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La crisis financiera en Colombia:anatomía
de una evolución.
Introducción Entre 1979 y 1983 la economía colombiana experimentó la peor contracción que recuerda su historia desde la Gran Depresión de hace 50 años (1929-1933). El sistema financiero que alimentaba a las distintas clases de inversiones -industriales, comercio exterior e interior, agricultura, vivienda y oficinas- se deterioró hasta el punto en que a un gobierno conservador, enemigo acérrimo de la "estatización", le correspondió nacionalizar al grupo financiero más importante del país, hacerse al Banco del Estado, liquidar al Banco Nacional y a otros intermediarios financieros ligados a él e intervenir al Banco de Bogotá (el segundo del país) y al Banco Tequendama.1 Hoy el sistema financiero colombiano se encuentra en profunda transición y plagado todavía de problemas. Su extremada debilidad patrimonial contrasta con una cartera morosa de $150.000 millones, extendida a operadores en aprietos, algunos de los cuales especularon en exceso, pero los más fueron acogotados por la crisis económica. Como se verá, a partir de 1979 el capital y las reservas de todo el sistema bancario se han venido reduciendo en términos reales. Para aquellos grupos y firmas, incluyendo muchas empresas públicas, que recurrieron al endeudamiento externo, la situación es aun más critica pues sus deudas en dólares se multiplicaron por la devaluación del peso colombiano. En efecto, entre diciembre de 1982 y el mismo mes de 1985 el dólar obtuvo un incremento nominal de 145% en sus correspondientes pesos (47% en términos reales), de tal manera que un intermediario financiero como el Banco de Colombia, con us$400 millones de deuda en 1982, tenía en diciembre de ese año compromisos en pesos por 28.000 millones (el dólar se cotizaba a $70 entonces), pero en diciembre de 1985 el stok de la deuda representaba $68.880 millones (el dólar a $172). Sin embargo, durante ese periodo la rentabilidad de las operaciones del Grupo Grancolombiano se había deteriorado considerablemente en vez de mejorar para confrontar el incremento de los pagos al exterior. Los acreedores internacionales del grupo, a quienes no gusta nada tampoco la filosofía de la nacionalización, le exigieron al gobierno colombiano que garantizara la suerte de sus préstamos con una intervención a fondo en el capital y la administración de las operaciones del grupo. Es ciertamente paradójico que una nacionalización se haya producido no bajo la presión de los partidos de izquierda y los sindicatos, que en este caso significaba contrarrestar el formidable poder adquirido por el grupo y su conductor y utilizado en forma tan arbitraria, sino por la gracia de la presión de la banca internacional para que garantizara con recursos públicos las especulaciones privadas del grupo.2 De hecho, la devaluación emprendida con mayor intensidad a partir de 1982 (a tasas del 28% anual) y acelerada mucho más en 1985 (51 %), fue reflejo de la crisis internacional, pero también de las políticas liberales que así como deterioraron la balanza de comercio también contribuyeron a que la especulación financiera se saliera de curso, donde brilló por su audacia el grupo de Michelsen Uribe. En el caso del Banco de Bogotá, sin embargo, el gobierno optó por financiar las ingentes pérdidas ocasionadas por corridas especulativas, pero sin asumir la administración de la empresa, como lo describe un informe de la Contraloría General de la República.3 La ausencia de una presión pública y popular, en este caso, contribuyó a que el patrimonio de todos los colombianos fuera utilizado para mantener incólume el control privado y arbitrario de la intermediación financiera en el país. La especulación es el modo de vida del capitalismo. Las operaciones de riesgo son ocurrencias cotidianas que resultan exitosas bajo condiciones normales de funcionamiento del sistema. El financiamiento es en sí mismo una operación arriesgada en la cual se conocen las erogaciones por intereses y amortización pero no hay conocimiento cierto en torno a los ingresos de las firmas que servirán para pagar los servicios de las deudas contraídas. Si se deterioran las condiciones de rentabilidad de la economía y si la cadena de operaciones sin respaldo ha sido excesiva, la circulación financiera comienza a sufrir trastornos. Esto fue precisamente lo que ocurrió en Colombia. Un autor norteamericano, Hyman Minsky, ha hecho estudios teóricos y empíricos muy reveladores, en los cuales asume lo obvio del funcionamiento del capitalismo: la inestabilidad en la acumulación y, en particular, cómo se manifiesta ella al hacer más o menos "frágil" el sistema financiero que aceita las inversiones.4 Los periodos de auge, por lo general, están caracterizados porque todos los agentes económicos (firmas, bancos, gobierno y consumidores) confían en el futuro y aumentan el margen de riesgo en su endeudamiento. Las cosas se complican más aún cuando se dan también una serie de innovaciones financieras dentro del sistema que terminan en disminuir el valor de las garantías que respaldan las deudas y éstas se facilitan grandemente. Minsky define a las unidades económicas según su posición financiera, estableciendo para cada una de ellas el flujo de caja o sea el cruce de sus ingresos netos con sus egresos por amortización de deuda y pago de intereses. De esta manera distingue 3 tipos de posiciones: 1. Cubierta ("hedged") o sana, donde los ingresos netos superan sistemáticamente a los egresos financieros; 2. Especulativa, en la cual por algunos periodos los pagos por servicio de deuda superan a los