|
|
|
|
La coexistencia de un peso
débil y un dólar fuerte Introducción En su aspecto monetario la economía mexicana vive un conjunto de problemas muy agudos: inflación, desintermediación financiera, gigantescas tasas de interés, dolarización interna de los pagos, devaluación persistente de la moneda, brusca caída en la captación real del sector bancario, deuda interna del sector público que ejerce presiones sobre la liquidez bancaria, desconfianza del público hacia la moneda, desbordantes prácticas especulativas, etcétera. Este conjunto impresionante de problemas no está determinado por fallas que se adicionan unas con otras; por el contrario, todos los problemas se relacionan en un todo estructurado, en un sistema. Por ello la comprensión de los problemas implica el estudio de la estructura del sistema monetario mexicano. Como toda estructura, el sistema monetario mexicano está integrado por una jerarquía causal. Todo análisis parte de la formulación de hipótesis en torno a esta jerarquía causal. Para los efectos de este trabajo la hipótesis es que una parte importante de los problemas monetarios en México provienen de la fuga de capitales y que uno de los factores que impulsan esta fuga se encuentra en la dominación que el dólar, como moneda fuerte, realiza hacia el peso como moneda débil. Se habla mucho de la deuda externa, pero una parte substancial de ésta se debe a la fuga de capitales. La revista World Financial Markets publicada por la Morgan Guaranty Trust Company, correspondiente a marzo de 1986, estima que la fuga de capitales en México fue de 53 mil millones de dólares entre 1976 y 1985, de los cuales 36 mil se habían fugado entre 1976 y 1982. Otro estudio publicado en la revista Intereconomics de Hamburgo, Alemania Occidental, en su número de noviembre-diciembre de 1985 y reproducido por la revista francesa Problémes Economiques, estima la fuga de capitales entre 1976 y 1982 en 35.57 mil millones de dólares; cifra que se asemeja mucho a la registrada por la revista de los EUA. A esta fuga hay que agregar lo que se fugó antes de 1976 y lo posterior a 1985, lo mismo que las cantidades por efecto de sub facturación en exportaciones y sobre facturación en importaciones que son importantes y que no se encuentran consignadas en los métodos de cálculo de las dos revistas anteriores. En síntesis, estos datos muestran que la cantidad fugada es considerablemente superior a la mitad de la deuda externa. De aquí nuestra hipótesis de que la deuda externa y los determinantes de la estructura monetaria y financiera mexicana se encuentran profundamente ligados. Otro de los determinantes claves del sistema monetario mexicano consiste en la profunda dolarización de la economía mexicana. De hecho, dolarización y fuga de capitales son partes de un todo complejo. La dolarización de los circuitos monetarios había llegado a uno de sus puntos cúspide en 1982, antes de la nacionalización de la banca, con las cuentas que se conocieron como "mexdólares". Estos eran depósitos én pesos cuya unidad de cuenta se establecía en dólares; los dólares nunca existieron y en agosto de 1982 la banca se encontraba en una quiebra virtual ya que no hubiera tenido capacidad de hacer frente a cualquier demanda del público por dólares. Las tenencias en dólares por residentes en México, ubicadas en bancos mexicanos o en bancos extranjeros, no son problemas separados sino que constituyen una estructura. Además, aunque con posterioridad a 1982 las cuentas en dólares fueron prohibidas, los circuitos monetarios siguen estando profundamente dolarizados. Muchas mercancías se pagan en pesos pero su valor se cotiza en dólares. La función de reserva de valor en el tiempo del peso se encuentra sobre determinada por el dólar; incluso, en la determinación de las tasas de interés, se hace la cuenta de la compensación que se da al ahorrador por mantener su denominación en pesos en lugar de hacerlo en dólares, etcétera. Es claro, en la economía mexicana funcionan dos monedas: el peso y el dólar. La primera sufre la dominación de la segunda. En la historia de México y de la humanidad, éste no es un hecho extraño; la coexistencia de dos monedas en la que una de las cuales es dominante, corresponde al viejo sistema llamado bimetalismo; cuando la cohabitación del oro y la plata se realizaba en función de la dominación de una de las dos monedas, la mayoría de las veces el oro fue el dominante. Es curioso, pero los teóricos de la moneda se suelen preocupar únicamente por el funcionamiento de una sola moneda, desechando estos problemas clave de la vida real. Una de las primeras leyes conocidas por el hombre sobre el funcionamiento de la moneda, fue la que expresa la existencia de dos monedas, una de ellas dominante. Esta ley dada a conocer en 1558, se le conoce como la Ley de Gresham y señala que la moneda mala siempre expulsa a la buena. Pero a partir de ahí los teóricos pretenden trabajar casi siempre con la existencia de una sola moneda. El trabajo que ofrecemos es un inicio de
esquema en el que se reflexiona sobre los circuitos monetarios para tratar de
entender el caso de México en donde existen dos monedas. Lo presentamos en dos
partes. La primera muestra los circuitos monetarios y financieros. En la segunda
se indican las condiciones asimétricas de coexistencia del peso y del dólar; el
final de esta segunda parte culmina cuando se expone en forma sintética las
consecuencias que ha tenido la política mexicana en el juego: dólar fuerte, peso
débil. |
|
|
|