1 de noviembre de 2002: En San Giuliano, Italia, la parte nueva de una escuela se derrumba a causa de un terremoto. Es el único edificio que cae en el pueblo. Al parecer, en el momento de ampliar ese colegio no se tomaron en cuenta los consejos de protección antisísmica. 26 niños y su maestra perecieron sepultados. Los periódicos de Pamplona nos publicaron la siguiente "carta al director":

La tragedia de San Giuliano debería hacer reflexionar a algunos en Pamplona. Se amplió el edificio y, al hacerlo, no se tuvieron en cuenta informes técnicos sobre el riesgo sísmico de la zona. El resultado lo vimos la semana pasada: varios niños y una maestra muertos. Se podrán buscar ahora responsabilidades, pero nadie devolverá la vida a quienes perecieron sepultados.

Aquí se está corriendo el mismo peligro. Se está remodelando Teresianas y la única forma de conseguir que el colegio San Francisco entre allí es reducir los espacios educativos y las condiciones de seguridad. Hay varios incumplimientos de la normativa, pero el más preocupante es la decisión de autorizar que la escalera protegida ante incendios, que debería llegar hasta la planta de salida, llegue sólo de la cuarta planta a la tercera. La protección sólo es eficaz durante sesenta minutos, suficiente sin duda en el caso de que llegara hasta la calle. Pero no llega, se acaba en la tercera planta. En caso de incendio, si pasados esos 60 minutos los bomberos no han conseguido sofocarlo, la tragedia será un hecho.

Lo dijo muy bien una madre del colegio en una reciente carta al director: nunca ocurre nada hasta que pasa. En San Giuliano ha pasado. Sería bueno que alguien aprendiera de los errores ajenos. El peligro de no hacerlo es, sin duda, excesivo.

Pamplona-Iruñea, 5 de noviembre de 2002

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