ALBERTO VALLARINO Y SU LETARGO POLÍTICO
 
Tratando de analizar la realidad que vivimos en nuestra Nación, con miras al próximo torneo electoral, buscaremos comprender a través de la siguientes líneas, la actitud de una de las figuras que sigue mostrándose como una opción para ocupar la presidencia de la república en el quinquenio 2004-2009; hablamos del banquero Alberto Vallarino.
 
Desde su derrota en las pasadas elecciones y ante la indiscutible mediocridad administrativa del actual gobierno, el nombre de Alberto Vallarino empezó a resonar como la opción más adecuada para llevar adelante las riendas de la Nación en un futuro no muy lejano.  El mismo Vallarino reconoció más de una vez que aún mantenía sus aspiraciones presidenciales y su arduo deseo por dirigir el país hacia mejores días.
 
En base a este reconocimiento, Vallarino se convirtió en uno de los principales críticos de la gestión de Mireya Moscoso, tanto así que muchos pusieron en duda su ideología arnulfista, que tanto dice poseer el prominente banquero.  Vallarino denunciaba, criticaba y establecía posibles soluciones a los problemas, tomando como base sus propuestas de campaña política, que conocemos la detalle.
 
El tiempo ha pasado y muchos simpatizantes se preguntan si Alberto Vallarino se postulará a la presidencia de la República en el 2004; sin embargo, la respuesta final es desconocida para todos.  Vallarino, en más de una ocasión, reconoció que desea ser presidente, no obstante, nunca dejó claro como pretendía lograrlo.  De un tiempo para acá -digamos que desde inicios de 2002- ha señalado que está analizando las posibles opciones, mismas que, a mi criterio, no son más que dos:  postulación a través del partido arnulfista o postulación a través de un grupo de partidos -tal y como hizo en 1999-...  Ya se está acabando el 2002 y no se ha definido nada, por el contrario, la forma de actuar del ingeniero a sufrido cierta metamorfosis.
 
El ex candidato crítico, de un par de meses para acá, ha bajado la guardia en sus comentarios sobre la gestión mireyista; esto, tal vez, por el hecho de que el partido arnulfista -sus dirigentes- no han querido abrir los libros de inscripciones.  Hay que recordar que Alberto Vallarino piensa que necesita los votos arnulfistas para poder optar por el triunfo en el 2004, de lo contrario podría correr la misma suerte que en 1999.
 
Por otro lado, el banquero ya no se muestra tan animado cuando se le pregunta si se va a postular o no para la presidencia de la República, al contrario, prefiere dar rodeos y no responder en concreto; o bien, decir que es muy temprano para hablar de política.  ¿Será esto inseguridad?.
 
Pienso que Alberto Vallarino está en una especie de letargo político, y si de veras aspira a la presidencia de la República, tal y como lo afirmó en una convivio al que tuve la oportunidad de asistir y conversar con él; será mejor que vaya calentando los motores, porque quedarse en aguas mansas solo lo alejará aún más de una posible oportunidad electoral.
 
Pienso que Vallarino, y aunque no lo haga público aún, desea con ansias que le abran los libros para volver al arnulfismo e inscribir a todos los independientes y miembros de otros partidos que lo apoyan, a fin de poder triunfar en las primarias y ser el candidato arnulfista para el 2004; pero está olvidando algo, el mantenerse callado, haciendo caso omiso de las situaciones del diario vivir de Panamá, manteniendo un silencio cómplice ante las irregularidades de un gobierno liderizado por aquella a la que ahora le quiere gustar, terminará por apartar del redil a una gran cantidad de voces de apoyo, mismas que harán mucha falta y, en el peor de los casos, la diferencia.
 
Alberto Vallarino le prometió a su seguidores que para septiembre de 2002 daría a conocer su decisión, o esperar a que abran los libros o buscar otro camino; ya estamos en noviembre y nada de nada -aunque sigo creyendo que está en espera de la apertura de libros-.
 
Bueno, al final de cuentas el arnulfismo tendrá que abrir sus libros; pero si a la directiva no le interesa la figura de Vallarino, este tendrá grandes obstáculos, por más gente que quiera inscribir y por más gusto que quiera darle a Moscoso y su clan.
 
Definitivamente Vallarino está en un letargo político que, en un caso fortuito, terminará por hacerle gran daño.
 
 
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Martín Torrijos y Alberto Vallarino
 
 
Lunes 11 de noviembre de 2002
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