Sr. Laguna: Nosotros se lo explicamos.
Sr. Don Jesús Laguna, Consejero de Educación:
En la entrevista que Diario de Noticias le hizo el domingo pasado se le planteaban, entre otros temas, el de sus intenciones de trasladar el colegio San Francisco al antiguo colegio de Teresianas. A tono con el resto de sus respuestas y también con la lógica política, usted manifestaba su satisfacción por la actitud de su departamento y concluía que si alguien está en contra del proyecto debería explicarlo. Desde la APYMA de San Francisco atendemos su sugerencia y se lo explicamos... una vez más.
Empecemos recordando la situación actual. San Francisco es un colegio público que atiende a la población escolar de infantil y primaria del Casco Viejo y parte de los ensanches de Pamplona. En él se imparten los modelos A y D. Hasta hace unos años era un colegio con un futuro preocupante. Dedicado sólo a la enseñanza en castellano, su numero de alumnos era cada vez más reducido. Durante años se pidió insistentemente que se abriera al modelo D, pero el Departamento de Educación, entonces con otro consejero pero con el mismo director general que ahora, lo rechazó una y otra vez. En septiembre de 1995 UPN tuvo que ceder el gobierno de Navarra al tripartito. A consecuencia del cambio el nuevo consejero, Sr. Burillo, y su Director General, Sr. Urtasun, en una de sus muy primeras actuaciones, resolvieron este problema de la forma lógica: atendiendo la administración las necesidades de los administrados y autorizando la apertura de la línea de enseñanza en vascuence.
Por aquello que este mismo periódico calificó acertadamente de "un desastre llamado Otano", el tripartito duró poco y para el septiembre siguiente se había vuelto al equipo de gobierno anterior, pero San Francisco, con la línea D ya autorizada, empezó a recuperar lo que es fundamental para todo colegio: alumnos. Y así, ese colegio que parecía abocado a una muerte que podría presentar como "natural" demostró que, adaptándose a los tiempos, era idóneo para dar respuesta a las necesidades escolares de infantil y primaria en este barrio.
Poco a poco, apoyándose en su línea D, San Francisco fue creciendo aunque encontrándose con dificultades en el camino: cada año había que discutir con el Departamento sobre el número de aulas de infantil. Se nos asignaba un único grupo y si el número de inscritos superaba el máximo legal (25 alumnos, hasta 27 por un acuerdo transitorio), la respuesta era que algunos sobraban e intentaban repartirlos por otros colegios de la ciudad. Es de justicia reconocer que este grave problema anual sólo se vio resuelto cuando usted llegó a la consejería y, en una reunión con el consejo escolar del centro, se comprometió a admitir a todos los que se inscribieran y que si se llegaba a 28 el segundo grupo estaba concedido de antemano. Lo dijo y lo cumplió y nosotros lo reconocemos y se lo agradecemos.
Pero resuelto el problema tradicional se nos planteó un problema un tanto de rebote. Nos referimos al intento de trasladar el colegio a lo que hace años fue el colegio de Teresianas. Decimos que se planteó de rebote porque no se trata de una decisión tomada en el área educativa, sino la consecuencia de una decisión del Gobierno referida a otro asunto: la Biblioteca General de Navarra se iba a construir en un solar que no es solar, sino ubicación actual del colegio San Francisco y, claro está, nuestros hijos e hijas tenían que irse a otra parte. Desconocemos cuáles fueron los estudios previos que los técnicos de su departamento realizaron antes de dar por buena esta posibilidad de traslado, pero mucho nos tememos que ninguno. Mucho nos tememos que todo se limitara a pensar que si con las monjas hace años cupieron no sabemos cuántas alumnas cómo no iban a caber los alumnos que hay ahora en San Francisco.
Este razonamiento, que desde luego no es técnico, incurre en dos errores graves. Por un lado, Teresianas fue un colegio pero hoy ya no lo es porque si bien ahí antes cabían un montón de alumnas el colegio se cerró porque, lo han dicho las monjas públicamente, resultaba imposible adecuar el edificio a las exigencias de la educación infantil y primaria de hoy en día. Por otro lado, el problema no es acoger a los alumnos que hay hoy en San Francisco, sino a los que habrá en el futuro, en un futuro bastante inmediato. Todavía no se ha completado la primera línea de modelo D porque quienes entraron en primero de infantil en el curso 95/96 no llegarán a sexto de primaria hasta septiembre de 2003. Y tres años después será la segunda línea en euskera la que se complete. Mientras tanto, la línea en castellano está aumentando en su número de alumnos gracias sobre todo a las familias de inmigrantes que están enriqueciendo el barrio. Que los alumnos de hoy caben en Teresianas está claro, pero el asunto es asegurar que también quepan todos los que mañana necesiten San Francisco.
Y este es el problema de Teresianas. Sí se mantiene el proyecto de traslado, como hay que prever un centro de tres líneas completas, que es a lo que se ha comprometido el gobierno porque es lo que se necesita, los alumnos caber cabrían, pero de qué manera, absolutamente comprimidos, con unas limitaciones de espacio que impedirían irremediablemente lograr la condiciones normales que hoy se dan en todos lo colegios públicos de Pamplona incluyendo, y esto hay que remarcarlo, el actual San Francisco.
