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Keynes: cincuenta años de Teoría general
Carlos Obregón


La macroeconomía contemporánea se encuentra en un estado permanente de cambio, las viejas convenciones establecidas en el modelo IS-LM, que sintetizan las relaciones entre los mercados de bienes financieros, han desaparecido. Sin embargo la controversia sobre el pensamiento de Keynes continúa viva aun después de cincuenta años de la publicación de la Teoría general.

¿Cómo es posible que la Teoría general continúe siendo un libro básico para los economistas contemporáneos? ¿Es esto acaso una muestra de la falta de un desarrollo progresivo y sólido en la ciencia económica?

La controversia sobre Keynes es acalorada, ideológica y confrontativa. Para los monetaristas y sus seguidores, Keynes está muerto, para muchos otros continúa siendo fuente de pensamiento inspirado y actual.

En el fondo de la controversia subyacen visiones controvertidas de la dinámica del mundo

macroeconómico. Para los monetaristas antiguos y modernos (la escuela de expectativas racionales) el mundo económico es homeostático, los ciclos económicos tienden a autorregularse, para ellos la causa central de las crisis económicas es la intervención del estado en asuntos económicos que no son de su incumbencia. Para Keynes y sus seguidores el mundo macroeconómico se caracteriza por incertidumbre, el hombre económico es ignorante del futuro y de las complejas interrelaciones que existen entre las decisiones y acciones económicas futuras de los distintos agentes en el mercado. Sin embargo existen decisiones económicas fundamentales que tienen que realizarse en el presente y que repercuten en el futuro, cuyo éxito final depende de la adecuada o inadecuada adivinanza de especuladores e inversionistas sobre el mañana. Las decisiones básicas en esta categoría son la inversión y la liquidez. Los activos fijos permanecen en el tiempo, son un vínculo necesario entre el presente y el futuro, representan un compromiso ineludible con el mañana, están indisolublemente vinculados con la confianza en la permanencia y buen funcionamiento futuro del sistema económico. Para Keynes pues, el sistema económico competitivo es por esencia inestable, fluctuaciones en la inversión no se autorregulan necesariamente, la desconfianza se manifiesta en preferencia por la liquidez, la especulación se convierte en la esfera económica predominante y desplaza a la producción. La desconfianza genera desconfianza y corresponde al estado restablecer el convenio económico de la sociedad.

Debe observarse que el mundo económico de Keynes y el mundo monetarista obedecen a dos cosmologías distintas, dos concepciones del mundo económico que buscan resolver problemas diferentes. El monetarismo está preocupado con entender las crisis generadas por el estado expansionista, Keynes está preocupado por comprender las crisis que se gestan a partir de la dinámica de la inversión y de la sofisticación de los mercados financieros. Nosotros argumentaremos que ambas crisis son posibles en el mundo real, de hecho, Keynes estudió las crisis provenientes de un estado expansionista (véase por ejemplo su Tratado sobre la reforma monetaria). Pero una cosa es reconocer que existen límites a lo que el estado puede gastar sin desestabilizar la economía y otra es pretender argumentar como los monetaristas que el sistema económico se autorregula.

La historia de la macroeconomía contemporánea se reduce a una gran batalla entre la cosmología de la escuela clásica representada por los monetaristas y la cosmología de Keynes. La discusión inicialmente se da en torno al valor de ciertos parámetros en el modelo IS-LM propuesto por Hicks. Los keynesianos presuponen inefectividad de la política monetaria debido a la inelasticidad de la inversión con relación a la tasa de interés y a la trampa por la liquidez, y presuponen movimientos en el empleo y desempleo involuntario debido a la ilusión monetaria del trabajador, respecto a su salario real y a la rigidez salarial. Los dos primeros supuestos resultan empíricamente inválidos. La ilusión monetaria resulta insostenible después de la discusión sobre la curva de Phillips y culmina en un triunfo monetarista que da origen a la escuela de expectativas racionales. La gente aprende, dice Friedman, y aprende casi instantáneamente, dicen los defensores de expectativas racionales. La ilusión monetaria no se justifica, la evidencia empírica valida la explicación de la estanflación como un fenómeno producido por la oportuna revisión de las expectativas de los agentes económicos.

