Un nuevo golpe para los gaditanos se manifiesta en la crisis de Altadis-tabacalera, institución donde las haya como buque insigne de la industria de la capital tras el cierre de los ya casi olvidados astilleros. Varias generaciones de mujeres trabajadoras verán a partir de hoy el ocho de Marzo con otros ojos, los ojos del ciego por felonía un deceso más que viene a sumarse a los que han convertido a la antaño cuna de la libertad en la capital del paro, con el autobús más caro. Un paro no sólo feroz, no sólo mortal (pues, señores míos, Cádiz se muere) sino también anticonstitucional; pues hoy que se cumplen 25 años de la Constitución urdida en despachos, hoy más que nunca, hay que recordar en la mente y en la calle que el papel mojado garantiza un empleo digno para todos los ciudadanos, al igual que una vivienda, al igual que tantas otras cosas que no se cumplen, porque el empuje de la globalización y el bolsillo de unos cuantos politicastros y empresarios no lo permiten. Tampoco, y a ojos vista está, es cierto aquello de España como Estado aconfesional; sino, qué sentido tienen los fastos a la visita del Papa el pasado año o el sobreexagerado seguimiento informativo de los últimos días del todavía hoy Vicario de Cristo, en contraposición con el desplante a dos bandas de PPsoe al Dalai Lama ocurrido hace tan sólo unas semanas. La Constitución sólo sirve, según parece, para lo que interesa, por ejemplo, para cubrir con un manto de ridiculez un sentimiento que los ultrapatriotas ensuciaron, y de ahí nace ese irrisorio "patriotismo constitucional", o para sacársela de la manga cada vez que alguien cuestiona el status quo: no respetamos el texto, pero nos oponemos a que se discuta su redacción, su estilo sagrado unidad de los españoles; ¿Pero alguien se ha leído el Plan Ibarretxe? Los políticos españoles, alejados como siempre, emplean el eslogan del despotismo ilustrado como nunca: "todo por el pueblo, pero sin el pueblo", y así, la LOU, la Ley de Calidad, el Trasvase del Ebro, la Guerra esa guerra emprendida por el "Dios salve América" y apoyada por este país "aconfesional" contra el único Estado árabe laico, acusándolo, cómo no, de relaciones con el integrismo radical islámico y con Bin Ladin y sus fantasmas de al-Qaeda, que por cierto se la tenían jurada a Sadam; como el propio saudita, antiguo colaborador de los Estados Unidos. Ahora la ONU da el visto bueno a la ocupación y aquí no ha pasado nada; nadie se acuerda ya en España de la marea de protestas, y la ciudadanía, pasiva, observa indolente cómo se detiene a musulmanes con pocas pruebas más que sus creencias religiosas y la posesión de polvos de detergente. Es una caza de brujas en toda regla, como la que protagoniza el Juez Garzón, un nuevo paladín de la democracia, persiguiendo a torturadores y asesinos fascistas de todo el mundo, olvidando eso sí, los que tenemos en casa, bien protegidos por las leyes de derecho a la intimidad del PSOE. A nadie le daba pena la figura postrada de Pinochet, y mientras, Serrano Suñer, convidado del Führer y cuñadísimo, vivía sus últimos días sin más preocupaciones que la ola de calor que tanto bombo tuvo en la Televisión, pero que a quienes afectaba realmente era a esos peones sin contrato de todos los oficios y a todos esos parados estructurales, cuya última preocupación es si cambian o no una Constitución que de poco va a servir para que no cierren Tabacalera.