Escuelas de San Francisco: una esperanza rota

Toni Iragi Romero, de la Asociación de Vecinos del Casco Viejo

Diario de Noticias, 10 de noviembre de 2003

Los ecologistas utilizan indicadores ambientales, es decir aquellos fenómenos que nos ayudan a comprobar la salud o la degradación de nuestro ambiente. Para la ciudad puede considerarse al niño/a como un indicador ambiental: si en la ciudad se encuentran niños/as que juegan, que pasean por sí solos, significa que la ciudad está sana, si en la ciudad no se encuentran niños/as significa que la ciudad está enferma.

En el Casco Viejo de la ciudad hacía tiempo que no veíamos a tantos niños/as disfrutar de las plazas, sobre todo de la plaza de San Francisco. Si paseamos por ahí nos encontraremos con columpios abarrotados, cuadrillas de padres y madres de tertulia con sus silletas, partidos de fútbol de los de antaño (ni porterías, ni entrenador, ni árbitro)... todo esto, y como no podía ser de otra forma, a las puertas de la escuela pública del barrio, las escuelas de San Francisco.

Escuelas que, a punto de morir, resucitaron con fuerza, ofertando a las familias una educación pública de calidad, y regalando a todo el barrio una esperanza de curar a esta ciudad enferma. Una esperanza de verdadera revitalización del Casco Antiguo. Las escuelas han sido una de las piezas claves en ese proceso de mejora de la calidad de vida de esta comunidad; parejas que no abandonan el barrio al tener hijos/as, gente joven que viene a vivir al Casco Viejo; un espacio excelente para educar en la interculturalidad; recuperación de calles y plazas para el disfrute vecinal, niños jugando en las plazas... es decir, un barrio un poco más sano. Año tras año, la matrícula ha ido creciendo sin parar, manteniendo la esperanza de que cada vez viniera más gente a vivir al barrio.

Hoy esa esperanza se torna en decepción. Esas grandes escuelas con infinidad de posibilidades se quieren destruir. Los niños/as pasarán a unas escuelas mucho más pequeñas, donde no todos tendrán sitio. ¿Qué pasará con los niños/as que se queden fuera? Volveremos a asistir al peregrinar de familias hacia otros barrios. Por muy bonito que lo quieran pintar el proyecto de Teresianas ha roto con una de las mayores ilusiones en el proceso de revitalización del Casco Viejo. Teresianas no sólo no garantiza que todos los niños del barrio tengan plaza, sino que no aporta absolutamente nada para que nuevas pareja elijan este barrio para vivir. Una esperanza rota y un barrio cada vez más enfermo.

Esta ciudad que en 1993 se proclamó defensora de los niños/as (en la persona de su alcalde), hoy olvida sus buenas intenciones y condena a la infancia a tiempos de estrecheces.

Vecinos/as del Casco Viejo y de toda la ciudad, por favor, no creáis que éste es un problema particular, un problema de los padres y madres de los niños de las escuelas de San Francisco. Estamos ante un problema colectivo, un problema de todos/as. Porque si las escuelas son más pequeñas, encontramos cada vez menos niños/as en nuestras calles. Y esto significa que el Casco Viejo ha vuelto a enfermar y no podemos permitir que se nos muera.

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