ANDRÉ GIDE nació en 1.869 y murió en 1.951

 

 

Mi perezosa dicha, que dormitó largo tiempo, se despierta..... (Hafiz)

 

                                      

 

 

Ø      En tanto que otros dan y publican o trabajan, yo pasé tres años de viaje, olvidando, por el contrario, todo lo que había aprendido con la cabeza. Este olvido fue lento y difícil; pero me fue más útil que todas las enseñanzas impuestas por los hombres, y verdaderamente el comienzo de una educación.

 

Ø      Toda afirmación termina en la abnegación. Todo lo que cedas en ti tomará vida. Todo lo que trata de afirmarse se niega; todo lo que se renuncia se afirma. Todo lo que no sabes dar te posee. Sin sacrificio no hay resurrección. Nada se alegra sino con la ofrenda. Lo que pretendes proteger en ti se atrofia.

 

Ø      Horizonte movible: sé mi límite; bajo el rayo oblicuo del sol te sigues alejando, te imprecisas, te azulas.

 

Ø      Toda elección es espantosa cuando se piensa en ella: es espantosa una libertad a la que no guía un deber.

 

Ø      Cada deseo me ha enriquecido más que la posesión siempre falsa del objeto mismo de mi deseo.

 

Ø      Ya no me atengo al suelo; me mezo en la extremidad de un rayo de sol

 

Ø      Que el hombre ha nacido para la dicha lo enseña, ciertamente, la naturaleza entera.

 

Ø      De ningún modo la simpatía, Natanael, sino el amor.

 

Ø      Que la importancia esté en tu mirada, no en la cosa contemplada.

 

Ø      ¿Por qué la desaparición del dolor causa menos placer que la pena que causa el fin de un goce?.

 

Ø      No sé si yo reclamaba la vida antes de existir, pero ahora que vivo se me debe todo.

 

Ø      ¡Ay!, quien librará a mi espíritu de las pesadas cadenas de la lógica.

 

Ø      Todo lo que guardes en ti de conocimientos distintos seguirá siendo distinto de ti hasta la consumación de los siglos. ¿Por qué le atribuyes tanto precio?.

 

 Ø      Obrar sin juzgar si la acción es buena o mala. Amar sin preocuparse de si se ama el bien o el mal.

 

Ø      Porvenir: ¡como te amaría si fueses infiel!

 

Ø      Hay quienes razonan y hay quienes dejan a los demás que tengan razón.

 

Ø      Espero, después de haber expresado en esta tierra todo lo que aguardaba de mí, satisfecho, morir completamente desesperado.

 

Ø      Ahora sé saborear la tranquila eternidad en el instante.

 

 

 


¿Acaso se embriagaba con vino el ruiseñor?

¿Y el águila con leche? ¿O con enebro los  zarzales?

El águila se embriagaba con su vuelo. El ruiseñor se embriagaba con las noches de estío. La llanura tiembla de calor. Natanael, que toda emoción sepa convertirse en embriaguez para ti. Si lo que comes no te embriaga es que no tenías hambre.

 

No me gustan aquellos que se atribuyen un mérito por haber obrado penosamente. Pues si les era penoso, habrían hecho mejor en hacer otra cosa.

 

Yo sé que mi cuerpo puede desear deleite cada día y que mi cabeza lo soporta. Y luego comenzará mi sueño. Tierra y cielo nada valen para mí en el más allá.

 

 

 

¡Alimentos!

 

¡Cuento  con  vosotros, alimentos!

Mi hambre no se calmará a mitad de camino;

No se saciará sino satisfecha;

Las reprensiones nada conseguirán

Y con las privaciones sólo he podido alimentar mi alma.

 

 

 

No me gusta que me digáis: ven, te he preparado tal goce; no me gustan sino los goces del azar, y los que mi voz hace brotar de la roca; fluirán así para nosotros, nuevos y fuertes, como fluyen del lagar los vinos nuevos.

 

No me gusta que engalanen mi goce, ni que la Sulamita haya pasado por salones; para besarla no he enjugado en mi boca las manchas que habían dejado los racimos; tras los besos he bebido vino dulce sin haber refrescado mi boca; y he comido miel de abeja con su cera.

 

Natanael, no prepares ninguno de tus goces.