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Crisis financiera, crisis de un modelo de acumulación
Etelberto Ortíz Cruz.
Profesor de la UAM-Xochimilco, Departamento de Economía.


Introducción

Hacia finales de los años sesentas entre los economistas, y a un nivel amplio, se empezó a hablar de que el modelo de crecimiento con estabilidad estaba agotado y que se debía adoptar un "nuevo modelo de desarrollo". El presunto "nuevo" modelo nunca ha sido plenamente explicitado en sus principios, y observando las políticas económicas adoptadas en los setentas y primeros años de los ochentas, más bien nos encontramos una serie de intentos para resolver los problemas de mayor relevancia, mas de ninguna manera una estrategia consistente y coherente.1 Lo cierto es que si el modelo era nuevo o no, en estos momentos se encuentra en una grave crisis que incluso amenaza la estabilidad del sistema social en su conjunto.

Recientemente, la cara más visible de la crisis ha sido la financiera y monetaria, y en la literatura actual así se refleja. En este escrito nos proponemos analizar la actual crisis económica y financiera, a partir de aquello que consideramos como estructural al modelo de crecimiento en ejercicio desde principios de los años cuarentas. Esta aproximación obedece en mucho al convencimiento de que difícilmente se puede dar un orden de interpretación a lo coyuntural, sino en la medida de que se tenga un cabal entendimiento de los movimientos básicos de largo plazo, o sea, de aquello que es estructural a un modo de producción y a una formación social específica, así como a la forma particular que asume el proceso de acumulación de capital.

Ahora bien, el conflicto aparece en cuanto se empieza a precisar el contenido de lo que se denota como estructural. Generalmente se considera que en lo estructural caben únicamente aquellos fenómenos de la producción, sea desde un nivel de análisis sectorial o a partir de la participación de las clases sociales en la reproducción de capital. Sin embargo, curiosamente se sigue así con una tradición más afín a las escuelas clásica y neoclásica en las que se dicotomiza el sector "real" del "monetario", supuestamente para facilitar el análisis, y después encontrarse con una incapacidad de incorporar el papel del dinero, el cual aparece hipostatado a la operación del sector real. Al respecto baste señalar por el momento que aquí se adoptará una visión en la que el dinero y en general los fenómenos financieros deben ser incorporados integralmente al análisis de lo estructural. Aquí consideramos que tanto el pensamiento marxista como el Keynesiano son los intentos más serios de escapar a la perniciosa influencia dicotomizadora de lo "real" y lo "monetario", sin desconocer que en ambos casos aparecen serias dificultades o limitaciones en los análisis concretos desarrollados.

La naturaleza de la situación actual señala que estamos frente a una severa, larga y profunda crisis; según algunas posiciones extremas presumiblemente nos encontraríamos en la fase depresiva de un movimiento cíclico de largo plazo al estilo Kondratiev. Consecuentemente no es posible tomar como posición inicial la de estudiarla como un hecho aislado, "coyuntural". Es fundamental entender que el movimiento de corto plazo está sobredeterminado por el movimiento de largo plazo. Consecuentemente, la aproximación metodológica exige que en primer lugar se establezca el patrón de movimiento de los fenómenos estructurales básicos de largo plazo, lo que implica analizarlos en el nivel de abstracción más alto. En seguida se podrán ir identificando las contradicciones fundamentales del proceso de crecimiento y a partir de ello tratar de ubicar la actual coyuntura.

De esta manera, una explicación sobre la actual crisis requiere ser capaz de interpretar el movimiento entre los siguientes fenómenos: el pertinaz y creciente déficit del sector público; la gran rigidez del comercio e inversión, o del balance de comercio con el exterior. Estos tres elementos requieren ser ampliamente considerados en el problema, pero no como elementos autónomos, determinantes en sí y por sí mismos. Estos fenómenos están condicionados y determinados en última instancia por el comportamiento de lo que hemos identificado como estructural. Sin embargo requerimos diferenciar los niveles de abstracción en que se trata cada problema.

En primer lugar, y en el nivel más alto de abstracción, se ubica el comportamiento de la estructura productiva según se describió en la hipótesis general antes planteada, y que se desarrolla en la siguiente sección. Por otra parte, en un nivel de abstracción más bajo, el proceso de crecimiento y acumulación se puede caracterizar por contradicciones, manifiestas en situaciones en las que entran en conflicto las necesidades de crecimiento del sistema y los mecanismos de operación del mismo. En este orden, las contradicciones surgen entre lo que el sistema necesita gastar e invertir y lo que el sistema puede gastar e invertir en términos reales. Concretamente aparece como un problema entre lo que se gasta e invierte en los sectores productivos, debido a que las condiciones de distribución de la plusvalía entre los distintos capitales y agentes sociales no corresponden a las necesidades de crecimiento. En concreto, estas contradicciones se manifiestan en el nivel de las finanzas públicas y en el de los grandes agregados de la demanda por capital y oferta de ahorro tanto interno como externo. Lo monetario aparece entre ambos niveles: el de la estructura productiva y el de la estructura de gasto y demanda agregada, mas no como un apéndice, sino como un actor básico. El "desorden monetario" en lo fundamental se retroalimenta de los factores llamados reales.  


 1 Si lo definitorio de un modelo de política económica es la estrategia y los objetivos de transformación de la estructura de producción y distribución, en términos generales no ha habido sino un modelo y múltiples coyunturas de política; en este sentido el debate es tan prolijo como improductivo, razón por la que lo dejaremos así.

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