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Mi perezosa dicha, que dormitó largo
tiempo, se despierta..... (Hafiz)

Ø En tanto que otros dan y publican o trabajan, yo pasé tres años de
viaje, olvidando, por el contrario, todo lo que había aprendido con la cabeza.
Este olvido fue lento y difícil; pero me fue más útil que todas las enseñanzas
impuestas por los hombres, y verdaderamente el comienzo de una educación.
Ø
Toda afirmación termina en
la abnegación. Todo lo que cedas en ti tomará vida. Todo lo que trata de
afirmarse se niega; todo lo que se renuncia se afirma. Todo lo que no sabes dar
te posee. Sin sacrificio no hay resurrección. Nada se alegra sino con la
ofrenda. Lo que pretendes proteger en ti se atrofia.
Ø Horizonte movible: sé mi límite; bajo el rayo
oblicuo del sol te sigues alejando, te imprecisas, te azulas.
Ø Toda elección es espantosa cuando se piensa en
ella: es espantosa una libertad a la que no guía un deber.
Ø Cada deseo me ha enriquecido más que la
posesión siempre falsa del objeto mismo de mi deseo.
Ø Ya no me atengo al suelo; me mezo en la
extremidad de un rayo de sol
Ø Que el hombre ha nacido para la dicha lo
enseña, ciertamente, la naturaleza entera.
Ø De ningún modo la simpatía, Natanael, sino el
amor.
Ø Que la importancia esté en tu mirada, no en
la cosa contemplada.
Ø ¿Por qué la desaparición del dolor causa
menos placer que la pena que causa el fin de un goce?.
Ø No sé si yo reclamaba la vida antes de existir,
pero ahora que vivo se me debe todo.
Ø ¡Ay!, quien librará a mi espíritu de las
pesadas cadenas de la lógica.
Ø Todo lo que guardes en ti de conocimientos
distintos seguirá siendo distinto de ti hasta la consumación de los siglos.
¿Por qué le atribuyes tanto precio?.
Ø Obrar sin juzgar si la acción es buena o mala. Amar sin
preocuparse de si se ama el bien o el mal.
Ø Porvenir: ¡como te amaría si fueses infiel!
Ø Hay quienes razonan y hay quienes dejan a los
demás que tengan razón.
Ø Espero, después de haber expresado en esta tierra
todo lo que aguardaba de mí, satisfecho, morir completamente desesperado.
Ø Ahora sé saborear la tranquila eternidad en el instante.
¿Acaso se embriagaba con vino el ruiseñor?
¿Y el águila con leche? ¿O con enebro los zarzales?
El águila se
embriagaba con su vuelo. El ruiseñor se embriagaba con las noches de estío. La
llanura tiembla de calor. Natanael, que toda emoción sepa convertirse en
embriaguez para ti. Si lo que comes no te embriaga es que no tenías hambre.
No me gustan aquellos que se atribuyen un mérito por haber obrado
penosamente. Pues si les era penoso, habrían hecho mejor en hacer otra cosa.
Yo sé que mi cuerpo puede desear deleite cada día y que mi cabeza lo
soporta. Y luego comenzará mi sueño. Tierra y cielo nada valen para mí en el
más allá.
¡Alimentos!
¡Cuento con vosotros, alimentos!
Mi hambre no se calmará a mitad de camino;
No se saciará sino satisfecha;
Las reprensiones nada conseguirán
Y con las privaciones sólo he podido alimentar mi alma.
No me
gusta que me digáis: ven, te he preparado tal goce; no me gustan sino los goces
del azar, y los que mi voz hace brotar de la roca; fluirán así para nosotros,
nuevos y fuertes, como fluyen del lagar los vinos nuevos.
No me gusta que engalanen mi goce, ni que la Sulamita haya pasado por
salones; para besarla no he enjugado en mi boca las manchas que habían dejado
los racimos; tras los besos he bebido vino dulce sin haber refrescado mi boca;
y he comido miel de abeja con su cera.
Natanael, no prepares ninguno de tus goces.