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LA
RESPIRACIÓN,
EL
SECRETO DE LA VIDA
Respiramos
desde que nacemos hasta que morimos y la mayor parte de las veces no somos
conscientes de la importancia de un gesto tan sencillo que no sólo
nos permite seguir vivos, sino que se revela como una garantía
de salud física y mental.
Aunque
cuando hablamos de respiración casi siempre nos referimos al acto
de inspirar y espirar, al intercambio de oxígeno y dióxido
de carbono con el exterior, lo cierto es que existen dos tipos de respiración:
la respiración externa o pulmonar, que determina el intercambio
gaseoso entre el aire y la sangre, y la respiración interna
-también llamada celular o de los tejidos-, que consiste en el
intercambio de gases entre la sangre y las células. Hablaremos
en este informe de la respiración externa o pulmonar, aquella sobre
la cual podemos incidir voluntariamente para lograr mejores resultados
en nuestra salud.
Cabe
resaltar que el intercambio de aire en los pulmones nunca es completo:
sólo dos tercios aproximadamente del aire absorbido en una inspiración
llega a los pulmones, a los que se añade un tercio del aire que
ha quedado en las vías respiratorias tras la última espiración,
de manera que en los pulmones se mezclan dos tercios de aire fresco y
un tercio de aire residual. Por este motivo, quien respire de forma acelerada
y superficial desperdicia el aire utilizado llevándolo de un lado
para otro en las vías respiratorias.
Según
los músculos que actúen de forma predominante en la respiración,
debemos distinguir entre la respiración torácica
-si son los músculos intercostales los que llevan el mando- y la
diafragmática -si es el diafragma quien lleva la batuta principal-.
En cualquier caso, no debemos considerar estas dos formas respiratorias
de manera aislada, ya que en la respiración natural, los movimientos
de tórax y abdomen se complementan para dar lugar a la denominada
respiración completa o profunda.
Una
correcta respiración puede curar enfermedades derivadas del estrés,
la depresión o la fatiga y es la principal herramienta de la que
disponemos para relajar nuestro cuerpo y nuestra mente, siendo capaz de
controlar incluso la sensación de dolor. Sin embargo, no existe
una única forma correcta de respirar. Mientras en la tradición
oriental se considera que el estado natural saludable consiste en respirar
unas nueve veces por minuto, nuestra cultura occidental se contenta con
plantearnos la oferta de dieciséis veces por minuto, como un hábito
óptimo y razonable para mantener una vida sana y proveer a nuestras
células del aporte de oxígeno necesario para su funcionamiento.
Próximo
número: Dime cómo respiras y te diré cómo
eres.
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¿por
qué es tan importante respirar?
Al
respirar, nuestro cuerpo absorbe el oxigeno que necesita para vivir y
se libera del dióxido de carbono que no cumple ya función
alguna.

Al
inhalar aire, la sangre absorbe el oxígeno y recorre todo el organismo
para abastecer a las células que lo necesitan para que puedan producir
energía gracias a la combustión de ese oxígeno. El
dióxido de carbono es el producto sobrante de este proceso.

Si
no respiramos bien, nuestros pulmones no reciben suficiente oxígeno;
por consiguiente, nuestra sangre no obtiene la cantidad suficiente para
ofrecer a las células el aporte energético que necesitan.
Esta falta de oxigenación es por tanto la culpable de muchas de
nuestras enfermedades físicas y psíquicas, como problemas
de corazón o hipertensión y, por supuesto, estados de ansiedad,
depresiones...

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