El supuesto de rigidez salarial continúa vigente en la discusión y ha dado origen a nuevas teorías y nuevos supuestos tales como la escuela del macrodesequilibrio con el supuesto de rigidez en los precios y las nuevas teorías contractuales del mercado de trabajo.

El éxito del monetarismo sobre los supuestos keynesianos es comparable con el fracaso monetarista en cuanto a validar sus propias propuestas macroeconómicas. Las propuestas monetaristas fueron tres: que la demanda de dinero es inelástica con respecto a la tasa de interés por lo que la política fiscal resulta ineficaz, que cambios en la oferta monetaria son el determinante fundamental en el largo plazo de cambios en precios o en el ingreso nominal por lo cual resulta recomendable una tasa constante de crecimiento en la oferta monetaria y finalmente, que una curva de Phillips vertical implica la conveniencia de una política antinflacionaria vía la restricción de la oferta monetaria. Empíricamente se ha demostrado que la primera propuesta monetarista no se sostiene, la demanda de dinero es elástica con respecto a la tasa de interés. En cuanto a la segunda propuesta monetarista, la evidencia empírica señala que la demanda de dinero es inestable y que la oferta de dinero es elástica con respecto a la tasa de interés, de este modo una tasa constante de crecimiento en la oferta monetaria no se reflejaría en un mercado de dinero estable, la propuesta monetarista se rechaza.

Por último, dada una curva de Phillips vertical de largo plazo, debida a la revisión de expectativas por parte de los agentes económicos, la propuesta monetarista es la de que una política restrictiva de la oferta monetaria rompería las expectativas inflacionarias y se podría abatir la inflación con un costo en recesión muy tolerable (Friedman) o casi inexistente debido a la revisión inmediata de las expectativas (expectativas racionales). La realidad ha corroborado el contraargumento keynesiano, la inercia en salarios y precios ha resultado muy difícil de romper, el costo en desempleo es muy alto.

La discusión entre keynesianos y monetaristas produjo diversos resultados. El fracaso del supuesto de la ilusión monetaria y el triunfo de Friedman, en cuanto a la existencia de una curva de Phillips de largo plazo tuvo como consecuencia el desarrollo de la escuela de expectativas racionales cuya principal contribución ha sido la demostración teórica y empírica de que un gobierno no puede seguir un patrón permanente de gasto excesivo basado en que los agentes económicos sufren de ilusión monetaria. Ante el gasto excesivo los agentes corrigen sus expectativas y una vez que se generan expectativas inflacionarias el gasto de gobierno incremental se convierte en inflación y no influye en el nivel de empleo, se presenta entonces la estanflación.

Los resultados de la escuela de expectativas racionales parecen justificar el hecho de que Keynes siempre contemplara al gasto de gobierno como una solución a un problema de desequilibrio económico y no como una estrategia permanente encaminada a estimular la inversión y gestar un proceso de crecimiento económico, como después propusieron prominentes miembros de la escuela cambridgeana. En la Teoría general el gasto de gobierno y el análisis de la inversión se vinculan a un problema de estabilidad económica y no de crecimiento. Para Keynes el problema del crecimiento parece haber sido más un problema vinculado al modelo neoclásico de pleno empleo (véase por ejemplo la Teoría general p. 243). El problema del crecimiento no es un problema resuelto por Keynes y no hay nada en sus escritos que lleve a pensar que él hubiera justificado el gasto expansivo de algunos gobiernos latinoamericanos como forma de estimular el desarrollo, Keynes, como toda su obra anterior a la Teoría general lo demuestra, no sólo fue un enemigo del desempleo sino también de la inflación generada por un gasto de gobierno expansivo e irresponsable.

La escuela de expectativas racionales ha sido exitosa en su crítica de un keynesianismo expansivo e irresponsable, sin embargo la propuesta de esta escuela en cuanto a que las expectativas inflacionarias serán revisadas a la baja instantáneamente si una política monetaria restrictiva resulta creíble, no sólo es teóricamente inaceptable sino que ha sido demostrada por la realidad como equivocada. No sólo latinoamérica y otros muchos países han tenido que pagar el costo de un alto desempleo sino que aun los Estados Unidos tuvieron grandes costos, Nixon abandonó su programa monetarista y Volcker dejó crecer la oferta monetaria muy rápidamente en la segunda mitad de 1982 para paliar los grandes costos de la recesión.