ingresos, requiriendo de refinanciamiento para sobreaguar, pero pudiendo vencer esta situación en un periodo de más largo plazo; 3. La posición Ponzi, llamada así por un banquero de Boston de los años 20 que pagaba intereses del 50% sobre préstamos a 45 días, los que cubría con nuevos depósitos, la que acá podríamos llamar posición Félix Correa, en la cual aun los intereses superan los ingresos. En el país tanto el sector privado como el público entraron en posición financiera Ponzi. Detrás de esto está, como los describiremos más adelante, el hecho de que la intermediación financiera fue liberada y profundizada por sucesivas reformas financieras a partir de 1974 Y sus efectos más claros fueron los de permitir mayores márgenes de riesgo en las operaciones crediticias y un control mucho menor de la autoridad monetaria en relación con la utilización de los fondos que administraban los grupos financieros. Autopréstamos para la compra de acciones de las más diversas empresas en las que los grupos adquirían control mayoritario -que estuvieron ilegalizados en la legislaación anterior- constituyeron el talón de Aquiles del nuevo régimen y por donde más se desbocaron los grupos financieros.5 En todo caso y a pesar de la filosofía antiestatista del gobierno conservador, el mapa de las relaciones económicas y financieras dentro del país se ha transformado radicalmente a partir de la crisis financiera que estalló a fines de 1982 y que todavía no culmina. Los nuevos grupos financieros que surgieron en medio del libertinaje financiero, como los de Félix Correa, Mosquera, Duque, perdieron rápidamente las posiciones adquiridas. Michelsen Uribe, que había acumulado una porción considerable de los activos financieros y productivos del país, retrocedió considerablemente más aún, por perder el control sobre la intermediación financiera que era precisamente lo que le permitía obtener los fondos ajenos para adjudicarse el control de cadenas de empresas y firmas en todos los sectores de la economía del país.6 Samper y Sarmiento (éste último propietario del grupo del Banco de Occidente), que lucharon férreamente por el control del Banco de Bogotá, se debilitaron, mas la ayuda oficial les significó que no continuarán perdiendo posiciones. Grupos como el de Ardila Lule y el de Santodomingo ganaron posiciones adicionales. El sindicato antioqueño que había sido habilitado durante la fase de liberación financiera recobró posiciones importantes. El gobierno pretendió echar para atrás las medidas de colombianización de la banca que había habilitado la capacidad de los bancos extranjeros para expandir sus operaciones y control a fines de 1985, pero el Congreso lo detuvo. Con mayores inversiones extranjeras en la banca, las relaciones de poder entre los grupos nacionales se hubieran trastornado más aun de lo que lo hicieron. Lo que es más importante en todo el proceso de crisis financiera vivido por el país es el crecimiento abrumador de la banca oficial. Si al Banco Popular, el Banco Cafetero, el Ganadero y la Caja Agraria se le agregan el Banco del Estado y el Banco de Colombia, la banca oficial controla hoy el 65% de los activos financieros del país, y no sólo por las nuevas adquisiciones sino también porque durante la crisis la confianza del publico se volcó en favor de los bancos oficiales, los que en verdad son manejados más bien como si fueran privados, bien sea por los gremios (Federación de Cafeteros, de Ganaderos y los directorios políticos del bipartidismo) o por los altos mandos de gobierno .. Antes de la crisis de 1982, los bancos oficiales alcanzaban a controlar el 50.9% de los activos financieros, y hoy han ganado (?) 15% adicional de los activos, cambio que implica un debilitamiento considerable de la habilidad de los grupos financieros para hacerse a la intermediación del dinero, utilizándola para expandir su control sobre las más diversas actividades económicas. Piénsese solamente en que los activos gobernados por el Grupo Grancolombiano en el Banco de Colombia, Granahorrar y la Corporación Financiera Grancolombiana sumaban a junio/85 $258.000 millones o sea una sexta parte del total de depósitos en bancos y corporaciones de todo el sistema económico nacional.7 Moviendo ese dinero, el señor Michelsen Uribe hubiera podido llegar más lejos aun en el control sobre múltiples negocios el país. Hoy en día lo más importante es que este solo individuo ha perdido la habilidad para intermediar dineros ajenos y obtener tan enormes ventajas para acrecentar sus propios activos. Más aún, buena parte de éstos se encuentran bajo fideicomiso para responder por parte de las deudas que también mantenía el Sr. Michelsen con su propio banco, y con la banca internacional que al final de cuentas definió su destino, que no será tampoco el de parqueador de carros en Miami, como lo suponía la revista humorística Chapinero. Tenemos entonces un sistema financiero que cambió radicalmente las reglas de juego durante los últimos 10 años y que por toda una serie de circunstancias estructurales y coyunturales entra en barrena. Cabe preguntar ahora cuáles fueron los cambios más notorios introducidos en el sistema de intermediación financiera y cuál fue el efecto de ellos en aumentar la inestabilidad del sistema que por su misma naturaleza tiende hacia el desequilibrio. Esto se verá en la. Siguiente sección. |
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1 Un buen análisis periodístico
en la descripción de las operaciones de los intermediarios financieros es el de
Alberto Donadio, Banqueros en el banquillo, Bogotá, El Ancora Editores,
1983. |
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