Relaciones de endeudamiento, grupos económicos
y reestructuración capitalista en México
Celso Garrido
Introducción
El estallido de la crisis de deuda en México durante 1982 significó la quiebra
del patrón de acumulación vigente desde los 40. Con ello se abre una coyuntura
de cambio en las modalidades de acumulación de capital en el país, la que se
viene desarrollando como "modernización conservadora" toda vez que no se ha dado
una dinámica de renovación en la organización productiva ni de cambio
tecnológico que incremente la productividad del trabajo. Por el contrario, las
transformaciones que se están produciendo se cumplen en un cuadro de inflación y
estancamiento relativo, priorizando la reconfiguración de los circuitos
macroeconómicos en los que se forma la ganancia con una fuerte promoción de la
rentabilidad en las actividades productivas orientadas hacia el mercado mundial.
Se ha sostenido que esta modalidad de transformación sin expansión ni
modernización productiva fue una consecuencia inevitable de la situación creada
por el drenaje de ahorros que requiere el pago de los servicios de la deuda
externa y -por la necesidad de corregir los desequilibrios en la demanda,
provocados por los crecientes déficits públicos. Sin desconocer el importante
efecto de dichos fenómenos para explicar el curso seguido por la crisis,
nosotros creemos que hay otro importante factor para explicar este proceso.
Desde nuestro punto de vista, este curso estanflacionista seguido en la crisis
está determinado por la pugna para redefinir los modos de control del excedente
en el nuevo patrón de acumulación que se debla conformar y la nueva hegemonía
con la que ello se realizarla.
Para esto era necesario tanto una recomposición brusca en la masa de excedente
económico disponible vía una caída del salario real y una redefinición de los
circuitos del excedente en función de priorizar la producción para el mercado
mundial, como la "socialización" de las pérdidas sufridas con la crisis por los
capitales; que acumulan en el país, la reestructuración de los mismos mediante
una fuerte centralización de activos, y readecuar la posición de los diferentes
capitales ante las nuevas condiciones de rentabilidad relativa que se crean con
aquellos nuevos circuitos.
Esto explica que el proceso se cumpla en un ambiente inflacionario por los
requerimientos "distributivos" y en un cuadro de estancamiento relativo porque
las condiciones de incertidumbre que caracterizan a la configuración de una,
nueva modalidad de acumulación dentro del contexto de caída de la demanda y
predominio del ámbito financiero que caracteriza a este desarrollo hace que la
asignación de capitales y los planes de producción de las empresas estén
determinados prioritariamente por lograr sobrevivir como tales y reubicarse en
relación con la reestructuración del poder económico.
Como resultado de esta pugna se ha definido en lo fundamental un nuevo bloque
hegemónico cuyo liderazgo desde el ángulo nacional lo ejercen por una parte los
grandes grupos privados nacionales, que se configuran como tales en los setenta
pero que se transforman en este proceso y emergen con nuevas características,
como la expresión dominante del gran capital privado nacional. Y por la
otra, las facciones gubernamentales expresadas en las posiciones de la
Secretaría de Hacienda, Programación y Presupuesto y el Banco de México, que
tienen su principal agente en una tecnoburocracia eficientista y modernizante
que accede a la dirección gubernamental sin recorrer los canales de las
estructuras del partido gubernamental.
Dentro del complejo cuadro que configura el desarrollo de este proceso hay un
problema específico especialmente relevante para explicar la formación del nuevo
poder económico, y cuyo análisis constituye el objetivo del presente trabajo.
Este es el del papel cumplido por las relaciones financieras en la constitución
de esta nueva hegemonía, y en especial en lo que se refiere al rol que
actualmente tienen los grupos privados nacionales.
Al respecto, el estudio de la vertiginosa dinámica de endeudamiento desarrollada
en el país durante los últimos años nos lleva -a la siguiente conclusión. La
expansión de la deuda externa y la deuda pública así como la crisis de las
mismas que estalla en 1982 está articulada de tal modo con el endeudamiento de
los actores dominantes en el proceso económico nacional, que este conjunto de
relaciones financieras se constituyeron en un espacio fundamental en la
definición, del nuevo poder económico.
Los resultados de esta pugna se manifiestan en el terreno financiero en que la
mencionada expansión de la deuda externa y la deuda pública tiene- como
contrapartida que las grandes empresas y grupos económicos resulten saneados
financieramente, con una importante disposición de liquidez y capacidad de
control del excedente bajo forma financiera, en un contexto general de quebranto
económico y pérdida de utilidades para el conjunto de las empresas.
Concluimos que a través de estas relaciones de endeudamiento aquellos actores
superan su crisis y reestructuran su situación económica. Y al mismo tiempo,
mediante aquellas relaciones financieras logran un control del excedente que los
pone en posición de condicionar las políticas públicas con las que se procesa la
salida global de la crisis para que se configure un nuevo patrón de acumulación
bajo su hegemonía.
En consecuencia el dominio que han tenido los aspectos financieros en el
desarrollo de la crisis se explica no sólo como resultado de las exigencias
creadas por la deuda externa o los déficits públicos vistas en abstracto, sino
porque a través de estas relaciones de endeudamiento la nueva fracción dominante
del capital nacional "financió" su reestructuración y la obtención de la
hegemonía dentro del nuevo modo de acumulación que contribuye a configurar.
Esto explica que las sucesivas crisis financieras conocidas por el país desde
1982 no puedan atribuirse simplemente a errores en la política económica y su
aplicación, o a los choques externos que se presentaron en el periodo. Esta
sucesión de crisis financieras que se presentan en 1982, 1985-86 y 1987-88,
pueden explicarse como ciclos por los que se avanza en la configuración de la
nueva hegemonía ya que los mismos han ido marcando etapas cruciales en la
reestructuración empresarial y de cambio en el patrón de acumulación en el país
durante estos años.
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