Si las familias estamos contentas con San Francisco no es porque el edificio nos guste más o menos, sino porque vemos que el servicio que se nos da en él es un servicio de calidad. Más allá de las condiciones físicas del edificio, los profesores y profesoras hacen con su trabajo diario que nuestras hijas e hijos vayan a gusto al colegio. Pero el entorno físico también ayuda. Entramos en una de las aulas de infantil y vemos ahí varios espacios: en un lado el rincón de cuentos, en otro el de juegos, más allí el de construcciones, aquí la mesa de la profesora, en medio las mesas de trabajo de los niños, al fondo las casitas que los padres y madres hemos construido por indicación de las profesoras, en el otro extremo un ordenador con su impresora donde los chavales se inician en la preescritura. ¿Cabría todo esto en las aulas proyectadas en Teresianas? La respuesta es no. En educación primaria las aulas permiten colocar a los chicos y chicas no sólo en la tradicional postura de filas, sino en rectángulo alrededor del profesor y queda sitio para la biblioteca de aula y para moverse. ¿Podría hacerse lo mismo en Teresianas? La respuesta vuelve a ser no.
Y saliéndonos de las aulas vemos que en lugar de estar como mucho en una segunda planta habría que subir hasta la cuarta, y que las escaleras son menos, y que las salidas en caso de emergencia son menos seguras, y que los pasillos son más estrechos y más oscuros, y que el comedor es mucho más pequeño, totalmente insuficiente, y que el gimnasio es más bajo, más pequeño y tiene columnas en medio, y que en caso de lluvia los niños deberán jugar en una galería elevada y, por tanto peligrosa y que ocasionaría molestias a quienes estuvieran entonces en clase, y...
Si se mejora en algo esto es, desde luego, en vegetación. El patio de San Francisco es lo menos presentable del colegio y el de Teresianas tiene una buena colección de árboles. Incluso también es más grande, pero es más irregular y, por ello, la pista de fütbito que se puede conseguir respetando el ancho reglamentario es bastante más corta que la que cabe en San Francisco. Resulta que lo de la pista de fütbito no es un capricho, sino un requisito legal para los colegios y en esto el traslado no sólo no resuelve la insuficiencia de San Francisco, sino que la agrava.
Como verá, Sr. Consejero, tenemos argumentos para explicar el rechazo de la APYMA San Francisco a la idea del Gobierno de llevarnos a Teresianas. Se trata de un cambio a peor sin ninguna razón que lo justifique. La biblioteca puede estar en otro sitio. Lo malo del caso es que de todos estos argumentos ustedes ya tienen noticia pero aun así persisten en su idea. Dice en la entrevista que todos los informes que tienen son positivos, pero no dice que los informes que ustedes manejan coinciden en una cosa: todos han sido elaborados por la misma parte. O bien los han escrito cargos de su departamento o del ayuntamiento o bien son de los arquitectos del proyecto que ahora son, además de padres del proyecto, contratados suyos. En alguno de ellos hasta se llega a representar una sala del prometido Teresianas que el sol ilumina entrando por el norte.
El único informe que se presuponía independiente es el del Consejo de Navarra y resulta que este informe tiene dos errores ya en el título donde habla del traslado del "actual Colegio Público de Educación Infantil San Francisco". Como usted sabe, ni se trata de que quepa lo "actual" ni se trata de un colegio de sólo "educación infantil". El informe concluye que el proyecto se ajusta a la normativa pero no deja de ser curioso, terriblemente curioso, que los dos errores en el título lleven el problema real a una situación diferente que coincide exactamente con la única en la que se permiten excepciones en puntos como los de la pista de futbito. Si fuera así la situación entonces el proyecto sí que se adecuaría a la normativa, pero no es así.
Al iniciar su respuesta a las preguntas sobre Teresianas usted hace una sorprendente disquisición sobre el "estado democrático" donde, dice usted, "se puede romper todo por donde se quiera". Hemos de reconocer que no llegamos a entender qué quiere decir con ello, pero nosotros y nosotras no hemos roto nada. Al paso que va ustedes sí que van a romper físicamente un edificio que, a punto de cumplir cien años, está en condiciones de seguir respondiendo a la función para la que se construyó. Con ello también romperían las posibilidades de evolución de un colegio que es imprescindible para el barrio. Nosotros, al denunciar públicamente los defectos de los que adolece su proyecto no rompemos nada. Sólo actuamos como ciudadanos y ciudadanas de ese estado democrático que observamos con estupor cómo la administración está actuando poniendo los intereses de un partido político por encima del cumplimiento a la ley y el servicio a los administrados. Que el Gobierno quiera acometer el proyecto de edificar la nueva Biblioteca General es legítimo, pero no lo es que para conseguirlo no le importe rebajar las condiciones materiales de la escuela pública ni que pretenda no cumplir con las exigencias de la normativa vigente.
Ustedes no calcularon bien, se equivocaron al plantear este problema y ahora, en lugar de reconocer el error y arreglar la situación, se empecinan en el mismo. La APYMA San Francisco lleva un año dando explicaciones. Las suyas todavía estamos por escucharlas.
Agradeciendo su atención,
Pamplona-Iruñea, 3 de septiembre de 2001