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Pre疥bulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj

 

 

� �������� �� Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un peque-
�o infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan
solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure
porque es de buena marca, suizo con 疣cora de rub�es; no te regalan so-
lamente ese menudo picapedrero que te atar疽 a la mu�eca y pasear疽
contigo. Te regalan 溶o lo saben, lo terrible es que no lo saben�, te
regalan un nuevo pedazo fr疊il y precario de ti mismo, algo que es tuyo
pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como
un bracito desesperado colg疣dose de tu mu�eca. Te regalan la necesi-
dad de darle cuerda todos los d�as, la obligaci�n de darle cuerda para
que siga siendo un reloj; te regalan la obsesi�n de atender a la hora exac-
ta en las vitrinas de las joyer�as, en el anuncio por la radio, en el servicio
telef�nico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se
te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es
una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia a comparar tu reloj
con los dem疽 relojes. No te regalan un reloj, t� eres el regalado, a ti te
ofrecen para el cumplea�os del reloj.

 

Cuentos Completos/1. Alfaguara, Madrid: 1996.
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