales por legítimas demandas, sacerdotes cariñosos pero profundamente arrepentidos, guerras contra el terrorismo o de noticias sometidas a las leyes del mercado donde cualquier tragedia es sólo mercancía informativa que debe obedecer las reglas de consumo.
No nada de eso, vamos a conocer un poco el silencioso y somnoliento motor que mueve nuestras vidas cada día, lo que nos embarca en grandes proyectos, viajes, mentiras decorativas, llamadas telefónicas inesperadas, paseos, borracheras, horas muertas frente a la televisión o frente a un espejo.
Así es, vamos a hablar del aburrimiento.
Pero ¿qué es
el aburrimiento? ¿Es sólo un estado de ánimo predispuesto ante la rutina?
¿Es no saber que hacer con el
tiempo libre?. La etimología de la palabra aburrir tiene como origen
“abhorrere”, que en latín significa “tener horror”, pero tener horror
¿de qué?. De encontrarnos frente a frente con nosotros mismos quizás.
Por lo general, para combatir esta sensación de malestar buscamos agentes externos que nos distraigan: amigos igual de aburridos, el control remoto de la TV, paseos en auto, el computador, nicknames, chats de amor, eróticos, buscando pareja, miradas esporádicas al celular por si alguien llamó mientras cambiabas de canal o ibas al baño, en fin, puertas de aparente escape, pero el aburrimiento sigue ahí esperando, esperando que el día o la noche finalmente te aplasten.
Hablo con la gente, estudiantes, profesionales, dueñas de casa, hombres solteros, casados, periodistas, ingenieros, abogados, jardineros y todos tienen algo en común, algo que no parece funcionar, un vacío, una ausencia, algo falta. Estoy aburrido de levantarme para ir al trabajo todos los días a la misma hora y por el mismo camino, aburrido de buscar trabajo, de estudiar cosas que no tienen nada que ver con mi carrera, de cocinar, lavar, de no tener plata, me aburro si estoy solo, etc, etc. No se dan cuenta acaso que fue ese mismo tedio el que despertó su entusiasmo para hacer las cosas, lo que los llevó a aprender, a crear, a buscar desafíos.
Prefiero pensar
que Colón descubrió América porque estaba aburrido de España y su aristocracia
trasnochada, que Picasso creo el cubismo porque le aburría el expresionismo
y a Huidobro lo veo bostezando y lanzando suspiros de acróbata antes de
saltar en paracaídas sobre los horizontes cuadrados del creacionismo.
Es cierto que en la actualidad existe un contexto que fomenta la pasividad y el consumo, con poca valoración de las habilidades corporales y artesanales implícitas en cada persona, pero nuestra ventaja es exactamente esa, depende de nosotros el cambio. Si las distintas demandas sociales silencian nuestra capacidad de crear, de imaginar y jugar, no tenemos porque sobreadaptarnos a ellas, ya es el tiempo de volver a construir subjetividades incendiarias, basta de distracciones insustanciales, es hora de apagar el televisor del conformismo, hemos cooperado mansamente bastante tiempo. Como dice mi mamá solo los burros se aburren.
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