Otro de los resultados de la discusión entre keynesianos y monetaristas fue el desarrollo del pensamiento poskeynesiano y de la escuela del macrodesequilibrio. Ante el embate monetarista decidieron algunos pensadores regresar al pensamiento original de Keynes para analizar si los supuestos keynesianos reflejaban o no el pensamiento de la Teoría general. Estos pensadores poskeynesianos pertenecen a diversas corrientes y no hay consenso entre ellos sobre lo que realmente decía Keynes, pero sí hay consenso respecto a que lo que decía Keynes no es lo que los keynesianos decían. En general se pueden señalar dos corrientes en la escuela poskeynesiana. La primera corriente pretende rescatar el pensamiento original de Keynes mostrando el papel sui generis de la moneda al interior de un modelo de equilibrio general. En esta corriente destacan Clower y Leijonhufvud. El intento de esta corriente no ha sido del todo exitoso, aun el propio Leijonhufvud ha reconocido que su obra sobre Keynes y los keynesianos no refleja el verdadero pensamiento de éste en la Teoría general. Sin embargo el trabajo de estos autores ha sido inspirador e iluminador, su obra influyó profundamente en el desarrollo de la macroeconomía del desequilibrio.

La segunda corriente de poskeynesianos es más fiel al pensamiento original de Keynes, sin embargo no ha logrado avanzar más allá de este pensamiento. En esta segunda corriente se encuentran autores tales como Davidson, Weintraub, Shackle, Minsky y otros. Gracias a las contribuciones de los poskeynesianos, sin embargo, estamos conscientes de que la interpretación keynesiana de Keynes es limitada y de que hay temas de gran riqueza en la Teoría general que no han sido incorporados en forma eficiente a la discusión macroeconómica contemporánea.

La escuela del macrodesequilibrio adopta el supuesto keynesiano de rigidez salarial e introduce el supuesto adicional de rigidez en los precios. Autores como Malinvaud, Bennasy, Grandmont, y Hahn han explorado las consecuencias de introducir este supuesto adicional. El resultado más sorprendente es la ubicación de regiones diferenciadas del desempleo, de modo que no sólo se puede hablar del desempleo keynesiano sino también del desempleo clásico. Una ventaja de esta literatura es la de que en contraposición a la literatura keynesiana, el desempleo se estudia como un fenómeno de equilibrio permanente, es decir estable. Desafortunadamente el supuesto de rigidez en los precios resulta demasiado restrictivo como para tener un amplio interés teórico, es difícil imaginar  un mercado' en desequilibrio por un largo periodo de tiempo en el cual los precios no se ajusten. Ampliar las peculiaridades del mercado de trabajo al resto de los mercados resulta injustificado. Esto ha llevado a autores como Grandmont a argumentar que  no existen bases que permitan sostener el supuesto de rigidez en los precios.

La macroeconomía contemporánea está en un grao proceso de cambio, la discusión organizada entre keynesianos y monetaristas se ha terminado. Los macroeconomistas actuales tendremos que crear nuevos modelos y nuevas concepciones, sin embargo hoy como ayer el pensamiento original de Keynes resulta inspirador. La obra de Keynes influyó el pensamiento keynesiano, el poskeynesiano, a los economistas neokeynesianos de Cambridge, a la macroeconomía del desequilibrio y aun a economistas formados en la tradición del monetarismo y de la escuela de expectativas racionales (véanse por ejemplo los modelos híbridos desarrollados por Dornbusch, Fisher y otros). Keynes está vivo en la controversia actual no en el sentido de que la Teoría general sea el trabajo más avanzado sino en cuanto a que continúa siendo un modelo inspirador para entender las crisis económicas. Hemos aprendido mucho desde Keynes, los breves comentarios anteriores sobre el desenvolvimiento de la macroeconomía así lo muestran. Pero no hemos aprendido que la visión cosmológica del sistema económico de Keynes estaba equivocada, hoy como ayer la cosmología de Keynes continúa siendo una visión antitética y alterna a la tradicional cosmología de los clásicos.


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